Date: August 20th, 2012
Cate: Experiencia, Internet, Organización, Personas, Proyectos, Social media, Tecnología
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El de arriba es Pingüino Constanza, un pingüino de peluche que no recuerdo dónde conseguí pero al que rescaté hace unos días de una caja de las que se quedaron por abrir en mi última mudanza, motivado en parte por el post de ayer de Nicko.
El caso es que, tras tomarle un par de fotos de Instagram compartidas en mi cuenta de Facebook, decidí que quería crearle a Pingüino Constanza su propio álbum de fotos, encontrándome con la desagradable sorpresa de que las fotos que llegan a Facebook desde Instagram ya no pueden cambiarse de álbum:

Busqué y busqué la solución, encontrándome al final de cada camino con el proceso habitual de Editar álbum > Editar fotos > Desplegar menú de esquina superior izquierda, que es el que siempre se ha utilizado para hacer esta operación:

Pero no con las fotos de Instagram, resultando no ser yo el único (faltaría más) con dicho problema, con la única solución posible de descargar las fotos y almacenarlas (obviamente perdiendo Likes y comentarios a las mismas) desde el inicio en un álbum por separado. No sé si tiene que ver (supongo que sí) el hecho de que Facebook comprara Instagram hace un par de meses, pero este tipo de cambios en la funcionalidad me disgusta mucho más que todas esos cambios que tienen que ver con la privacidad de la información que compartimos en nuestros perfiles sociales. Lo que comparto en Facebook sobre mí es algo que probablemente también puedas encontrar si me “Googleas”, pero con estos cambios funcionales el pobre Pingüino Constanza se quedó sin álbum propio.
Por cierto, ¿se han dado cuenta de lo complicado que es teclear la palabra “Pingüino”?
Tanto si les gustan los perros como si no (pero si sí esto tendrá mucho más sentido), imaginen que la emoción y ansiedad que muestra el animalito cada vez que saquen una pelota con la que él pueda jugar se las transmitiera vía un mensaje de texto a su teléfono móvil:

O que les mandara un mensaje cada vez que destroce un zapato, vea un fantasma o se meta en problemas con la mafia de las ardillas del vecindario. Justamente de eso trata este fanpage llamado “Text from Dog”, un hilarante recorrido telefónico de la vida de un perro con teléfono y su dueño.
Nosotros no lo sabíamos, pero resulta que cuando usas Facebook en castellano este es el mensaje que se publica como actividad en los muros de quienes dan Like a nuestra página:

Como digo, es involuntario, pero una vez visto lo que pasa, uno sólo puede pensar que jijiji, jajaja y LOL y…

Por si necesitaban otra razón por la que cambiar el idioma de su cuenta de Facebook a “Pirata”.

No es que uno esté en contra de las campañas políticas, porque de hecho hay algunas que son excepcionales desde el punto de vista de comunicación (véase la celebérrima de Obama en 2008 en Estados Unidos, o la de Zapatero en 2004 en España, desde el libro que escribió su responsable, Juan Campmany), pero lo cierto es que desde que empezó la campaña electoral en México el ciberespacio de este país en el que vivo se ha llenado de una cantidad ingente de banners horribles. Feos, molestos y lo que es peor, inútiles (y no me digan que esas son las características de un banner, porque no todos son así).
Pero bueno, como decía, navegar por Internet en México estos días es como caminar por un campo de minas, en cuanto te descuidas… ¡pum! banner al canto. Y entonces pasa algo curioso, que un grupo de Facebook que creamos el Panter y yo hace más de tres años se nos está llenando de estas joyas.
El grupo en cuestión, que lleva por título el finísimo nombre de “Banners de la Verga” (inciso: el mexicano “de la verga” es como el español “de puta pena”), recoge todos esos momentos molestos en formato de banner que los miembros del grupo encuentran a diario en sus recorridos virtuales, probando que independientemente de la nacionalidad o las creencias, lo que molesta a un usuario en algún lugar del planeta es lo mismo que molesta a un usuario en otro lugar del planeta.
Así que ya saben, puesto que el acceso al grupo es libre, capturen y denuncien todo aquello que les parezca un “banner de la verga”. Probablemente no cambiaremos nada, pero al menos pasaremos un buen rato comentándolos, join the army!
Como les contábamos hace un par de días, el pasado viernes lanzamos las llamadas “Casetas-Alcancías”, para apoyar de forma simbólica el lanzamiento de un número de teléfono de Telmex con el que puedes donar dinero a la Colecta Anual de la Cruz Roja Mexicana. Y entre la multitud de anécdotas, aciertos, fallos y aprendizajes, llegan fotos maravillosas como ésta:

Así que nos pareció que sería divertido editar un pequeño vídeo (a la carrera, eso sí) para ilustrar un poco mejor mucho de lo sucedido hasta ahora:
- Las Casetas-Alcancías son la manera simbólica de apoyar el lanzamiento de la línea *6565 que Telmex ha creado específicamente para apoyar la colecta de este año de la Cruz Roja. -
Tarde o temprano, todos hemos pasado en algún momento de nuestras vidas por delante de alguien recolectando monedas en una hucha (alcancía) de la Cruz Roja. Una hucha como ésta, por ejemplo, que está siendo usada por la Cruz Roja Mexicana para su Colecta Anual de 2012:

Lo siguiente que aprendes cuando te topas con una de estas personas-con-hucha es que cada vez que dejas una moneda te ponen una de estas pegatinas en la solapa (o en el parabrisas del coche) para que otras personas puedan saber que ya donaste:

