La tecnología y la enfermedad de los cables
No sé si sólo me pasa a mí o también ustedes lectores lo habrán notado, pero últimamente, por todas partes, noto una enorme desigualdad numérica entre los puntos de Wi-Fi para conectarse a Internet (cada vez hay más) y los enchufes donde recargar la batería de los laptops o los teléfonos (cada vez hay menos).
No sé, digo, porque igual puede ser que siempre hubiera pocos enchufes y es ahora cuando lo noto porque viajo más. O porque uso más todos esos “dispositivos” o porque igual hay más dispositivos para compartir esos enchufes, pero algo debe estar ocurriendo cuando algunas marcas colocan esas torres (como la de la imagen que abre este texto) en las terminales de los aeropuertos para que nosotros usuarios podamos encontrar unos minutos para recargar esas baterías, lo que es un alivio porque ya no hay que estar vagando, e incluso peleando, por una toma de corriente.
Y veo luego la mochila de Pit, que parece un Home Depot andante por llevar a cuestas todos los gadgets del universo con sus respectivos cargadores, y nos pienso mucho más ridículos que esa imagen cliché de los antiguos teléfonos que se usaban en las guerras que necesitaban dos personas para ser transportados.
Me pregunto de qué nos sirve tanta tecnología touch-screen, geolocalización, resolución de las cámaras de los teléfonos, tablets, etc., si al final quedamos dependientes de un reguero interminable de cables que hemos de transportar para que todo lo primero funcione. Y cuando los tenemos, a veces no hay ni dónde enchufarlos.
O igual sólo me pasa a mí, que también pudiera ser.














