Archive | July, 2010

Firmas de correo que no se repiten

Random Signature

A veces envío correos electrónicos cuyo único contenido es un “OK”, o un “ahora te lo envío”. Pensé entonces que podría ser interesante que cada correo tuviera una firma que hiciera que, al menos por dicha firma, el correo valiera la pena, incluso si el contenido era un simple “Recibido”. También supe que no quería que salieran de mis dedos dos correos electrónicos idénticos, incluso si el destinatario y los contenidos de asunto y mensaje eran los mismos. Así que me dí a la tarea de intentar generar una firma aleatoria para mis correos, para que cada uno de ellos concluyera de distinta forma a los demás. Por ejemplo, yo quería (me dije) que los correos que envío terminaran con alguna de las siguientes frases:

- drum machines have no soul
- what would brian boitano do if receiving this email?
- actionscript virtual machines kill fascists
- we were down to saltillo in a colorado car
- digital porcupines rule internet advertising
- flash, bam, alakazam, out of an orange, colored, purple stripes
- viralmarketing is a four letter word
- papa’s got a brand new richmediabanner
- and your mouse will come to kiss me for what i’ve done
- all your click are belong to us !
- orange mocha flashppuccino !
- interactive artists are only well paid on commercial work
- saying hello is better than saying goodbye
- i skate to where the mouse is going to be, not to where it’s been
- i hate summer, i hate spring, i love only what you’re trying to click
- applaud, my friends, this email is finished
- somewhere, over the right click, bluebirds fly
- dorothy, follow the yellow click road !
- below the line means working in a room at -6ºC
- no clicki, no laundry !
- ponies are funnier if they’re interactive
- i have my clicks but they do not have me
- the day the one-click-bannerz took over
- semolina pilchard clicking on the eiffel tower !
- a viral is not viral until it is viral
- amantes amentes click !
- come and click them !
- tonight we click in hell !
- this is the click who clicks speaking
- there ain’t no such thing as a free click
- i know it was you fredo, you clicked my heart !
- sent from my desktop ordinary computer
- i see dead banners
- i am the click that you choose to ignore

Por lo general, las aplicaciones de correo (como Mail en Mac OS o Outlook en Windows) permiten configurar una o varias firmas para los mensajes, pero nunca permiten que sean intercambiables entre cuentas o que una cuenta pueda elegir de entre todas las firmas que se encuentren configuradas, por lo que mi problema o deseo seguía siendo eso, un problema o deseo.

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El taxista-focus-group de mi Buenos Aires querido

Mapa de Buenos Aires

Era Mayo en Buenos Aires, y Manu Fernández Mendy, que aparte de amiga es una intrépida reportera de la realidad bonaerense desde la redacción de Minuto Uno, me recogió en taxi en un Starbucks de la Avenida Córdoba para ir a la fascinante Cuerpo, la escuela de publicidad fundada por Álvaro Fernández Mendy, donde (yo) tenía que impartir una charla por aquello de que Cuerpo y Digital Invaders son ahora escuelas hermanas.

Por el camino, e intentando saber más de la vida de Ricardo Fort, personaje hipnótico famoso en Argentina que se me había aparecido la noche anterior en televisión conduciendo un Rolls Royce (?), le comenté a Manu acerca de algunos proyectos que estábamos haciendo en la agencia donde trabajo, específicamente uno enorme y monumental (aún no sabemos si eso es bueno o malo) que contiene un clímax que nos tiene a todos tan emocionados con la idea que cada día llegamos a la agencia rezando, para que alguien no haga algo similar de aquí a ese entonces.

Y entonces, entre los “… y haremos esto…” y “… la gente hará esto…” y “… pasará esto…” para que siga pasando “… esto otro…”, llegamos a un semáforo en rojo ante el que el taxi se detuvo. En ese momento el taxista, un señor de unos 60 años, se volteó hacia nosotros, y asintiendo con la cabeza dijo:

Me gusta mucho su idea, creo que es una muy buena campaña y a mí me gustaría mucho participar en lo que le está contando a la señorita, ojalá todo salga como esperan.

