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Innovación en agencias: ¿servicio o visión?

Agencias: la innovación se tiene o no se tiene. No es algo que quepa en un “departamento”. Salvo por moda, claro.

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Yo simplemente publiqué una reflexión en Facebook, la de que (a mi parecer) la “innovación” es una visión que debiera regir todo lo que hace una agencia de publicidad, y que aunque específicamente tenga un “departamento” del que proviene, esta innovación debiera permear a toda la estructura. O sea, que si el “Departamento de Innovación” es simplemente el lugar en el que alojar a los “loquitos” para que jueguen con placas Arduino y demás parafernalia mecatrónica, entonces esa “innovación” no es una visión, sino un servicio que hace que ese “Departamento de Innovación” sea la versión 2013 de los antiguos “Departamento Digital” de las agencias de publicidad. Con más hype, claro, porque el hype es importante.

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El QR-Code: la tecnología que nunca vivió

Esta mañana asistí a una charla de Mike Yapp, el Director General Creativo Global de The Zoo, la agencia interna con la que Google provee de soluciones creativas a marcas y agencias mediante el uso de sus plataformas. Y, en algún momento, surgió la conversación acerca de que gracias a tecnologías como Google Goggles ya no haría falta escanear nunca más en la vida un QR-Code….

Y más allá de lo que el comentario sugiere por lo que alguna vez ya hemos escrito aquí me pareció muy divertido, o muy triste, o muy tierno, o muy no sé, lo que suscitan los QR-Codes, ya que es una tecnología que nunca vivió.

Me explico. Si recuerdan, hubo una época donde muchos (incluyéndome) hablábamos de cómo los QR-Codes eran una buena forma de enlazar el mundo real con el digital. El problema que había entonces era que los QR-Codes vivían “demasiado en el futuro” (por aquello de cuánta gente tiene un smartphone, cuantos sabrían descargar el lector, etc.). Y si se fijan, hemos pasado a otra época donde la aparición de QR-Codes en los sitios más bobos e inapropiados ha hecho que cualquier alternativa a estos sea mucho más interesante, porque por lo general el esfuerzo de escanear un QR-Code (descargar un lector, encontrar el QR-Code, sacar el teléfono, escanear mientras estás conectado a la red) es mucho mayor que la recompensa que los usuarios obtenemos por ello. De repente, los QR-Codes ya son algo del pasado, que proponen los que aún consideran que “digital” son sitios, aplicaciones de Facebook y… QR-Codes.

O sea que fíjense qué curiosa una tecnología que siempre fue considerada futurista hasta que fue considerada demasiado obsoleta e incómoda. Nunca tuvo un momento de adopción masiva en el PRESENTE antes de que surgiera una solución mejor para resolver el mismo problema. O sea, una tecnología que, en realidad, nunca vivió.

Y es que si uno fuera un QR-Code, imagínense que esquizofrénico me sentiría. Qué cosas, ¿no?

La tecnología y las ideas obsoletas

Uno de los mayores problemas que afrontan hoy las agencias, con todo el cambio tecnológico al que estamos expuestos, es el de la vigencia de sus ideas, porque muchas veces éstas dependen de las plataformas donde viven y, bueno, hoy en día las plataformas van y vienen en cuestión de meses.

Cuando esto sucede, las ideas, que dependían de la plataforma en la que vivían, quedan caducas porque probablemente la gente ya esté usando otra cosa, otra tecnología, otro dispositivo. Lo que sea, tal como una vez escribimos aquí.

Esto se acentúa más en años como este 2013, donde las marcas congelan parte de sus presupuestos para invertir con más fuerza en el siguiente, en el que hay una Copa del Mundo de fútbol que polariza la atención del mundo entero. Así que, cuando todo lo que propones a una marca se propone para que viva dentro de doce meses has de tener cuidado de no depender de una plataforma que dentro de ese tiempo puede estar muerta. O, si no muerta, sí lejos del pico de atención de la gente porque ya no la considere interesante.

Así que, para evitar esto, quizá sea interesante entender cómo madura la tecnología, desde que surge el dispositivo que la permite hasta que se vuelve tan “mainstream” que ya nadie piensa en la tecnología sino en el objeto que esa tecnología habilita. Usemos un ejemplo muy simple, las fotografías:

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México, el playground de innovación del mundo

Hace un par de meses Nike México nos buscó para proponernos exponer por qué, según desde el punto de vista de Flock, México (uno de los mercados emergentes de la marca) es un gran lugar para buscar y promover la innovación. De aquella primera presentación que preparamos Sebastián y yo salió esta otra (ligeramente más pulida) que hoy desgloso en este post, y que ambos hemos adoptado como una parte importante de las charlas que impartimos, sobre todo cuando el público es mayoritariamente universitario.

