Una vez alguien dijo, “Si cuando dices algo nadie se molesta, es que no has dicho nada”.
Yo, que soy más fan del Hacer que del Decir, lo aplico a mi manera y a rajatabla en todos mis proyectos, y entiendo el “molestar” como no dejar indiferente. 21 días después de mis #21Díasdebondad puedo decir que ”Humanity” no es una excepción y estoy muy contento de ver la cantidad de opiniones, participación y expectativa que ha generado mi último activismo creativo después de “Vete”.
Lo que he vivido durante estos 21 días es algo que difícilmente olvidaré. Y para muestra, este resumen en forma de minidocumental que el amigo Raúl Islas se sacó de la manga y que refleja a la perfección todo lo vivido en este proyecto.
Las ideas innovadoras nacen cuando se combinan de manera novedosa ideas viejas. Este es uno de los principios básicos no solo de la innovación, sino también de la creatividad y ha sido el combustible que ha alimentado la máquina de la innovación en organizaciones de todo tipo.
Tomemos como ejemplo el iPhone. Es una mezcla de teléfono, computadora y pantalla táctil, tres ideas que ya existían pero que en el iPhone se combinaron de manera novedosa, al menos dentro del contexto de los productos electrónicos de consumo. Y así podemos analizar casi cualquier idea y darnos cuenta que es en realidad una combinación de otras ideas existentes. Aquí unos ejemplos muy básicos: – Motocicleta: Motor + bicicleta – Dibujos animados: caricaturas + film – Publicidad: narrativa + producto etc.
Internándonos en el mundo de las marcas y los negocios, podemos observar que este patrón también se presenta en las compañías exitosas. Por ejemplo, Target es una combinación de chic y precios accesibles; Virgin Airlines es vuelos más entretenimiento; y Apple es tecnología más diseño.
En otros casos, los conceptos y principios de una categoría se adoptan en otra, produciendo innovaciones que incluso a veces logran cambiar por completo la categoría en que se adoptan. El ejemplo más famoso es Apple, que tomó las mejores prácticas del diseño y la ergonomía y las aplicó al diseño de productos de cómputo.
Existen otras historias notables donde sucedió lo mismo. Zynga, por ejemplo, tomó los principios del marketing digital y lo aplicó a los videojuegos. A diferencia de las compañías de videojuegos tradicionales, Zynga sabe exactamente qué hacen los usuarios dentro del juego: cuánto tiempo juegan, qué items compran, qué misiones completan, etc. Esto le permite a Zynga ajustar el juego en tiempo real para hacer la experiencia más divertida para los usuarios.
Otro buen ejemplo es Activision, la compañía creadora de los populares juegos Call of Duty y Modern Warfare. Hace dos años Activision reclutó a Eric Hirshberg, un director creativo de la agencia Deutsch, para ser el nuevo CEO de la compañía. Hirshberg hizo que Activision actuara más como una agencia de publicidad, tratando a los juegos como marcas y no como productos, e ideando cursos de acción no sólo estratégicos, sino creativos también. Los resultados: los lanzamientos de Black Ops y Modern Warfare 3 han sido los más exitosos en la historia de los videojuegos, vendiendo 360 y 400 millones de dólares en su primer día, respectivamente.
En todos los casos anteriores, la yuxtaposición de conceptos aparentemente dispares generó productos, servicios y modelos de negocio novedosos que redefinieron la relación con los consumidores y las reglas de la categoría.
¿Por qué pongo este tema sobre la mesa? Recientemente se ha desatado una polémica en el mundo publicitario: ¿deben las agencias emular a las startups tecnológicas? El debate nace porque, a pesar de ser organizaciones muy diferentes, agencias y startups tecnológicas emplean la creatividad como principal arma para cautivar la atención y los corazones de las personas, ya sea en forma de campañas de comunicación, o productos y servicios basados en tecnología.
El interés en las startups se ha avivado porque ellas han sido en términos generales más exitosas que las agencias para captar la atención de la gente con sus soluciones. Prueba de esto es que el número de personas que han logrado seducir todas las campañas de publicidad del año pasado palidece en comparación con el número de individuos que han logrado atrapar Draw Something, Instagram, Evernote y IA Writer juntos en el mismo periodo de tiempo. ¿Qué han hecho estas startups para tener tanto éxito entre la gente?
