Algo más que un viaje en carrusel
En México se usa la palabra “carrusel” para referirse a lo que en España se conoce como “tiovivo” y yo, personalmente, prefiero la primera a la segunda. “Tiovivo” se te escapa de entre los labios sin pena ni gloria pero las dos erres de “carrusel” le confieren una naturaleza distinta, algo más de enjundia. Para decir “carrusel” hay que esforzarse, y cuando tienes uno delante sientes más respeto por el artefacto que por un “tiovivo”.
En Cannes (Francia), al final (o al inicio, según se mire) del Boulevard de la Croisette y llegando al Palais des Festivals, que da cita anualmente a algunos de los festivales de cine y publicidad más famosos del mundo, hay un pequeño parque en el que uno puede encontrar un puesto donde comprar peluches y también este gigantesco carrusel (aquí la palabra “tiovivo” no hace justicia), al que me quedé mirando una media hora y del que tomé este pequeño vídeo impactado por su tamaño y belleza.
Terminados los giros del carrusel, y excepto dos que querían un nuevo viaje, todos los demás niños que antes pedían a sus padres subirse al mismo pedían ahora una visita al puesto de peluches.