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El taxista-focus-group de mi Buenos Aires querido

Mapa de Buenos Aires

Era Mayo en Buenos Aires, y Manu Fernández Mendy, que aparte de amiga es una intrépida reportera de la realidad bonaerense desde la redacción de Minuto Uno, me recogió en taxi en un Starbucks de la Avenida Córdoba para ir a la fascinante Cuerpo, la escuela de publicidad fundada por Álvaro Fernández Mendy, donde (yo) tenía que impartir una charla por aquello de que Cuerpo y Digital Invaders son ahora escuelas hermanas.

Por el camino, e intentando saber más de la vida de Ricardo Fort, personaje hipnótico famoso en Argentina que se me había aparecido la noche anterior en televisión conduciendo un Rolls Royce (?), le comenté a Manu acerca de algunos proyectos que estábamos haciendo en la agencia donde trabajo, específicamente uno enorme y monumental (aún no sabemos si eso es bueno o malo) que contiene un clímax que nos tiene a todos tan emocionados con la idea que cada día llegamos a la agencia rezando, para que alguien no haga algo similar de aquí a ese entonces.

Y entonces, entre los “… y haremos esto…” y “… la gente hará esto…” y “… pasará esto…” para que siga pasando “… esto otro…”, llegamos a un semáforo en rojo ante el que el taxi se detuvo. En ese momento el taxista, un señor de unos 60 años, se volteó hacia nosotros, y asintiendo con la cabeza dijo:

Me gusta mucho su idea, creo que es una muy buena campaña y a mí me gustaría mucho participar en lo que le está contando a la señorita, ojalá todo salga como esperan.

Acto seguido, se volteó de nuevo hacia adelante y ya no dijo nada más durante el resto del viaje, mientras Manu y yo nos mirábamos con esa cara tan típica de haber presenciado un completo y legítimo WTF.

Después de eso ya no sé a quién tenemos que pedirle feedback sobre las distintas ideas que se presentan para las marcas, si a las marcas o a cualquier señor de unos 60 años que trabaje como taxista en Buenos Aires. Al fin y al cabo estos últimos son de los que van a usar (para algo, o para nada) esas ideas que nosotros hacemos.

Date: July 12th, 2010
Cate: Artículos, Autores, Festivales
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Desparramado e interactivo, capítulo 15

Mi columna del mes de Julio/Agosto de Interactiva Digital trata acerca de algunas sombras que acechan a los festivales de publicidad: los truchos y la banalización de los casos de estudio que acompañan a las piezas enviadas a concurso.

Portada Interactiva Digital Julio/Agosto 2010

Señor del jurado, empiece por aquí

No sé si es muy diplomático expresarlo por escrito, pero siempre pensé que en los festivales de publicidad podría existir una categoría llamada “Truchos”, sin brief y sin complejos. Así podríamos celebrar la creatividad de esas piezas, sin sospechas, y al que mejores truchos hiciera no sólo no lo calificaríamos peyorativamente, sino que hasta le entregaríamos la estatuilla de mejor agencia de truchos del año.

Sería una agencia de grandes ideas y clientes inapropiados, de modo que podría existir también un ranking de clientes con piezas de naturaleza truchesca realizadas por sus agencias, y a los de los primeros lugares de esa lista se les podría etiquetar como aquellos con los que hay que tener cuidado a la hora de trabajar. Eso en caso de que hubieran rechazado las creatividades que les proponían, claro, porque si no las conocían les están regalando una gran oportunidad de aprobar la mitad de esos anuncios de indudable brillantez. Sería como un Dr. Frankenstein (el cliente) con un ayudante (las agencias) que prepara a espaldas suyas una serie de pócimas y experimentos (los truchos) potencialmente exitosos para revivir a un cuerpo (la reputación de la marca) hecho de partes de cuerpos de otros (la opinión de los usuarios). Incluso, podría proponerse que esta categoría de truchos se celebrase antes del festival tal cual, y sólo los truchos mejor clasificados serían comprados y publicados por los clientes y ya entrarían al festival official, como en las fases de clasificación de los torneos de tenis, por ejemplo.

