Autorrevelaciones conviviendo con NikeFuel
Probablemente lo que expongo en este post sea una obviedad, pero me retrotrajo a este texto que publiqué hace más de un año acerca de cómo será el futuro: analógico facilitado digitalmente.
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Pero empiezo por el principio. Y el principio es que llevo usando la Nike Fuelband desde Mayo del año pasado. Aunque bueno, en realidad he usado varias. Voy por la tercera porque las dos previas ya las quemé (o se quemaron, yo qué sé). Pero bueno, que estoy haciendo mucho ejercicio, y ya saben que la idea sobre la que se apoya la Nike Fuelband es la de que todo lo que te mueves durante el día cuenta como tal. Vaya, que no hace falta “ir a correr” para estar en movimiento o ser activo. Y la pulsera, que es un buen representante de esa tendencia tecnológica llamada “Quantified Self”, lo mide en puntos que se llaman NikeFuel.
Adicional a todo ello, la pulsera te permite establecer un “número-meta” diaria que has de alcanzar, y en base a cuantas veces lo alcanzas (semanal o mensualmente) vas obteniendo badges y distintas recompensas en el ecosistema de la marca.
Con esa información uno pudiera pensar entonces que la pulsera es un medidor de tu rendimiento deportivo. Los puntos se vuelven como los Likes en Facebook y uno acaba loco haciendo lo que sea para sumar puntos. Puntos, puntos, puntos. Todo se vuelve puntos, con una particularidad que te deja cara de pasmado, y es que de repente te das cuenta de que sumas más puntos fregando platos que subiendo a la Pirámide de la Luna en Teotihuacán.










