the leap Bukowski

Charles Bukowski

Tengo desde siempre, una deuda permanente con el cine.

Mi madre, que es cinéfila desde su infancia, me inculcó un amor desmedido por las películas. Cuando yo era un niño, ella regresaba de ver con el doctor (así le digo a mi papá) alguna de James Bond y me la contaba escena por escena mientras tendíamos la ropa en el patio.

Años después, que me tocaba ver alguna movie que mi madre me había contado con detalle, me daba la sensación de haberla visto. De esta forma supe que si una película se queda corta cuando se adapta de un libro, se queda mas corta cuando ha pasado por la estricta narración de mi progenitora.

En fin, que he visto muchas películas. No tanto como me gustaría, y cada vez menos. Pero si que me deberían cobrar una fortuna por la cantidad enorme de ideas que he tomado de ellas; para lo cual no tendría yo vida para trabajar, sacar dinero y pagarles a todos.

Como ejemplo para este texto contare el caso de THE BIG LEBOWSKY. Notable, notabilísima obra de los hermanos Coen, protagonizada legendariamente por Jeff Bridges, John Goodman y Steve Buscemi.
Sumarme a la tonelada de textos escritos referentes a lo maravilloso de su script, lo inolvidable de sus frases y lo fantástico de su soundtrack, seria poco menos que ocioso.

the big bukowski

La cosa es que tengo una teoría que me ha costado la reputación en mas de una borrachera. Esa teoría dice que el dude, osea Jeffrey Lebowski es a mi entender una versión light y cómica de Charles Bukowski.

Mas allá de que coincidan conmigo o con mis detractores, debo atajar el pensamiento diciendo que ese nexo mental me llevo a clavarme en la lectura del infame escritor de soberbia prosa y dolorosa lectura.

Por supuesto me leí La Maquina de Follar y el Cartero. La brillante elegancia de desenredarse a si mismo mostrando un estilo tan valiente y genuino, me ha atrapado renglón tras renglón.

Leer a Bukowski no me pone bien, como si me hace bien ver a Jeffrey Lebowski.

Desde mi perspectiva, es la misma persona contándonos el cuento de manera diferente. Una suerte de calamidad que lo mismo puede ensuciarse de mierda que rentarse en un blockBuster.

Llegué a Bukowski también vía otra cinta. Una llamada SIDEWAYS a la que le atribuyen algunos amigos mi afición al vino. Yo digo que esa debilidad ya la tenía y que la cinta simplemente me la volvió cutánea.

En cierta parte, Miles dice quizá una de las líneas mas memorables, citando a Bukowski:

“I’m a smudge of excrement on a tissue surging out to sea with a million tons of raw sewage.”

Resumiendo casi a manera de confesión, debo decir que del cine he robado frases, ideas, personajes, momentos para recrear, excusas, culpas, argumentos. Es uno de mis placeres mas inocentes y desatendidos.

Debo con urgencia regresar a esa amante despechada que deje por enrolarme en otras cosas. Insistiré quizás con indulgencia a ver bodrios y clásicos, y me detendré en la vertiginosa y a veces infructífera carrera por llegar a ningún lado con la prisa de quien teme ser alcanzado.

Ya habrá ocasión de platicar más al respecto, después de todo siempre tendremos Paris.

Best!

Moralejas a la yugular

George Clooney - Up in the air

No me molesta que una historia termine con moraleja (de hecho en el colegio era frecuente leer las fábulas de Esopo), siempre y cuando dicha historia sea un buen precedente para el desenlace y éste sea un buen cierre para aquella. O me conformo, simplemente, con que la historia sea buena, que no es poco pedir en estos tiempos.

En cambio, me resulta insoportable que una medianía de historia que apunta algunas buenas maneras se cierre con una de aquellas moralejas de “te lo dije”. Sobre todo, si la historia necesita 110 minutos para ser contada, como es el caso de “Up in the air”, la nueva película protagonizada por George Clooney que me tocó padecer este pasado fin de semana. Cuando algo que se puede narrar en 85 minutos utiliza 110, genera en el espectador una especie de jet-lag de mal humor, una sensación de pérdida de vida tan dolorosa como la desesperación de no recordar por la mañana dónde dejaste ese billete de cincuenta euros ó quinientos pesos que estás seguro de haber visto al llegar a casa la noche anterior.

