American Express no me quiere

No sé si les habrá tocado verlo en alguna ocasión, pero en algunos aeropuertos (al menos en algunos de México) American Express tiene unos pequeños stands-oficina desde los que ofrece a los viajeros adquirir alguna de sus tarjetas. La verdad es que nunca me detengo a escuchar exactamente la propuesta, pero al menos aprecio que me pregunten si estoy interesado, por aquello de sentirme más o menos “importante”. Hasta hoy.

Hoy sí me interesaba adquirir una, de modo que cuando la señorita de turno se me acercó con la propuesta le respondí que sí estaba interesado. Entonces comenzó a decirme que necesitaba una credencial del IFE (el equivalente al DNI español), a lo que sólo pude contestar que no tenía, pero que si le servía mi documento migratorio FM3. Como parece que sí, primera prueba superada.

Fue sólo dos segundos antes de recibir la instrucción de rellenar un formulario y presentarle una tarjeta de crédito de algún banco de México, a lo que le respondí que no tenía ninguna y que por eso quería contratar una con American Express. La señora, muy amablemente, me comentó que entonces no podría realizar ningún trámite con ellos, a lo que le respondí que las únicas tarjetas de crédito que tengo son de España, y que las únicas tarjetas bancarias que he tenido en México han sido de débito. Ahí fue donde la situación se volvió delirante al recibir este comentario por parte de mi interlocutora:

No se preocupe, puede ir en los próximos días a conseguir una tarjeta de crédito en una entidad bancaria, y dentro de un año le esperamos cuando regrese con todo gusto, señor.

Horas después aún no soy capaz de procesar la desfachatez de semejante frase, así que no pude por menos que contestar:

¿Usted cree que yo voy a estar un año esperando a contratar una tarjeta con ustedes? ¿No cree que son ustedes los que deberían estar pendientes de mí y de lo que quiera hacer con mi dinero?

La pobre señora, avergonzada y presa de su comportamiento autómata, no comprendía que mi reclamo no era hacia ella, sino hacia el sistema para el que trabaja. No comprendo cómo una persona que quiera gastarse su dinero en algo propiedad de alguien vea impedidas sus intenciones por ese alguien dueño que vende ese algo. Quizá, entonces, American Express debiera dejar de lanzar campañas donde habla de las personas como personas y no como números, según decían hace algo menos de dos años. Quizá debieran comenzar por dejarse de tanta gilipollez y regresar al principio de todo, al sentido común y a interesarse por quienes tengan interés genuino por ellos.

Y es que yo sólo quería una tarjeta de crédito, pero hay que ver qué complicado lo vuelven todo. Tanto que cualquiera se fía de una campaña de publicidad más de esta gente, qué bárbaro.

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Daniel Granatta

Buscador de luz. Waiting for the robot takeover. I rewire people.

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