Durante algún tiempo anduvimos pensando en si debíamos publicar la presentación aquí o dejarla únicamente para nuestras apariciones presenciales, pero al final decidimos que cuanta más gente la vea, mejor, así que, aunque probablemente no sea el mejor método les dejamos el contenido y la explicación de cada una de las diapositivas. Supongo que lo más idóneo es abrir la presentación en una ventana de navegador, mientras dejan en otra la explicación reseñada anteriormente para ir leyéndola a medida que avancen.

La charla (titulada “México: el laboratorio de innovación del mundo”) versa sobre los cuatro motivos por los que una persona o compañía pretende innovar:
· porque quiere ser rico
· porque quiere ser famoso
· porque es la única forma de sobrevivir
· por simple curiosidad

De forma peculiar, estos cuatro motivos confluyen en México de una forma poderosa, convirtiendo al país en quizá el futuro playground de innovación del mundo, así que aquí va la charla, escrita como si la estuviéramos exponiendo de forma hablada. Esperamos que les guste (o resulte de utilidad, al menos):
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Tecnología que crece, comportamiento que nace

En este blog siempre me ha parecido muy interesante escribir sobre cómo el crecimiento exponencial de la tecnología va haciendo notarse a ésta en el contexto en el que todos convivimos de forma cada vez más popular, desde cuando se basaba únicamente en poner logos de Twitter y Facebook en billboards publicitarios hasta cuando Psy rebasó los mil millones de hits en YouTube con su primer vídeo.

Y ahora, creo, los cambios empiezan a ser más sutiles, porque ya no tienen que ver con la tecnología sino cómo su presencia nos afecta, más allá de la ya tan sabida netiqueta cuando estamos en línea. Y un par de ejemplos que me han sucedido recientemente.

Por ejemplo, sacar el teléfono para tomar fotos o grabar en vídeo a unos niños que subieron a probar la tienda que hicimos para Nike. Justo cuando iba a empezar la grabación una duda me invadió: ¿es lícito tomar imágenes o vídeos de menores de edad y subirlas a la red sin consentimiento de sus padres?

Porque puede que en México aún pueda hacerse eso, pero si lo haces en España lo más probable es que tengas un problema si alguien se da cuenta.

La segunda me ocurrió cuando Mau y yo estábamos esperando en la fila de una cafetería y yo estaba intentando acceder a la tienda de Apple desde mi iPad, proceso que Mau observaba porque no tenía nada mejor que hacer que esperar… hasta que llegamos a la pantalla donde la AppStore te pide que introduzcas tu nombre y contraseña para acceder a tu cuenta de usuario. Y entonces se produjo ese momento incómodo de “¿se apartará él solo o me aparto yo o le digo a él que se aparte para poder introducir la contraseña sin que nadie mire?”

En este caso concreto, fue el propio Mau el que se apartó, pero luego a los dos nos surgió la duda de qué hubiera pasado si no lo hubiera hecho. Porque quedarse mirando la pantalla de un dispositivo ajeno mientras un usuario introduce su contraseña parece tan molesto como que un desconocido se te quede mirando porque sí mientras comes, por ejemplo, un plato de sopa.

Así que igual resulta que los viejos hábitos no desaparecen, sino que sólo incorporamos más y más hábitos nuevos. O al menos, eso parece.

Jonathon Keats y la creatividad combinatoria

¿Cuánto pagaría una agencia de publicidad por ‘fichar’ a alguien con un book creativo como el de este tipo? Considera los siguientes proyectos:

En el 2002, Keats presentó una petición para agregar la “Ley de la Identidad” (A=A) al código penal de Berkeley, California. Dicho precepto de la lógica Aristotélica — y una de las tres leyes básicas del pensamiento — afirma que cada entidad es idéntica a sí misma. Así que, de haber sido aceptada, la ley sería la primera que lógicamente nadie podría romper.

En el 2006, el artista organizó una Exhibición de Arte Intergaláctico, la primera dedicada al arte abstracto extraterrestre, consistente en pinturas producidas a partir de señales detectadas en el radiotelescopio de Arecibo en Puerto Rico.

