Archive for category Festivales

Date: July 12th, 2010
Cate: Artículos, Autores, Festivales
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Desparramado e interactivo, capítulo 15

Mi columna del mes de Julio/Agosto de Interactiva Digital trata acerca de algunas sombras que acechan a los festivales de publicidad: los truchos y la banalización de los casos de estudio que acompañan a las piezas enviadas a concurso.

Portada Interactiva Digital Julio/Agosto 2010

Señor del jurado, empiece por aquí

No sé si es muy diplomático expresarlo por escrito, pero siempre pensé que en los festivales de publicidad podría existir una categoría llamada “Truchos”, sin brief y sin complejos. Así podríamos celebrar la creatividad de esas piezas, sin sospechas, y al que mejores truchos hiciera no sólo no lo calificaríamos peyorativamente, sino que hasta le entregaríamos la estatuilla de mejor agencia de truchos del año.

Sería una agencia de grandes ideas y clientes inapropiados, de modo que podría existir también un ranking de clientes con piezas de naturaleza truchesca realizadas por sus agencias, y a los de los primeros lugares de esa lista se les podría etiquetar como aquellos con los que hay que tener cuidado a la hora de trabajar. Eso en caso de que hubieran rechazado las creatividades que les proponían, claro, porque si no las conocían les están regalando una gran oportunidad de aprobar la mitad de esos anuncios de indudable brillantez. Sería como un Dr. Frankenstein (el cliente) con un ayudante (las agencias) que prepara a espaldas suyas una serie de pócimas y experimentos (los truchos) potencialmente exitosos para revivir a un cuerpo (la reputación de la marca) hecho de partes de cuerpos de otros (la opinión de los usuarios). Incluso, podría proponerse que esta categoría de truchos se celebrase antes del festival tal cual, y sólo los truchos mejor clasificados serían comprados y publicados por los clientes y ya entrarían al festival official, como en las fases de clasificación de los torneos de tenis, por ejemplo.

Con todo, creo que los truchos no son el mayor peligro que acecha ahora cuando uno visita las listas de trabajos enviados a festivales sino una subespecialización de los mismos llamada “caso de estudio”, una plaga que pudiera afectar a la reputación de una industria mucho más que el dolor puntual que ocasiona un trucho aquí o un trucho allá.

Supongo que antes o después se habrán encontrado con uno de esos casos, un vídeo de entre 3 y 4 minutos de duración que describe un “entry” enviado a un festival, desde la idea hasta la ejecución, y que suele incluir un apartado de naturaleza orgiástica en el que se celebra el éxito indiscutible de la pieza vía una lista interminable de estadísticas, del estilo de “aumentamos un 300% las ventas” o “el clickthrough” (esto puede significar, claro, que hace un año vendíamos dos latas de atún y ahora vendemos seis, con un total fabuloso de ocho latas de atún vendidas en dos años, aumentar la nada en un 300% sigue siendo nada)

Hace un tiempo el recurso del video de caso de estudio como complemento al enviar piezas aún se usaba racionalmente, se creaban con cierta mesura y eran útiles para poder captar la idea general de un proyecto cuando el que ves es uno de entre dos mil entries, explicando el contexto geográfico en el que nació la pieza a alguien que ejerce de jurado, y dando un overview general de narrativas complejas, como campañas con varias fases o que integraran varios medios.

Pero su propia utilidad fue su perdición. De pronto, hasta los proyectos de, por ejemplo, mermelada o pegamento, decían contar con una audiencia ansiosa y entusiasmada, y aunque uno se mostrara ligeramente escéptico sobre la idea o la ejecución, no importaba, porque las estadísticas de la campaña que acompañaban el video certificaban su brillantez y eficacia. Parece lógico, este mundo anda falto de fe y los primeros faltos de fe somos nosotros mismos, así que certifiquemos la veracidad en base a estadísticas. Si hoy la Biblia fuera un proyecto enviado a un festival probablemente encontraríamos un caso de estudio en el que se dice que millones de personas viralizaron la noticia de que la Virgen María concibió un hijo del Espíritu Santo, como prueba irrefutable de dicho acontecimiento. Con fe todo es más fácil, malditos darwinistas.

Entonces digo yo si no será hora de ir dándole al “caso de estudio” su propia categoría en festivales, porque su función es exactamente la misma que la de una campaña, esto es, convencer a alguien (un jurado) de las bondades de un producto (la campaña narrada por el caso). Para hacer notar que, como en toda seducción, de nada sirve una gran publicidad o discurso si el producto es un tostón infumable. Así nos preocuparíamos no por querer vender tostones sino por dejar de hacerlos.

