La agencia pequeña y el subconsciente que retwitteaba

Suelen ser estudiantes los que, cada vez que impartimos alguna conferencia en México, nos preguntan:

¿Qué se necesita para trabajar en W?

Insospechadamente para todos, porque habíamos “descubierto” el Gunn Report sólo dos años antes (posiciones 46ª en 2006 y 15ª en 2007), la lista nos estalló en la cara en Noviembre del año pasado. Gracias (principalmente) a los proyectos para Rexona Power y One Club, Grupo W era la cuarta agencia más premiada de 2008 en el ranking mundial de agencias interactivas y Saltillo parte de la lista de sus capitales, un legítimo What-The-Fuck de primera categoría.

Como 2008 fue un año especialmente traumático para nosotros, de discusiones complejas entre mucha gente y crecimiento inesperado y poco armónico, no habíamos reparado en la suma de todos los galardones obtenidos, lo cual, unido al hecho de que en esa lista debemos de ser, probablemente, los cuartos en facturación comenzando por el final, nos hace poner en cuarentena todo este contexto, más allá de que es efectivamente cierto y que se ve muy bien en cualquier información sobre nosotros.

Gunn Report 2008

De lo que sí estamos seguros, y más después de que todos los problemas se resolvieran y las piezas altisonantes encajaran correctamente, es que viendo el ánimo y buen rollo con que la gente encara ahora los proyectos (incluidos los que a veces tienen que venir a trabajar sábados y algunos domingos), es de que somos una de las mejores agencias en el ranking de sonrisas-chiste/minuto. Y esto, que puede parecer una gilipollez, es esencialmente la clave de lo bien o mal que le puedan ir las cosas a una agencia pequeña como la nuestra.

Si hace un año por estas fechas éramos 25 personas (con 1 extranjero), ahora somos 52 (con 7 extranjeros) En ese trance de crecer de esa forma desbocada pensamos que sería necesario tener algún tipo de manual-referencia-corporativo, de material que nos identificara cómo somos ahora y nos orientara a qué queremos ser y hacia dónde vamos, si no con precisión, al menos sí de forma aproximada.

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Telmex, haz sandwich, sí se puede

milan_realmadrid

Alguna vez fui tremendamente forofo del fútbol, especialmente del Real Madrid. Ahora me importa bastante poco. No es pose snob ni pseudointelectual (quizá también) pero, a partir de aquella época en España en que comenzó el pay per view de Canal Satélite vs. Vía Digital y que se tradujo en tres partidos televisados en abierto por semana, uno terminaba con una sobresaturación de fútbol que mi cuerpo no alcanzó nunca a tolerar. Y además, no es que el Real Madrid haya hecho nada excesivamente memorable en los últimos tiempos, así que, entre que la liga mexicana de fútbol muestra, semana tras semana, partidos trepidantes que terminan 1-1 porque los delanteros que juegan en este país no le meten un gol ni al arcoiris, y que mi reloj biológico futbolero (todo hombre lleva uno dentro) indica que los partidos de la liga española son por la noche, sin darme cuenta de que la tarde-noche española es mediodía en México (por lo que siempre se me olvida que a la hora de comer en México hay un partido de fútbol del Real Madrid), vivo bastante tranquilo y fuera de la realidad.

A veces, siento un poco de nostalgia y ternura ante el hecho de que mi equipo favorito me acostumbró a que no esperar nada de él era lo mejor para vivir en paz, ¿será que yo he madurado por no darle tanta importancia a un resultado deportivo? ¿o será en realidad que el equipo se resignó a la mediocridad de saberse mediocre y yo con él? De prácticamente producirme una úlcera por el 5-0 que nos endosó el Milán hace veinte años al “ah, claro” tras el 4-0 del Liverpool en la última Champions League.

liverpool_realmadrid

Así que el único evento deportivo que moviliza enteramente (mexicanos y extranjeros -por contagio-) a este país, en lo que a deportes se refiere, es que juegue la Selección Mexicana de fútbol. Y en un país ávido de ídolos y de triunfos, cualquier juvenil que destaca medianamente es encumbrado como el nuevo Mesías, al que prontamente se encargan de lapidar si las cosas no son como a un selecto grupo de periodistas elegidos les parece que las cosas deberían ser. Si algo me resulta tremendamente perturbador del fútbol mexicano es la pléyade de papanatas vestidos de traje y corbata que opinan sobre un asunto que, en su mayoría, desconocen de primera mano porque en su puta vida han jugado ni entrenado al fútbol, ni siquiera en el patio de su escuela, algo así como esos maestros de Licenciaturas en Mercadotecnia que siempre fueron maestros y nunca mercadólogos en la batalla, y que desde el sillón de su despacho tienen como ídolo a Carlos Alazraki.

Y así, si México pierde, sintonicen cualquier programa deportivo. Podrán ver al escogido grupo de escogidos con un semblante similar al de un tribunal militar durante un Consejo de Guerra, es realmente delirante.

foxsports

Si en España pasamos del amor al odio hacia los futbolistas en dos pasos (el deportista exitoso se volvió famoso, pasó a la vida de la farándula, y por ello ahora es deportista fracasado), en México es sólo uno (el deportista exitoso ahora es deportista fracasado, aún sin motivo, que se busca luego para denostarlo) Ojalá un día los comentaristas deportivos de este país se percaten de que nadie es SU seguidor, sino seguidor de algún equipo, jugador o fútbol en general, puede que así sean más periodistas y menos protagonistas. Afortunadamente para México, su afición no es como sus comentaristas, su afición es un canto al ser inasequible al desaliento, cada victoria se celebra casi como la Independencia del país y cada derrota como un Vietnam, pero no tan grave como para que el siguiente partido no encarne de nuevo la posibilidad y certeza de una esperanza, de que quizá ese día sí. Si quieren saber cómo México vive un partido de fútbol y cómo muero de envidia por cómo un país completo se envuelve en unos signos de una forma que cualquier español es incapaz, lean esta crónica de Bill Simmons para ESPN acerca de un partido de clasificación para el Mundial de Sudáfrica de 2010 entre Estados Unidos y México, en el Estadio Azteca de la capital mexicana.

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