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Date: February 13th, 2013
Cate: Comportamiento, Emprendimiento, Enseñanza, Entorno, Proyectos
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Si algo es gratis, a alguien le cuesta dinero

Dos cosas que quizá a mí me parecen muy obvias o razonables, pero que a lo mejor para alguien más no lo son tanto:

1) Si usas un servicio o utilidad de forma frecuente (no tiene por qué ser a diario) y realmente te entretiene, resuelve un problema, etc. deberías querer pagar algo por él aunque tengas la posibilidad de usarlo de forma gratuita. Mi caso específico es Spotify, con historias como la que les cuento en este post.

Y deberías querer pagar por muchas razones, pero principalmente por dos: a) por respeto a quien tuvo y desarrolló esa idea y b) porque con más gente pagando con ello, quien hizo el desarrollo tendrá una posibilidad de mejorar su producto, algo que subsiguientemente también te puede beneficiar a ti.

2) Que un sitio que visitas con asiduidad tenga banners y/o publicidad no significa automáticamente que el dueño sea un “vendido” que únicamente busca hacer negocio de las visitas a ese espacio. Puede que simplemente esté intentando recuperar parte de lo que le cuesta económicamente el espacio en servidor y la transferencia en el mismo que genera la gran cantidad de usuarios que, como tú, pasa por allí recurrentemente.

Así que si eres uno de esos adalides que instalan bloqueadores de publicidad y presume de ello por lo lindo y no-contaminado por el consumismo que tienes el karma, felicidades. Estás quemando vivo uno de los recursos que tu sitio favorito tiene para darte el contenido que hace que ese sea tu sitio favorito.

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Así que, insisto, igual este sentido común es muy mío y poco de los demás, pero cuidado con esas posturas del “todo gratis” y “abajo la publicidad” con las que de repente saltan algunos por aquí o por allá, porque cuando alguien hace algo gratis para unas pocas personas, puede que sólo esté pagando con la moneda de su tiempo. Pero cuando alguien ofrece algo gratis para muchas personas, tengan por seguro que hay alguien a quien eso le cuesta dinero. Así que no desprecien tan a la ligera el esfuerzo y recursos que alguien puso para ello, ni censuren de forma tan dogmática el que quieran recuperar parte de lo invertido.

Date: January 10th, 2013
Cate: Comportamiento, Enseñanza, Entorno, Publicidad
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El matonismo en el mundo de la publicidad

Para hablar hoy de un tema general, empezaré por una auto-acusación particular. Acababa yo de regresar a la Ciudad de México tras pasar unos días en España y me topé con el parabús de la imagen que abre este post, comprado ese día (parece) por Initiative, una agencia de medios con la que me han salido úlceras de todos los colores cada vez que me ha tocado trabajar con ellos. Bueno, el caso es que tomé foto y la subí a mis espacios sociales acompañada de algunos comentarios burlescos, sin darme cuenta de que lo que estaba yo haciendo es darle barra libre a la gente que me sigue en dichos espacios para también hacer burla, aun no habiendo tenido (en el 99’999% de los casos) relación laboral alguna con Initiative (que es lo que provocó mi publicación inicial).

Total, que las ristras de comentarios convirtieron el asunto en un aquelarre y la agresión llegó a un punto en que me pareció que lo mejor que podía hacer era dar de baja la imagen porque la cosa se estaba poniendo bastante fea. Y es que, a fin de cuentas, si alguien quiere comprarse un billboard en mitad del desierto para presumir de lo grande o pequeña que la tiene, pues… who cares?

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Sigo. Porque, como si hubiera una especie de karma-express corriendo por la vida, se juntó lo narrado en el párrafo anterior con la llegada a mis oídos de varios rumores y cotilleos (falsos) llegados desde las entrañas de un lugar en el que ya no trabajo. Como uno ya está curado de espanto de críticas después de haber publicado más de veinte libros, lo que sí llegué a sentir fue preocupación por el interés desmedido de algunas personas por desacreditar a alguien que ya ni siquiera está presente ante gente que ni siquiera me conoce.

Y es que no sé, si llega uno a un trabajo y tiene un jefe brillante (o no tanto) que emplea parte de su tiempo ejerciendo el “matonismo” (contra otros creativos o contra campañas de otros creativos de la industria), al final parece que uno pudiera llegar a asumir que parte del trabajo que hay que hacer para llegar a ser un jefe brillante (o no tanto) pasa por comportarse como un matón contra otros creativos o contra campañas de otros creativos de la industria. Esto es peligroso, sobre todo entre los jóvenes, porque aún pueden no ser tan experimentados o brillantes (o no tanto), pero ser un matón es muy fácil. Y al final el ambiente se vuelve ciertamente irrespirable.

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En este punto, siempre me parece oportuno rescatar este texto de David Trueba titulado “La máquina de odiar”. La máquina de odiar existe y todos tenemos una, pero sabiendo que las acciones derivadas de su uso siempre terminan regresando a su dueño.

