Quotes desorientados

De entre todos los quotes pseudo-filosófico-motivadores que pululan por los confines de Internet, creo que ninguno me parece tan burdo y desorientador como ese que dice:

“Si no trabajas por tus sueños, alguien te contratará para que trabajes por los suyos.”

La cita original corresponde a Tony Gaskins, pero en esta época de información apócrifa mucha gente se la atribuye a Steve Jobs. Y como pensamos que si lo dijo Steve Jobs ha de ser una revelación profunda, dicho quote termina por aparecer en los slides de muchísimas presentaciones de muchísimos conferenciantes.

Supongo que es para incentivar a sus públicos a que no sean pasivos, a que sean emprendedores, etc., pero yo, aunque estoy totalmente por la labor de que cada cual se construya el futuro que le parezca para él y para los suyos, creo que no hay nada de malo en que tus sueños y los de otra persona coincidan, y que te sumes al proyecto de dicha persona si eso sucede. Se llama misión o causa, y es lo que hace que en esta vida haya ideas y haya empresas.

Iba a dedicarles un Facepalm si son de los que se dedican a propagar quotes como estos, pero encontré esta otra versión, que me pareció mucho más ad hoc:

Facepalm de Godzilla

Tres snippets de publicidad de las Américas

Desculpe o transtorno

Tres acontecimientos aparentemente inconexos (o RandomRefs):

En Brasil, se estrena la película “Desculpe o transtorno” con Gregorio Dudivier y su ex, Clarice Falcao. Durante su columna semanal en la Folha de SP, Gregorio hace una carta linda, hablando justamente de su relación bien conocida con la actriz. Un lindo testimonio/fotografía de una relación que se viraliza y al mismo tiempo es acusada de branded content. ¿Lo es? Sí, posiblemente. Deja de ser interesante por ello? Creo que no.

En USA, un candidato a senador demócrata es acusado por su contraparte republicana de estar en contra de la Segunda Enmienda -que concede derecho a portar armas a los vecinos del norte-. Jason Kander, había sido voluntario en Afganistán y por ello hace este comercial, que IMHO, es el mic drop de la semana:

En Bolivia, Corimexo una fábrica de muebles de cuero, postea este video (NSFW) bajo el concepto “100% cuero”, demostrando que el “payment gap” es el menor de los problemas de las mujeres en ese país. Las evidentes peticiones vienen y van, pero los dueños contentos: se está hablando de su marca.

¿Qué aprendimos esta semana?

Que las buenas ideas trascienden la publicidad.
Que a veces hay que tomar el toro por las astas.
Que por cada paso que uno da adelante, hay otros que están dando mil para atrás.
Que no nos tire atrás a nosotros en todo caso.

Los idiomas de Latinoamérica

Latinoamérica

Hace algún tiempo (2004), la editorial para la que escribíamos Kali y yo editaba anualmente varios libros en castellano de unas 600-700 páginas con todo lo que tenías que saber sobre determinados programas de creación gráfica o multimedia. Ya saben, Adobe Photoshop, Macromedia Flash, etc.

Como la forma en que la editorial generaba el contenido para estos libros era mediante la traducción a castellano de textos en inglés publicados por otras editoriales (con las que la nuestra tenía acuerdos), Kali y yo le propusimos a Eugenio, nuestro editor, que el texto sobre la versión en curso de Macromedia Flash de aquel entonces no fuera una traducción, sino un libro cuyos contenidos fueran escritos por autores latinoamericanos.

REPRESENT.

Eugenio, que ya se la veía venir, nos advirtió que aquello iba a ser un soberano desmadre, pero en última instancia nos dejó la decisión a nosotros, y nosotros decidimos tirar millas y sacar aquel proyecto adelante. Buscamos a los autores, les contamos de la idea, les asignamos un tema y esperamos pacientemente a que todos enviaran sus colaboraciones para reunirlas en una primera versión del texto.

Y, ay, aquella primera versión era una Torre de Babel hispanohablante. Teniendo autores de Colombia, Costa Rica, Argentina, Chile, España o Perú (por recordar algunos), la primera edición del texto daba cabida a TODAS las variantes del castellano habidas y por haber desde que el mundo es mundo.
“Mueva el mouse”.
“Prenda la compu”.
“Jale el objeto al escenario”.

Ese tipo de variaciones.

Y aunque era evidente que aquella primera versión era un desastre, Eugenio (cubano de nacimiento y madrileño de adopción) sólo nos hizo un primer comentario, muy socarrón:
“¿Podrían al menos pasarle el corrector de Word al texto para que todo esté en la misma versión de castellano?”

Hoy me recuerdo en aquel entonces cuando, delante de la hoja en blanco, ya no sé si escribir computadora u ordenador, laptop o portátil, mouse o ratón.

Las fronteras, tan claras, se vuelven borrosas cuando comienzas a viajar. También las palabras. Un léxico global que a veces termina por no funcionar en ningún lado porque es de todos y de ninguno.