Acto seguido, se volteó de nuevo hacia adelante y ya no dijo nada más durante el resto del viaje, mientras Manu y yo nos mirábamos con esa cara tan típica de haber presenciado un completo y legítimo WTF.

Después de eso ya no sé a quién tenemos que pedirle feedback sobre las distintas ideas que se presentan para las marcas, si a las marcas o a cualquier señor de unos 60 años que trabaje como taxista en Buenos Aires. Al fin y al cabo estos últimos son de los que van a usar (para algo, o para nada) esas ideas que nosotros hacemos.

Early abandoners y los que estamos desubicados

Es absurdo. Tengo una cuenta en Facebook, que uso diariamente. Y muchos amigos en ella. Cierto día, hará un par de años, y visto lo mal que le va a uno en lo sentimental, decidí que con quien tenía problemas era con este mismo que les escribe, lo cual unido al concepto de lo que es el “anillo de compromiso” de esta era virtual (el “relationship status” de Facebook) me animó a colocarme en una relación sentimental problemática conmigo mismo:

Relationship status del falso Daniel

No es complicado, y si uno lo piensa, tiene sentido, puede haber dos “Daniel Granatta” igual que hay cuarenta mil “Juan Pérez”, ¿no? Simplemente abres otra cuenta de Facebook con el mismo nombre pero distinta dirección de correo, te auto-agregas como amigo y listo, ya estás preparado para una relación contigo mismo:

Daniel is in a relationship with Daniel

Eso sí, tengan cuidado, porque si en la cuenta de Facebook original agregas como dirección de contacto la dirección de correo electrónico con la que abriste la segunda, entonces esta última desaparece, sin avisar. Y viceversa (esto debe ser doloroso).

El caso, insisto, es que es absurdo lo que me ocurrió a partir de entonces, y es el hecho de que probablemente mi segunda cuenta de Facebook (la que uso para estar en una relación conmigo mismo, y que no tiene ninguna actividad) aparece listada en esos listados de “Gente a la que deberías conocer”, vía los amigos comunes y esas cosas. Y entonces muchos de los que ya son mis amigos en Facebook, probablemente pensando que aún no me tienen agregado en Facebook, agregan mi perfil falso suponiendo que están agregando al verdadero que ya tienen agregado.

No sé si me explico, pero el caso es que me llegan correos como éste:

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Mad Mamacitas for president!

Mad Mamacitas

Las Mad Mamacitas (re)aparecieron en mi pantalla ayer por la mañana, cuando supe de la nueva campaña que La Despensa México hizo para una colonia de Diesel. Lo cierto es que yo no tenía ni idea de quienes eran, hasta que hace un par de meses mi amiga Ana participó en una sesión de fotos para el diario Record con una de sus fundadoras, Jimena Sánchez.

Desde entonces no he dejado de pensar en qué magnífico uso hacen las Mad Mamacitas (proyecto de la citada Jimena con Hannah Sotelo) de los recursos de que disponen, blog, Twitter, Facebook, Flickr, y de cómo los combinan todos para siempre usarlos de forma conjunta en una gigantesca charla con quien se acerca a verlas, siempre insinuando, casi nunca enseñando, en una suerte de pin-ups del siglo XXI. Alguno pensará que su recurso principal son tetas y culos, pero claro, todo va un poco más allá si uno se replantea la cantidad de tetas y culos que existen en Internet… ¿por qué acudir entonces a ver los (insinuados) encantos de estas chicas y no buscarlos en otro sitio?

Cabe pensar entonces que es porque, detrás de la bonita fachada, hay unos cerebros que funcionan muy bien, o al menos tienen claro un objetivo y cómo lograrlo, lo cual me retrotrae a toda esa pandilla de gurús de “social media” y otros términos rimbombantes que invaden a diario nuestros timelines, con sus presentaciones en conferencias donde no dicen nada más que obviedades, en el mejor de los casos. Y en cambio, a las Mad Mamacitas, que no hablan tanto pero que sí que hacen, y mucho, no las llama nadie.

