Hay un Pokémon en tu tienda

Como ya sabrán, el fenómeno de las últimas semanas es Pokémon Go: todo el mundo, por todas partes, capturando Pokémon con su teléfono.

Así que no fue extraño que el domingo pasado, cuando andábamos de paseo por las instalaciones del Dolphin Mall (un gigantesco centro comercial de Miami) nos topáramos con esto:

Pokémon Go sin WiFi

Entré para preguntar cuánta gente había llegado buscando Pokémon y pedido el descuento del 10% y me dijeron… que… nadie.

Porque en ese mall hay tanta gente que el WiFi gratuito de que dispone se satura, así que si abres la aplicación cuando pasas cerca de la tienda nunca consigues que el juego se cargue completamente, porque la señal que llega a tu teléfono apenas alcanza para usar algún app de mensajería.

Alguien podrá decirme que los usuarios podrían usar su propio plan de datos en vez de el WiFi del mall, pero entonces yo contestaría que eso es dejar a la suerte uno de los elementos principales para que la gente juegue Pokémon Go: una conexión a Internet estable.

Imagino que no es éste un problema que tengan los dueños del restaurante cuya pizarra encontré en un tuit esta mañana:

Pokémon Go con WiFi

Moraleja:
Táctica de descuentos usando Pokémon Go, sí.
Y WiFi propio para que los usuarios puedan usarlo, también.

O sea, que el mayor número de variables para que la gente participe dependan de ti y no de los demás.

Surf y profiles

El road trip de Poncho

Cuando alguien que no conozco en persona me manda una solicitud de amistad en Facebook, lo primero que suelo hacer (como todos, imagino) es revisar su(s) foto(s) de perfil. Y no siempre pasa, pero cuando en alguna de esas imágenes aparece una tabla de surf (como en la imagen de Poncho que abre este post), automáticamente también aparece una sonrisa en el rostro de dicha persona.

Me pregunto si hay alguien que haga surf que sea infeliz.
Quizá todos debiéramos hacer surf.

La selfie de Morelos

Aunque uno pensaría que la capacidad de asombro desciende con los años, México sigue siendo ese lugar imposible donde a veces pasan cosas difíciles de creer. Como, por ejemplo, que si buscas el término “Morelos” en Google, te arroje como resultado… *click para agrandar*

Morelos en Google

… una serie de enlaces e imágenes, donde la primera de éstas es de José María Morelos y Pavón (uno de los héroes nacionales de México) tomándose una selfie:

Selfie de Morelos

México lindo y querido 🙂


– vía Ricardo Castellanos

Salvado por el Bluetooth

Auriculares Bluetooth

Estaba en los vestuarios del gimnasio y ya tenía todo listo para irme, cuando de repente… ¿y mi teléfono?

Empecé a sudar frío, no sólo por el valor del objeto, sino también al pensar en la cantidad de aplicaciones con información personal cuyas contraseñas tendría que cambiar cuanto antes. Así que regresé al lugar donde había estado entrenando, para comprobar si no se me habría caído por allí. Pregunté incluso en uno de los mostradores, para ver si alguien había devuelto un teléfono extraviado. Nada.

Qué raro, porque cuando un teléfono se cae hace ruido al tocar el suelo. Y estaba solo en los vestuarios, así que… ¿dónde demonios está el teléfono?

Entonces recordé que, de un tiempo a esta parte, decidí usar auriculares que se conectan al teléfono mediante su puerto Bluetooth en vez de los normales de cable. Así que pensé que no sabía dónde estaba mi teléfono, pero que si encendía los auriculares y estos se conectaban a aquel, eso significaría que no podía estar muy lejos y aún tendría esperanza de recuperarlo.

Y eso hice. “Power on”, dijo la voz. Unos segundos de misterio. “Headphones connected!”, volvió a decir. Eso quería decir que mi teléfono estaba cerca, ya fuera porque estuviera escondido o porque estuviera en el bolsillo de alguien.

Y me dio por agacharme, y allí en el suelo, entre dos armarios, estaba mi teléfono extraviado. Conectado a mis auriculares Bluetooth. Y el caso es que creo que nunca hubiera buscado en ese lugar de no haber sabido previamente que mi teléfono estaba cerca.

Así que antes de entrar en pánico y ponerse a revisar como locos el plano de “Find/Lost My Phone” de turno, pueden siempre llevar algo encima que se conecte por Bluetooth al teléfono. Para que revisen primero lo cerca o lejos que está antes de darlo por perdido.

La etiqueta del precio por hora

Reunión y email

No hace tanto me vi en uno de esos relatos surrealistas de la vida real de la publicidad.

El responsable de una marca contactó a la agencia donde trabajaba, para comunicar que tenía como objetivo relanzar una de sus marcas (¡yey!) y que quería hacerlo usando exclusivamente canales digitales (¡yey!). Fue entonces cuando alguien hizo la fatídica pregunta acerca de cuánto dinero quería gastar en el relanzamiento, a lo que el cliente contestó, lacónico, que tenía pensado invertir unos 10 mil dólares (de los de Estados Unidos).

Plop.

Sobre todo, porque calculando (exagero un poco, pero no tanto) la suma de los precios/hora de las personas de la agencia que estaban presentes (ya saben, la división resultante entre el sueldo mensual y el número de horas a trabajar en ese mes) en la reunión, probablemente ya estábamos cerca de habernos gastado todo el presupuesto que tenía asignado para su “relanzamiento” (permítanseme las dobles comillas).