Con todo, creo que los truchos no son el mayor peligro que acecha ahora cuando uno visita las listas de trabajos enviados a festivales sino una subespecialización de los mismos llamada “caso de estudio”, una plaga que pudiera afectar a la reputación de una industria mucho más que el dolor puntual que ocasiona un trucho aquí o un trucho allá.

Supongo que antes o después se habrán encontrado con uno de esos casos, un vídeo de entre 3 y 4 minutos de duración que describe un “entry” enviado a un festival, desde la idea hasta la ejecución, y que suele incluir un apartado de naturaleza orgiástica en el que se celebra el éxito indiscutible de la pieza vía una lista interminable de estadísticas, del estilo de “aumentamos un 300% las ventas” o “el clickthrough” (esto puede significar, claro, que hace un año vendíamos dos latas de atún y ahora vendemos seis, con un total fabuloso de ocho latas de atún vendidas en dos años, aumentar la nada en un 300% sigue siendo nada)

Hace un tiempo el recurso del video de caso de estudio como complemento al enviar piezas aún se usaba racionalmente, se creaban con cierta mesura y eran útiles para poder captar la idea general de un proyecto cuando el que ves es uno de entre dos mil entries, explicando el contexto geográfico en el que nació la pieza a alguien que ejerce de jurado, y dando un overview general de narrativas complejas, como campañas con varias fases o que integraran varios medios.

Pero su propia utilidad fue su perdición. De pronto, hasta los proyectos de, por ejemplo, mermelada o pegamento, decían contar con una audiencia ansiosa y entusiasmada, y aunque uno se mostrara ligeramente escéptico sobre la idea o la ejecución, no importaba, porque las estadísticas de la campaña que acompañaban el video certificaban su brillantez y eficacia. Parece lógico, este mundo anda falto de fe y los primeros faltos de fe somos nosotros mismos, así que certifiquemos la veracidad en base a estadísticas. Si hoy la Biblia fuera un proyecto enviado a un festival probablemente encontraríamos un caso de estudio en el que se dice que millones de personas viralizaron la noticia de que la Virgen María concibió un hijo del Espíritu Santo, como prueba irrefutable de dicho acontecimiento. Con fe todo es más fácil, malditos darwinistas.

Entonces digo yo si no será hora de ir dándole al “caso de estudio” su propia categoría en festivales, porque su función es exactamente la misma que la de una campaña, esto es, convencer a alguien (un jurado) de las bondades de un producto (la campaña narrada por el caso). Para hacer notar que, como en toda seducción, de nada sirve una gran publicidad o discurso si el producto es un tostón infumable. Así nos preocuparíamos no por querer vender tostones sino por dejar de hacerlos.

Con la categoría “Casos de estudio” podríamos entonces dar paso a la honestidad, a un caso que dijera “en este banner no hizo click más gente que la que daba click en banners de campañas anteriores, pero creemos que está chulo, ¿no?”. Podríamos también hacer únicamente casos para lo que lo necesitara y así evitaríamos vídeos de tres minutos relatando el funcionamiento de hasta… ¡un banner! Podríamos además generar puestos de trabajo, imaginen una productora experta en hacer casos de estudio o audio para los casos y así no tener que piratear canciones de Vampire Weekend o Sigur Ros, que es lo que se lleva ahora.

En general, yo regresé a ver las piezas de festivales tal cual son, dejando de lado el caso de estudio que las cuenta, porque ahora mismo si el trucho es una mentira completa en espera de no ser detectada, el caso de estudio es en el 90% de casos una media verdad, una mentira que trata de camuflar una realidad decepcionante.