Yo no entiendo a los organizadores de congresos de publicidad y mercadotecnia en México, tienen a unas mujeres hermosísimas (simplemente eso ya llevaría audiencia al congreso), que día tras día captan atención y se construyen su marca propia usando herramientas digitales (sería la verdadera justificación de que las hubieran invitado), y en vez de eso llevan a otros (de no tan buen ver) a hablar sobre estadísticas de uso de dichas herramientas, sin el más mínimo rastro de que las hayan usado jamás en su vida para mejorarle la vida o la economía a alguien.

Como prueba de mis palabras encontré un vídeo promocional de su blog, probablemente el mejor vídeo que he visto para anunciar un blog de pin-ups, porque promete sin enseñar, manteniendo el misterio y el encanto. Las risas ante los silbidos de los albañiles son el toque travieso que completa el mapa mental de cada espectador para pedirle, de una simpática forma, una visita, una oportunidad en su navegador:

Y es que, por muy buena que estés, es muy complicado seducir la atención de alguien mediante un vídeo donde no enseñas absolutamente nada. La seducción que lleva a un click. Y eso muy pocas marcas en México lo consiguen hoy, y eso que muchas de ellas también lo intentan con tetas y culos. Será que no basta sólo con eso.

Click.

Uno a muchos y muchos a pocos

Carlos Pesina fue uno de los componentes de la primera generación de Digital Invaders, lugar donde conocí su blog Odio los jueves, de donde semanalmente (y en jueves) descargo los nuevos temas musicales propios y remezclados que allí publica.

Hace un par de semanas, imagino que regresando de viaje, publicó esta pregunta en su cuenta de Facebook, y ya se sabe que las preguntas de un conocido son un feroz Call-to-action para todos sus amigos…

Pesina pregunta

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Desparramado e interactivo, capítulo 15

Mi columna del mes de Julio/Agosto de Interactiva Digital trata acerca de algunas sombras que acechan a los festivales de publicidad: los truchos y la banalización de los casos de estudio que acompañan a las piezas enviadas a concurso.

Portada Interactiva Digital Julio/Agosto 2010

Señor del jurado, empiece por aquí
No sé si es muy diplomático expresarlo por escrito, pero siempre pensé que en los festivales de publicidad podría existir una categoría llamada “Truchos”, sin brief y sin complejos. Así podríamos celebrar la creatividad de esas piezas, sin sospechas, y al que mejores truchos hiciera no sólo no lo calificaríamos peyorativamente, sino que hasta le entregaríamos la estatuilla de mejor agencia de truchos del año.

Sería una agencia de grandes ideas y clientes inapropiados, de modo que podría existir también un ranking de clientes con piezas de naturaleza truchesca realizadas por sus agencias, y a los de los primeros lugares de esa lista se les podría etiquetar como aquellos con los que hay que tener cuidado a la hora de trabajar. Eso en caso de que hubieran rechazado las creatividades que les proponían, claro, porque si no las conocían les están regalando una gran oportunidad de aprobar la mitad de esos anuncios de indudable brillantez. Sería como un Dr. Frankenstein (el cliente) con un ayudante (las agencias) que prepara a espaldas suyas una serie de pócimas y experimentos (los truchos) potencialmente exitosos para revivir a un cuerpo (la reputación de la marca) hecho de partes de cuerpos de otros (la opinión de los usuarios). Incluso, podría proponerse que esta categoría de truchos se celebrase antes del festival tal cual, y sólo los truchos mejor clasificados serían comprados y publicados por los clientes y ya entrarían al festival official, como en las fases de clasificación de los torneos de tenis, por ejemplo.

Con todo, creo que los truchos no son el mayor peligro que acecha ahora cuando uno visita las listas de trabajos enviados a festivales sino una subespecialización de los mismos llamada “caso de estudio”, una plaga que pudiera afectar a la reputación de una industria mucho más que el dolor puntual que ocasiona un trucho aquí o un trucho allá.

