Salvado por el Bluetooth

Auriculares Bluetooth

Estaba en los vestuarios del gimnasio y ya tenía todo listo para irme, cuando de repente… ¿y mi teléfono?

Empecé a sudar frío, no sólo por el valor del objeto, sino también al pensar en la cantidad de aplicaciones con información personal cuyas contraseñas tendría que cambiar cuanto antes. Así que regresé al lugar donde había estado entrenando, para comprobar si no se me habría caído por allí. Pregunté incluso en uno de los mostradores, para ver si alguien había devuelto un teléfono extraviado. Nada.

Qué raro, porque cuando un teléfono se cae hace ruido al tocar el suelo. Y estaba solo en los vestuarios, así que… ¿dónde demonios está el teléfono?

Entonces recordé que, de un tiempo a esta parte, decidí usar auriculares que se conectan al teléfono mediante su puerto Bluetooth en vez de los normales de cable. Así que pensé que no sabía dónde estaba mi teléfono, pero que si encendía los auriculares y estos se conectaban a aquel, eso significaría que no podía estar muy lejos y aún tendría esperanza de recuperarlo.

Y eso hice. “Power on”, dijo la voz. Unos segundos de misterio. “Headphones connected!”, volvió a decir. Eso quería decir que mi teléfono estaba cerca, ya fuera porque estuviera escondido o porque estuviera en el bolsillo de alguien.

Y me dio por agacharme, y allí en el suelo, entre dos armarios, estaba mi teléfono extraviado. Conectado a mis auriculares Bluetooth. Y el caso es que creo que nunca hubiera buscado en ese lugar de no haber sabido previamente que mi teléfono estaba cerca.

Así que antes de entrar en pánico y ponerse a revisar como locos el plano de “Find/Lost My Phone” de turno, pueden siempre llevar algo encima que se conecte por Bluetooth al teléfono. Para que revisen primero lo cerca o lejos que está antes de darlo por perdido.

La etiqueta del precio por hora

Reunión y email

No hace tanto me vi en uno de esos relatos surrealistas de la vida real de la publicidad.

El responsable de una marca contactó a la agencia donde trabajaba, para comunicar que tenía como objetivo relanzar una de sus marcas (¡yey!) y que quería hacerlo usando exclusivamente canales digitales (¡yey!). Fue entonces cuando alguien hizo la fatídica pregunta acerca de cuánto dinero quería gastar en el relanzamiento, a lo que el cliente contestó, lacónico, que tenía pensado invertir unos 10 mil dólares (de los de Estados Unidos).

Plop.

Sobre todo, porque calculando (exagero un poco, pero no tanto) la suma de los precios/hora de las personas de la agencia que estaban presentes (ya saben, la división resultante entre el sueldo mensual y el número de horas a trabajar en ese mes) en la reunión, probablemente ya estábamos cerca de habernos gastado todo el presupuesto que tenía asignado para su “relanzamiento” (permítanseme las dobles comillas).

Visualización de un Google Calendar

Recordando eso, y teniendo en cuenta la cantidad de reuniones en el día a día de una agencia de publicidad que se podrían haber resuelto con un correo electrónico, me pareció brillante esta idea, crear una etiqueta para cada evento de Google Calendar en la que se puede visualizar la suma de todos los precio/hora de los participantes invitados en esa reunión.

Para que cuando el número sea alto, haya de quedar claro (al enviar la invitación) que esa reunión es tan importante que requiere del tiempo (expresado en lo que le cuesta a la agencia o al cliente) de todos aquellos que están invitados. Y probablemente así habría menos reuniones, más importantes.

Si existe, hay versión de 8-bit

Una de las más famosas Reglas de internet es la número 34, que viene a decir algo como:

Si algo existe, hay una versión porno de ello.

Quizá haya que agregar una nueva. Si algo existe…

… existirá una versión de 8-bit. Y en GIF:

Carlton Banks bailando

Viaje fallido a la granja

Iba por el pasillo de un Whole Foods cuando me topé con esta bolsa de avena en los estantes donde están los cereales:

QR en avena

Cuando leí el texto, que prometía teletransportarme a la granja de donde salió esta avena, me acordé de lo que sucede en la primera escena del primer episodio de la serie “Portlandia”:

Animado, escaneé el código, sólo para terminar en este landing page tan terrible:

Landing page de la avena

Mi gozo en un pozo, no tengo ni idea de dónde se quedó el teletransportarme a la granja. Adiós avena, ahí te quedas.

Lag de videojuegos en la vida real

Definición de LAG en Wikipedia (o una definición en castellano):

In online gaming, lag is a noticeable delay between the action of players and the reaction of the server in a video game. Although lag may be caused by high latency, it may also occur due to insufficient processing power in the client (screen-lag). Screen-Lag can also happen in single player games as well.

Lo que en la vida real se vería así:

LAGGING HARD😂💀 @funnyblack.s ➡️ TAG 5 FRIENDS ➡️ TURN ON POST NOTIFICATIONS

A video posted by FOLLOW US🔥 (@funnyblacks) on


O así:


Portada del videojuego DOOM

Videojuegos con lag he vivido muchos, pero creciendo en los años 90 uno de los primeros con los que me topé fue el mítico DOOM. Para que lo disfruten un poco más, les dejo un enlace donde poder jugarlo en línea (y aquí una pequeña lista de instrucciones sobre las teclas que necesitarán para ello).

Mariano Rajoy y las máquinas

El Presidente de mi país y las máquinas:

Tenemos que fabricar máquinas que nos permita seguir fabricando máquinas porque lo que no va a hacer nunca la máquina es fabricar máquinas a su vez.

Este es un momento de esos en que se te queda cara de Buster Keaton:

O, como dice Fer Barbella, lo poseyó el espíritu de C-3PO:

Machines making machines. How perverse!