Visualización de un Google Calendar

Recordando eso, y teniendo en cuenta la cantidad de reuniones en el día a día de una agencia de publicidad que se podrían haber resuelto con un correo electrónico, me pareció brillante esta idea, crear una etiqueta para cada evento de Google Calendar en la que se puede visualizar la suma de todos los precio/hora de los participantes invitados en esa reunión.

Para que cuando el número sea alto, haya de quedar claro (al enviar la invitación) que esa reunión es tan importante que requiere del tiempo (expresado en lo que le cuesta a la agencia o al cliente) de todos aquellos que están invitados. Y probablemente así habría menos reuniones, más importantes.

Si existe, hay versión de 8-bit

Una de las más famosas Reglas de internet es la número 34, que viene a decir algo como:

Si algo existe, hay una versión porno de ello.

Quizá haya que agregar una nueva. Si algo existe…

… existirá una versión de 8-bit. Y en GIF:

Carlton Banks bailando

Viaje fallido a la granja

Iba por el pasillo de un Whole Foods cuando me topé con esta bolsa de avena en los estantes donde están los cereales:

QR en avena

Cuando leí el texto, que prometía teletransportarme a la granja de donde salió esta avena, me acordé de lo que sucede en la primera escena del primer episodio de la serie “Portlandia”:

Animado, escaneé el código, sólo para terminar en este landing page tan terrible:

Landing page de la avena

Mi gozo en un pozo, no tengo ni idea de dónde se quedó el teletransportarme a la granja. Adiós avena, ahí te quedas.

Lag de videojuegos en la vida real

Definición de LAG en Wikipedia (o una definición en castellano):

In online gaming, lag is a noticeable delay between the action of players and the reaction of the server in a video game. Although lag may be caused by high latency, it may also occur due to insufficient processing power in the client (screen-lag). Screen-Lag can also happen in single player games as well.

Lo que en la vida real se vería así:


O así:


Portada del videojuego DOOM

Videojuegos con lag he vivido muchos, pero creciendo en los años 90 uno de los primeros con los que me topé fue el mítico DOOM. Para que lo disfruten un poco más, les dejo un enlace donde poder jugarlo en línea (y aquí una pequeña lista de instrucciones sobre las teclas que necesitarán para ello).

Mariano Rajoy y las máquinas

El Presidente de mi país y las máquinas:

Tenemos que fabricar máquinas que nos permita seguir fabricando máquinas porque lo que no va a hacer nunca la máquina es fabricar máquinas a su vez.

Este es un momento de esos en que se te queda cara de Buster Keaton:

O, como dice Fer Barbella, lo poseyó el espíritu de C-3PO:

Machines making machines. How perverse!

Tener un blog

Pluma estilográfica

Como estoy cambiando el template de este blog, me dio por hacer algunas reflexiones.

Siempre cuento, cuando tengo ocasión de dar alguna charla, que empecé a escribir en este blog porque en aquel entonces (2008-09) no encontraba nada que me gustara leer en castellano sobre la publicidad y lo que yo pensaba que podía ser su “evolución”. O “involución”, claro.
He tenido épocas más inspiradas y otras (como ésta) en que lo estoy un poco menos, pero sea como sea nunca dejé de escribir. Y, eventualmente, encontré lectores y colaboradores por el camino. Algunos siguen, otros llegan de pasada y se vuelven a marchar, y otros llegan no al blog, sino a algunos textos que encuentran útiles aunque se escribieran hace cuatro o cinco años.

Nunca dediqué a este blog más tiempo que el de escribir sus posts. Nunca me he preocupado por generar más tráfico, optimizar su SEO o incluir banners o cualquier otra vía de remuneración económica. Y así, la audiencia que llega a leer aquí lo es porque encuentran algo que les puede interesar leer tanto como a mí me interesa escribirlo, nada más. Y nada menos.

Supongo entonces que sueno muy tonto cuando me preguntan alguna vez que qué es lo que hago para que la gente que lee este blog lea este blog, porque respondo que lo único que hago es escribir. Y creo que, independientemente de otras zarandajas, así es como funciona esto: uno escribe o dedica tiempo a compartir lo que sabe o lo que opina de un tema concreto y, tarde o temprano, por raro o minoritario que parezca eso de lo que se publica, acabarás encontrando gente a la que también le resulte de interés (aunque sea para llevarte la contraria).

Empezar y tirar millas sin mirar atrás, porque al final (aunque tarde un poco) encontrarás tus lectores, ese es el mejor consejo que le puedo dar a alguien.

Me gusta pensar en este lugar como el espacio donde puedo venir a verter lo que tengo en la cabeza. Y me preocupo cuando tengo pocas cosas que verter aquí porque significa que la cabeza no está suficientemente estimulada. También me gusta pensar que lo que aquí escribo tiene al final un reflejo (positivo o negativo) en mi trabajo. Y me preocupo cuando lo que hago nada tiene que ver con lo que escribo.

En suma, escribir en un blog es más una terapia o un trabajo en sí mismo que el simple hobby que pudiera parecer a simple vista. Y por eso es un compromiso, con uno y con los demás, y hay que tomárselo muy en serio.