¿Por qué ves un video de YouTube?

Por ejemplo, éste:

BMW Contra PAREDES DE CONCRETO

La mayoría de los que nunca lo habían visto e hicieron click, esperaban que el auto rompiera las paredes de concreto.  Se chutaron los primeros 50 segundos del video (muchísimo tiempo para la atención promedio de la gente en internet) esperando los choques… y nunca llegaron.

En este caso fueron importantes tres factores para que la gente le diera click:

 1. La captura del video que aparece detrás del play.

2. El título.

3. Quién lo recomendó. 

El recomendador no tiene qué ser conocido, es más bien la fuente y puede ir desde el propio youtube en su portada, la gente de un foro, o una publicación en un Blog.

Un video cuya captura sea completamente negra, tendrá menos posibilidades de ser reproducido que un video que un video con una captura impactante. La información de la captura se complementa con el título del video, que debe generar expectativa por lo que hay detrás del play; en el ejemplo, si el título del video fuera “Car Crossing Probably Fake Digital Walls” mucha menos gente lo hubiera visto, porque ya sabrían de qué trata y no valdría la pena invertir tiempo en algo que ya conocen.

Advil: Cómo manejar tu cuenta de Twitter como un bodoque

Hace no tanto trabajaba yo al lado de una piscina. Sobre ello escribí una vez, porque al decir yo en Twitter que olía a cloro, una marca de blanqueador me preguntó si acaso prefería los hongos, lo que me dejó con una cara de Buster Keaton que para qué les cuento.

Estos días, como algunos amigos sabrán, llevo unas cuantas visitas consecutivas al dentista para que me extraigan las muelas del juicio, proceso que me ha llevado a tener que estar tomando algunos medicamentos de forma regular en las últimas semanas. Eso se junta al hecho de que hoy entraron a reparar una mesa en mi oficina, así que, también en mi cuenta de Twitter, publiqué esto:

Este comentario, a todas luces de intención cómica por el fuerte olor del pegamento (Resistol), fue lo único que necesitaba esta cuenta de Twitter de Advil Max para decirme que no tome aspirina, que mejor tome Advil Max:

La verdad es que me pareció fuera de lugar, así que comenté:

Y entonces “Liquida el dolor” dijo que no había hecho lo que sí había hecho:

Por eso pensé que tenía derecho a decirles que por favor no me mandaran spam spam spam spam:

A lo que “Liquida el dolor” me contestó con una de las mayores gilipolleces que he leído en Twitter. Que si no quiero recibir spam, mejor ponga mi cuenta como privada (ya saben, con el candadito):

Dejemos de lado las faltas de ortografía y el tema del ardor de estómago (“agruras”), algo que a mí no me ocurre por tomar aspirina. Lo que sí tengo es una alergia terrible a las gilipolleces; no pude contenerme, poniendo esto que creo dio fin a la conversación:

Ahora bien, no me malentiendan, no seré yo el que les diga que no tomen Advil, porque lo cierto es que cuando te duele la cabeza funciona de puta madre, pero la verdad es que quien lleva su cuenta de Twitter es un completo bodoque que probablemente ha pasado por demasiados cursos de Social Media de los que se imparten en México y por muy pocos cursos de sentido común (que es de lo que se trata todo esto). Así que, en términos de convivencia virtual, Advil, me das un dolor de cabeza terrible, ¡suerte!

New kid on the blog: Vicente Cortina

Conocimos a Vicente cuando aún estábamos en Salillo y él trabajaba en Monterrey, en Cervecería Cuauhtémoc-Moctezuma. Y lo primero que nos llamó la atención fue que hablaba de casos y campañas de las que no solían hablar otros clientes. “¿Has visto esto? ¿y esto otro? ¿y viste lo último de Crispin?”. O sea, no le podíamos vender espejitos porque él ya había visto espejitos de todos los colores. Y luego resultó que hacía Triatlón en su modalidad de Ironman y que, entre otras anécdotas, fue uno de los primeros probadores de Google, cuando Google aún no era Google.

Y luego, pensando, pensando, pensamos que toda la gente que escribe en este blog trabaja en agencias, y nunca teníamos una visión de alguien que trabaje del lado de una marca, así que ahora que vive en Amsterdam y trabaja como Global Marketing Manager de Heineken, le preguntamos si querría participar escribiendo aquí, y también nos dijo que sí (nos estamos malacostumbrando), así que sirva este post como su bienvenida, ¡hola Vicente!

El peso de los Likes

Aunque conozcan fans de Bob Esponja, no sé si serán tan fans como los niños de este anuncio:

A estos niños no les alcanza con un botón de Like para expresar su pasión por Bob Esponja, pero de momento su Like en Facebook pesaría tanto como el de cualquier otro que gritase un poco menos. Me pregunto entonces cuántos Likes de Facebook son realmente de fans (de los que van a regresar diariamente a buscar más al lugar donde dieron Like) y cuántos son simplemente clicks a un botón porque es sencillo dar click a un botón que dice Like (pero va a ser complicado que regresen).

