Dos proyectos que me gustan

- 365 días de festivales, del sin par Nicko Nogués.
- RSS Wars, de los sin par Vic Fabrice, Pablo Surazski y Patricio Bruno.

- 365 días de festivales, del sin par Nicko Nogués.
- RSS Wars, de los sin par Vic Fabrice, Pablo Surazski y Patricio Bruno.

Hoy les traigo una tarea. O mejor lo expongo como lo que es, les estoy pidiendo un favor. El próximo mes de Octubre he de impartir una conferencia relacionada con publicidad “digital”, lo cual me llena de alegría pues el foro donde probablemente la charla se celebre es uno donde nunca he hablado antes, pero recibí a cambio un inusual requisito: el título de la ponencia ha de tener que ver con la antropología (no sé si literalmente o si simplemente tiene que sonar como antropológico).
Comencé buscando con Google Translator, porque como ya ofrece traducción de castellano a latín pensé que podría serme de ayuda, topándome entonces con que un título como “El creativo que no sabe el nombre de su conferencia” se convertía en “Creativa quis ignorat nomen tuum colloquium”. Así que descarté mi búsqueda por ese lado porque el título suena a latín pero no sé exactamente lo que estoy diciendo.
Tengo una lista de nombres que he pensado por mi cuenta, a los que sumé las propuestas que amablemente algunos amigos me han hecho llegar vía Twitter y Facebook. Sin embargo aún no decidí porque pensé que por aquí también podría haber buenas propuestas, ¿me ayudan?
¡Muchas gracias de antemano!
Los diagramas de Gantt son una popular herramienta que sirven para visualizar sobre una tabla el tiempo que se dedica a cada una de las tareas que hay que completar para que un proyecto se pueda dar por concluido. Y he visto muchas, pero nunca ninguna como ésta que me envía Christian Ganzo, donde el diagrama se convierte en un Space Invaders :)

Me reí mucho (y no sólo yo) con este vídeo que invita a participar en el certamen Lápiz de Platino, organizado anualmente por la Editorial Dossier para celebrar lo mejor de la producción publicitaria en Argentina. Por si alguna vez les preguntaron, con aires de censura, si se dedicaban a la publicidad, aquí tienen el contraataque:

Yo la verdad es que no sé cómo andan las estadísticas de uso de los códigos QR, si sube o baja, si sólo es una cosa de early adopters o si ya es muy popular, ya saben, todas esas cifras con las que de repente se matan ideas propias y ajenas sólo porque un número dice que de momento la gente que usa una tecnología determinada no es “suficiente”. Pero entonces estamos en un bucle terrible, porque como la cifra nunca llega al número deseado nunca invitamos a la gente a que la use para que así un día podamos llegar a la cifra que deseamos.
Bueno, no sé. Sólo sé que últimamente, cada vez que veo uno de estos códigos, tengo que ir corriendo a tomarle foto y escanearlo para saber qué dice o a dónde me lleva. Y simplemente soy un tipo con un teléfono que sabe que hay unos códigos que se llaman QR y que sirven para acceder a nuevos contenidos. O sea, que no soy tan especial, y esta tecnología quizá tampoco lo sea.
Nunca tuve ocasión de ver esta serie, Duckman, y mi única referencia de un animal que trabaje como detective privado es la del videojuego Sam & Max hit the road. Pero Quique, que la conoció cuando vivía en Venezuela, dice que este es el mejor capítulo de todos:
Qué hermoso final el de “prefiero no tenerla a vivir para siempre con el miedo de perderla”. Y ahora me marcho a buscar más episodios.

El miércoles tuve la conversación de la imagen que abre este post. Probablemente mi interlocutor debió pensar de mí que soy un sabiondo y no sé cuántas cosas más, ninguna buena, pero la verdad es que aunque esté totalmente carcomido por la curiosidad de saber qué idea tenía para contar, no podemos (desde una agencia) aceptar ideas de esta forma.
Este tipo de situaciones, que ocurren más frecuentemente de lo que pudiera parecer (según me cuentan maestros como Mike Brito), ha derivado en más de una ocasión en que la idea ya estaba hecha, o propuesta y rechazada por el cliente, o no era tan buena o era imposible ejecutarla en los términos en que su autor la pensó, y todo queda ahí. Pero si tiempo después, resulta que la marca decide hacer algo que tiene (según el autor de aquella idea) un remoto parecido con la original, todo se reabre con el autor de aquella idea denunciando por “plagio” a marca y/o agencia. Y resulta que hay profesionales de todo este tipo de actividades en muchos lugares, incluido México.
Y aunque muchas iniciativas son de buena fe y no tienen tras ellas este tipo de pensamiento tan perverso, uno no puede arriesgar a una marca para la que trabaja a este tipo de situaciones, y por eso la única forma de plantear esas ideas es entrando a trabajar a una de las agencias con las que trabaje la marca y desde ahí proponerlas. O proponérselas directamente a la marca y ver qué pasa.
Y eso que me muero de ganas de saber cuál era esa idea que tenían para contarnos, pero no así, sorry :)
El siguiente libro de la lista de mi propósito de leer un libro por semana en 2011 es:

The Laws of Simplicity (Simplicity: Design, Technology, Business, Life)
(John Maeda)
The MIT Press
+ enlace en Amazon
Aunque había comprado este libro tiempo atrás, no me había decidido a leerlo hasta que cierto día me encontré una charla del autor (John Maeda) en TED acerca del mismo tema.
Confieso que en mi decisión también influyó su pequeño tamaño, ya que como voy algo retrasado con mi propósito pensé que podría acabarlo relativamente rápido, pero nada más lejos de la realidad, ya que aparte de su brillantez es un libro extremadamente denso y complejo. Menos de cien páginas que relatan la visión del concepto de simplicidad del autor, en un complejo recorrido de diez capítulos-”leyes” que merecen la pena ser leídos y releídos, al menos un par de veces por año.