August 2011

AMS to LHR via KLM

El título de este simple post, no tiene nada que ver con el contenido. Pero si da una pista de lo que se van a tardar leyendo el libro “Oh my god what happened and what should I do?”.

Quizá para muchos no contiene nada nuevo, pero con la cantidad de mierda que ve uno producido por Brand Managers en puntos de contacto “Digitales” vale la pena recomendarlo.

Mi equipo ya tiene una copia disponible. Lo pueden conseguir acá y lo mejor es que sólo cuesta un tweet. Sí, un tweet. Interesante.

Si también les sorprendio que puedan pagar con un twitt, hay mas info aquí .

Have a good flight.

Preparaciones de café

Preparando café

Hace unos días, a muchos kilómetros de aquí, terminó el fascinante experimento concebido por Jonathan Stark de regalar café de Starbucks a todo aquel que utilizara su tarjeta de usuario. Hace un rato, también en un Starbucks (pero éste en … Read More

De cuando lo critican a uno

Hay dos ocasiones en las que uno puede recibir críticas. La primera se produce cuando uno hace algo (o deja de hacerlo) y todo termina de muy mala manera. Uno no sólo se siente mal por lo que salió mal, sino que sabe que las críticas venideras son algo inevitable y hasta, quizá, recomendable. La segunda de las ocasiones se produce cuando uno hace algo (o deja de hacerlo), pero realmente no hay un desenlace ni consecuencias buenas ni malas de tales acciones (o inacciones) para nadie. En este caso, los motivos de la crítica pertenecen única y exclusivamente a quien la ejerce, para desconcierto (en muchos casos) del criticado.

Terminé mi primer libro a finales de 2002, con toda la ilusión de ver algo que yo había escrito en las estanterías de una librería, e intrigado acerca de temas como cuánto es mucho (en cuanto a ventas) o cuál sería la acogida de los lectores para el material que el libro contenía.

Mi sorpresa llegó cuando el libro por fin estuvo a la venta. Un par personas, de los mismos foros de discusión que yo frecuentaba en aquellos tiempos sobre el programa Adobe Flash, se dedicaban a visitar los lugares en los que el libro se vendía online para dejar mensajes donde no sólo criticaban la calidad del libro (que probablemente no habían leído), sino que también hacían referencia a la “maldad” de mi persona. De dónde salía aquella “maldad” de la que hablaban era algo que sólo conocían ellos, pero aún así yo no podía de dejar de sentirme deprimido ante el hecho de recibir críticas por algo como publicar un libro, del que lo único que me preocupaba es que fuera bueno, antes incluso que otros temas como el de si generaba dinero o no.

Inocentemente, acudí a uno de esos lugares para dejar un mensaje fingido de usuario satisfecho que contrarrestara un poco aquellos otros mensajes fingidos de usuarios insatisfechos, con el libro en particular y, en términos generales, con mi misma existencia. Me topé entonces con que para dejar un mensaje en aquel lugar había que rellenar un formulario de aproximadamente quince campos, con la particularidad de que sólo podía haber una crítica de usuario por libro. Esto significaba que para dejar sus cinco mensajes, mis indignados críticos habían tenido que registrarse cinco veces en el sistema con cinco cuentas de correo distintas (que imagino habrían tenido que crear para la ocasión).

Y ahí me di cuenta de cómo tenía que manejar la situación: más que deprimido pasé a sentirme halagado del tiempo que un par de personas invertía en buscar dónde se vendía el libro, para una vez allí registrarse y escribir sobre mí, y esa es la filosofía que desde entonces me acompaña cada vez que escucho o leo algo que tiene que ver conmigo de forma negativa sin saber yo los motivos de tales comentarios.

Así que si quieren un consejo para cuando les pasen este tipo de cosas, disfruten la situación, es hasta tierno ver lo mucho que se puede llegar a esforzar alguien para intentar molestar, pero basta con darle a cada imprecador la importancia que se merece, que debería ser mucho menor que la que (por lo que se ve) ustedes tendrán para ellos :)

No todas las pantallas son iguales

El fin de semana discutía con un par de personas que rondan los 50 años sobre el internet y la juventud.