O dicho de otra manera, ¿para qué quieres un millón de Likes si sólo cien personas de ese millón regresan regularmente a por más contenidos?

Arturo: el hombre viral

Arturo es una de esas personas entrañables a las que todos los días podrías querer matar y luego dar un abrazo, en intervalos de veinte segundos. Y es que desde que lo conozco le pasan cosas como éstas:

O sea, que de repente se volvió protagonista de uno de los vídeos virales sobre los que él mismo escribió alguna vez, cuando aún trabajaba alimentando el blog Briefblog:

¡Un abrazo, Artur!

Hola hola hola hola hola hola hola hola hola hola hola

Me pregunto cuántas veces puede uno poner el nombre de su empresa en la fachada de un edificio de la misma. En el caso de Florsheim (donde se venden zapatos), el número es once:

Más detalles:

Publicidad útil

Entre el tsunami de publicidad en el que nos encontramos inmersos poca es verdaderamente recordada. Para crear ese impacto deberíamos de dejar de hacer vallas y vallas y vallas que nadie voltea a ver y comenzar a hacer publicidad que sirva para algo, no solo de adorno. Las embotelladoras entendieron eso hace mucho y comenzaron a  repartir mesas, sillas y refrigeradores.

Aunque la publicidad sirva para hacer una broma, sirve, y es recordada. Es más, ni siquiera tiene qué ser una cosa, puede ser de un video como el de Altoids, que sirve para compartir en Facebook y reírse de los contactos. El principio de servir de algo es lo que subyace a Nike+, o al Teletransporter de Cerveza Andes.

La gente se toma la molestia de escannear un código QR cuando detrás hay una aplicación útil y no sólo una página corporativa aburrida, la gente se detendrá a apretar un botón cuando tenga retribución por ello, cuando tenga una utilidad.

Antes de engancharnos con cualquier idea deberíamos preguntarnos ¿Sirve de algo? ¿A quién?

O me hacen sentirme especial o no me manden nada

Me siento como el día en que me dieron cierto astronómico e impersonal número de usuario para usar un taxi en Monterrey. Pero bueno, comienzo por el principio, que es ver lo felices que son los protagonistas de este maravilloso spot cuando terminan de hornear el pan 1000001:

Luego me llega este mail, donde me dicen que soy un “early-adopter” cool y trend-setter por haber sido el usuario 30512 en suscribirse al servicio BranchOut:

Pero yo qué quieren que les diga, aunque el servicio tenga ya más de un millón de usuarios es deprimente ser el usuario 30512. Si me hubieran dicho que estaba entre los mil primeros, por ejemplo… o que me hubieran mentido a mí y a todos y nos hubieran enviado un mail que dijera que éramos el usuario 100. Pero no, soy el 30512, ni mucho ni poco, ni fú ni fá, nada que presumir. O sea, que un correo que quería hacerme sentir especial me deja en realidad en crisis existencial.

¿Cómo se sentirá el pan 1000001?

Maduramos cuando…

Códigos fallidos en la Ciudad de México

Me quedé con esa cara que se te queda cuando alguien se va de viaje y de regreso te trae como recuerdo una de esas camisetas que dice “Alguien se acordó de mí cuando fue a -nombre de ciudad- y me trajo esta bonita camiseta”. O dicho en otro tipo de jerga, “all i got was this lousy t-shirt”.

Con esa cara me quedé, digo, cuando por fin sacamos el teléfono a pasear para fotografiar uno de los múltiples QR-Code con los que Dove ha empapelado las paradas de autobús de la Ciudad de México (click aquí o sobre la siguiente imagen para poder fotografiarlo sin salir a la calle):

Escaneado el código llegué a un sitio informativo con un enlace al spot de televisión y cuatro secciones de foto+texto de por qué hacer la prueba facial de la que hablan en el anuncio impreso. Que imagino que nos resulta muy poco a los que solemos escanear este tipo de códigos cada vez que nos los topamos. Quizá hubiera ayudado algún tipo de aplicación donde, mediante la cámara del teléfono con el que uno fotografía esto, pudieras tomarte una foto y ver un primer avance de cómo funciona esa prueba facial. O conectarte con tu cuenta de Facebook para probar con tus fotos o las de tus amigos y recomendarles también a ellos la prueba, por poner un par de ejemplos.

Sacar el teléfono, abrir la aplicación lectora de QR-Code, tomar una fotografía, esperar el resultado del escaneo… ¿para ver cuatro fotos con texto y un vídeo? No, lo siento, si me da pereza leer en un sitio también me da pereza leer en la pantalla del teléfono. El contenido irrelevante no se vuelve relevante si lo cambias de formato o de dispositivo de acceso.

Con lo que cuesta vender estas cosas, qué buena ocasión perdida.