Con la categoría “Casos de estudio” podríamos entonces dar paso a la honestidad, a un caso que dijera “en este banner no hizo click más gente que la que daba click en banners de campañas anteriores, pero creemos que está chulo, ¿no?”. Podríamos también hacer únicamente casos para lo que lo necesitara y así evitaríamos vídeos de tres minutos relatando el funcionamiento de hasta… ¡un banner! Podríamos además generar puestos de trabajo, imaginen una productora experta en hacer casos de estudio o audio para los casos y así no tener que piratear canciones de Vampire Weekend o Sigur Ros, que es lo que se lleva ahora.

En general, yo regresé a ver las piezas de festivales tal cual son, dejando de lado el caso de estudio que las cuenta, porque ahora mismo si el trucho es una mentira completa en espera de no ser detectada, el caso de estudio es en el 90% de casos una media verdad, una mentira que trata de camuflar una realidad decepcionante.

Y es que lo de los truchos es algo muy triste, pero lo de la banalización de los casos de estudio sí que es como para hacérselo mirar. Todo lo malo deteriora una industria y su reputación, pero mientras que lo tangible se extirpa (los truchos), la paranoia intangible (las medias verdades inoculadas) no. Y en ese contexto, el caso de estudio le está haciendo un flaco favor al mundo de la publicidad “digital”, cuidémosla antes de que sea demasiado tarde.

Lo único malo de esto es que entonces pudiera surgir una nueva categoría publicitaria, el caso de estudio del caso de estudio, pero eso lo dejamos para otro día.

Date: November 25th, 2009
Cate: Entorno, Festivales, Premios, Publicidad
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De por qué (a veces) creo que hay que participar en festivales publicitarios

La última vez que di una conferencia en mi tierra fue ya hace ocho años y medio. Llevaba unos meses con mi empresa Granatta, creada al amparo de un vivero de emprendedores llamado Vivernet, y era frecuente que nos pasearan de acá para allá, presentando lo que hacíamos a distintos públicos potencialmente “emprendedores”, estudiantes o inversores en su mayoría.

En una de esas me vi en el Complejo San Francisco de Cáceres (España) para una mesa redonda en un congreso sobre Emprendedores y Nuevas Tecnologías, que era el nombre de moda de aquella época. Era además el día previo a irme a Barcelona para la primera edición de OFFF (Mayo de 2001), en el que “Un día en la Tierra” (la pieza que Joan Jiménez y yo habíamos enviado) era finalista en la categoría de Documentales, de modo que mi cabeza era un remolino de ilusiones porque tengan en cuenta que antes de OFFF lo único de multimedias medio mainstream en España era Art Futura, y además por fin íbamos a ver en persona a Joshua Davis, Thomas Knöller o Marcel.lí Antúnez, lo que era todo un hit.

Rueda de prensa Maquin@rte 2002

Pero bueno, que me desvío, estaba yo en la mesa redonda con los representantes de otras cuatro empresas, y entre la nominación como finalista y algunas otras menciones que había conseguido antes, como por ejemplo el Sitio de la Semana de Macromedia España, iba yo tan dispuesto a contar acerca de enfocar los inicios de una empresa a hacer buenos trabajos y el intentar conseguir que estos fueran reseñados, por aquello de intentar acceder a proyectos más grandes con el paso del tiempo, como evolución del trabajo de uno.

Mi turno fue el primero, y quizá me vi algo romántico e inocente pero terminé contento. Llegado el turno a otro de los participantes que, en teoría, se dedicaba a lo mismo que yo, saltó la veda que me hizo sentir mal durante el resto del día y que aún recuerdo desde entonces, ya que comentó, básicamente y con sonrisa socarrona, que él no trabajaba para ganar premios ni menciones sino para ganar dinero, ante el alborozo de la sala por el baño de realidad que se suponía me acababan de dar.

Quizá olvidé comentar durante mi participación, porque para mí era implícito en todo mi discurso, que el dinero era un añadido obtenido por hacer algo que me gustaba, no la base de mi negocio ni de mi plan de viabilidad. Por supuesto, tenía que haber dinero por algún sitio para sustentar el mecanismo completo, pero nunca pensé que alguien me diera la vuelta al discurso con un valor tan… ¿absurdo? Que el dinero llegaría como consecuencia de un buen producto o un buen trabajo, nunca al revés, pero heme aquí deprimido por verme tan mal en público a causa de un comentario ajeno.

A día de hoy no tengo ni idea de qué habrá sido de aquel muchacho ni cuánto dinero habrá ganado con su trabajo, pero sí puedo estar seguro de que todo lo vivido y toda la gente que he conocido desde entonces son algo que no podría pagar con dinero.

Flash for México 2003 - Rolf Ruiz

Ocho años después vivo en Saltillo, Coahuila (México), trabajo en otra empresa que gana premios con una facilidad que da escalofríos, y estaba hace poco de oyente en una conferencia en Monterrey en la que alguien prorrumpió en la perorata típica de:

“A nosotros los premios no nos interesan. Lo que nos importa es crear relaciones de confianza y generar riqueza y valor para nuestros clientes, en vez de estar ganando premios que no le importan a nadie más que al que los gana.”

more))