Archive for category Medios

Del día que convertimos cabinas de teléfono en alcancías

Tarde o temprano, todos hemos pasado en algún momento de nuestras vidas por delante de alguien recolectando monedas en una hucha (alcancía) de la Cruz Roja. Una hucha como ésta, por ejemplo, que está siendo usada por la Cruz Roja Mexicana para su Colecta Anual de 2012:

Lo siguiente que aprendes cuando te topas con una de estas personas-con-hucha es que cada vez que dejas una moneda te ponen una de estas pegatinas en la solapa (o en el parabrisas del coche) para que otras personas puedan saber que ya donaste:

Así que cuando Cruz Roja anunció que había establecido un convenio con Telmex por el cual en México se puede llamar a un número telefónico (el *6565) para pedir que te carguen una cierta cantidad de dinero a tu recibo telefónico como donación, a Nicko se le encendió la bombilla y recuperó una observación que hizo un par de días después de aterrizar en la Ciudad de México: “Qué cantidad de cabinas telefónicas hay en esta ciudad. Si las vistiéramos de hucha podríamos llenar la ciudad de huchas de la Cruz Roja”.

Bueno, pero ¿cómo entregar una pegatina a la gente que donara en estas cabinas? Creando “Casetas-Alcancías”: transformar la cabina y su teléfono en un dispositivo que te tomara una fotografía una vez tú donaras tu moneda, y la publicara en Facebook y Twitter para que los donadores interesados pudieran luego ir a taggearse o dar RTs, y compartir así en sus espacios sociales ese mismo sentimiento que te genera la pegatina que llevas en la ropa cuando caminas por la calle.

Esa idea fue la que desde la agencia fuimos a proponer, con un esquema de funcionamiento que es más o menos el siguiente (click aquí o sobre la imagen para verlo a mayor tamaño):

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De cosas que ‘tuitean’ y ‘tuits’ que hacen cosas.

Es común a principios de año — y sí, ya se me fue un mes y medio — que distintas revistas, sitios de noticias, empresas e individuos publiquen predicciones sobre tendencias que consideran importantes para el año que comienza. Esto es especialmente común en lo que se refiere a tendencias tecnológicas: ver, por mencionar una local y una global, el artículo de Luis Miguel Martínez en Merca 2.0 y las predicciones del despacho de diseño Frog.

Más que intentar hacer un ejercicio prospectivo de ese tipo, me interesa aquí comentar una de las tendencias que me parece más interesante, que se liga bien con algunas de mis colaboraciones para este blog y que considero relevante para la comunicación creativa (incluyendo marketing/publicidad). Aunque hay muchas etiquetas asociadas, tal vez la más difundida y apropiada sea la de ‘internet de las cosas‘. Y aunque es una tendencia de largo alcance (tanto hacia el pasado como hacia el futuro) y amplitud (por su diversidad de aplicaciones), creo que este puede ser el año en que ‘salte’ o empiece a aparecer en nuestra vida cotidiana — particularmente en la forma de objetos que ‘participan’ en nuestras plataformas sociales.

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Date: January 27th, 2012
Cate: Comportamiento, Marcas, Marketing, Medios, Publicidad, Tecnología
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La moda para estar a la moda con los QR-Codes

Anoche me pasó lo mismo que a Juan, me topé con una de esas vallas anunciando la nueva película de Sherlock Holmes y su código QR con un reguero de instrucciones al lado, para descargarte un lector que te permita leerlo si es que no tienes uno instalado en el teléfono.

Nada nuevo, si no fuera porque cincuenta metros después me topé con otra valla, de una marca, con otro código QR y sus correspondientes instrucciones por si tampoco tienes el dichoso lector instalado:

Y me pregunto por qué tanta información que para nada sirve. Quizá porque como el código no sirve para nada la única manera de justificar su presencia es con un “le ponemos instrucciones para descargarse el lector, por si alguien no lo tiene pero quiere escanear el código”, como si la gente fuera por la calle buscando códigos que escanear en vallas publicitarias. Y sobre todo, porque si sabes lo que es un código QR lo escanearás (o no) sin necesidad de explicaciones. Y si no sabes lo que es, ni un libro de instrucciones te va a servir para disuadirte de descargarte algo nuevo en el teléfono, y eso en el supuesto de que alguien se moleste en acercarse lo suficiente como para leer algo en una esquina de una valla en mitad de una calle.

O sea, otra vez usando la tecnología como moda, en vez de como herramienta para construir historias u ofrecerle algo de valor o divertido a la gente. Y luego nos preguntamos que por qué las campañas no funcionan, ja.

Date: January 16th, 2012
Cate: Marcas, Marketing, Medios, Personajes, Publicidad
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Tanto millón para nada

Resulta que llegó Ashton Kutcher a México para participar como ponente en un evento de Social Media, y Yoo, un operador de Triple-Play de los que hay en México, aprovechó para involucrarlo en un par de spots de televisión de la campaña que actualmente tienen en curso:

Imagino que la participación en dicha campaña no sería gratuita, así que quizá por eso se me quedaron los ojos a cuadros cuando vi esto el pasado sábado:

Pagar semejante cantidad de dinero (supongo) para terminar tapándole la cara al protagonista de la campaña con una pegatina gigante, qué cosas.