Ellos, gente que está en los medios, argumentaban que los niños y adolescentes están pasando por la peor época de la historia, pues ha dejado de salir y vivir el mundo en pro de pasarse su día frente al sillón jugando videojuegos y navegando en internet. Ya no hay interacción con otros niños más que en la escuela, interacción que no genera mayor amistad que una amistad de oficina, dos personas juntas en un solo lugar temporalmente y de forma obligada.

Hasta cierto punto tienen razón; hubo una generación educada por la televisión que se formó gracias a la generalización de la tv por cable con programación enfocada en ellos, pero esa fue la generación de niños de los 90. Aunque es exagerado decir que no se salía a la calle, sí es cierto que los niños de departamento teníamos más qué ver con los programas de Cartoon Network que con los vecinos.

Pero no todas las pantallas son iguales, y la computadora, a pesar de ser una pantalla, es completamente diferente.  En la televisión se comunica en un sólo sentido y su principal objetivo es que no te despegues de ella. En la computadora sucede todo lo contrario, pues invita a irse. Tener acceso a textos y fotos de lugares lejanos, a videos hechos por alguien ajeno detona querer saber más. Al mismo tiempo la gente que hace contenido para internet debe saber que el usuario siempre está de paso, excepto cuando algo es tan llamativo que atrapa su atención (y aún así, es posible que después de un par de minutos, esa atención se agote).

Esa capacidad de decisión crea gente más informada. Isaac Asimov decía que con internet, si te interesaba mucho el beisbol terminarías aprendiendo de matemáticas y si te gustaban mucho las matemáticas aprenderías de beisbol. Los intereses ahora son capaces de llegar hasta donde el usuario desee, no hasta donde le digan. Lo anterior es un gran insight de los tweens y los teens de hoy, con mucho más poder de decisión sobre lo que consumen que cualquier generación anterior.

¿Qué pasaría si en lugar de hacer publicidad digital que buscara atrapar la atención del cliente, hacemos publicidad de bolsillo apta para navegar la web; publicidad que acompañe, proponga y facilite?

Hablando sobre “piratería” y autores en TelmexHub

Llevaba cierto tiempo buscando una oportunidad para convertir en charla este post que sobre libros y “piratería” publiqué el año pasado. La invitación que me hizo Guillermo para participar en la Gira TelmexHub de 2011 me vino que ni pintada, y con tres presentaciones pendientes por delante pensé que sería interesante recuperar aquel antiguo post en forma de charla, para compartir esa experiencia con los asistentes al evento que iba a celebrarse en Mérida los días de este pasado fin de semana.

Y aunque hay un vídeo “oficial” de la charla, extraído del stream en vivo del evento, creo mejor idea publicar el que grabó Pau con su teléfono, que de alguna manera captura un poco mejor algunas cosas (como el audio con las reacciones de la gente).

También subí a Slideshare una copia de la presentación que utilicé, primera versión de las varias que imagino que esta charla pueda tener, pues el tema da para largo:

Once cosas que aprendes de piratería cuando escribes libros

Adicionalmente, y a modo de anécdota, me encontré con una crónica de la charla en la que su autor dice que dije exactamente lo contrario de lo que dije, así que pondré por escrito lo que quería decir con la charla como cierre de este post: cuando escribes libros, la “piratería” de tus libros es una de las mejores cosas que te pueden pasar en la vida.

La mancha gris

Estudié en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Para quien no esté familiarizado con el lugar, se lo puedo describir rápidamente: cuadrado y gris.

Pero un día, sin avisar, apareció esto:


¡Duck Fuckin Hunt!

Espero que a más de uno le haya arrancado una sonrisa. Conmigo lo hacía todos los días. Cuando 97% de los muros donde estudias son gris oxford y panfletos de izquierda, este chispazo de color y humor se agradece.

¿Qué hizo la Facultad? Lo que hace cualquier institución que se rige por muchas normas y poco sentido común: lo borró.


WTF

Unos segundos para procesar la indignación. Continúo: para la Facultad donde estudiaba Comunicación (ay la ironía), era mejor tener una mancha gris sobre un fondo gris que conservar el ingenio de un estudiante, aunque en un principio haya sido transgresor.

