May 2011

Busco un título para una conferencia

Hoy les traigo una tarea. O mejor lo expongo como lo que es, les estoy pidiendo un favor. El próximo mes de Octubre he de impartir una conferencia relacionada con publicidad “digital”, lo cual me llena de alegría pues el foro donde probablemente la charla se celebre es uno donde nunca he hablado antes, pero recibí a cambio un inusual requisito: el título de la ponencia ha de tener que ver con la antropología (no sé si literalmente o si simplemente tiene que sonar como antropológico).

Comencé buscando con Google Translator, porque como ya ofrece traducción de castellano a latín pensé que podría serme de ayuda, topándome entonces con que un título como “El creativo que no sabe el nombre de su conferencia” se convertía en “Creativa quis ignorat nomen tuum colloquium”. Así que descarté mi búsqueda por ese lado porque el título suena a latín pero no sé exactamente lo que estoy diciendo.

Tengo una lista de nombres que he pensado por mi cuenta, a los que sumé las propuestas que amablemente algunos amigos me han hecho llegar vía Twitter y Facebook. Sin embargo aún no decidí porque pensé que por aquí también podría haber buenas propuestas, ¿me ayudan?

¡Muchas gracias de antemano!

Gantt Invaders

Los diagramas de Gantt son una popular herramienta que sirven para visualizar sobre una tabla el tiempo que se dedica a cada una de las tareas que hay que completar para que un proyecto se pueda dar por concluido. Y he visto muchas, pero nunca ninguna como ésta que me envía Christian Ganzo, donde el diagrama se convierte en un Space Invaders :)

El cantante de gospel del aeropuerto

Igual el chico de la camiseta azul ya es famoso y yo no lo sabía, pero en todo caso fue ayer cuando yo lo descubrí. Resulta que estaba yo atrapado en el Aeropuerto de Madrid-Barajas por el caos que el nuevo sistema de reservas de Aeroméxico causó a muchos de sus viajeros durante un par de días, cuando de repente escuchamos a alguien cantando gospel. “Un loco”, pensé, o pensamos todos los que estábamos en aquella fila eterna, viendo al hombre cargando con dos maletas mientras se alejaba por los pasillos de la Terminal 1.

Después de un rato lo vimos y escuchamos de nuevo, cargando otras maletas (¿?), resultando que su trabajo era el de ayudar a los pasajeros que llegan en taxi y buscan el mostrador de la aerolínea con la que viajan para documentar su equipaje. Y no sólo cantaba sino que hasta actuaba, deteniéndose para marcarse una pequeña coreografía que adornaran su canto, lo cual, lejos de molestar a los propietarios de las maletas (que tenían cierta prisa) parecía hacerlos reír, lo mismo que a nosotros, que seguíamos en aquella fila.

Lo más interesante, sin embargo, no era el hecho de que cantase y bailase mientras cargaba las maletas de alguien en dirección a algún mostrador, sino el terrible vacío que nos quedó cuando terminó su jornada laboral y se marchó, dejándonos solos de nuevo con nuestra fila y Aeroméxico. O como dicen por ahí, lo importante no es estar siempre presente sino ser echado de menos cuando no estás.

En fin, un tipo muy especial, por eso digo que quizá ya es famoso entre los asiduos del aeropuerto, aunque fue ayer cuando yo lo descubrí. Y qué divertido hubiera sido que estuviera trabajando para una aerolínea que quisiera mejorar el ánimo de sus pasajeros, en vez de cantando por iniciativa propia.

Lo que hay que hacer para que hablen de uno

Aunque Internet sigue siendo un vecino misterioso y desconocido, es cada vez más frecuente que medios de comunicación (en sus vertientes más tradicionales) informen o cuenten sobre eventos e historias que suceden en el universo online, lo cual está bien porque de repente esos relatos ponen más ojos sobre lo que antes era casi ignorado, pero con el inconveniente de que en muchas ocasiones el que escribe lo hace desde una óptica poco conocedora o experimentada. Esto se traduce en una cierta superficialidad acerca de lo narrado, ya que se saca a relucir (por encima de todo lo demás) el factor de “novedad”, pero sin entrar en mucho detalle acerca de la calidad de aquello de lo que se habla.

Y así es como se da una moda, más que extendida últimamente, que es la de contar algo que se hace online (y sin mucha trascendencia) para que hablen de uno en el mundo offline, aprovechando el factor de novedad que generan muchas nuevas plataformas desconocidas por los medios tradicionales. Hay ejemplos muy variados, por ejemplo, ¿recuerdan cuando las marcas nos contaban acerca de su llegada a la plataforma Second Life?