Mensajes que se disuelven

Digital City

Debo de confesar que fue solo hace poco, muy poco… (¡ok, días!), que me topé con el término postpublicidad. Como ya apuntaba Granatta en el generoso post que escribió como mi bienvenida a este blog, vengo aterrizando a este mundo de la publicidad después de transitar mucho tiempo por los áridos pasillos de la universidad. Y, sin embargo, será probablemente por esos años en el mundo académico — siempre obsesionado con terminejos prefijados con ‘post’: post-modernismo, post-estructuralismo, post-constructivismo — que lo de post-publicidad captó inmediatamente mi atención. Ahora creo que si me interesé por ‘regresar’ al mundo de la comunicación creativa, e involucrarme particularmente en la publicidad, fue porque reconocía ya los contornos de algo así como lo que Solana llama postpublicidad.

En los últimos años, me ha interesado el desarrollo relativamente reciente de un tercer paradigma computacional, conocido como ubiquitous o pervasive computing. La idea es sencilla, hubo una primera etapa dominada por computadoras tan grandes como el cuarto de máquinas de un barco (las famosas mainframes), y después una segunda de computadoras a escala personal (de escritorio y “de regazo”, aunque… ¿alguien ha aguantado por mucho tiempo el calor de una laptop en las piernas? ¡Auch! “toasted skin syndrome”). Pues ahora se supone que entraremos en una tercera etapa dominada por computadoras digamos… ‘hipopersonales’, es decir, computadoras pequeñitas incrustadas por todos lados: en nuestras casas, nuestras cosas, nuestra ropa y, por supuesto, nuestros cuerpos.
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Tiempo de Naviralidad

Es tiempo de regalos.

Muchos se sorprenden, a veces con cierta indignación, que año tras año las campañas navideñas arranquen cada vez más pronto en los medios, vitrinas y lineales de las tiendas, por momentos pisándose incluso con las promociones de Halloween.

En las agencias, a veces desde septiembre, abordamos el reto de dar con esa idea fresca y relevante que permita a nuestros clientes como mínimo destacar y en el mejor de los casos ganarse un sitio privilegiado en ese ring implacable que es el corazón de las personas. Difícil tarea, más aún en temporada de altos ratings de felicidad abundante.

El otro día estaba atrapado en el tráfico invernal de la Gran Tenochtitlán cuando me topé con este anuncio:

Anuncio Gandhi Navidad

Vaya ironía. Una verdad verdadera que en el fondo las personas naturalmente comparten, pero que el omnipresente Santa escoltado por los objetivos de marketing desvían hacia lo que todo el mundo prefiere pensar: es tiempo de familia, de compartir -incluso destapar- felicidad.

En estos tiempos postpublicitarios globales en los que vivimos, como bien saben, las marcas ya no compiten con mensajes limitados a las fronteras de sus mercados.

Ahora en el mes de diciembre se pretende llegar al público del mundo, a toda persona que comparta esos denominadores comunes que son la cultura navideña y el uso de YouTube.

Se busca la Naviralidad (me acabo de inventar la palabra, un obsequio para todos ustedes).

Siguiendo esta búsqueda del contenido naviralideño cabe destacar que son escasas las iniciativas que sobresalen en la carrera por el interés de la gente.

Y el brief se complica, ya que no basta con buscar el Grial viral. Es temporada de jingle bells, y para tener opciones de triunfar el contenido debe venir envuelto con la justa dosis creativa emocional, esa misma capaz de tocar la fibra de las personas y que puede convertir el visionado de la pieza en un momento de gratificación.

Coincidirán conmigo en que desde la niñez el momento regalo (de juguetes, de objetos, de cariño) es sin duda el clímax más grato de de la Navidad. Todos lo hemos vivido. La ecuación es simple, el insight implícito. Por eso sorprende que no sean muchas las marcas que hayan pensado en convertir sus campañas de fin de año en un regalo para las personas.

Pero las hay. En este caso dos ejemplos.

Aunque difieren en su brief y ejecución, ambos tienen el mérito de pretender ser un obsequio. Y sí, curiosamente, los dos suceden en un avión.

El primero es del año pasado, de Shackleton para la compañía aerea Spanair:

El segundo, publicado hace unos días, es de Coca-Cola:

¿Cuál es el más naviralideño?

Independientemente de los números de views (el segundo todavía tiene cancha por delante al ser más reciente), teniendo en cuenta que ambos reflejan sucesos reales y que cada uno sigue el tono de sus respectivas marcas, uno apela a una situación humana verdadera del mismo 24 de diciembre mientras que el otro proyecta una fantasía navideña con simpatía.

