Soy fan de emprender proyectos paralelos a mi trabajo como director general creativo. Ideas que probablemente no compraría un cliente pero que por eso mismo son tan simples, potentes y relevantes que prefiero emprenderlas por mi propia cuenta a modo de experimentos que me ayudan a mejorar. Todas estas propuestas no parten de un atributo de producto ni de un problema de marca, sino que surgen de detectar un problema que nos afecta a todos o a una parte de nosotros como personas o como sociedad, y por lo tanto están pensadas desde atributos que de verdad pueden ser relevantes para la gente.
Cuando lo enfocas así, te das cuenta de que cada proyecto que piensas es una potencial solución creativa a un problema real y te salen propuestas infinitamente más interesantes que una campaña de publicidad. Así es como yo entiendo la profesión y para donde creo que forzosamente irán la publicidad y las marcas en su relación con las personas.
A esta clase de proyectos yo les llamo “activismos creativos” y llevo unos cuantos a mis espaldas. El último de ellos fue “Vete” y el próximo se llama Humanity y os lo quiero presentar aquí.