Me gusta esta anécdota porque me parece una metáfora perfecta de lo que hacen muchas marcas. Su obsesión por los manuales de identidad, códigos de comunicación, estándares de la categoría y sistemas de medición les impide usar la creatividad fuera de estos parámetros para sobresalir del fondo gris. Ni siquiera cuando es gratuita y proviene de sus propios consumidores. El razonamiento es el mismo que el de mi Facultad: lo importante no es que sea mejor, sino que sea oficial.

La publicidad está llena de manchas grises. Por fortuna, siempre se puede ser terco:


Cococombobreaker

Fotos (y grafitis) por Catcher.

Dos cosas que me encontré ayer

La primera, otro QR-Code en las calles de la ciudad de México. Después de la experiencia con el de Dove, tenía curiosidad por saber qué habría detrás de éste de Adidas, más aún por el llamativo texto de “Descarga el nuevo vídeo en tu teléfono móvil”. Sin embargo, me topé con que el “nuevo vídeo” era la versión reducida del spot de lanzamiento de la nueva campaña de la marca… en Marzo de 2011. Boring.

Después, otra de MTV (tras aquella del clima), esta pequeña barrita de estado con la que se muestra muy gráficamente cuánto tiempo lleva y cuánto tiempo queda del vídeo que está actualmente en pantalla. Cute!

Pit en modo multitask

Enchingatown y las actividades simultáneas

La imagen que abre este post es una de las más socorridas y relatadas en cualquier conferencia que tenga que ver con el comportamiento de los usuarios ante la variedad de dispositivos que hoy tenemos disponibles. Esto es, si vemos … Read More

Spam, amado spam

Pobre spam. Porque si buscan el término en las imágenes de Google se encontrarán todo tipo de señalizaciones negativas al respecto.

Pero si lo miran por el otro lado, resulta que todos los mails de spam que me llegan me hacen guiños para tener un pene más grande, ganar más dinero, ayudar a príncipes y viudas nigerianas que confían en mí y, en general, para ser más especial y tener más éxito. Y algo parecido en el mundo de los blogs; en éste, por ejemplo, cada comentario archivado como spam suele ser uno en el que me dicen lo especiales y maravillosos son cada uno de los posts que se escriben aquí, invitándome entonces a conocer el lugar del que dicho comentario procede:

No sé, resulta que algunos mails de spam hablan con la amabilidad e intento de seducción que uno esperaría de todas esas marcas que te dicen que su 2×1 es mejor que el 3×2 de la marca de al lado, por decir algo. Igual resulta que la carpeta de spam no es un vertedero de escombros, sino un lugar del que aprender algo útil… y que habría que revisar más a menudo.

Y que, por qué no, pudiera uno decir: “Amado spam“.

El valor de hacerlo, idiota

Esta imagen la hice hace año y medio. No tenía brief ni presupuesto ni target ni estudio socioeconómico ni estrategia digital. Vamos, ni siquiera trabajaba para la agencia que lleva la marca. Lo único que me motivaba era hacer algo divertido a través de una marca conocida y sacarlo con la libertad que otorga internet, esa libertad que no necesita la aprobación del dueño de la marca ni de sus representantes ni un focus group para hacerlo. La imagen logró su objetivo: se hizo viral. (Contenido 1 Banner 0).

¿Por qué los estudiantes de publicidad y diseño esperan a salir de sus carreras para comenzar a ejercerlas? ¿Por qué entran a concursos y guardan sus books en lugar de experimentar directamente con eso que llaman “el consumidor”? En el mundo digital se puede subir lo que sea, hacer (casi) lo que sea y, si se tiene miedo (o se quiere experimentar), decir que lo hizo alguien que en realidad no lo hizo. La mejor creatividad es la que funciona: a la gente no le importa si detrás de la ejecución estuvo el ganador de 50 Leones de Cannes o la agencia más premiada del mundo o si, en efecto, la campaña es “real”. Eso sólo le compete a los publicistas. A la gente le importa que el mensaje sea fresco, útil, divertido o relevante.

Internet es un laboratorio de creación. Lo menos que podemos hacer es utilizarlo. Lo mejor que podemos hacer es aprovecharlo.