Al menos mientras sigan existiendo los idiomas.

Las interfaces de Analucy

Teléfono a la escucha

La forma en que Analucy ve dibujos animados en su iPad es pidiéndoselo a Siri. Ella pulsa el botón de HOME con uno de sus deditos, Siri le pregunta en qué puede ayudarla y Analucy le dice, por ejemplo, “My Little Pony Youtube”.

Siri le contesta “Ok, esto es lo que he encontrado” junto con una lista de enlaces, de los que Analucy elige uno y espera tranquilamente a que la conexión a Internet haga su trabajo y la lleve hasta el vídeo que ella acaba de seleccionar.

Hasta que hace unos días, aún sin Internet en casa por la reciente mudanza, le enseñé una lista de juegos en la pantalla de mi laptop. Ella escogió uno y yo le dije que ese “era el juego número 53”. Entonces, Analucy se inclinó para acercar su cara a la pantalla de mi laptop y le dijo, muy firmemente: “CINCO, TRES”

Obviamente, no pasó nada, y Analucy me miró entre confundida y enfadada, porque qué clase de iPad extraño era esa laptop que estaba sobre la mesa del comedor. Entonces yo intenté explicarle que tenía que usar el ratón o el teclado para pulsar sobre el número de juego que quería. Y fue entonces cuando al agarrar ella el ratón me di cuenta de que, para Analucy, el ratón de una computadora era una especie de objeto alienígena, que tenía tanto sentido en su vida como pueda tenerlo para mí un teléfono de disco o un walkman. Era como ver a Indiana Jones agarrando un objeto precioso… y antiguo.

Pensamos que lo “antiguo” es una radio o un reproductor de vídeo VHS, pero en realidad es una palabra que se extiende de forma cada vez más rápida a más y más objetos en una especie de metástasis implacable. A un ratón o a un teclado de ordenador, por ejemplo. Me pregunté entonces si Analucy tendrá necesidad de usar un ratón alguna vez en su vida, cuando puede directamente hablar con las máquinas o usar sus dedos (o un lápiz stylus) para dibujar lo que crea conveniente.

Tarjeta perforada

La certeza de lo que acabo de narrar en el párrafo anterior me pilló por sorpresa, pero le dio sentido a otra de las cruentas batallas de “Las Guerras del Interfaz” de las que hablaba hace unos días: el próximo Santo Grial en dichas guerras es el reconocimiento de voz. Es por eso por lo que compañías gastan millones de dólares en perfeccionar esta tecnología, porque niños y niñas como Analucy ven el ratón y el teclado como nosotros vemos ahora aquellos enormes ordenadores que funcionaban con tarjetas perforadas.

Días después le contaba esta anécdota a Dany Saadia, el cual me refirió a una (parece ser) célebre escena de “Star Trek”, donde Scott (que acaba de viajar en el tiempo, del futuro hasta el pasado, para salvar unas ballenas), vive algo similar a lo que le sucedió a Analucy:

Así que cuando apenas vamos terminando de pensar en cómo se ve el sitio web de nuestra compañía en un dispositivo móvil, resulta que hay que empezar a preocuparse de cómo se va a navegar… con la voz. Y eso para empezar, porque la calificación de “antiguo” avanza rápido, rápido, rápido.

O como decía una maldición china: “Ojalá vivas tiempos interesantes.”

Hay un Pokémon en tu tienda

Como ya sabrán, el fenómeno de las últimas semanas es Pokémon Go: todo el mundo, por todas partes, capturando Pokémon con su teléfono.

Así que no fue extraño que el domingo pasado, cuando andábamos de paseo por las instalaciones del Dolphin Mall (un gigantesco centro comercial de Miami) nos topáramos con esto:

Pokémon Go sin WiFi

Entré para preguntar cuánta gente había llegado buscando Pokémon y pedido el descuento del 10% y me dijeron… que… nadie.

Porque en ese mall hay tanta gente que el WiFi gratuito de que dispone se satura, así que si abres la aplicación cuando pasas cerca de la tienda nunca consigues que el juego se cargue completamente, porque la señal que llega a tu teléfono apenas alcanza para usar algún app de mensajería.

Alguien podrá decirme que los usuarios podrían usar su propio plan de datos en vez de el WiFi del mall, pero entonces yo contestaría que eso es dejar a la suerte uno de los elementos principales para que la gente juegue Pokémon Go: una conexión a Internet estable.

Imagino que no es éste un problema que tengan los dueños del restaurante cuya pizarra encontré en un tuit esta mañana:

Pokémon Go con WiFi

Moraleja:
Táctica de descuentos usando Pokémon Go, sí.
Y WiFi propio para que los usuarios puedan usarlo, también.

O sea, que el mayor número de variables para que la gente participe dependan de ti y no de los demás.