Y es que es una tristeza que en publicidad a veces nunca basta con el éxito o preocupaciones propias, sino que lo que realmente importa es el descrédito de los demás. Afortunadamente, y dentro de lo despiadada que puede ser a veces, hay que hacer saber que la publicidad es una profesión tremendamente democrática. Que, al contrario que en otras disciplinas, donde hay un ganador y muchos perdedores, en publicidad nada impide que haya una idea maravillosa en una agencia mientras, simultáneamente, nace otra igual de brillante en una agencia distinta, y que las dos pueden triunfar. Quizá eso es lo que debiéramos transmitirle a la gente que llega a la industria.

Así que probablemente debiéramos dedicar más tiempo a crear buenas (o mejores) ideas que a estar criticando lo que hace gente a la que no hemos tratado más que un par de veces en nuestras vidas. Y sobre todo si eres jefe (brillante o no).

Porque yo no sé vosotros, pero a mí siempre me cayó mejor el Karate Kid que los Cobra Kai. Eso. Y una disculpa sincera desde aquí para la gente de Initiative.

Date: May 2nd, 2012
Cate: Enseñanza, Entorno, Publicidad
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Sturgeon y publicidad

Directamente descendiente del Principio de Pareto existe un aforismo denominado Ley de Sturgeon, que reza que el 90% de todo es basura. El caso es que, bien porque lo sean o bien porque a alguien se lo parece, nueve de cada diez ideas (aproximadamente) que se alumbran en una agencia de publicidad terminan por morir, en cualquiera de las fases que transcurren entre su concepción y su producción.

Lo malo es que si esas diez ideas son buenas es terriblemente jodido aceptar que se mueran nueve. Así que uno termina por aprender que es mejor ver el vaso medio lleno en vez de medio vacío, para así valorar la que consigue sobrevivir en vez de echar de menos a las que se quedaron por el camino.

Pero eso sí, para aceptarlo te tiene que gustar mucho la publicidad. De hecho, te tiene que gustar mucho la publicidad para trabajar en publicidad.

Así juzgo una idea

Con motivo de la charla en la Miami Ad School México a la que fui cortésmente invitado por Dani Granatta el pasado mes, decidí preparar y resumir en 10 puntos el cómo yo creo que debería juzgarse hoy en día una idea para valorar si es buena o no.

10 criterios que he ido aprendiendo a base de prueba y error durante mi experiencia en comunicación en estos años, emprendiendo diferentes proyectos ya sea dentro o fuera de una agencia de publicidad.

Estos 10 criterios son los que utilizo para autojuzgarme cuando creo que tengo una buena idea, o cuando alguien de mi equipo me presenta alguna.

Y como compartir es bien bonito, os dejo en este blog lo que ya postee hace algunos días en el mío: los 10 criterios en forma de 10 gráficas amablemente diseñadas por el compañero Edgar de la Cruz, para que también las compartáis con quien queráis si creéis que pueden ser de utilidad:

1)

1: ¿Es una idea que conecta lo físico con lo digital?

2)

2: ¿Es una idea que cuesta tarificar o que nadie sabe hacerlo?

more))

Tiempo de Naviralidad

Es tiempo de regalos.

Muchos se sorprenden, a veces con cierta indignación, que año tras año las campañas navideñas arranquen cada vez más pronto en los medios, vitrinas y lineales de las tiendas, por momentos pisándose incluso con las promociones de Halloween.

En las agencias, a veces desde septiembre, abordamos el reto de dar con esa idea fresca y relevante que permita a nuestros clientes como mínimo destacar y en el mejor de los casos ganarse un sitio privilegiado en ese ring implacable que es el corazón de las personas. Difícil tarea, más aún en temporada de altos ratings de felicidad abundante.

El otro día estaba atrapado en el tráfico invernal de la Gran Tenochtitlán cuando me topé con este anuncio:

Anuncio Gandhi Navidad

Vaya ironía. Una verdad verdadera que en el fondo las personas naturalmente comparten, pero que el omnipresente Santa escoltado por los objetivos de marketing desvían hacia lo que todo el mundo prefiere pensar: es tiempo de familia, de compartir -incluso destapar- felicidad.

En estos tiempos postpublicitarios globales en los que vivimos, como bien saben, las marcas ya no compiten con mensajes limitados a las fronteras de sus mercados.

Ahora en el mes de diciembre se pretende llegar al público del mundo, a toda persona que comparta esos denominadores comunes que son la cultura navideña y el uso de YouTube.

Se busca la Naviralidad (me acabo de inventar la palabra, un obsequio para todos ustedes).

Siguiendo esta búsqueda del contenido naviralideño cabe destacar que son escasas las iniciativas que sobresalen en la carrera por el interés de la gente.