Y es que lo de los truchos es algo muy triste, pero lo de la banalización de los casos de estudio sí que es como para hacérselo mirar. Todo lo malo deteriora una industria y su reputación, pero mientras que lo tangible se extirpa (los truchos), la paranoia intangible (las medias verdades inoculadas) no. Y en ese contexto, el caso de estudio le está haciendo un flaco favor al mundo de la publicidad “digital”, cuidémosla antes de que sea demasiado tarde.

Lo único malo de esto es que entonces pudiera surgir una nueva categoría publicitaria, el caso de estudio del caso de estudio, pero eso lo dejamos para otro día.


“Postpublicidad”, el libro que es un espejo

Daniel Solana - Conferencia Acapulco 2007

De pasada por Barcelona el pasado mes de Noviembre, para dar una charla en la Escuela Complot, alguien me contó que corría el rumor de que corría el rumor de que Daniel Solana, director creativo general y socio fundador de DoubleYou, estaba escribiendo un libro sobre publicidad. “Qué gran teaser… si es que lo del libro es verdad…”, pensé entonces. Porque más allá de otros datos, que tienen puramente que ver con la labor de su agencia como uno de los faros más importantes del panorama de la publicidad en España, lo cierto es que Daniel es una persona extremadamente inteligente. Y curiosa.

De hecho no sé si será así o quizá sea una percepción mía porque sólo he coincidido con él en persona un par de veces, pero cuando hablas con Daniel ves que, aun estando presencialmente contigo, también se mantiene taciturno y reflexivo, como si tuviera en su cabeza cientos de pensamientos o ideas a las que está sumando todo lo que se habla en esa conversación, una especie de marmita en el que se cocina un segundo nivel de información.

Y ese segundo nivel era el que Daniel iba sirviendo con cuentagotas en fascinantes textos o conferencias aquí y allá, elementos germen todos ellos de lo que hoy es ese libro que sí era cierto y que, finalmente, vio la luz con el nombre de “Postpublicidad” escrito sobre la portada.

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Date: May 28th, 2010
Cate: Publicidad, Virales, Vídeos
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Bebé a bordo

Señal "Bebé a bordo"

Parece que desde la aparición de aquel juego de Wilkinson, llamado “Fight for kisses”, la nueva moda a la hora de hacer vídeos (con marca o sin ella) es usar bebés en situaciones que en principio no tienen nada que ver con su mundo de bebés. Para muestra, unos ejemplos:

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Date: May 27th, 2010
Cate: Humor, Marcas, Marketing, Publicidad, Vídeos
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Eliminamos el planchado pero no eliminamos el planchado

Uno de los anuncios de televisión que más recuerdo desde que llevo viviendo en México es éste de Suavitel, una marca de suavizantes para lavar ropa, cuya principal promesa (al menos por su nombre, “Suavitel, adiós al planchado”) es la de eliminar el planchado como parte final del ciclo de lavado:

A juzgar por los comentarios de los usuarios (hay gente que visita vídeos de suavizante en YouTube, oh God) de YouTube en dicho vídeo, de una fineza y buen gusto inenarrables, parece que no soy el único que disfruta de estos 32 segundos:

Comentarios del vídeo de Suavitel

Sin embargo, no es el culo de la señora lo que me llama la atención sino que, en la parte en la que aparece el texto “DRAMATIZACIÓN” en el vídeo anteriormente expuesto, en la versión de televisión se muestra un categórico y surrealista “DRAMATIZACIÓN, NO ELIMINA EL PLANCHADO” (?)

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Date: March 9th, 2010
Cate: Marcas, Marketing, Medios, Publicidad, Tecnología

Sin publicidad, ¿es mejor?

Hoy por la mañana me topé con este post en Ars Technica (“Why ad-blocking is devastating the sites you love”) acerca de que bloquear la aparición de banners y anuncios en el navegador afectaba directamente al posible mantenimiento en línea de los sitios que uno visitaba con más frecuencia. El razonamiento era el de que, como usuario, consumes ancho de banda -entre otras cosas- del sitio que visitas, cuya factura han de pagar ellos, que utilizan los ingresos generados por dichos anuncios para acometer los pagos; con los anuncios bloqueados, el coste queda completamente del lado del sitio, que depende entonces de qué usuarios son suscriptores de pago -y sólo en caso de que los tengan- como método alternativo de financiación.

