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Date: November 18th, 2009
Cate: Libros, Mentores involuntarios
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Padres e hijos del otro lado del escaparate

Papá

Hace casi un año y medio, una semana después de que muriera mi padre, escaneé varias de las fotos que tenemos juntos cuando yo era pequeño y las subí a un álbum de Facebook, un pequeño homenaje sin sentido a alguien tan importante en mi vida. En una de ellas, que luego usé como foto de profile durante una temporada, Federico Jordán (el extraordinario ilustrador mexicano, a la sazón el primer cliente de Grupo W) me dejó escrita una hermosa e inolvidable frase:

El niño es el padre del hombre. Te mando un abrazo lleno de dilección.

Recuerdo la primera vez que derroté a mi padre jugando al ajedrez, porque fue puramente accidental. Pasó algo de tiempo hasta que volví a ganarle, pero de ahí en adelante mis triunfos se convirtieron en algo más y más frecuente, llegando a un punto en el que comencé a experimentar un creciente complejo de culpa alimentado por cada una de mis victorias. Todo esto, de lo que ya casi no me acordaba, regresó a primera línea de memoria cuando leí la última línea del artículo que cierra el libro “Desde el otro lado del escaparate” (Editorial Espasa Calpe, 2009) del famoso publicista español Toni Segarra:

No podremos avanzar si nos quedamos sin padres a los que matar.

En Saltillo apenas hay librerías, lo que es una locura si tenemos en cuenta que hay hasta una iglesia de “Pare de sufrir” (me niego a enlazarlos, pero imaginen una especie de iglesia que fuera el resultado de mezclar al Opus Dei con la película Freaks, amenizado todo ello con música de Enrique Iglesias). Así que cuando llego a algún lugar donde vendan libros voy y compro varios de una forma que creo que les saldría mejor cobrármelos por peso en vez de por ejemplar, tal y como me ocurrió este fin de semana en el FNAC de Plaza de Catalunya de Barcelona, qué bonita es la Plaza de Catalunya de Barcelona, si no te dan miedo las palomas, claro.

Claves del nuevo marketing + Desde el otro lado del escaparate

De modo que en algo menos de medio minuto mis manos se llenaron con seis libros, tres que prefiero olvidar, otro que se llama “Numerati” (Stephen Baker, Editorial Seix Barral, 2009), que no he leído pero que tiene buena pinta, el mencionado de Segarra y finalmente otro llamado “Claves del nuevo marketing: cómo sacarle partido a la web 2.0″ (Ediciones Gestión 2000, Editorial Planeta, 2009), un libro de varios autores coordinados por Eva Sanagustín y que tuvo una cierta repercusión mediática en blogs y prensa del sector, porque intenta arrojar luz sobre algo tan complejo como es explicar lo que hacemos para quien no sabe o no entiende lo que hacemos. Como además salió en tiempo casi coincidente con otro libro (también de varios autores, estos argentinos), llamado “El modelo de la nueva agencia”, el efecto de uno alimentó el del otro, en una especie de sinergia de lo más interesante.

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Date: September 22nd, 2009
Cate: Experiencia, Marcas, Marketing, Personajes, Publicidad
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Telmex, haz sandwich, sí se puede

milan_realmadrid

Alguna vez fui tremendamente forofo del fútbol, especialmente del Real Madrid. Ahora me importa bastante poco. No es pose snob ni pseudointelectual (quizá también) pero, a partir de aquella época en España en que comenzó el pay per view de Canal Satélite vs. Vía Digital y que se tradujo en tres partidos televisados en abierto por semana, uno terminaba con una sobresaturación de fútbol que mi cuerpo no alcanzó nunca a tolerar. Y además, no es que el Real Madrid haya hecho nada excesivamente memorable en los últimos tiempos, así que, entre que la liga mexicana de fútbol muestra, semana tras semana, partidos trepidantes que terminan 1-1 porque los delanteros que juegan en este país no le meten un gol ni al arcoiris, y que mi reloj biológico futbolero (todo hombre lleva uno dentro) indica que los partidos de la liga española son por la noche, sin darme cuenta de que la tarde-noche española es mediodía en México (por lo que siempre se me olvida que a la hora de comer en México hay un partido de fútbol del Real Madrid), vivo bastante tranquilo y fuera de la realidad.

A veces, siento un poco de nostalgia y ternura ante el hecho de que mi equipo favorito me acostumbró a que no esperar nada de él era lo mejor para vivir en paz, ¿será que yo he madurado por no darle tanta importancia a un resultado deportivo? ¿o será en realidad que el equipo se resignó a la mediocridad de saberse mediocre y yo con él? De prácticamente producirme una úlcera por el 5-0 que nos endosó el Milán hace veinte años al “ah, claro” tras el 4-0 del Liverpool en la última Champions League.

liverpool_realmadrid

Así que el único evento deportivo que moviliza enteramente (mexicanos y extranjeros -por contagio-) a este país, en lo que a deportes se refiere, es que juegue la Selección Mexicana de fútbol. Y en un país ávido de ídolos y de triunfos, cualquier juvenil que destaca medianamente es encumbrado como el nuevo Mesías, al que prontamente se encargan de lapidar si las cosas no son como a un selecto grupo de periodistas elegidos les parece que las cosas deberían ser. Si algo me resulta tremendamente perturbador del fútbol mexicano es la pléyade de papanatas vestidos de traje y corbata que opinan sobre un asunto que, en su mayoría, desconocen de primera mano porque en su puta vida han jugado ni entrenado al fútbol, ni siquiera en el patio de su escuela, algo así como esos maestros de Licenciaturas en Mercadotecnia que siempre fueron maestros y nunca mercadólogos en la batalla, y que desde el sillón de su despacho tienen como ídolo a Carlos Alazraki.

Y así, si México pierde, sintonicen cualquier programa deportivo. Podrán ver al escogido grupo de escogidos con un semblante similar al de un tribunal militar durante un Consejo de Guerra, es realmente delirante.

foxsports

Si en España pasamos del amor al odio hacia los futbolistas en dos pasos (el deportista exitoso se volvió famoso, pasó a la vida de la farándula, y por ello ahora es deportista fracasado), en México es sólo uno (el deportista exitoso ahora es deportista fracasado, aún sin motivo, que se busca luego para denostarlo) Ojalá un día los comentaristas deportivos de este país se percaten de que nadie es SU seguidor, sino seguidor de algún equipo, jugador o fútbol en general, puede que así sean más periodistas y menos protagonistas. Afortunadamente para México, su afición no es como sus comentaristas, su afición es un canto al ser inasequible al desaliento, cada victoria se celebra casi como la Independencia del país y cada derrota como un Vietnam, pero no tan grave como para que el siguiente partido no encarne de nuevo la posibilidad y certeza de una esperanza, de que quizá ese día sí. Si quieren saber cómo México vive un partido de fútbol y cómo muero de envidia por cómo un país completo se envuelve en unos signos de una forma que cualquier español es incapaz, lean esta crónica de Bill Simmons para ESPN acerca de un partido de clasificación para el Mundial de Sudáfrica de 2010 entre Estados Unidos y México, en el Estadio Azteca de la capital mexicana.

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