Desparramados por ahí, capítulo 6

Artículo para Merca 2.0 - 131109

Artículo para Merca 2.0 - 201109

Artículo para Merca 2.0 - 271109

Con algo de atraso, una actualización a varias columnas que escribí últimamente para Merca 2.0, tratando diversos temas como las oportunidades (en creatividad y resultados) que se le presentan a las marcas que escuchan a sus usuarios, otro en el que, aprovechando la visita a México de Naoki Ito, intento desenmarañar algunas características de cómo podría ser una campaña integrada ó 360º, y por último, un pequeño experimento propuesto a las marcas de México para que pongan en práctica el tratar a sus usuarios como personas y no como únicamente consumidores.

De por qué (a veces) creo que hay que participar en festivales publicitarios

La última vez que di una conferencia en mi tierra fue ya hace ocho años y medio. Llevaba unos meses con mi empresa Granatta, creada al amparo de un vivero de emprendedores llamado Vivernet, y era frecuente que nos pasearan de acá para allá, presentando lo que hacíamos a distintos públicos potencialmente “emprendedores”, estudiantes o inversores en su mayoría.

En una de esas me vi en el Complejo San Francisco de Cáceres (España) para una mesa redonda en un congreso sobre Emprendedores y Nuevas Tecnologías, que era el nombre de moda de aquella época. Era además el día previo a irme a Barcelona para la primera edición de OFFF (Mayo de 2001), en el que “Un día en la Tierra” (la pieza que Joan Jiménez y yo habíamos enviado) era finalista en la categoría de Documentales, de modo que mi cabeza era un remolino de ilusiones porque tengan en cuenta que antes de OFFF lo único de multimedias medio mainstream en España era Art Futura, y además por fin íbamos a ver en persona a Joshua Davis, Thomas Knöller o Marcel.lí Antúnez, lo que era todo un hit.

Rueda de prensa Maquin@rte 2002

Pero bueno, que me desvío, estaba yo en la mesa redonda con los representantes de otras cuatro empresas, y entre la nominación como finalista y algunas otras menciones que había conseguido antes, como por ejemplo el Sitio de la Semana de Macromedia España, iba yo tan dispuesto a contar acerca de enfocar los inicios de una empresa a hacer buenos trabajos y el intentar conseguir que estos fueran reseñados, por aquello de intentar acceder a proyectos más grandes con el paso del tiempo, como evolución del trabajo de uno.

Mi turno fue el primero, y quizá me vi algo romántico e inocente pero terminé contento. Llegado el turno a otro de los participantes que, en teoría, se dedicaba a lo mismo que yo, saltó la veda que me hizo sentir mal durante el resto del día y que aún recuerdo desde entonces, ya que comentó, básicamente y con sonrisa socarrona, que él no trabajaba para ganar premios ni menciones sino para ganar dinero, ante el alborozo de la sala por el baño de realidad que se suponía me acababan de dar.

Quizá olvidé comentar durante mi participación, porque para mí era implícito en todo mi discurso, que el dinero era un añadido obtenido por hacer algo que me gustaba, no la base de mi negocio ni de mi plan de viabilidad. Por supuesto, tenía que haber dinero por algún sitio para sustentar el mecanismo completo, pero nunca pensé que alguien me diera la vuelta al discurso con un valor tan… ¿absurdo? Que el dinero llegaría como consecuencia de un buen producto o un buen trabajo, nunca al revés, pero heme aquí deprimido por verme tan mal en público a causa de un comentario ajeno.

A día de hoy no tengo ni idea de qué habrá sido de aquel muchacho ni cuánto dinero habrá ganado con su trabajo, pero sí puedo estar seguro de que todo lo vivido y toda la gente que he conocido desde entonces son algo que no podría pagar con dinero.

Flash for México 2003 - Rolf Ruiz

Ocho años después vivo en Saltillo, Coahuila (México), trabajo en otra empresa que gana premios con una facilidad que da escalofríos, y estaba hace poco de oyente en una conferencia en Monterrey en la que alguien prorrumpió en la perorata típica de:

“A nosotros los premios no nos interesan. Lo que nos importa es crear relaciones de confianza y generar riqueza y valor para nuestros clientes, en vez de estar ganando premios que no le importan a nadie más que al que los gana.”

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Naoki y el corazón con cables

Do the evolution - Pearl Jam

Estoy aturdido.