Así que cuando Cruz Roja anunció que había establecido un convenio con Telmex por el cual en México se puede llamar a un número telefónico (el *6565) para pedir que te carguen una cierta cantidad de dinero a tu recibo telefónico como donación, a Nicko se le encendió la bombilla y recuperó una observación que hizo un par de días después de aterrizar en la Ciudad de México: “Qué cantidad de cabinas telefónicas hay en esta ciudad. Si las vistiéramos de hucha podríamos llenar la ciudad de huchas de la Cruz Roja”.
Bueno, pero ¿cómo entregar una pegatina a la gente que donara en estas cabinas? Creando “Casetas-Alcancías”: transformar la cabina y su teléfono en un dispositivo que te tomara una fotografía una vez tú donaras tu moneda, y la publicara en Facebook y Twitter para que los donadores interesados pudieran luego ir a taggearse o dar RTs, y compartir así en sus espacios sociales ese mismo sentimiento que te genera la pegatina que llevas en la ropa cuando caminas por la calle.
Esa idea fue la que desde la agencia fuimos a proponer, con un esquema de funcionamiento que es más o menos el siguiente (click aquí o sobre la imagen para verlo a mayor tamaño):
Ya hemos hablado en este blog (en varias ocasiones) de las dificultades que a veces tienen las marcas a la hora de utilizar QR-Codes y los problemas que esto les ocasiona, ya que por cómo los usan al final nadie los escanea. Por eso es tan relevante este blog llamado WTF QR-Codes que causó cierto revuelo la pasada semana, por contener algunos de los mejores ejemplos de cómo NO usar uno de estos códigos si trabajas para una marca y quieres que la gente se interese por tus actividades.
Ahora bien, aunque creo que hay ejemplos en los que el recurso es muy válido, es cierto que uno termina por hacerse alguna vez la pregunta: ¿hay alguien, aparte de nosotros los que trabajamos en publicidad, que escanee un QR-Code?
Debe haber variedad de respuestas, pero ésta que encontré hoy para decir que “no” me pareció antológica: un blog llamado “Pictures of people scanning QR-Codes” sin ninguna foto de personas escaneando QR-Codes… #WIN!
(gracias a Mircea y Mau por los enlaces)

La anécdota con la que empiezo este post es que hace algún tiempo, cuando daba yo clase en el Diplomado de Marketing Interactivo que conjuntamente organizaban el Tec de Monterrey y el IAB México, tuve como alumno a Pepe, que por aquel entonces trabajaba en la agencia de medios MPG. Desde entonces, ambos hemos seguido en contacto directa e indirectamente, por aquello de que además teníamos multitud de amigos comunes y él pasó a trabajar en Substance, la agencia de nuestro buen amigo Rafa Jiménez.
Cierto día, Pepe actualizó la parte laboral de su perfil de Facebook, para decir que era CEO y Fundador de Mirrreybook, ese proyecto que sacudió por la vía digital la cultura pop mexicana durante todo 2011 y lo que llevamos transcurrido de 2012, y en cuanto lo vi nos intercambiamos mensajes más o menos de la siguiente manera:
Daniel: Hola Pepe! tú eres el creador de Mirrreybook??
Pepe: Hola Dani! sí, un amigo y yo lo creamos hace unos meses y ahora dejé mi empleo para dedicarme al 100% al proyecto.
Daniel: Wow! voy a reescribir mi biografía en todas las redes sociales en las que estoy pa’ decir que te di clase.
De la aventura que debe ser dar seguimiento y crecimiento al fenómeno Mirrreybook día a día vinieron la semana pasada a charlar Pepe y su socio, Sergio en una pequeña conferencia informal que organizamos en JWT México:
Se nos descalabró un poco el vídeo en la compresión, pero la historia es tan divertida que quizá no importa demasiado, disfrútenlo :)
Hace 22 días que llegué a México. Exactamente los mismos que no tengo Iphone.
Superada esta fase 21 días de hábito de adaptación a vivir si él, ahora puedo decir que aunque primero lo sufrí (mucho), ahora hay momentos en los que (casi) hasta lo agradezco.
Al principio podría parecer que he pasado de tener un smartphone que me ofrece todo tipo de apps sociales, a tener un Nokia “de toda la vida” que (a priori) parece que lo más cool que tiene es la opción linterna.
Y digo al principio ya que como en todo, no hay que dejarse engañar por las apariencias.
Después de tres semanas sin mi Iphone empiezo a preguntarme seriamente si es más smart y más social un teléfono con el que en realidad apenas me sociabilizaba cuando estaba con otros de mi especie porque resulta que cada uno de nosotros no le hacíamos el más mínimo caso al resto por estar todos metidos en nuestros respectivos smartphones para así sociabilizarnos a su vez con otros seres que seguramente también estarían como nosotros en ese momento, es decir, pegados a la pantalla de sus respectivos Iphones sociabilizándose también a su vez con otras personas, y así sucesiva e infinitamente.
Algo así también le pasa a Elvira Lindo, que lo cuenta de esta manera tan buena.
Desde luego, desde que tengo mi nuevoviejo Nokia, además de sentirme el tipo más hipster del planeta (lo viejo es lo nuevo nuevo), he vuelto a redescubrir el significado de ser social con la gente relacionándome más con ellos y (¡oh!), hablándoles (¡!). Y todo porque como no tengo mi Iphone no puedo leer El País, ni hacer un check in, o tomar una foto y retocarla al instante con Instagram para inmediatamente después compartirla en mi Facebook y Twitter.
No sé si mi nuevoviejo Nokia es más smart que mi Iphone, pero lo que sí me parece es que me ha vuelto un poco más persona.
Casi 15 años después de tener mi primer Nokia por fin ahora entiendo lo de su “Connecting People”.
El spot del Iphone en España decía que “si no tienes un Iphone no tienes un Iphone” y, joder, os juro que es verdad.
Si no tienes un Iphone, igual tienes más amigos. De eso tampoco me cabe duda.
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