El logo de GAP y las marcas que se dejaban bigote

Nunca en la vida había llevado bigote, hasta que el pasado mes de Agosto decidí ponerme a prueba y terminé luciendo a lo Alatriste, como en la fotografía que abre este texto.
Mientras lo llevé me topé, curioso, con la reacción de los amigos, extrañados al inicio, y la de quienes no me conocían, que no tomaron mi bigote ni bien ni mal, suponiendo (imagino) que ese era mi look. Descubrí así que lo interesante de llevar bigote no es llevar bigote, sino dejárselo crecer, siendo éste el hecho noticiable. O quitártelo después de un cierto tiempo. El bigote, en sí, no le importa a nadie, porque se supone que por mucha o poca personalidad que te aporte no es más que un bigote.
Quizá sea ese motivo (el no ser muy apegado a lucir siempre de igual forma) por lo que nunca comprendí situaciones como ésta que les paso a relatar. Estaba colaborando con Íñigo en la realización de un CD interactivo de capacitación para una entidad financiera. La capacitación era interna, además, miel sobre hojuelas porque todos los usuarios de ese producto conocían la marca. Y la marca había de transmitir valores, muchos, aunque a última hora parece que el más importante era el del logo y su color corporativo. El lío vino cuando al imprimir las fundas donde se entregarían los CDs el color final difería ligeramente (o un poco más que eso) de ese color que parecía opacar el resto de valores del universo conocido de ese cliente.
Como si no pudiera haber otra marca usando ese mismo color, digo yo. Entonces me pregunto por qué tanta fijación en ese punto. Entiendo que ese color es uno de tantos valores, pero al final ¿no deberían ser esos valores unas cualidades más importantes que un color y un logo? Porque cuando alguien dice que los valores se pierden porque un color no es exactamente como el color necesitado, entonces ¿qué pasa con Google y su cambio (casi) diario de Doodles para celebración y alborozo de todos los que lo usamos?
Porque lo seguimos usando igualmente, y supongo que eso se debe a alguna razón más allá del logo y sus colores, y al final el cambio de Doodle es el bigote que Google se deja a veces para sorprendernos… permaneciendo sus valores intactos. Y es del cambio de Doodle del que hablamos, y se habla porque se sabe temporal, como el bigote.
(y aquí otro gran ejemplo de una marca con bigote: BBDO Argentina, Pepsi y Pecsi).

Viene todo esto al caso del famoso cambio de logo de la marca GAP. Cambio del que una semana después se desdijeron regresando al logo original, en vista de la cantidad de burlas, quejas y parodias que la nueva imagen desató. Y yo, qué quieren que les diga, la verdad es que ahora soy preso de una fijación enfermiza con el logo de la marca y lo veo por todas partes, empezando por la sudadera de Iván (foto anterior) y terminando por multitud de gente caminando en la calle. En resumen, gracias a tanto alboroto y conversación sobre lo horrible que era el nuevo logo, el anterior tiene en mí una recordación y un valor que nunca antes tuvo… ¿podría ocurrir (pensando perversamente) que el nuevo logo de GAP hubiera sido una campaña encubierta de la propia marca para darse valor a sí misma?
¿Como si se hubieran dejado bigote y luego se lo hubieran quitado, y todos habláramos de los cambios, y al final de los cambios todo quedase como estaba, pero habiendo salido de la intrascendencia para haber sido tema de conversación durante un tiempo?
Así que yo digo que las marcas podrían aprender a dejarse crecer un bigote. Alguna vez, por probar, a ver qué pasa. Y pues eso, que a ver qué pasa.
Que buena analogia, macho!
bueno lo del bigote.
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