Para su obra “Speculations”, Keats combinó la teoría física de las cuerdas (que postula la existencia de 6 dimensiones espaciales adicionales a las 3 que podemos percibir) con el marco legal sobre derechos de aire (que le otorga al propietario el espacio libre que existe sobre un terreno). Abrió entonces en la galería Modernism de San Francisco una oficina de bienes raíces dedicada a vender propiedades extra-dimensionales. Para demostrar las posibilidades, sugirió el diseño de una casa cuatridimensional  basada en un teseracto o hipercubo (un cubo de cuatro dimensiones).

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Semáforos que bailan

Aquí somos devotos de los detalles en los semáforos, así que si alguien llegara una noche y hackeara uno para que los muñequitos que aparecen no sólo caminaran, sino también bailaran o se acostaran, no podríamos sino caer rendidos de admiración.

Así que hoy caemos rendidos de admiración por Adrián Santuario, cuyo proyecto ¡Mira cómo bailo! consiste precisamente en eso, en alterar las luces de los semáforos de la Ciudad de México de esta forma tan simpática:

Click aquí para leer más información sobre ¡Mira cómo bailo!.

So much win!
Gracias Idida por contarme de este proyecto :)

Quince minutos de fama

Hoy las cosas se ponen de moda extremadamente rápido, pero también pasan de moda con la misma velocidad. A este paso, en el futuro no tendremos los 15 minutos de fama que tanto nos prometieron. El Gangnam Style y Harlem Shake son buenos ejemplos recientes. ¿Por qué sucede esto y qué implicaciones tiene para las ideas?

A diferencia de lo que sucedía en la era antes del internet, hoy la velocidad a la que se propagan las ideas no depende de lo rápido que viaje un barco o un avión. Hoy las ideas se propagan de forma instantánea ya que éstas cada vez más son información que corre sobre tecnología a la cual puede acceder cada vez más gente (celulares, tablets, computadoras, etc.). Por lo tanto, la transmisión de las ideas y la velocidad a la que esto sucede depende del desarrollo y la adopción de la tecnología digital, lo cual ocurre a un ritmo exponencial.

Es así como una idea como el Gangnam Style le puede llegar a cientos de millones de personas en tan solo unos días. Para “consumirla” solo nos basta con tener a la mano un dispositivo con conexión a internet capaz de reproducir video. Hace apenas un siglo, una obra de teatro o una pieza sinfónica viajaba en papel a la velocidad de un carruaje o un barco, y la gente sólo podía disfrutarlas asistiendo al teatro o a un concierto.

Gracias a la tecnología digital, hoy una idea puede propagarse más rápido que nunca, pero también es capaz perder relevancia a la misma velocidad, sobre todo si su contenido es de poco valor para quien la consume. Contenidos como el Gangnam Style y el Harlem Shake nos sacan quizás unas cuantas risas, pero hasta allí llegan, no nos aportan mucho más. Son simples chistes y, como todos sabemos, hasta el mejor chiste pierde gracia después de oírlo unas cuantas veces. La prueba es que el Gangnam Style pasó de la gloria al olvido en 4 meses meses. El Harlem Shake, murió en un mes.

La publicidad obviamente también es afectada por este fenómeno. Los mensajes publicitarios se propagan más rápido, pero se olvidan igual de fácil. Tomando un ejemplo reciente, el tan comentado tweet de Oreo en el Super Bowl pasó a mejor vida unos cuantos días después de su publicación.

Desgraciadamente, la respuesta de agencias y marcas ante las condiciones exponenciales del entorno ha sido aplicar un pensamiento lineal maquillado de pensamiento exponencial: disparar los mismos mensajes y chistes efímeros, solo que ahora en mayor cantidad y mayor frecuencia. El resultado: ideas lineales que se propagan exponencialmente pero que mueren de la misma forma. Y eso es en el mejor de los casos, porque la mayoría de estas ideas ni siquiera se propagan.

¿Qué tal si mejor tratamos de pensar en ideas que aumenten su valor exponencialmente mientras más personas las usen/consuman?
Por desgracia hay pocas ideas con estas características en el entorno publicitario. El problema de fondo es una cuestión paradigmática. Los publicistas son entrenados para crear valor a través de mensajes (y chistes), justo el tipo de idea que muere más rápido en un entorno exponencial. En contraste, muchos otros creativos (que en su mayoría no trabajan en publicidad) llevan años haciéndolo.