A mí, lo de bloquear la aparición de banners me parece una medida un tanto desmesurada, no creo que nadie haya muerto por sobreexposición publicitaria, y no en vano uno de los posts más comentados de este blog es aquel en el que relataba las desventajas (según yo) de la versión Premium de Spotify en países, como México, donde no se puede acceder aún a la versión Free, de modo que no tengo posibilidad alguna de acceder a la publicidad (alguna horrible, alguna magnífica) que se emite en esta última versión.

Sin publicidad también se quedaron en televisión en España, una vez que entró en vigor, a partir de este pasado 1 de Enero de 2010, la prohibición de emitir publicidad de ningún tipo en su televisión pública (Radio Televisión Española o RTVE), lo que desencadenó una situación pintoresca en la última noche de fin de año.

Nochevieja 2009
(Foto de Pierre Rockefeller C. / http://www.flickr.com/photos/pierrerc/ / CC BY-NC-SA 2.0)

Antes de detallarla, el contexto: en España es costumbre el celebrar la llegada de cada nuevo año comiendo doce uvas, una por cada campanada del reloj que se encuentra en la Puerta del Sol de Madrid cuando alcanza las 0 horas del 1 de Enero del año entrante. Y así, ya sea de forma presencial, o bien viéndolo por televisión, toda España se congrega para ese rito, que trae la promesa de un año de mala suerte si no se cumple puntualmente.

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Date: March 6th, 2010
Cate: Marcas, Marketing, Publicidad

Regiones y muñequitos de vinilo

La última sensación-moda que hemos vivido en la agencia donde trabajo han sido estos muñequitos de vinilo, émulos modestos de los famosísimos de Kid Robot, y que sólo podían encontrarse, para envidia de mucha gente que preguntó por ellos cuando publiqué las fotos en Twitter y Facebook, en un Oxxo de Saltillo.

Parodiakis

Se supone que la colección completa se compone de cuatro series de ocho muñecos cada una, apareciendo en la primera grandes personajes históricos mundiales como el Che Guevara, John Lennon, Bruce Lee y Gene Simmons, acompañados de cuatro personajes legendarios mexicanos, como son el Chapulín Colorado, Cepillín, Frida Kahlo y Luis Miguel. Bueno, no sé si Luis Miguel es legendario a la altura de los otros siete, pero sí que es mexicano y famoso.

Frida Kahlo - Parodiakis  Gene Simmons - Parodiakis

Por cómo todos nos comportamos, desde que vimos el primero de los muñequitos hasta que se terminaron, me quedó claro que por muy lindos y cool que sean los muñecos de Kid Robot, no hay nada mejor que tener héroes locales a mano para adornar un escritorio. O héroes mundiales, pero héroes de verdad.

Pensé entonces en todas esas veces en que a México llegan campañas que se hacen en otros sitios de América Latina (por lo general, Argentina o Brasil), con actores o actrices de otros sitios, y con contexto de otros sitios, listas para ser adaptadas en un país diferente, con costumbres diferentes, un contexto diferente.

El dinero que la marca se ahorra enviando una versión regionalizada nunca podrá comprar la reacción genuina que uno siente ante la presencia de sus auténticos héroes, los cercanos que inspiran y los que inspiran desde cualquier sitio, nunca los intermedios. Y quizá en la reacción de compra a unos muñequitos de vinilo podría residir una buena explicación de por qué las campañas que se adaptan tal cual suelen no funcionar.