¿Alguna vez han tenido la sensación de que echan de menos un sitio aunque nunca hayan estado en él? A mí me pasa, con Buenos Aires sobre todo. Pero como soy un geek de cuidado, también me ocurre con Tokyo. Claro, ayuda la imaginería que uno crea en su mente tras el retrato construido durante años por diversas películas ambientadas en la ciudad (Babel o Lost in translation) o fuera de ella (el Los Ángeles de Blade Runner)

Desbordados de capacidad tecnológica, no consigo concebir el ritmo al que consume información la gente que vive allí, pero me hace pensar en cómo utilizan su tecnología. De hecho creo que la tecnología es para ellos tan cotidiana como para nosotros un lápiz o un muñeco de Benito Bodoque sobre mi escritorio, cotidiano y obsoleto. Todo lo contrario que nosotros, occidentales, que nos encontramos en un proceso de adopción sumamente estúpido y necesario, investigando, descubriendo y utilizando, aunque en muchos casos aún no sabemos para qué. Me da miedo algo como lo que se muestra en estos vídeos:

¿Es útil algo así? ¿O pura presunción tecnológica? ¿O inocencia de descubridor en la búsqueda de algo realmente útil? Me da miedo una realidad así, con esteroides, en la que nosotros somos dependientes de la tecnología en vez de que ésta última esté a nuestro servicio, y en suma nos siento deshumanizados y cada vez un poco más y más, yo el primero.

Entonces llega Naoki, desde Tokyo, para dar una charla en Ciudad de México y luego pasar por nuestra oficina en Saltillo a contarnos lo que hace y por qué lo hace, y caen los proyectos en la pantalla como martillazos: Nike: Cosplay, Sagami: Love & Distance, Nikon: Helicopter Boyz, Uniqlo: March. Mi favorito, la campaña de Rec You, para Sony Walkman. No sé si por lo solemne del Requiem de Verdi que suena cada vez que alguien sube su fotografía y un ordenador genera una versión computerizada de uno, con un walkman Sony agregado en la solapa, pero empiezo a sentirme aturdido ante la contundencia de los proyectos mostrados, juntos y por separado. Una especie de síndrome de Stendhal digital, salvando las distancias, porque si bien los proyectos ya los conocía, saber el trasfondo de por qué cada uno es como es le añade una nueva capa de información a lo que todo el mundo ya conoce.

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AMOR A LAS MARCAS… Guía para Idiotas de ¿cómo sobrevivir a una relación destructiva? – Vol. 1

FREUD-BALL

Una relación sana es la cual permite a una persona crecer en espíritu y como individuo, si esto es bien cierto qué se busca en las relaciones de persona a persona -aunque rara vez realmente se logra-, de igual forma se busca en las relaciones entre nosotros como “personas” y nuestras “marcas”.

Hagamos un ejercicio básico de nuestro día a día…
AMOR ADICTIVO = RELACIÓN DESTRUCTIVA

1. Identifica abuso verbal y fisico:
Demasiada publicidad que sature tu entorno con un mensaje sin interés para tí o que es engañoso por no leer las clásicas letras chiquitas; y que pasa con esa publicidad que ahora hasta esta presente en todo momento hasta en en tu partido de fútbol y además en el baño del antro… un abuso total a tu espacio vital, o no me digas que te decidiste por tu auto por ver un spot en pantalla mientras la cerveza encontraba una salida.

2. Tu estilo de vida ha cambiado:
Dejaste de asistir a alguna cita importante por tener que hacer una llamada eterna para que te atendiera la operadora y te tomara la llamada con la mejor actitud y disposición pero en vez de eso te la pasaste de menú en menú para encontrarte con el clásico mensaje de “su llamada es muy importante para nosotros…” (si como no por eso te ponen una grabación una y otra y otra vez) para que al final no te pudiera resolver y tengas que marcar nuevamente y hasta pedir por el gerente en turno -el cual se te nego y te tomo la llamada después de recordar lo amplio de nuestro idioma-; y  hasta que incluso acudiste a la sucursal más cercana perdiendo horas para que te dieran otro número telefónico.

3. Tienes miedo a levantar la mano:
Prefieres guardar silencio y aguantar… el mal servicio de un restaurante por que tienes prisa y de igual forma vas a comer en algún otro sitio donde tendrás que esperar nuevamanete a ser atendido, entonces decides esperar a que tu plato “una ensalada” el cual pensaste era lo más rápido de entregar de toda la mesa pero resulta que te dejaron al final y te entregaron ya cuando todo mundo iba por el postre, mientras el gerente y la hostess se encuentran ligando para quedar en la noche al cine (palabra clave por supuesto).

