¿Redes sociales? ilimitadas

Estas Navidades vino tanta gente de visita a la Ciudad de México que apenas pasé un minuto en mi casa. Consecuencia: entre pedir Ubers y subir fotos a Instagram me terminé antes de tiempo los datos mensuales que tengo contratados con mi proveedor de telefonía móvil.

O no, porque Facebook, Twitter y Whatsapp aún funcionaban.

Intrigado (y también para pagar mi reconexión) fui a una de las tiendas de la compañía y les pregunté:

Yo: Creo que tengo los datos cortados, pero funcionan Whatsapp, Twitter y Facebook.
Empleado: Claro, señor, es que su plan contempla redes sociales ilimitadas.
Yo: ¿Redes sociales?
Empleado: Sí, lo que son (sic) Whatsapp, Twitter y Facebook.
Yo: Pero Snapchat o Instagram…
Empleado: Las redes sociales son Whatsapp, Twitter y Facebook, señor.
Yo: Ehm…

Salí de la tienda cabizbajo y con cara de Buster Keaton (porque aparte de no entender nada de lo que me dijo, el empleado de la tienda me llamó “Señor” dos veces), pensando en que una vez más las marcas operan desde lo que creen que la gente quiere (oferta) en vez de actuar de hecho en base a lo que la gente quiere (demanda). Pero sobre todo recordé este antológico post de hace unos años de Jorge Camacho sobre los ciclos del hype de cada tecnología, y como lo que a unos les parece que ya está de salida para otros es una auténtica novedad. Con la conversación en la tienda descubrí además que hay otros que ni siquiera aparecen aún en la curva.

Qué dolorosísimo el hueco que existe entre el lugar donde uno cree vivir y el lugar en el que vive la mayoría de las marcas de consumo que pueblan nuestra cultura. Y más doloroso aún para los que se dedican a trabajar para esas marcas.

¿Tendencias? de publicidad

Don Draper confundido

Es confuso y puede que sólo sea una impresión mía, pero lo que uno se topa últimamente en cuanto a la comunicación de marcas es:

Compañías de bienes y servicios de consumo:
· Spots (para mostrarse en televisión o en plataformas online como contenido de vídeo)
· Ads en Facebook y/o Google
FIN

Compañías tecnológicas:
· Spots en televisión
· Out Of Home
· Radio (en ciudades grandes)
· Su plataforma como interfaz
· E-mail
FIN

(Casi) no sitios web, no banners rich-media, (casi) no campañas integradas, no nada. Nadie prueba nada fuera de los lugares que (más o menos) les garanticen una cierta seguridad en los resultados.
Una suerte de back to basics masivo.

Así está el tema.
Así que si tienen o trabajan en una agencia, recluten en consecuencia…

Dados para crear historias: Story Cubes

Estas pasadas Navidades me topé en una librería de la Ciudad de México con estos pequeños dados: Rory’s Story Cubes.

Quizá no estén tan enfocados al Diseño de Futuros como el juego de cartas “The Thing From The Future”, de Situation Lab, pero son sin duda una gran herramienta para la creación de historias y el desarrollo de la imaginacion.

Funcionamiento de Story Cubes

Su funcionamiento es muy simple, lanzas los dados de cualquiera de los sets (de detectives, mitología, etc.), que puedes usar juntos o por separado, y eliges tres de los iconos resultantes para componer una historia breve con ellos.

Por ejemplo, ¿qué historia se te ocurre con una pieza Alfil de ajedrez, unas esposas y un bloc de notas?

Más información:
Rory’s Story Cubes

Teléfono desactivado por muerte natural

Mi iPhone ha entrado en esa espiral en la cual comienza a comportarse de modo extraño, ya saben, apagarse cuando aún tiene 50% de pila, reiniciarse cuando abro determinadas aplicaciones, tardar una vida en descargar sus fotografías, etc.

Y esto, que no pasaría de ser una simple anécdota-recomendación para no tener tantas aplicaciones instaladas o fotografías almacenadas, se vuelve trágico cuando sabes que este funcionamiento tiene quizá algo que ver con el concepto de la obsolescencia programada y los cada vez mayores requerimientos que Apple exige de los teléfonos que usamos (problema que se soluciona mágicamente cuando compras el último modelo).