Mientras tanto, un grupo de muñequitos de vinilo comprados en un Oxxo de Saltillo se dispuso a ver “Where the wild things are”

Parodiakis viendo una película

Date: November 25th, 2009
Cate: Entorno, Festivales, Premios, Publicidad
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De por qué (a veces) creo que hay que participar en festivales publicitarios

La última vez que di una conferencia en mi tierra fue ya hace ocho años y medio. Llevaba unos meses con mi empresa Granatta, creada al amparo de un vivero de emprendedores llamado Vivernet, y era frecuente que nos pasearan de acá para allá, presentando lo que hacíamos a distintos públicos potencialmente “emprendedores”, estudiantes o inversores en su mayoría.

En una de esas me vi en el Complejo San Francisco de Cáceres (España) para una mesa redonda en un congreso sobre Emprendedores y Nuevas Tecnologías, que era el nombre de moda de aquella época. Era además el día previo a irme a Barcelona para la primera edición de OFFF (Mayo de 2001), en el que “Un día en la Tierra” (la pieza que Joan Jiménez y yo habíamos enviado) era finalista en la categoría de Documentales, de modo que mi cabeza era un remolino de ilusiones porque tengan en cuenta que antes de OFFF lo único de multimedias medio mainstream en España era Art Futura, y además por fin íbamos a ver en persona a Joshua Davis, Thomas Knöller o Marcel.lí Antúnez, lo que era todo un hit.

Rueda de prensa Maquin@rte 2002

Pero bueno, que me desvío, estaba yo en la mesa redonda con los representantes de otras cuatro empresas, y entre la nominación como finalista y algunas otras menciones que había conseguido antes, como por ejemplo el Sitio de la Semana de Macromedia España, iba yo tan dispuesto a contar acerca de enfocar los inicios de una empresa a hacer buenos trabajos y el intentar conseguir que estos fueran reseñados, por aquello de intentar acceder a proyectos más grandes con el paso del tiempo, como evolución del trabajo de uno.

Mi turno fue el primero, y quizá me vi algo romántico e inocente pero terminé contento. Llegado el turno a otro de los participantes que, en teoría, se dedicaba a lo mismo que yo, saltó la veda que me hizo sentir mal durante el resto del día y que aún recuerdo desde entonces, ya que comentó, básicamente y con sonrisa socarrona, que él no trabajaba para ganar premios ni menciones sino para ganar dinero, ante el alborozo de la sala por el baño de realidad que se suponía me acababan de dar.

Quizá olvidé comentar durante mi participación, porque para mí era implícito en todo mi discurso, que el dinero era un añadido obtenido por hacer algo que me gustaba, no la base de mi negocio ni de mi plan de viabilidad. Por supuesto, tenía que haber dinero por algún sitio para sustentar el mecanismo completo, pero nunca pensé que alguien me diera la vuelta al discurso con un valor tan… ¿absurdo? Que el dinero llegaría como consecuencia de un buen producto o un buen trabajo, nunca al revés, pero heme aquí deprimido por verme tan mal en público a causa de un comentario ajeno.

A día de hoy no tengo ni idea de qué habrá sido de aquel muchacho ni cuánto dinero habrá ganado con su trabajo, pero sí puedo estar seguro de que todo lo vivido y toda la gente que he conocido desde entonces son algo que no podría pagar con dinero.

Flash for México 2003 - Rolf Ruiz

Ocho años después vivo en Saltillo, Coahuila (México), trabajo en otra empresa que gana premios con una facilidad que da escalofríos, y estaba hace poco de oyente en una conferencia en Monterrey en la que alguien prorrumpió en la perorata típica de:

“A nosotros los premios no nos interesan. Lo que nos importa es crear relaciones de confianza y generar riqueza y valor para nuestros clientes, en vez de estar ganando premios que no le importan a nadie más que al que los gana.”