Surf y profiles

El road trip de Poncho

Cuando alguien que no conozco en persona me manda una solicitud de amistad en Facebook, lo primero que suelo hacer (como todos, imagino) es revisar su(s) foto(s) de perfil. Y no siempre pasa, pero cuando en alguna de esas imágenes aparece una tabla de surf (como en la imagen de Poncho que abre este post), automáticamente también aparece una sonrisa en el rostro de dicha persona.

Me pregunto si hay alguien que haga surf que sea infeliz.
Quizá todos debiéramos hacer surf.

La selfie de Morelos

Aunque uno pensaría que la capacidad de asombro desciende con los años, México sigue siendo ese lugar imposible donde a veces pasan cosas difíciles de creer. Como, por ejemplo, que si buscas el término “Morelos” en Google, te arroje como resultado… *click para agrandar*

Morelos en Google

… una serie de enlaces e imágenes, donde la primera de éstas es de José María Morelos y Pavón (uno de los héroes nacionales de México) tomándose una selfie:

Selfie de Morelos

México lindo y querido 🙂


– vía Ricardo Castellanos

Salvado por el Bluetooth

Auriculares Bluetooth

Estaba en los vestuarios del gimnasio y ya tenía todo listo para irme, cuando de repente… ¿y mi teléfono?

Empecé a sudar frío, no sólo por el valor del objeto, sino también al pensar en la cantidad de aplicaciones con información personal cuyas contraseñas tendría que cambiar cuanto antes. Así que regresé al lugar donde había estado entrenando, para comprobar si no se me habría caído por allí. Pregunté incluso en uno de los mostradores, para ver si alguien había devuelto un teléfono extraviado. Nada.

Qué raro, porque cuando un teléfono se cae hace ruido al tocar el suelo. Y estaba solo en los vestuarios, así que… ¿dónde demonios está el teléfono?

Entonces recordé que, de un tiempo a esta parte, decidí usar auriculares que se conectan al teléfono mediante su puerto Bluetooth en vez de los normales de cable. Así que pensé que no sabía dónde estaba mi teléfono, pero que si encendía los auriculares y estos se conectaban a aquel, eso significaría que no podía estar muy lejos y aún tendría esperanza de recuperarlo.

Y eso hice. “Power on”, dijo la voz. Unos segundos de misterio. “Headphones connected!”, volvió a decir. Eso quería decir que mi teléfono estaba cerca, ya fuera porque estuviera escondido o porque estuviera en el bolsillo de alguien.

Y me dio por agacharme, y allí en el suelo, entre dos armarios, estaba mi teléfono extraviado. Conectado a mis auriculares Bluetooth. Y el caso es que creo que nunca hubiera buscado en ese lugar de no haber sabido previamente que mi teléfono estaba cerca.

Así que antes de entrar en pánico y ponerse a revisar como locos el plano de “Find/Lost My Phone” de turno, pueden siempre llevar algo encima que se conecte por Bluetooth al teléfono. Para que revisen primero lo cerca o lejos que está antes de darlo por perdido.

La etiqueta del precio por hora

Reunión y email

No hace tanto me vi en uno de esos relatos surrealistas de la vida real de la publicidad.

El responsable de una marca contactó a la agencia donde trabajaba, para comunicar que tenía como objetivo relanzar una de sus marcas (¡yey!) y que quería hacerlo usando exclusivamente canales digitales (¡yey!). Fue entonces cuando alguien hizo la fatídica pregunta acerca de cuánto dinero quería gastar en el relanzamiento, a lo que el cliente contestó, lacónico, que tenía pensado invertir unos 10 mil dólares (de los de Estados Unidos).

Plop.

Sobre todo, porque calculando (exagero un poco, pero no tanto) la suma de los precios/hora de las personas de la agencia que estaban presentes (ya saben, la división resultante entre el sueldo mensual y el número de horas a trabajar en ese mes) en la reunión, probablemente ya estábamos cerca de habernos gastado todo el presupuesto que tenía asignado para su “relanzamiento” (permítanseme las dobles comillas).

Visualización de un Google Calendar

Recordando eso, y teniendo en cuenta la cantidad de reuniones en el día a día de una agencia de publicidad que se podrían haber resuelto con un correo electrónico, me pareció brillante esta idea, crear una etiqueta para cada evento de Google Calendar en la que se puede visualizar la suma de todos los precio/hora de los participantes invitados en esa reunión.

Para que cuando el número sea alto, haya de quedar claro (al enviar la invitación) que esa reunión es tan importante que requiere del tiempo (expresado en lo que le cuesta a la agencia o al cliente) de todos aquellos que están invitados. Y probablemente así habría menos reuniones, más importantes.

Si existe, hay versión de 8-bit

Una de las más famosas Reglas de internet es la número 34, que viene a decir algo como:

Si algo existe, hay una versión porno de ello.

Quizá haya que agregar una nueva. Si algo existe…

… existirá una versión de 8-bit. Y en GIF:

Carlton Banks bailando