Una de las películas que más recuerdo de mi infancia es una de nombre “Óscar, Kina y el láser”, con un argumento que era un absoluto delirio (las aventuras de un niño, su oca y un rayo láser que hablaba). El colofón era que al final de la película (creo recordar, tenía cinco años) el rayo láser se sacrificaba para salvar la vida de los otros dos protagonistas, lo cual me dejó embargado por la tristeza durante un par de días, pobre rayo láser.

Este tipo de sacrificio, que también se da en otra película ochentera de nombre “D. A. R. Y. L.” (una de las referencias más directas al personaje de Eleven en “Stranger Things”), tiene mucho que ver con el acercamiento al futuro que se tenía en los años 80: tecnología y robots que, de alguna manera, sentían como humanos, y cuya muerte (por pura empatía) nos dejaba devastados durante días y semanas.

Esa antropomorfización que los humanos hacemos de todo (asignar cualidades humanas a objetos o entes que no lo son) es uno de los bastiones en los que se apoya James Barrat en “Our final invention”, su libro-advertencia sobre las posibles consecuencias de una super-explosión de inteligencia artificial de las máquinas. Dice Barrat que, al antropomorfizar a las máquinas, los humanos pensamos que estarán agradecidas de que las hayamos creado y por eso nos cuidarán y ayudarán en vez de destruirnos. El problema es que una Inteligencia Artificial no puede estar agradecida si no la programan primero para ello.

Pensamos mucho en obras de ficción en las que androides, máquinas o robots mueren o pueden morir, como Roy Batty, HAL 9000 o Sonny. No los hace menos temibles, ¿pero no aminora eso en cierta medida el problema del Uncanny Valley?

Regreso entonces a mirar mi maltrecho iPhone y, pensando en el láser, D. A. R. Y. L. o Eleven, me pregunto si no sería interesante que el pobre tuviera una especie de “muerte natural” más digna que la epopeya de resets y mal funcionamiento (y con ello mis ataques de frustración) que se nos vienen encima a los dos.
Mejor duelo que cólera.
Y que esa antropomorfización y empatía sirvieran para preocuparnos por que todas las máquinas vengan con ello de serie.

¿Podrían morir entonces nuestros teléfonos o nuestras laptops en vez de simplemente dejar de funcionar?

Como una versión mejorada de cuando te aparecía el icono del Sad iPod si tu iPod estaba próximo a agotar la vida de su batería (la imagen que abre este post).

Perhaps, perhaps, perhaps.

Microorganismos del siglo XXI

Organismos Unicelulares

Los primeros microorganismos que poblaron la Tierra no debían ser muy inteligentes ni talentosos, al menos en la forma de usar los términos con la que calificamos a un ser humano.

Es una buena metáfora para explicar el estadío de la Inteligencia Artificial a día de hoy: nos imaginamos a Skynet, pero apenas estamos conociendo a los primeros pobladores.

Dicho lo cual, pasamos al humor:
Neural Karaoke, un algoritmo entrenado para componer un villancico después de escuchar más de cien horas de temas de este género. Creepy as hell:

Para que no se queden con este extraño sabor de boca les dejo otro experimento, donde se intenta que una inteligencia artificial componga una canción al estilo (sic) de The Beatles:

Microorganismos, les digo. Y evolución.

La vida con joroba

Teléfono y columna vertebral

De todas las cosas que uno observa (y aprende) durante ese gran experimento antropológico al que llamamos Navidad (dónde compra la gente, qué compra, qué programas ponen en televisión, a dónde se viaja para celebrar el cambio de año, etc) una me llamó especialmente la atención mientras veía pasar desde una cafetería a innumerables grupos de padres e hijos:
Mamás erguidas, hijas con joroba.

Según he leído en algunos textos como éste o este otro, el problema se llama “text-neck” y se puede minimizar así.

La vida con teléfono móvil a finales de 2016.

2017, con Internet y sin capturas de pantalla

Venía a felicitarles el 2017 y a recomendarles -con unas capturas de pantalla como es debido- el delicioso documental “Lo and Behold: Reveries of the Connected World”, en el que Werner Herzog traza un hermoso recorrido por el pasado, presente y (posible) futuro de un mundo hiperconectado gracias a Internet (y que pueden ver en Netflix).