Y el brief se complica, ya que no basta con buscar el Grial viral. Es temporada de jingle bells, y para tener opciones de triunfar el contenido debe venir envuelto con la justa dosis creativa emocional, esa misma capaz de tocar la fibra de las personas y que puede convertir el visionado de la pieza en un momento de gratificación.

Coincidirán conmigo en que desde la niñez el momento regalo (de juguetes, de objetos, de cariño) es sin duda el clímax más grato de de la Navidad. Todos lo hemos vivido. La ecuación es simple, el insight implícito. Por eso sorprende que no sean muchas las marcas que hayan pensado en convertir sus campañas de fin de año en un regalo para las personas.

Pero las hay. En este caso dos ejemplos.

Aunque difieren en su brief y ejecución, ambos tienen el mérito de pretender ser un obsequio. Y sí, curiosamente, los dos suceden en un avión.

El primero es del año pasado, de Shackleton para la compañía aerea Spanair:

El segundo, publicado hace unos días, es de Coca-Cola:

¿Cuál es el más naviralideño?

Independientemente de los números de views (el segundo todavía tiene cancha por delante al ser más reciente), teniendo en cuenta que ambos reflejan sucesos reales y que cada uno sigue el tono de sus respectivas marcas, uno apela a una situación humana verdadera del mismo 24 de diciembre mientras que el otro proyecta una fantasía navideña con simpatía.

Ambos tienen méritos. Ambos son publicitarios. Ambos pretenden el éxito de la Naviralidad.

Concluyendo esta primera aportación, les dejo la pregunta del reno Rodolfo: ¿en qué avión hubiesen preferido estar?

Posiblemente en las respuestas de las personas resida el mejor regalo.

Date: May 16th, 2011
Cate: Curiosidades, Marcas, Publicidad
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Cuidado con los regalos de ideas ajenas

El miércoles tuve la conversación de la imagen que abre este post. Probablemente mi interlocutor debió pensar de mí que soy un sabiondo y no sé cuántas cosas más, ninguna buena, pero la verdad es que aunque esté totalmente carcomido por la curiosidad de saber qué idea tenía para contar, no podemos (desde una agencia) aceptar ideas de esta forma.

Este tipo de situaciones, que ocurren más frecuentemente de lo que pudiera parecer (según me cuentan maestros como Mike Brito), ha derivado en más de una ocasión en que la idea ya estaba hecha, o propuesta y rechazada por el cliente, o no era tan buena o era imposible ejecutarla en los términos en que su autor la pensó, y todo queda ahí. Pero si tiempo después, resulta que la marca decide hacer algo que tiene (según el autor de aquella idea) un remoto parecido con la original, todo se reabre con el autor de aquella idea denunciando por “plagio” a marca y/o agencia. Y resulta que hay profesionales de todo este tipo de actividades en muchos lugares, incluido México.

Y aunque muchas iniciativas son de buena fe y no tienen tras ellas este tipo de pensamiento tan perverso, uno no puede arriesgar a una marca para la que trabaja a este tipo de situaciones, y por eso la única forma de plantear esas ideas es entrando a trabajar a una de las agencias con las que trabaje la marca y desde ahí proponerlas. O proponérselas directamente a la marca y ver qué pasa.

Y eso que me muero de ganas de saber cuál era esa idea que tenían para contarnos, pero no así, sorry :)

Date: April 26th, 2011
Cate: Comportamiento, Herramientas, Libros, Tecnología, Utilidades
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2011 y un libro por semana, capítulo 9

Continuando con mi propósito de leer un libro por semana en 2011, el siguiente de la lista es:

Making Ideas Happen: Overcoming the Obstacles Between Vision and Reality
(Scott Belsky)
Portfolio Hardcover
+ enlace en Amazon

Scott Belsky es el fundador de Behance, un lugar de portafolios en línea desde el que él, como fundador, ha contemplado en innumerables ocasiones cómo el éxito de un proyecto depende no sólo de tener buenas ideas sino también la disciplina y decisión de convertirlas en realidad.

El libro relata diversas técnicas (incluido un breve paso por la herramienta Action Method) para organizar las tareas pendientes y cómo descomponerlas en pasos accionables, que lleven cada proyecto a su ejecución completa, así como diversos consejos y ejemplos relativos a la hora de trabajar con y en grupos de diversas personas e intereses.

Date: June 2nd, 2010
Cate: Comportamiento, Organización, Vídeos
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Lo que nos motiva y lo que no

RSA es el acrónimo de Royal Society for the encouragement of Arts, Manufactures and Commerce, una organización dedicada a crear plataformas de diálogo y búsqueda de nuevas ideas para esta época, lo que incluye frecuentes charlas para tratar sobre ellas.

Encontré este vídeo en YouTube de una adaptación animada de una de ellas, impartida por Dan Pink, con un acercamiento muy interesante a lo que nos motiva en el trabajo, afectando (consecuentemente) a nuestra eficiencia:

También extrapolable a todo tipo de acción publicitaria que incluya recompensas del desempeño al participar.