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Archive | Móviles y celulares

Más gadgets para el iPhone

Si viajar ocasionalmente a la Ciudad de México drenaba la batería de mi iPhone, imaginen cómo es ahora que vivo aquí. Alguna vez escribí acerca de un cargador portátil, pero unos meses después apenas lo utilizo y prefiero llevar en algún bolsillo el cable del teléfono para intentar cargarlo desde un enchufe. El dichoso cargador se calienta como el demonio, y ese calor se traspasa al teléfono, al punto de ya no saber si terminando la carga voy a tener un teléfono o una parrilla para asar carne.

Así que desde hace un par de días estoy intentando que la batería de mi teléfono sobreviva a cada jornada con esa funda-batería que se puede ver en la foto. La funda tiene un interruptor que permite alternar entre los modos de recarga/reposo, y aunque es un poco aparatosa y empiezo a cargar tantos cables como Pit, parece merecer un voto inicial de confianza… a ver qué tal :)

Acepte TODOS estos términos y condiciones

Últimamente cambian cada dos por tres los términos y condiciones para comprar en iTunes Store, la tienda online de música de Apple. Aunque lo cierto es que no sé qué es lo que modifican, porque cada vez que llego a la pantalla donde se me informa de que hay cambios me encuentro con una cifra intimidante, 69 páginas de texto:

Así que huyo al botón de Aceptar, para salir de allí cuanto antes:

Quién sabe qué es lo que dicen los términos y condiciones y qué estoy aceptando con ese click… pero lo siento, tengo prisa.

Los irresistibles QR-Codes

Yo la verdad es que no sé cómo andan las estadísticas de uso de los códigos QR, si sube o baja, si sólo es una cosa de early adopters o si ya es muy popular, ya saben, todas esas cifras con las que de repente se matan ideas propias y ajenas sólo porque un número dice que de momento la gente que usa una tecnología determinada no es “suficiente”. Pero entonces estamos en un bucle terrible, porque como la cifra nunca llega al número deseado nunca invitamos a la gente a que la use para que así un día podamos llegar a la cifra que deseamos.

Bueno, no sé. Sólo sé que últimamente, cada vez que veo uno de estos códigos, tengo que ir corriendo a tomarle foto y escanearlo para saber qué dice o a dónde me lleva. Y simplemente soy un tipo con un teléfono que sabe que hay unos códigos que se llaman QR y que sirven para acceder a nuevos contenidos. O sea, que no soy tan especial, y esta tecnología quizá tampoco lo sea.

El Foursquare de la frontera

Ya saben que cada vez que surge una plataforma o tecnología también surgen rápidamente los prestos a descalificar cualquier uso que se haga de ella. Generalmente, además, la descalificación acude en forma de brochazo, sin mucho detalle. Y así, por ejemplo, “para qué demonios sirve Twitter si sólo tiene 140 caracteres por mensaje”, “Facebook es una pérdida de tiempo” o “a mí qué me importa que vayas diciendo dónde estás mediante Foursquare” son comentarios frecuentes a cada noticia en la que se habla de alguno de estos temas. Como si los malos usos fueran culpa de la plataforma y no nuestros, y como si no hiciera falta explorar lo existente para al final extraer el mejor uso posible (que además es una cuestión meramente subjetiva).

Volviendo a Foursquare y la “superficialidad” de sus badges, confesaré que el principal motivo por el que lo uso es esa lista de tips y consejos que obtienes de cada lugar al hacer check-in en el mismo, pequeños momentos de conocimiento colectivo descargados a tu teléfono, algo complementario en algunas ocasiones (en restaurantes, por ejemplo) pero extremadamente útil y (casi) vital en otras, como en ese loco punto del planeta que es la frontera entre México y Estados Unidos, cuando tratas de pasar de uno al otro por Tijuana:

Frontera Mexico-Estados Unidos

Y es que en ese punto geográfico un check-in en Foursquare ya no te informa sobre cuál es el mejor vino, sino cómo ahorrarte dos horas de tu vida, por qué carril circular para cruzar antes o dónde conseguir uno de esos famosos pases que alivien la espera ocasionada por la marea de gente que en todo momento circula en ambas direcciones, por poner algunos ejemplos. Y así es como, repentinamente, las diatribas anti-tecnología pierden todo sentido ante los beneficios que la tecnología y las nuevas plataformas proporcionan cuando se usan con inteligencia… hasta a los propios que protestan. Yo por eso no les hago mucho caso a los de las diatribas, hagan el favor de hacer lo mismo.