Ambos tienen méritos. Ambos son publicitarios. Ambos pretenden el éxito de la Naviralidad.

Concluyendo esta primera aportación, les dejo la pregunta del reno Rodolfo: ¿en qué avión hubiesen preferido estar?

Posiblemente en las respuestas de las personas resida el mejor regalo.

Date: December 5th, 2011
Cate: Marketing, Medios, Publicidad
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Contexto para unas cabezas

Hace ya un par de meses que llegó a la Ciudad de México la celebérrima exposición del australiano Ron Mueck y sus esculturas hiperrealistas, como la de la imagen que abre este post, de modo que no es infrecuente encontrar en la Ciudad de México paradas de autobús o quioscos de prensa con marquesinas que anuncian tan magno acontecimiento de esta forma:

Y en vista de que enfrente de la agencia donde trabajamos vivió durante aproximadamente un mes una de estas imágenes, me parece relevante una observación de Quique al respecto de la misma: el mensaje que uno decodifica (por desgracia) en este México de 2011 cuando ves una cabeza en mitad de la calle (por muy artística que sea) no tiene nada que ver con arte, sino con la violencia que azota determinadas partes del país.

Cuidado con el contexto, que a veces modifica el significado del contenido que se quiere comunicar.

Date: November 7th, 2011
Cate: Autores, Medios, Social media, Tecnología
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Faveame el hambre

Lo esencial de Twitter, Facebook y en general todo el internet es la retroalimentación de cualquier tipo de información o estímulo, aunque ésta se facilita en las herramientas diseñadas para eso, como las redes sociales.

En Twitter la gente escribe para ser leída, pero ante lo masivo de su naturaleza los números pierden sentido; pocos Twitteros se detienen un minuto a pensar qué significa ser leído por doscientas personas; hace diez años cualquier poeta soñaba con vender doscientas copias de su libro, ya no se digan mil o cinco mil. Hoy doscientos followers se nos hace fácil.

Como esas cantidades dejaron de importar, lo que buscamos son reacciones en forma de retweets, respuestas y favoritos. Pero, de igual modo, cuando se tienen miles de seguidores esas reacciones se vuelven banales.

Mientras uno escribe un tweet, del otro lado de la línea hay lectores que pueden encontrar en él cierto grado de identificación; la gente se acostumbra a hablar a través de otros y empiezan a hacer favoritos que no tienen mayor mérito, como “Tengo hambre”.

¿Ese tipo de tweets te hacen alguien influyente? ¿Será que tweets como“tengo hambre” o “tengo frío” y del estilo son los mejores insights del mundo mundial?
¿Los líderes de opinión lo son por tener hambre o generan hambre en todos followers? ¿Será que entre más followers tienes más probabilidades de tener hambre al mismo tiempo que alguien más?

Posdata: Recomiendo la búsqueda de “tengo hambre”, para ver incluso los que tienen más de 100 retweets.

 

Justin Bieber es Santa Claus

Justin Bieber anda de gira por México, y el fanatismo que despierta da para muchas opiniones y comentarios como éste de Salles:

Y como el número de entradas para los conciertos es limitado suelen producirse momentos de histeria y tristeza colectiva entre todas aquellas fans que se quedan sin acceso:

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Marcas y gente popular en Internet

Viendo esta imagen, quizá una de las mejores que haya publicado en su blog, me acordé de lo que una vez me comentó Salles acerca de esas ocasiones en que recibe correos y mensajes de marcas y/o agencias preguntándole cuánto cobra por tweet promocional de un producto. Como supongo que lo mismo le ocurre a otros personajes como Werevertumorro o Benshorts, parece que si tienes mucha audiencia en estos lares virtuales te vuelves un medio más, un lugar en el las marcas quieren comprar un espacio para que hables de ellas y no quede así ningún rinconcito al que no lleguen fuera de sus pautas en medios tradicionales.

Y es curioso, creo, que ocurra eso en un momento en el que tantas marcas están hoy preocupadas haciendo briefs de sus productos para “jóvenes de 18 a 25 años”, los cuales son “auténticos” y “quieren vivir la vida al máximo”; marcas, en suma, confundidas ante lo voluble de la atención de su (potencial) audiencia, a la que saben que han de dirigirse de una forma distinta a la que utilizaron en los últimos años, pero sin saber muy bien el “cómo”.

Y cuando tienen varios ejemplos de ese “cómo” que buscan, de ese “cómo” que conecta con miles y miles de personan, lo que marcas y agencias hacemos es… intentar comprar espacios en esos lugares para que publiciten productos, en vez de comenzar a hablar o (en suma) comportarse de forma parecida a la de aquellos a quienes pretendemos utilizar.

Y mientras todo eso siga pasando las marcas seguirán viendo de lejos aquellas cosas de las que la gente habla, sin ser nunca protagonistas, y preguntándose eternamente (cual Sísifo) dónde están esos “jóvenes de 18 a 25 años, auténticos y que pretenden vivir su vida al máximo”.