Pongamos a Airbnb como ejemplo. Quizá todos conocemos Airbnb, pero para los que no, es una plataforma que básicamente convierte cualquier cuarto desocupado de una casa o departamento en cualquier parte el mundo en una habitación de hotel y la pone al alcance de millones huéspedes potenciales. Entre más cuartos se registran a la plataforma, más probabilidades tienen los huéspedes de encontrar mejor hospedaje a mejor precio, lo que a su vez les permite ahorrar o viajar más con el mismo presupuesto. Y esto a su vez motiva a que más gente registre sus cuartos desocupados en Airbnb, construyendo un círculo virtuoso de crecimiento y generación de valor exponencial. Este mismo círculo virtuoso está presente en muchas ideas famosas de nuestra era. Spotify, Pinterest, Dropbox, Kickstarter, Waze, y por supuesto Google y Facebook, son algunos buenos ejemplos.

¿Qué pruebas existen para afirmar que estas ideas son exponenciales? Cualquiera puede corroborarlo haciendo unas consultas rápidas en Google Trends. Para hacer el ejercicio más interesante, comparemos las curvas de crecimiento de estas ideas con las del Gangnam Style y el Harlem Shake. Y para hacerlo aún más interesante, incluyamos también a las célebres campañas de “The Man Your Man Could Smell Like” de Old Spice y Red Bull Stratos.

Las imágenes a continuación muestran el volumen de búsquedas reportadas por Google Trends para cada una de las ideas mencionadas. De estos gráficos podemos concluir lo siguiente:

Si podemos asumir que el volúmen de búsquedas es un proxy del valor generado.

1. Las curvas de Gangnam Style, Harlem Shake, Old Spice y Red Bull son casi idénticas. Son crestas, unas más altas que otras, pero su comportamiento es el mismo: un crecimiento súbito y una muerte igual.
(Poner curvas de estas campañas)

2. Las curvas de Airbnb, Kickstarter, Pinterest, y Dropbox son exponenciales. Tienen un inicio lento pero todas cuentan con un punto de inflexión en el que comienzan a crecer vertiginosamente.

3. La curva de Red Bull stratos, la campaña más comentada del año pasado, opacó a Kickstarter y Airbnb. Sin embargo el buzz acumulado de Red Bull Stratos (o el área bajo la curva) es menor al de Kickstarter o Airbnb. Aquí lo interesante sería responder: ¿genera más valor una curva con mayor área, independientemente de su altura?



Ideas Liebre e Ideas Tortuga
Las curvas me recuerdan un poco a la fábula de la liebre y la tortuga. Ideas como El Gangnam Style y las campañas de publicidad en general son como la liebre: explosivas en distancias cortas (corto plazo), pero poco efectivas en distancias largas. Ideas como Airbnb son como la tortuga: lentas en distancias cortas, pero efectivas en distancias largas (largo plazo).

En publicidad por lo general se hacen ideas tipo liebre, mientras que en Sillicon Valley se intenta hacer ideas tipo tortuga. Lo que casi nadie ha hecho es tratar de combinarlas.
Por ejemplo, ¿qué tal si utilizáramos ideas explosivas (ideas tipo liebre) para construir/impulsar plataformas exponenciales (ideas tipo tortuga)?

Estoy convencido de que el futuro de las ideas, incluyendo las publicitarias, está en la generación exponencial de valor. Las agencias de publicidad seguirán estando en gran desventaja mientras sigan creando ideas con pensamiento lineal, basado en la distribución de mensajes en un entorno exponencial que cada vez más discrimina los mensajes y privilegia la creación de valor.

El billón de views del Gangnam Style

Retomando la escritura después de una temporada enterrado de trabajo, y antes de meterme en harinas de otro costal en días próximos, retomo el asunto de los crecimientos lineal y exponencial y el cómo la gente cada vez tiene un acceso más fácil y barato a tecnología.

Una anécdota muy simple para ilustrar este punto: el billón (de los de Estados Unidos, mil millones para nosotros) de “views” que “Gangnam Style” alcanzó en apenas unos meses a finales del año pasado.

Probablemente sea muy obvio, pero merece la pena prestarle atención. Cuando “Edgar se cae” se volvió un auténtico hito en la historia de Internet (en 2006) lo hizo con menos de veinte millones de “views”. Por el camino, vídeos de Lady Gaga o Justin Bieber que vivían en los cientos de millones. Y ahora vamos por los miles de millones. Un mundo con más o menos el mismo número de personas, pero con millones más de dispositivos que sirven para entrar a YouTube y ver el vídeo de moda. Y más, y más, y más. Y como ven, en cada frase agrego un 0. Hagan sus cuentas :)