Esta sensación se magnifica si además tienes fresco en la mente el recuerdo de que, en la misma semana, te llegó un correo con un enlace a un cortometraje de Mark Osborne llamado “More”, que sólo necesita poco más de seis minutos para contarte una historia con algunos paralelismos a la de la película anteriormente citada:

En una narración bastante simple y que se lanza a la yugular del espectador en el minuto 4:35, el mensaje final es hermoso: lejos de residir en el dinero, la felicidad depende de cada uno de nosotros, y además no cuesta ni un centavo.

Adicionalmente, la fascinante historia que rodea a la pieza (desde su nominación a los Premios de la Academia en 1998, el posterior ostracismo al que fue sometido su director y, finalmente, su renacimiento vía el mítico iFilm), o la sorpresa de descubrir que existen versiones de hasta diecisiete minutos del tema musical “Elegia”, de New Order (que da complemento sonoro a la trama), conforman un cocktail mucho más interesante, inspirador y barato, y del que se deduce que lo recomendable antes de terminar la semana en la oficina es revisar los correos recibidos durante los últimos cinco días, por aquello de encontrar alguna joya enviada por amigos que te puedan ahorrar el estar presente en los próximos 110 minutos de la carrera cinematográfica de George Clooney.

Se buscan Insurgentes en agencias de medios

Insurgentes + Google Maps

La Avenida de los Insurgentes es una de las avenidas principales de la Ciudad de México y toma su nombre de la naturaleza de los que protagonizaron la lucha que devino en la Independencia del país en 1821.

Como todo elemento icónico de ciudad, su particularidad proviene, entre otras cosas, de cómo el espacio que la avenida ocupa se articula gracias a la particularidad de la avenida misma. Desde el Monumento a la Raza hasta el World Trade Center, pasando por el cruce con el legendario Paseo de la Reforma, Insurgentes se convierte en una de las arterias principales de la ciudad, poblada de otro de sus elementos representativos, el famoso Metrobús (con carril propio) de la Ciudad de México, que la recorre gracias a su línea 1 (creo).

Avenida de los Insurgentes 1  Avenida de los Insurgentes 2
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Terror interconectado telefónico

El sábado, esperando a que me sirvieran mi comida en un restaurante, recibí un correo electrónico cuyo contenido era el de que un amigo me había dejado un enlace para visitar en mi wall de Facebook. Por no tener nada que hacer (siempre tardan mucho en servir la comida en dicho lugar) decidí acceder vía iPhone para leer el mensaje, obteniendo como resultado el de que cada vez que intentaba entrar a mi cuenta, la aplicación se cerraba. Así que, ni corto ni perezoso, entré al AppStore para descargar la última versión de la aplicación; ya se sabe que si el chiste era el de que cuando un coche no arranca, lo que hay que hacer es salir del coche y volver a entrar, ahora el chiste es que cuando un coche no arranca, entras al AppStore a descargar una actualización para el coche (estamos más cerca de Matrix de lo que pensamos)

Dos minutos después ya podía acceder a mi cuenta de Facebook, vi el enlace, lo visité, me pusieron la comida, comí y pude irme a casa, sin darle más importancia al hecho de la descarga realizada, hasta que de repente, a media tarde, mi teléfono comenzó a pitar una y otra vez, con ese sonido que tiene para los “nuevos mensajes de texto recibidos”. Pensé que quizá me había hecho famoso y todos llamaban o escribían para felicitarme y decidí hacerme el importante y no contestar, hasta que un rato después comprobé que no, que simplemente me estaban llegando notificaciones de toda interacción que alguien en Facebook realizaba conmigo, un bombardeo de interacciones, para ser exactos.

Terror interconectado, cap. 1

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