Entre medias, en la espera, me topé desde mi teléfono con un par de artículos que me parecieron muy interesantes, al respecto del trato a los pasajeros cada vez que tienen que cruzar una frontera: “The ‘Israelification’ of airports: High security, little bother” (sobre cómo tratar mejor a los viajeros sin descuidar la seguridad) y “Fliers in U.S. urged to opt out of airport security en masse” (una curiosa iniciativa-protesta contra los escaneos en aeropuertos).

Claro que todo esto nos pasa por tener fronteras.

El gadget más útil para un iPhone

Cargador portátil para el iPhone

Últimamente viajo mucho a la Ciudad de México, una ciudad que te drena hasta la última gota de energía. Y no sólo a mí, también a mi teléfono, porque en ningún viaje la carga de su batería resiste más allá de las cinco o seis de la tarde, por lo que me veo obligado a llevar conmigo alguno de esos cables cargadores junto con la esperanza de poder encontrar (cuando lo necesite) un enchufe, para no quedarme desconectado mientras aún haya trabajo pendiente.

Quizá sea por eso por lo que este pequeño complemento acerca del cual estoy escribiendo estas líneas sea lo mejor que he comprado para mi iPhone, un cargador portátil de pequeño tamaño y que sirve para recargar dos veces el teléfono una vez que la batería del mismo se agota. Y se recarga por USB. Y si se puede encontrar en Sanborns (que no es que sea un epítome de sofisticación) no creo que sea muy complicado encontrarlo en otros lugares.

100% recomendado (gracias a Pit por el hallazgo).

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(actualización: Alejandro me recomienda estas otras dos opciones: Mophie y Exogear)

La tecnología y la enfermedad de los cables

Recarga de teléfonos en AICM

No sé si sólo me pasa a mí o también ustedes lectores lo habrán notado, pero últimamente, por todas partes, noto una enorme desigualdad numérica entre los puntos de Wi-Fi para conectarse a Internet (cada vez hay más) y los enchufes donde recargar la batería de los laptops o los teléfonos (cada vez hay menos).

No sé, digo, porque igual puede ser que siempre hubiera pocos enchufes y es ahora cuando lo noto porque viajo más. O porque uso más todos esos “dispositivos” o porque igual hay más dispositivos para compartir esos enchufes, pero algo debe estar ocurriendo cuando algunas marcas colocan esas torres (como la de la imagen que abre este texto) en las terminales de los aeropuertos para que nosotros usuarios podamos encontrar unos minutos para recargar esas baterías, lo que es un alivio porque ya no hay que estar vagando, e incluso peleando, por una toma de corriente.

Mochila

Y veo luego la mochila de Pit, que parece un Home Depot andante por llevar a cuestas todos los gadgets del universo con sus respectivos cargadores, y nos pienso mucho más ridículos que esa imagen cliché de los antiguos teléfonos que se usaban en las guerras que necesitaban dos personas para ser transportados.

Colección de cables

Me pregunto de qué nos sirve tanta tecnología touch-screen, geolocalización, resolución de las cámaras de los teléfonos, tablets, etc., si al final quedamos dependientes de un reguero interminable de cables que hemos de transportar para que todo lo primero funcione. Y cuando los tenemos, a veces no hay ni dónde enchufarlos.

O igual sólo me pasa a mí, que también pudiera ser.

El futuro será presente cuando nos miremos a los ojos

Conversación por Skype con Pit

Hace casi un año, y justo una semana después de haber dado yo una charla en la Escuela Complot de Barcelona, fue el turno de Hugo Olivera (lo que habla muy bien de mi sincronización para ver a los amigos cada vez que voy a España), cuya exposición tenía como punto de partida el de que ya estamos en 2010 y no se ven por ningún lado los coches voladores que nos habían prometido en cine, libros y televisión.