Nadie sabe muy bien para qué lo hacían entonces ni qué demonios hicieron con ello tiempo después, pero contarlo a un medio tradicional era una receta segura para que éste publicase una nota acerca de lo digital y del futuro que se acercaba, y de lo vanguardista que era esa marca por tener presencia en la nueva plataforma. Más recientemente, una agencia mexicana optó por un peculiar y controvertido (a juzgar por los comentarios a favor y en contra) modo de reclutar a su siguiente trainee.

En lo personal no me gusta la idea, y desconozco si lograron su objetivo de encontrar a esa persona en prácticas, pero lo que sí lograron fue que hablaran de ellos en muchos medios (publicitarios y no publicitarios) desde esta óptica de “informar de la novedad”, aunque no se tenga muy claro en qué consiste la misma. Ahora falta saber en qué convierten toda esta atención que consiguieron, en forma de halagos (unos) y burlas (otros).

Así que ya saben, si no hablan de ustedes por sus ideas hagan algo online para que hablen de ustedes offline, que de momento, funciona, y que por sí mismo no es ni bueno ni malo, depende de qué hagan luego para capitalizar lo que dijeron de ustedes.

Los irresistibles QR-Codes

Yo la verdad es que no sé cómo andan las estadísticas de uso de los códigos QR, si sube o baja, si sólo es una cosa de early adopters o si ya es muy popular, ya saben, todas esas cifras con las que de repente se matan ideas propias y ajenas sólo porque un número dice que de momento la gente que usa una tecnología determinada no es “suficiente”. Pero entonces estamos en un bucle terrible, porque como la cifra nunca llega al número deseado nunca invitamos a la gente a que la use para que así un día podamos llegar a la cifra que deseamos.

Bueno, no sé. Sólo sé que últimamente, cada vez que veo uno de estos códigos, tengo que ir corriendo a tomarle foto y escanearlo para saber qué dice o a dónde me lleva. Y simplemente soy un tipo con un teléfono que sabe que hay unos códigos que se llaman QR y que sirven para acceder a nuevos contenidos. O sea, que no soy tan especial, y esta tecnología quizá tampoco lo sea.

Lo que Duckman no quería tener

Nunca tuve ocasión de ver esta serie, Duckman, y mi única referencia de un animal que trabaje como detective privado es la del videojuego Sam & Max hit the road. Pero Quique, que la conoció cuando vivía en Venezuela, dice que este es el mejor capítulo de todos:

Qué hermoso final el de “prefiero no tenerla a vivir para siempre con el miedo de perderla”. Y ahora me marcho a buscar más episodios.

Cuidado con los regalos de ideas ajenas

El miércoles tuve la conversación de la imagen que abre este post. Probablemente mi interlocutor debió pensar de mí que soy un sabiondo y no sé cuántas cosas más, ninguna buena, pero la verdad es que aunque esté totalmente carcomido por la curiosidad de saber qué idea tenía para contar, no podemos (desde una agencia) aceptar ideas de esta forma.

Este tipo de situaciones, que ocurren más frecuentemente de lo que pudiera parecer (según me cuentan maestros como Mike Brito), ha derivado en más de una ocasión en que la idea ya estaba hecha, o propuesta y rechazada por el cliente, o no era tan buena o era imposible ejecutarla en los términos en que su autor la pensó, y todo queda ahí. Pero si tiempo después, resulta que la marca decide hacer algo que tiene (según el autor de aquella idea) un remoto parecido con la original, todo se reabre con el autor de aquella idea denunciando por “plagio” a marca y/o agencia. Y resulta que hay profesionales de todo este tipo de actividades en muchos lugares, incluido México.

Y aunque muchas iniciativas son de buena fe y no tienen tras ellas este tipo de pensamiento tan perverso, uno no puede arriesgar a una marca para la que trabaja a este tipo de situaciones, y por eso la única forma de plantear esas ideas es entrando a trabajar a una de las agencias con las que trabaje la marca y desde ahí proponerlas. O proponérselas directamente a la marca y ver qué pasa.

Y eso que me muero de ganas de saber cuál era esa idea que tenían para contarnos, pero no así, sorry :)

2011 y un libro por semana, capítulo 12

El siguiente libro de la lista de mi propósito de leer un libro por semana en 2011 es:

The Laws of Simplicity (Simplicity: Design, Technology, Business, Life)
(John Maeda)
The MIT Press
+ enlace en Amazon

Aunque había comprado este libro tiempo atrás, no me había decidido a leerlo hasta que cierto día me encontré una charla del autor (John Maeda) en TED acerca del mismo tema.

Confieso que en mi decisión también influyó su pequeño tamaño, ya que como voy algo retrasado con mi propósito pensé que podría acabarlo relativamente rápido, pero nada más lejos de la realidad, ya que aparte de su brillantez es un libro extremadamente denso y complejo. Menos de cien páginas que relatan la visión del concepto de simplicidad del autor, en un complejo recorrido de diez capítulos-”leyes” que merecen la pena ser leídos y releídos, al menos un par de veces por año.