Tener un blog

Pluma estilográfica

Como estoy cambiando el template de este blog, me dio por hacer algunas reflexiones.

Siempre cuento, cuando tengo ocasión de dar alguna charla, que empecé a escribir en este blog porque en aquel entonces (2008-09) no encontraba nada que me gustara leer en castellano sobre la publicidad y lo que yo pensaba que podía ser su “evolución”. O “involución”, claro.
He tenido épocas más inspiradas y otras (como ésta) en que lo estoy un poco menos, pero sea como sea nunca dejé de escribir. Y, eventualmente, encontré lectores y colaboradores por el camino. Algunos siguen, otros llegan de pasada y se vuelven a marchar, y otros llegan no al blog, sino a algunos textos que encuentran útiles aunque se escribieran hace cuatro o cinco años.

Nunca dediqué a este blog más tiempo que el de escribir sus posts. Nunca me he preocupado por generar más tráfico, optimizar su SEO o incluir banners o cualquier otra vía de remuneración económica. Y así, la audiencia que llega a leer aquí lo es porque encuentran algo que les puede interesar leer tanto como a mí me interesa escribirlo, nada más. Y nada menos.

Supongo entonces que sueno muy tonto cuando me preguntan alguna vez que qué es lo que hago para que la gente que lee este blog lea este blog, porque respondo que lo único que hago es escribir. Y creo que, independientemente de otras zarandajas, así es como funciona esto: uno escribe o dedica tiempo a compartir lo que sabe o lo que opina de un tema concreto y, tarde o temprano, por raro o minoritario que parezca eso de lo que se publica, acabarás encontrando gente a la que también le resulte de interés (aunque sea para llevarte la contraria).

Empezar y tirar millas sin mirar atrás, porque al final (aunque tarde un poco) encontrarás tus lectores, ese es el mejor consejo que le puedo dar a alguien.

Me gusta pensar en este lugar como el espacio donde puedo venir a verter lo que tengo en la cabeza. Y me preocupo cuando tengo pocas cosas que verter aquí porque significa que la cabeza no está suficientemente estimulada. También me gusta pensar que lo que aquí escribo tiene al final un reflejo (positivo o negativo) en mi trabajo. Y me preocupo cuando lo que hago nada tiene que ver con lo que escribo.

En suma, escribir en un blog es más una terapia o un trabajo en sí mismo que el simple hobby que pudiera parecer a simple vista. Y por eso es un compromiso, con uno y con los demás, y hay que tomárselo muy en serio.

Superhéroes contra el spam

Solomon spam

Hace ya algunos años que escribí este post al respecto del spam, molesto pero escrito con extrema amabilidad para intentar engatusar a quien lo recibe.

Es lo primero en que pensé cuando vi esta charla en TED de James Veitch, en la que relata cómo “trollea” a uno de los remitentes de ese tipo de correos:

El resultado es el equivalente a Alicia cayendo por la madriguera del conejo, una especie de caja de Pandora de consecuencias desconocidas… que sólo pueden descubrirse si sigues contestando correos. Su conclusión final, tras haberse dedicado a contestar correos de spam durante más de tres años, es que todo el tiempo que emplean los spammers en responder sus correos es tiempo que no emplean en estafar a otras personas.

Un superhéroe sin capa.

La nueva limosna

Panhandling 2015

Me lo encontré en el timeline en Facebook de Arturo Vélez, de Naranya Labs:

“Lo que más me ha impresionado en China sucedió hoy. Este es el futuro. Una señora de mediana edad pidiendo limosna en el metro mostrando un QR en su celular.

Este QR genera una petición de transferencia de dinero por WeChat con una cantidad predeterminada, que si la aceptas, le envías directo de tu tarjeta bancaria o del mismo weChat wallet con sólo escanear tu huella.
1 de 20 personas a mi vista con su teléfono en la mano le transfirió y ¡no tardó más de 5 segundos la interacción!”

En una simple observación sin sesgo alguno, el downtown de Miami está lleno (lleno, lleno) de gente sin techo. Casi no tienen ni para comer, pero sí tienen un smartphone… y un montón de cafeterías en cuyos alrededores poder captar una señal de Wi-Fi. El dónde recargan la batería sigue siendo un misterio para mí, eso sí.

Y me pregunto si no estaremos todas las partes muy mal si, teniendo un smartphone, es recibir limosna con un QR lo más a lo que pueden aspirar.

Otros planetas, tan lejos, tan cerca

Pelea de alces

Aunque es Miami donde está la oficina principal de ALMA, trabajamos para clientes por todo Estados Unidos, así que los viajes y visitas al aeropuerto se suceden con una cierta frecuencia.

Y en esas estaba yo el pasado martes a las 6am, queriendo volar a una ciudad en el estado de Illinois, cuando nos hicieron descender del avión en el que íbamos a volar por unos problemas mecánicos. De regreso a la sala de espera, ya no sé si era el desvelo por haberme levantado a las 4 de la mañana, el desconcierto de no saber si arreglarían el avión o nos haría viajar en otro, o la preocupación de no saber si llegaríamos a tiempo a presentar los materiales que habíamos preparado durante dos semanas para un posible nuevo negocio de la agencia, cuando me topé con la siguiente noticia en una de las televisiones de la sala de embarque:

Insisto en que mis condiciones físicas no eran las más idóneas, pero el vídeo me pareció alucinante, como si estuviera viendo algo proviniente de otro planeta aunque en kilómetros no estuviera tan lejos de donde me encontraba. Y comprendí un poco por qué cuando alguien de este país viaja a otras latitudes (especialmente Latinoamérica) todo le pueda parecer igualmente un tanto marciano. Porque lo somos.