Justo en eso pienso cada vez que tengo una llamada en videoconferencia, vía Skype (como arriba, con Pit) o el FaceTime que trae incorporado como aplicación el nuevo iPhone 4 (como en la foto de abajo, con Ro). Porque, en ese “mundo-futuro” que siempre nos contaron, las videoconferencias consisten en dos usuarios, cada uno de los cuales mira cara a cara “virtualmente” a su interlocutor en esa conversación, a través de una pantalla enorme.

Conversación por FaceTime con Rodrig

En cambio, nosotros nunca miramos a los ojos a nuestro interlocutor, siempre miramos a la ventanita donde su cara aparece, y lo mismo él con nosotros. Y me pregunto si el futuro no será ese día en que nos podamos mirar mutuamente a los ojos a través de la pantalla, en vez de únicamente vernos aparecer en la pantalla del otro.

La geolocalización desgeolocalizada

Si tienen cuenta en Twitter y suelen utilizarla mediante un teléfono de esos que llaman “smartphones”, sabrán que hay ocasiones en que el teléfono reemplaza, con unas coordenadas de longitud y latitud, la ubicación que uno teclea cuando abre su cuenta por primera vez:

Perfil en Twitter de Daniel

No es algo preocupante, de hecho no me entero (por lo general) de estos cambios hasta pasado algún tiempo porque suelo utilizar Tweetdeck para escribir mis mensajes, pero hace un rato, intentando cambiar la imagen de fondo de mi cuenta vi que había unos números que sustituían al genérico “Saltillo, México” con el que me suelo registrar en todas partes. Intrigado, se me ocurrió hacer una búsqueda en Google Maps de a qué lugar correspondían esas coordenadas, descubriendo con asombro que mi teléfono dice que ya no estoy en Saltillo, sino en Tijuana:

Localizado en Tijuana

No importa que mi cuenta de Foursquare diga que esta mañana estaba a las 6am en un gimnasio de Saltillo, porque mi iPhone dice que estoy casi a punto de cruzar la frontera de México con Estados Unidos.

Me pregunto si, ya que se toman la molestia de reemplazar el texto original por unas coordenadas, no podrían periódicamente revisar esas coordenadas para que no parezca que estoy loco. Porque si no, de repente el término “smart” es de un sarcasmo insoportable.

Telcel y sus mensajes, el horror

Siempre había pensado que si pudiera recopilar todos los mensajes absurdos que me envía Telcel (el proveedor de servicio para mi teléfono móvil) tendría un buen post por delante, por aquello de narrar las situaciones y pensamientos que me inspiran cada vez que escucho el “ding-ding” de mi teléfono anunciando la llegada de un nuevo mensaje.

No pido mucho, la verdad, uso Telcel desde que llegué a vivir en México en 2006 y tengo contrato con ellos desde finales de ese mismo año. Son ya casi tres años y medio de una relación que no tiene visos de concluir en un período de tiempo cercano, lo que quiere decir que ya es más tiempo de lo que haya podido durar cualquiera de mis relaciones sentimentales.

Así planteado, y no es por sonar ingrato, pero teniendo en cuenta que gasto cerca de mil pesos mensuales (unos 77 dólares estadounidenses o unos 63 euros), y con algunos picos de dinero realmente escandalosos gracias al roaming y el uso de la conexión de datos cada vez que estoy en el extranjero, creo que me merecería algún tipo de trato como cliente distinguido. Eso incluye no descuentos ni tarifas especiales (aunque no estaría mal), sino algún tipo de tratamiento (un VIP, o mejor aún, un VIP-cito) que hiciera pensar que soy algo más que un simple número para ellos en una base de datos. De hecho, creo que ni siquiera llego a serlo, en vista de los mensajes que recibo, que parecen enviarse al común de todos los usuarios sin distinguir entre ellos, no ya hábitos de consumo o intereses, sino ni siquiera la edad o modelo de teléfono que uso (un iPhone 3G)

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