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Date: November 22nd, 2009
Cate: Experiencia, Música, Tecnología
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Spotify Premium = No ads :(

Tengo la convicción de que no porque algo pueda ser gratis hemos de descargarlo gratis sin dar nada a cambio, especialmente si lo descargado nos es de alguna utilidad. Yo fui uno de esos que pagó por los discos de Radiohead (”In rainbows”) o Nine Inch Nails (”Ghosts I-IV”) cuando estuvieron disponibles para su descarga, obviamente no lo que hubiera pagado por ellos en una tienda de discos, pero sí un precio justo para mí, 10 euros, que es lo que suelen costar estas cosas en iTunes. Con la salvedad, claro, de que me gustan los dos grupos; si la descarga hubiera sido de algún artista del que no soy seguidor, no lo hubiera descargado ni aún siendo gratis.

La semana pasada, estando de visita en España, comencé a usar regularmente Spotify, que para quien no lo conozca (aún) es una suerte de iTunes online, una mezcla de Last.fm y Napster con esteroides, vista la cantidad y variedad de la audiencia que ha alcanzado en poco más de un año. Uno descarga el software y comienza a escuchar música proveniente del servicio, que se compone de tres posibles productos: Gratis, Pase de un día y Premium.

Productos Spotify

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Date: November 18th, 2009
Cate: Libros, Mentores involuntarios
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Padres e hijos del otro lado del escaparate

Papá

Hace casi un año y medio, una semana después de que muriera mi padre, escaneé varias de las fotos que tenemos juntos cuando yo era pequeño y las subí a un álbum de Facebook, un pequeño homenaje sin sentido a alguien tan importante en mi vida. En una de ellas, que luego usé como foto de profile durante una temporada, Federico Jordán (el extraordinario ilustrador mexicano, a la sazón el primer cliente de Grupo W) me dejó escrita una hermosa e inolvidable frase:

El niño es el padre del hombre. Te mando un abrazo lleno de dilección.

Recuerdo la primera vez que derroté a mi padre jugando al ajedrez, porque fue puramente accidental. Pasó algo de tiempo hasta que volví a ganarle, pero de ahí en adelante mis triunfos se convirtieron en algo más y más frecuente, llegando a un punto en el que comencé a experimentar un creciente complejo de culpa alimentado por cada una de mis victorias. Todo esto, de lo que ya casi no me acordaba, regresó a primera línea de memoria cuando leí la última línea del artículo que cierra el libro “Desde el otro lado del escaparate” (Editorial Espasa Calpe, 2009) del famoso publicista español Toni Segarra:

No podremos avanzar si nos quedamos sin padres a los que matar.

En Saltillo apenas hay librerías, lo que es una locura si tenemos en cuenta que hay hasta una iglesia de “Pare de sufrir” (me niego a enlazarlos, pero imaginen una especie de iglesia que fuera el resultado de mezclar al Opus Dei con la película Freaks, amenizado todo ello con música de Enrique Iglesias). Así que cuando llego a algún lugar donde vendan libros voy y compro varios de una forma que creo que les saldría mejor cobrármelos por peso en vez de por ejemplar, tal y como me ocurrió este fin de semana en el FNAC de Plaza de Catalunya de Barcelona, qué bonita es la Plaza de Catalunya de Barcelona, si no te dan miedo las palomas, claro.

Claves del nuevo marketing + Desde el otro lado del escaparate

De modo que en algo menos de medio minuto mis manos se llenaron con seis libros, tres que prefiero olvidar, otro que se llama “Numerati” (Stephen Baker, Editorial Seix Barral, 2009), que no he leído pero que tiene buena pinta, el mencionado de Segarra y finalmente otro llamado “Claves del nuevo marketing: cómo sacarle partido a la web 2.0″ (Ediciones Gestión 2000, Editorial Planeta, 2009), un libro de varios autores coordinados por Eva Sanagustín y que tuvo una cierta repercusión mediática en blogs y prensa del sector, porque intenta arrojar luz sobre algo tan complejo como es explicar lo que hacemos para quien no sabe o no entiende lo que hacemos. Como además salió en tiempo casi coincidente con otro libro (también de varios autores, estos argentinos), llamado “El modelo de la nueva agencia”, el efecto de uno alimentó el del otro, en una especie de sinergia de lo más interesante.

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