4. Dices escuchar comentarios de amigos y/o familiares:
Ellos te sugieren algo que es mejor, pero tu sigues ahí porque piensas que es peor que lo que tu tienes, entonces prefieres no cambiar, y qué pasa si tienes un conocido que le paso lo mismo y te dices no a mi no me pasará y te ves ahora en cierta sucursal bancaria con un “conocido” según tú porque te va a agilizar el proceso y resulta que ahora tienes que regresar a tu sucursal de origen para ver el trámite, y nuevamente perder horas y además no puedes decir el nombre de tu “amigo/conocido” por temor a que lo despidan.

5. Le buscas el lado positivo:
Te dices probablemente a tí mismo, mi auto es nuevo modelo, y por eso tiene esos problemas, asi que te toca asistir a tu agencia automotriz  cada 2 meses por otro detalle y a tí te toca pagar una parte de esos problemas más los taxis, cuando tu auto no tiene ni 1 año de vida y aún así prefieres hacer el servicio en tu agencia por que “no quieres perder la garantía” (que por cierto no es completa como aseguran).

6. ¿Entonces te empiezas a cuestionar tu relación es destructiva?
Si llegaste a este punto y dijiste sí a uno o más de los puntos anteriores, en realidad llevas una relación destructiva con tu marca.

addiction_c1

Y ahora qué, pues sencillo, el siguiente paso es hacer valer tu voz no importando la marca que sea; y qué decir de la famosa fidelidad: si las marcas no nos ven como personas y simplemente nos siguen viendo como sus “consumidores o target” por qué debemos de seguir ahí, realmente existen opciones mejores y no precisamente las marcas que consideramos como premium son las más indicadas para nuestra necesidad…

Pero este tema lo abordaremos en el Vol. 2, por ahora les dejo un spot que justamente saco una compañía de la cual podría aplicar uno o varios de estos puntos…

Spotify Premium = No ads :(

Tengo la convicción de que no porque algo pueda ser gratis hemos de descargarlo gratis sin dar nada a cambio, especialmente si lo descargado nos es de alguna utilidad. Yo fui uno de esos que pagó por los discos de Radiohead (“In rainbows”) o Nine Inch Nails (“Ghosts I-IV”) cuando estuvieron disponibles para su descarga, obviamente no lo que hubiera pagado por ellos en una tienda de discos, pero sí un precio justo para mí, 10 euros, que es lo que suelen costar estas cosas en iTunes. Con la salvedad, claro, de que me gustan los dos grupos; si la descarga hubiera sido de algún artista del que no soy seguidor, no lo hubiera descargado ni aún siendo gratis.

La semana pasada, estando de visita en España, comencé a usar regularmente Spotify, que para quien no lo conozca (aún) es una suerte de iTunes online, una mezcla de Last.fm y Napster con esteroides, vista la cantidad y variedad de la audiencia que ha alcanzado en poco más de un año. Uno descarga el software y comienza a escuchar música proveniente del servicio, que se compone de tres posibles productos: Gratis, Pase de un día y Premium.

Productos Spotify

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Herramientas imprescindibles para brainstormings efectivos

A expensas de que se posea una copia de Garage Band, aquí van nueve sitios con herramientas indispensables para todos aquellos que participen con frecuencia en brainstormings, impartan clase o pasen más tiempo del debido en reuniones 🙂

Rimshot  Nelson ha ha
Fail  Drama
Hiyoooo!  Chewbacca
Bazinga  Nooooooooooooooooooo
Sad Trombone

Desparramado e interactivo, capítulo 5

Hay personas que merecen ganarse el cielo por diversos motivos y virtudes. Jesús García-Risco tiene mucho de ambas cosas, pero además tiene una paciencia digna del Santo Job, con la que toleró con estoicismo y grandes dosis de humor el que sólo tardara un año en enviarle la columna que le prometí un día para aparecer en la revista Interactiva Digital, de la que es actualmente el director. Esta es mi primera aportación, “Don Pimpón, el meme”. El mes que viene, más 🙂

Portada Interactiva Digital Noviembre 2009

Don Pimpón, el meme
Cierto día en Ciudad de México encontré una taquería de nombre “Naranjito”, cuyo logo consistía en una personalísima interpretación de la mascota de nuestro mundial de fútbol de 1982, aquel celebérrimo personaje que junto con Curro y Cobi conforman la santísima trinidad de horrores en cuanto a teoría de mascotas en España. Aún así, con un océano de por medio, encontrar a Naranjito me pareció una anécdota muy divertida y entrañable, a fin de cuentas uno de mis más preciados tesoros de pequeño era un balón de fútbol muy guay (o guai) con un dibujo de dicho personaje impreso sobre su superficie.