Supongo que antes o después se habrán encontrado con uno de esos casos, un vídeo de entre 3 y 4 minutos de duración que describe un “entry” enviado a un festival, desde la idea hasta la ejecución, y que suele incluir un apartado de naturaleza orgiástica en el que se celebra el éxito indiscutible de la pieza vía una lista interminable de estadísticas, del estilo de “aumentamos un 300% las ventas” o “el clickthrough” (esto puede significar, claro, que hace un año vendíamos dos latas de atún y ahora vendemos seis, con un total fabuloso de ocho latas de atún vendidas en dos años, aumentar la nada en un 300% sigue siendo nada)

Hace un tiempo el recurso del video de caso de estudio como complemento al enviar piezas aún se usaba racionalmente, se creaban con cierta mesura y eran útiles para poder captar la idea general de un proyecto cuando el que ves es uno de entre dos mil entries, explicando el contexto geográfico en el que nació la pieza a alguien que ejerce de jurado, y dando un overview general de narrativas complejas, como campañas con varias fases o que integraran varios medios.

Pero su propia utilidad fue su perdición. De pronto, hasta los proyectos de, por ejemplo, mermelada o pegamento, decían contar con una audiencia ansiosa y entusiasmada, y aunque uno se mostrara ligeramente escéptico sobre la idea o la ejecución, no importaba, porque las estadísticas de la campaña que acompañaban el video certificaban su brillantez y eficacia. Parece lógico, este mundo anda falto de fe y los primeros faltos de fe somos nosotros mismos, así que certifiquemos la veracidad en base a estadísticas. Si hoy la Biblia fuera un proyecto enviado a un festival probablemente encontraríamos un caso de estudio en el que se dice que millones de personas viralizaron la noticia de que la Virgen María concibió un hijo del Espíritu Santo, como prueba irrefutable de dicho acontecimiento. Con fe todo es más fácil, malditos darwinistas.

Entonces digo yo si no será hora de ir dándole al “caso de estudio” su propia categoría en festivales, porque su función es exactamente la misma que la de una campaña, esto es, convencer a alguien (un jurado) de las bondades de un producto (la campaña narrada por el caso). Para hacer notar que, como en toda seducción, de nada sirve una gran publicidad o discurso si el producto es un tostón infumable. Así nos preocuparíamos no por querer vender tostones sino por dejar de hacerlos.

Con la categoría “Casos de estudio” podríamos entonces dar paso a la honestidad, a un caso que dijera “en este banner no hizo click más gente que la que daba click en banners de campañas anteriores, pero creemos que está chulo, ¿no?”. Podríamos también hacer únicamente casos para lo que lo necesitara y así evitaríamos vídeos de tres minutos relatando el funcionamiento de hasta… ¡un banner! Podríamos además generar puestos de trabajo, imaginen una productora experta en hacer casos de estudio o audio para los casos y así no tener que piratear canciones de Vampire Weekend o Sigur Ros, que es lo que se lleva ahora.

En general, yo regresé a ver las piezas de festivales tal cual son, dejando de lado el caso de estudio que las cuenta, porque ahora mismo si el trucho es una mentira completa en espera de no ser detectada, el caso de estudio es en el 90% de casos una media verdad, una mentira que trata de camuflar una realidad decepcionante.

Y es que lo de los truchos es algo muy triste, pero lo de la banalización de los casos de estudio sí que es como para hacérselo mirar. Todo lo malo deteriora una industria y su reputación, pero mientras que lo tangible se extirpa (los truchos), la paranoia intangible (las medias verdades inoculadas) no. Y en ese contexto, el caso de estudio le está haciendo un flaco favor al mundo de la publicidad “digital”, cuidémosla antes de que sea demasiado tarde.

Lo único malo de esto es que entonces pudiera surgir una nueva categoría publicitaria, el caso de estudio del caso de estudio, pero eso lo dejamos para otro día.

La abuela de Marcelo

Marcelo D’Abramo vive en Buenos Aires. Marcelo es amigo mío. Marcelo es Director Creativo en Woonky. Coca es la abuela de Marcelo. Marcelo tiene un iPad. Marcelo instala una aplicación de piano en su iPad. Marcelo cumple años. Coca toca la melodía del feliz cumpleaños en la aplicación. Marcelo graba a Coca con su iPhone. Marcelo publica el vídeo en Facebook. Marcelo publica el vídeo en YouTube. Me hago fan de Coca. Qué hermoso: