Madonna y el engagement

Aunque reconozco el mérito y longevidad de su trayectoria musical, no soy excesivamente fan de Madonna. De hecho lo más memorable que ha aportado a mi vida ha sido la película “Swept away”, dirigida por su entonces marido Guy Ritchie y que creo en España se tradujo como “Perdidos por la marea”. Si alguien no sabe qué hacer un sábado por la tarde, le recomiendo alquilar la película en el videoclub más cercano y verla doblada a castellano con subtítulos en castellano (donde la voz dice “ahora estás a mi servicio, tendrás que obecederme”, el subtítulo reza “lámeme los pies si quieres comida, perra”), prometo que la experiencia es absolutamente hilarante y memorable y quien la viva correrá urgentemente a contarle a sus amigos lo recién vivido.
Cuando en 2005 lanzó su disco “Confessions on the dance floor”, algunos canales de música comenzaron con el bombardeo del vídeo de su primer single, “Hung up”, a cuyo visionado accedo únicamente por la pereza de no buscar el mando a distancia de mi TV para cambiar de canal. Y de repente, en mitad de toooooodas las coreografías que se le suponen al vídeo de una canción eminentemente creada para bailar, sucede algo mágico y poderoso en el minuto 1:39, la imagen de cuatro personas coordinadas moviéndose al ritmo del beat de la canción en un pequeño espacio.
Es un sentimiento mío, muy personal, claro, pero de ahí en adelante y hasta el final de la canción quedo preso de lo que sucede en la pantalla, comprobando que algo que Madonna hace a la perfección es conseguir, a partir de un momento inesperado, que cualquiera que vea un vídeo de alguna de sus canciones desee ser parte del mismo.
Y aunque el engagement posee definiciones mucho más académicas, a mí no se me ocurre un mejor ejemplo acerca de cuál es exactamente la sensación que deberíamos intentar generar cada vez que alguien visite un sitio de experiencia realizado por nosotros.
Nunca me dieron ganas de participar de un video de Madonna, salvo aquella vez en la que cantando Like a Prayer aparecía un cura negro. La imagen surrealista de Madonna cantando en una iglesia, rodeada de monjas y un cura negro que la deseaba con la mirada sólo pudo ser superada cuando, segundos más tarde, cantaba con el fondo de una cruz en llamas.
No me gusta su música ni su estilo. Es un gran producto de venta y le sale bien, su cuenta bancaria lo dice. De todos modos, si la mina decidiese invadir el mundo publicitario creo que le iría muy bien.
me recordo muy bien….creo que foy la pelicula que mas cai en la risa….gracias por crear este momento en mi vida……te estrano puto……