Lo cierto es que nunca supe a ciencia cierta si se escribía “guay” o “guai” la palabra que todos usábamos en los 80 cuando algo estaba muy chulo. Sin embargo, casi cuatro años después de haberme mudado a México, descubro horrorizado el nuevo término que reemplaza a aquella: “sexy”. Lo utilizan los españoles que llegan a la agencia donde trabajo, lo utilizan extranjeros que dejan España y vienen a trabajar a México y hasta algunos amigos españoles con los que aún sigo en contacto por messenger, email o teléfono, y lo que yo pensaba que era la expresión solitaria y excéntrica de un compañero ahora resulta ser un término de moda que parece me he perdido por no estar ya allí.

Y entre eso y que esta semana anduve leyendo sobre la teoría de los memes, pensé que guay (o guai) fue un meme muy interesante que no consiguió sobrevivir a la siguiente generación de los que nacimos en los 70, crecimos en los 80 y entramos a la universidad en los 90, años arriba años abajo. Ya saben, el meme entendido como unidad de conocimiento que se transmite de generación a generación adaptándose, si es necesario, para sobrevivir, pero dependiendo esa adaptación del comportamiento de la persona, lugar o generación donde se adapta, siendo esto último lo que modifica el original. Así es como de una situación concreta (como el lanzamiento de un zapato a Bush, el cabezazo de Zidane o Kanye West interrumpiendo la entrega de un premio en una gala de MTV) se generan cadenas y cadenas de versiones que alargan la vida del momento original, que probablemente estaría perdido en el olvido si simplemente se contara tal y como sucedió una y otra vez.

En mi memoria, el “guay” (o “guai”) encarna una época donde habitan Naranjito, los Hombres G, Sabadabadá, la Bola de Cristal, los Petit Suisse y Barrio Sésamo. Y un poco después, VIP Noche, Twin Peaks, Nirvana, Chiquito de la Calzada y Los Planetas. Casi veinte años después, en una de esas galopadas por el ciberespacio patrio que me doy de vez en cuando, encontré los nuevos anuncios de una cadena de de comida rápida en los que aparece el ínclito Chiquito, y donde se nos aclara que hemos madurado porque ahora nos gusta algo más sofisticado como los nuevos helados que ofrece la marca; en suma, un anuncio deshonesto y excelente para que uno ensaye su cara de “WhatTheFuck”, ya que para mí madurar consiste (quizá) en ya no llorar cuando se muere Chanquete en la enésima repetición de “Verano Azul”: si ya no me río de los “jarenauers” no es porque mi humor se haya refinado sino porque no puedo escuchar esa palabra ni una vez más, por caridad.

Y como, básicamente, los chistes ya me los sé, mi empatía por el anuncio y sus helados es cero, y supongo que el mismo razonamiento puede aplicarse a las generaciones siguientes a la mía, cuando incluso puede darse el caso de que no sepan ni quién es Chiquito ni a qué se dedicaba porque piensan que nunca hubo vida ni humor antes de Joaquín Reyes y Enjuto Mojamuto. En resumen, cero punto de contacto conmigo por saturación y cero punto de contacto con los siguientes por desconocimiento.

Así que comienzo a rogarle a quien sea necesario que la próxima vez que quieran venderme helados, al menos haya algún creativo que, por Dios bendito, modifique el chiste para que éste sobreviva con dignidad, háganlo meme, por favor, que yo o gente más joven podamos tener algún nexo con lo que estamos viendo. Y poco tiempo después llega la salvación para mi teoría y aparecen en pantalla dos vídeos, uno con un fantástico mashup entre Don Pimpón y Daft Punk (con grupo en Facebook incluido):

Y otro que demuestra la sincronía rítmica entre Rick Astley y Nirvana:

Si son coetáneos míos comparen sus sentimientos ante las distintas piezas. Lo maravilloso de estas últimas es la conexión que siento de inicio a fin con ellas, ya que escarban en lo más profundo de mis recuerdos, allá por los 80s, pero los condimentan con una segunda parte que puedo encontrar en mi vida posterior, siendo ese segundo recuerdo el comportamiento que modifica el vídeo original para hacerlo un meme del que poder disfrutar, una sensacional pieza gratuita donde Don Pimpón baila de una forma que ni Michel Gondry hubiera imaginado. ESO sí me habría hecho sentir sofisticado e inteligente, justo la emoción que un creativo buscaba para mí (sin lograrlo) con su anuncio y que terminé hallando en el vídeo de un aficionado con mucho tiempo libre para editar vídeos en su casa.

Padres e hijos del otro lado del escaparate

Papá

Hace casi un año y medio, una semana después de que muriera mi padre, escaneé varias de las fotos que tenemos juntos cuando yo era pequeño y las subí a un álbum de Facebook, un pequeño homenaje sin sentido a alguien tan importante en mi vida. En una de ellas, que luego usé como foto de profile durante una temporada, Federico Jordán (el extraordinario ilustrador mexicano, a la sazón el primer cliente de Grupo W) me dejó escrita una hermosa e inolvidable frase:

El niño es el padre del hombre. Te mando un abrazo lleno de dilección.

Recuerdo la primera vez que derroté a mi padre jugando al ajedrez, porque fue puramente accidental. Pasó algo de tiempo hasta que volví a ganarle, pero de ahí en adelante mis triunfos se convirtieron en algo más y más frecuente, llegando a un punto en el que comencé a experimentar un creciente complejo de culpa alimentado por cada una de mis victorias. Todo esto, de lo que ya casi no me acordaba, regresó a primera línea de memoria cuando leí la última línea del artículo que cierra el libro “Desde el otro lado del escaparate” (Editorial Espasa Calpe, 2009) del famoso publicista español Toni Segarra:

No podremos avanzar si nos quedamos sin padres a los que matar.

En Saltillo apenas hay librerías, lo que es una locura si tenemos en cuenta que hay hasta una iglesia de “Pare de sufrir” (me niego a enlazarlos, pero imaginen una especie de iglesia que fuera el resultado de mezclar al Opus Dei con la película Freaks, amenizado todo ello con música de Enrique Iglesias). Así que cuando llego a algún lugar donde vendan libros voy y compro varios de una forma que creo que les saldría mejor cobrármelos por peso en vez de por ejemplar, tal y como me ocurrió este fin de semana en el FNAC de Plaza de Catalunya de Barcelona, qué bonita es la Plaza de Catalunya de Barcelona, si no te dan miedo las palomas, claro.

Claves del nuevo marketing + Desde el otro lado del escaparate

De modo que en algo menos de medio minuto mis manos se llenaron con seis libros, tres que prefiero olvidar, otro que se llama “Numerati” (Stephen Baker, Editorial Seix Barral, 2009), que no he leído pero que tiene buena pinta, el mencionado de Segarra y finalmente otro llamado “Claves del nuevo marketing: cómo sacarle partido a la web 2.0” (Ediciones Gestión 2000, Editorial Planeta, 2009), un libro de varios autores coordinados por Eva Sanagustín y que tuvo una cierta repercusión mediática en blogs y prensa del sector, porque intenta arrojar luz sobre algo tan complejo como es explicar lo que hacemos para quien no sabe o no entiende lo que hacemos. Como además salió en tiempo casi coincidente con otro libro (también de varios autores, estos argentinos), llamado “El modelo de la nueva agencia”, el efecto de uno alimentó el del otro, en una especie de sinergia de lo más interesante.

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El playmobil torero que bailaba el Moonwalk

Como soy un geek, lo primero que se me ocurre cuando veo un Playmobil torero al que puedes dar cuerda es hacer una versión cañí del Moonwalk de Michael Jackson.

Desparramados por ahí, capítulo 4

Artículo para Merca 2.0 - 231009

Artículo para Merca 2.0 - 301009

Artículo para Merca 2.0 - 061109

Con algo de atraso, una actualización a varias columnas que escribí últimamente para Merca 2.0, sobre el fenómeno de #internetnecesario en México, una carta a estudiantes de mercadotecnia después de ver una lamentable conferencia en un simposio en Monterrey y un pequeño comentario sobre la multiproliferación de gurús de social media en nuestras vidas, respectivamente 🙂