Como en todo debate, hay quienes están a favor y en contra. Yo pertenezco al primer grupo. No sé si las agencias deban comenzar a hacer sus propios productos y servicios basados en tecnología. Pero estoy convencido que es urgente que copien a las startups en un aspecto: el uso creativo de la tecnología para aportarle valor al usuario.
Las startups tecnológicas se crean con la misión de desarrollar productos y servicios que sean útiles y/o entretenidos para el usuario. Su misión siempre está enfocada en aportarle valor al usuario, en resolver sus problemas y satisfacer sus necesidades a través del uso creativo de la tecnología.
Todas las soluciones de las startups tecnológicas exitosas son funcionales. Es decir, resuelven algún problema del usuario o satisfacen una necesidad, ya sea tangible o emocional. Independientemente del tipo de problema o necesidad que satisfagan, como estas soluciones aportan valor, producen emociones positivas en las personas y conectan emocionalmente con ellas. La función produce emoción. Lo funcional se vuelve emocional.
La publicidad también es emocional en su esencia, pero actualmente sufre de un problema. Como lo señala Rei Inamoto en este artículo de Fast Company, dentro del contexto publicitario las ideas se ven como plataformas de comunicación cuyo objetivo es contar las historias de las marcas. Contar historias es una buena forma de provocar emociones, y las emociones pueden motivar a la gente para que eventualmente compre cosas. El problema es que hoy todo el mundo cuenta historias. Y aunque contar historias es un factor clave y necesario en la publicidad, ya no es suficiente para conectar con las personas, al menos en el contexto actual.
Si las agencias quieren que sus ideas sean más poderosas y conecten mejor con las personas, éstas deben ser más funcionales. Deben ser ideas que no solo entretengan, comuniquen mensajes y estén diseñadas para ser consumidas pasivamente por las personas. Deben ser ideas que también les ayuden a resolver problemas y satisfacer sus necesidades: tal como los productos y servicios de las startups tecnológicas. Y en el corazón de los productos y servicios de las startups tecnológicas está la tecnología.
La razón es simple: cuando a una idea emocional se le agrega un componente funcional, ésta se vuelve aún más emocional. Nike+ te permite medir tu desempeño y comparar tus resultados con los de tus amigos, volviendo la experiencia de correr en algo más social y emotivo. Twitter y Youtube convirtieron al Old Spice Man en un personaje “real” con el cual podíamos interactuar, haciendo la experiencia más divertida. En Mini Getaway, el uso de smartphones le permitió a cualquiera “robarse” un Mini virtual en el mundo real que a su vez luego podía convertirse en un Mini de verdad, borrando las barreras entre lo virtual y lo real. Las redes sociales y un sitio web hicieron posible que cualquiera de nosotros escribiera una carta de recomendación para ayudar a Xicani, un joven que sufre de discapacidad, a encontrar trabajo.
En todos estos ejemplos el uso creativo de la tecnología enriqueció las ideas, cargándolas de valor funcional y volviéndolas más emotivas, lo que provocó que conectaran mejor con las personas. Incluso, la tecnología permitió a las personas lograr cosas que antes parecían imposibles. Son ideas que trascienden la narrativa. Ideas emocionales y funcionales. Ideas que evolucionan la publicidad y la transforman en “postpublicidad” o “usevertising”.
El uso creativo de la tecnología es la clave del éxito de las startups tecnológicas. Ambas, agencias y startups, tienen la misión de cautivar la atención y el corazón de la gente. Si las startups han sido, en términos generales, más exitosas que las agencias en esta encomienda en gran parte porque sus ideas le aportan más valor a la gente, ¿no sería entonces una buena idea que las agencias las emularan? Las pruebas de que la yuxtaposición de ideas y conceptos dispares producen innovación, incluyendo en los negocios, están en todas partes.
Las agencias y compañías que ven la tecnología como un elemento estratégico y no solo como un accesorio ejecucional, conciben ideas cargadas de valor que logran conectar con la gente a un nivel más mucho más profundo, construyendo marcas y generando millones de dólares en el proceso.
