El karma del email

Karma

Tengo una capacidad inusual para acumular información. En mi cabeza, iconos en mi escritorio, cosas tiradas por el suelo de mi casa… y recibiendo correos. Supongo que es muy simple ir recibiendo correos que se vayan autoalmacenando en carpetas, que luego uno revisa para contestar los que tiene que contestar ese día, y crear borradores para los que tiene que contestar en días posteriores. Yo no, yo los recibo todos en el inbox y de ahí los paso a una carpeta llamada Pendientes. En ese contexto, es fácilmente imaginable el caos que supone buscar a veces un correo concreto porque no está almacenado en la carpeta que le corresponde, sino que sigue en Pendientes aunque ya lo haya respondido. En una de esas búsquedas (en Mozilla Thunderbird que es el cliente de correo que utilizo) me ocurrió algo curioso, y es que la búsqueda no regresa los resultados tal cual sino que los va mostrando según escanea las carpetas donde está buscando, de modo que al principio de la búsqueda tenía 5 mails, luego tuve 17, luego 35, y al final tenía 130 correos que respondían al criterio de búsqueda introducido *

* Nota: ando buscando entre los correos del trabajo que conservo desde la última vez que los perdí todos, Diciembre de 2006

Dejemos de lado el resultado, lo interesante es que durante los 10-15 segundos que duró la búsqueda estuve mirando como un tonto el número que indicaba cuántos resultados había, una “inactiva” experiencia de usuario, en resumen. Y se me ocurrió entonces que si el criterio de búsqueda hubieran sido las palabras “Gracias” o “Por favor”, esa secuencia de correos encontrados sería como una especie de acto kármico, los recibidos con esa palabra me irían llenando el espíritu, los enviados serían la compensación de mi espíritu hacia los demás. De modo que esas fueron las siguientes búsquedas que hice (como puede verse, el interés de la búsqueda original pasó a mejor vida, así de disperso soy a veces)

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Cotilleos y virales

Al igual que en España también aquí en México existe la llamada “prensa rosa-del corazón”, que esencialmente ejerce la misma labor que allá, apropiarse de rumores generados por famosos de medio pelo en una espiral infinita de cinismo de todas las partes (prensa, “famosos”, lectores que la consumen)

Portada de Fama

A veces compro algunas revistas sobre el asunto y en el trabajo se descojonan de la risa de mí (aunque a veces me las piden para leer, a escondidas, claro) Lo interesante del asunto es que, a diferencia de la prensa de España, en la que conozco por qué tal o cual persona es famosa, en México desconozco por completo el estado de la farándula, de modo que lo que queda tras leer cada historia no es el hecho de quién la protagoniza, sino el hecho grotesco de las historias en sí y que suelen ser dignas de un guión surrealista, desde presentadores homosexuales que no reconocen que lo son y que son brutalmente golpeados por gigolós a los que no quieren pagar por sus servicios o el hermano de algún cantante asesinado que da una rueda de prensa para anunciar que el fantasma de su hermano se le aparece para pedirle que cuide a sus amantes.

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Diez tests de Facebook que hago y diez que no

Adoro los tests de Facebook. Algunos amigos los aborrecen y continuamente bloquean la aparición de resultados ajenos pero yo, en lo particular, adoro la crudeza de mi News Feed convertido en un desastre con todo el mundo compartiendo sus notificaciones, reflejo de sus intereses. La última moda, la Galleta de la Fortuna, fue muy bien analizada por Arturo hace un par de semanas. Y yo, sin embargo, después de una experiencia de hace un par de meses en la que compré cien galletas y leí sus cien mensajes, prefiero mantenerme alejado de las mismas y sus ambiguas soluciones de vida.

Eso, como comentaba, no es óbice para que no pueda leer los mensajes que les aparecen a otros con una cierta frecuencia. Y sigo con particular interés la aparición de spoofs de aplicaciones como la de las galletas, por ejemplo la “Galleta de la fortuna mala onda” (en México “mala onda” es el equivalente al español “mal rollo”), que dispara mensajes tan sensacionales como el siguiente:

Galleta mala onda

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Madonna y el engagement

Swept away

Aunque reconozco el mérito y longevidad de su trayectoria musical, no soy excesivamente fan de Madonna. De hecho lo más memorable que ha aportado a mi vida ha sido la película “Swept away”, dirigida por su entonces marido Guy Ritchie y que creo en España se tradujo como “Perdidos por la marea”. Si alguien no sabe qué hacer un sábado por la tarde, le recomiendo alquilar la película en el videoclub más cercano y verla doblada a castellano con subtítulos en castellano (donde la voz dice “ahora estás a mi servicio, tendrás que obecederme”, el subtítulo reza “lámeme los pies si quieres comida, perra”), prometo que la experiencia es absolutamente hilarante y memorable y quien la viva correrá urgentemente a contarle a sus amigos lo recién vivido.

Cuando en 2005 lanzó su disco “Confessions on the dance floor”, algunos canales de música comenzaron con el bombardeo del vídeo de su primer single, “Hung up”, a cuyo visionado accedo únicamente por la pereza de no buscar el mando a distancia de mi TV para cambiar de canal. Y de repente, en mitad de toooooodas las coreografías que se le suponen al vídeo de una canción eminentemente creada para bailar, sucede algo mágico y poderoso en el minuto 1:39, la imagen de cuatro personas coordinadas moviéndose al ritmo del beat de la canción en un pequeño espacio.

Es un sentimiento mío, muy personal, claro, pero de ahí en adelante y hasta el final de la canción quedo preso de lo que sucede en la pantalla, comprobando que algo que Madonna hace a la perfección es conseguir, a partir de un momento inesperado, que cualquiera que vea un vídeo de alguna de sus canciones desee ser parte del mismo.

Y aunque el engagement posee definiciones mucho más académicas, a mí no se me ocurre un mejor ejemplo acerca de cuál es exactamente la sensación que deberíamos intentar generar cada vez que alguien visite un sitio de experiencia realizado por nosotros.

MTV, Belanova y Virgie

@antisubliminal: “Once upon a time, MTV played music videos”

Cuaquier intento de dejar MTV como canal musical de fondo mientras hago otra tarea se ha vuelto completamente imposible. Series para adolescentes y reality shows grotescos pueblan su parrilla de programación relegando a no tengo muy claro dónde aquello por lo que un día veíamos MTV: los vídeos musicales.

Music Television?

En un antiguo y memorable anuncio para televisión en España de la marca de relojes Viceroy, se presenta a Julio Iglesias caminando por la calle cuando, de repente, se topa con un certamen en el que se elige a su mejor imitador. Al lado del resto de concursantes y en el momento en que el presentador de la gala está a punto de anunciar el nombre del ganador da un paso al frente convencido de ser él. Sin embargo, el ganador resulta ser otro de los participantes, que luce en su muñeca un enorme reloj de la marca. Julio Iglesias muestra primero cara de duda pero finalmente se une al aplauso general, reconociendo que el detalle del reloj hace al imitador un mejor Julio Iglesias que él mismo.

Sirva la exageración para hacer énfasis en un hecho: los fans son más fans del personaje del que se dicen ser fans que el propio personaje en sí lo es de sí mismo. Porque lo que suele ocurrir es que cada vez que un artista triunfa lo haga no siendo él como individuo, sino haciendo de sí mismo un personaje del que ya no se puede desligar en el futuro, para seguir a la altura de lo que sus fans esperan de él. Continue reading MTV, Belanova y Virgie

Sonrían y saluden

Madagascar penguins