Lamentablemente, a la hora de capturar las imágenes que hubiera querido para este post, me topé con el hecho de que lo único que consigues es un rectángulo de color negro cuando intentas tomarle un pantallazo a lo que muestra tu teléfono cuando tienes abierto un contenido en Netflix:

Screenshot Netflix - Lo and Behold

En fin, que la anécdota no me haga desviarme del propósito de este post, que es que vean el documental:

Enjoy.

Industrias descalabradas de rebote

La última milla

Aunque los más puristas no compartirán mi opinión, creo que hay palabras que fonéticamente son más poderosas en inglés que en castellano. Por ejemplo, “represalia” no suena tan temible como su traducción en inglés, “retaliation”. O “rebotar”, que en inglés puedes traducir por “ricochet” y que suele utilizarse, por ejemplo, para hablar de lo que sucede cuando una bala no alcanza su objetivo y rebota contra alguna superficie, tomando un rumbo peligroso e impredecible.

Y así, podríamos calificar como una especie de “efecto Ricochet” al que está alcanzando a algunas industrias en plena yugular, cuando en principio no había en ninguna de ellas un actor que jugara el rol que jugó Netflix con Blockbuster o Instagram con Kodak.

Por ejemplo, esas empresas de transportes que eran “dueñas” de lo que se denomina “la última milla”, ese término que describe el movimiento de personas y bienes desde un almacén hasta un domicilio para satisfacer un pedido. Y que los usuarios también utilizábamos para hacer llegar un documento de un punto a otro de una ciudad a unos costes, pensándolo bien, algo prohibitivos.

Todas ellas despreocupadas (o ligeramente preocupadas por noticias como las de Amazon entregando pedidos con drones), y que de repente hoy se ven descolocadas porque ahora es mucho más fácil pedir un Uber para que sean sus conductores los que completen el servicio.

O piensen también en todas esas compañías cuya expectativa de los usuarios para con ellas pueda haber cambiado, ahora que esos usuarios se han acostumbrado a un servicio como el que Uber ofrece a la hora de proporcionar movilidad, como bien escribía René Lankenau en este post que pude leer la semana pasada.

Balas perdidas e industrias “ricocheteadas”, descalabradas de rebote.

Imágenes del futuro, comportamientos del futuro

Rating en Uber de Daniel

“Minority Report” es un gran ejemplo de cómo se distorsiona la comprensión de las imágenes del futuro. Lo que en realidad es una fábula distópica sobre el peligro de que un estado “hiper-vigile” a sus ciudadanos fue entendido por muchas marcas y compañías de tecnología como una hoja de ruta para poder confeccionar anuncios cada vez más personalizados a unos usuarios que, por lo general, están más que saturados ya de publicidad (en la calle, en sus teléfonos, en sus navegadores, etc.):

Me sirve el ejemplo porque hace treinta años las imágenes del futuro eran más positivas, más idealistas. Por cada “Blade Runner” teníamos un “Back to the Future” que alimenta hoy la creación (más o menos, casi casi) de zapatillas de deporte que se atan solas o monopatines que se desplazan flotando en vez de apoyándose sobre cuatro ruedas.

Pero como les decía en este post, escribir sobre ciencia-ficción es cada vez más complicado. La realidad ha “disrrumpido” a la ciencia-ficción y los textos del género han evolucionado de la invención de máquinas o visitas a otros planetas a una especie de reflexión sobre la ética en el uso de toda esa tecnología que hemos creado sin saber muy bien para qué.

Quizá sea ese el matiz: durante años, la humanidad inventó en base a la necesidad que tenía de descubrir, de lograr. Pero hoy día, nuestra capacidad de invención ha rebasado la necesidad que tenemos de ella, de modo que, pasada una primera etapa con un cometido concreto (los drones militares, por ejemplo), nos encontramos con que la tecnología es accesible para un gran público que no sabe exactamente para qué utilizarla (¿para qué sirve realmente un drone?).

Me vino todo esto a la mente porque, ahora que “Black Mirror” se ha popularizado entre los usuarios de Netflix, descubro en mis timelines de social media mensajes aterrados al respecto de qué mal vamos encaminados como raza humana, en vista de las historias terribles que la tecnología provoca en cada episodio de la serie.

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