Estoy convencido que emulando a las startups en su uso de la tecnología para aportarle valor a la gente la industria publicitaria puede evolucionar y dar ese salto que tanto necesita para ser relevante de nuevo. Con un poco de suerte en el futuro cercano dejaremos de hablar de publicidad y hablaremos mejor de “postpublicidad”. O como a mí me gusta llamarle, “Usevertising”.
Por aquello de que las cosas van por modas, parece que la actual tiene que ver con los nazis. O de una vuelta de tuerca a los “malos” clásicos de las películas, a los que ahora además se “nazifica”. Por ejemplo, en “Iron Sky” el argumento es alucinante, los nazis huyen del planeta en 1945 y se esconden en la cara oculta de la luna, hasta que regresan a conquistar el mundo de vuelta en 2018:
En cambio, en este otro ejemplo asistimos a la típica historia de excursionistas que son sorprendidos por un terror antiguo, y como éste suele ser un asesino o una pandilla de zombies, alguien pensó: “¿Por qué no ponemos unos nazis zombies?”. Y así nació “Dead Snow”:
O sea, la cultura del remix llega a la II Guerra Mundial: LOL.
Nunca tuve ocasión de ver esta serie, Duckman, y mi única referencia de un animal que trabaje como detective privado es la del videojuego Sam & Max hit the road. Pero Quique, que la conoció cuando vivía en Venezuela, dice que este es el mejor capítulo de todos:
Qué hermoso final el de “prefiero no tenerla a vivir para siempre con el miedo de perderla”. Y ahora me marcho a buscar más episodios.
¿Han buscado alguna vez “emoción” en Google? ¿O “gente emocionada”? ¿Y les emociona lo que encontraron? Supongo que por lo general no.
Y es que a veces la literalidad no genera aquello que trata de describir literalmente. Le pasa mucho a las marcas y debe ser por aquello de estar tantos años haciendo spots de televisión, ya saben (en general y en este orden):
1.- Personaje
2.- Problema
3.- Producto que se usa
4.- Problema que desaparece
5.- Cierre donde aparece el producto
Siempre (por lo general) en una cadena más discursiva que otra cosa, por la cual (y en general) si se habla de “emoción” aparece gente emocionada en vez de imágenes que hacen emocionarse al que está viendo el anuncio. O sea, todo muy literal. Y así, cuando aparecen nuevos medios donde la gente participa, resulta que los usuarios se instalan, por ejemplo, una aplicación de una marca en Facebook donde aparece en repetidas veces la palabra “emoción”, aun cuando lo que ellos sienten al usarla es la palabra “tedio”.
Es como si esa “literalidad lineal” o “linealidad literal” fuera uno de los factores por los cuales es tan complicado para algunos creativos tradicionales o para algunos responsables de marcas hacer o aprobar ideas que tengan un núcleo digital, porque en estas últimas el centro es la gente, mientras que en las primeras lo que está en el centro es la marca (o su producto), como alguna vez enunciamos en este post de anatomía de una campaña digital (que por cierto aún sigue esperando a ser destripado por ustedes, amables lectores).
Debería entonces existir una fórmula de conversión, de cómo traducir los factores de una historia contada de forma lineal a factores de una historia contada a partir de la interacción de los usuarios con ella. Algo como que el (mensaje) que la marca lanza en el spot de televisión equivale en digital a (una pieza + la interacción que el usuario realiza en ella generando un resultado). Y que lo que en el spot es el (producto) en la pieza digital es esa (pieza digital en sí misma). Y que si en el spot se dice que el producto (hace tal o cual cosa) en la pieza digital el usuario (experimenta esa tal o cual cosa).
Resumiendo, que cuando se hable de emoción lo que ocurra sea que yo sienta emoción. O ingenio, o frescor, o lo que sea, pero no porque me lo dicen sino porque yo lo siento. O sea, no tan literal, por favor.
99 Ways to Tell a Story: Exercises in Style
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Basado en un antiguo ejercicio literario de Raymond Queneau, este libro, breve y delicioso, recoge noventa y nueve formas distintas de contar una historia, utilizando diversos estilos, parodias y homenajes relacionados todos ellos con el mundo del cómic, demostrando que en cualquier momento la forma de la narración puede ser parte del propio contenido que se está relatando.