Banners y penes

Foto de Dick no solicitada

Género masculino, imagínate que mientras navegas en Internet te sale tanta publicidad indeseada que acabas por instalar un adblocker. Nadie podría reprocharte nada, pues el 99,9% de esa publicidad te llega sin que tú hayas dado expreso consentimiento para que tus datos sean usados para que te anuncien alfombras, pastillas o camisetas. El consentimiento no sólo es importante, sino esencial. Sagrado.

Ahora imagina que en cada banner en vez de publicidad te saliera un pene no solicitado. Para esos penes no hay adblockers. Eso es parte de lo que pasan las mujeres diariamente.

¿Es realmente tan complicado de entender el tema de los límites y el consentimiento?

México y las economías de escala

Colores de piel

Muchas compañías abren su sede en México pensando en que el país es una unidad de más de 100 millones de personas. Como además prácticamente todas ellas tienen un teléfono móvil (aunque la penetración móvil en México sea de las más bajas de Latinoamérica), la ecuación parece simple, y el negocio, redondo: “Si mi país tiene 10 millones de personas y facturo X, en un país con más de 100 millones voy a facturar 100X.”

Posteriormente descubren que México es, en realidad, muchos Méxicos más pequeños, diferenciados por una “Pantonera” de colores de piel y con escasa movilidad social. Y entonces tienen que volver a la casilla 1, porque en México no parecen funcionar las economías de escala.

Public Service Announcement 🙂

Legales de hoy y de mañana

Reclamo de copyright

Agosto de 2017.
Uno pensaría que la legislación (en general) debería empezar a preocuparse por cuestiones como definir de quién es la propiedad intelectual de una obra literaria escrita por una Inteligencia Artificial, o a quién dar la razón si dentro de quince años un niño demanda a sus padres por todas las fotos que subieron a Internet sin su consentimiento cuando él era un menor de edad.

Sin embargo, la legislación pasa la mayor parte de su tiempo enfrascada en, por ejemplo, dar de baja los vídeos de tal o cual partido de fútbol que un aficionado sube a una plataforma para compartir la alegría por el gol que su equipo acaba de anotar. Y temáticas similares.

Legislando para conservar el pasado. O, como se dice en España, poniéndole puertas al campo.

El guitarrista y el junior

Guitar on fire

El tipo que cada viernes por la noche le prende fuego al lugar en el que toca la guitarra con su banda. Las mujeres lo miran embelesadas, los hombres con envidia.
El tipo es invencible, es el dueño del lugar y de la noche.

Llega el lunes por la mañana, y nuestro guitarrista entra por la puerta de la agencia donde trabaja como redactor junior. Recibe unas collejas de su jefe, el Director Creativo, por llegar cinco minutos tarde. Y se siente inútil, pequeño y vulnerable.

Nada queda en él de la energía de tres días antes. Pareciera como si al pasar por la puerta de la agencia se hubiera puesto un traje de “publicista”.
Trabajar en una agencia de publicidad no tiene nada de malo. Sólo si tienes que dejar de ser quien eres para hacerlo.

Un redactor junior es reemplazable, la energía de aquel viernes por la noche no, y es esa “uniquicidad” lo que te hace indispensable. Si el lugar donde trabajas no la requiere, entonces mejor busca otro: ya sabes que hay ideas y hay empresas.

Entrevistas, niños y tecnología, capítulo 34

La representación en el imaginario colectivo de la expresión “niños y tecnología” es la de alguien menor de diez años usando un teléfono o una tablet. Es una imagen limitada, que carece de matices mucho más interesantes como la relación con el dispositivo (por qué usar un ratón o un teclado, si puedes usar tu voz) o la relación de esos niños con conceptos aparentemente abstractos para ellos (por ejemplo, el dinero).

Por motivos quizá más que obvios, uno de los temas que más me interesa en la actualidad es el acercamiento de los niños a la tecnología, sobre todo porque creo equivocado nuestro enfoque de adultos que piensan constantemente en la misma como una fuente de posibles peligros. Quizá sea porque la explosión tecnológica sucedió ante nuestros ojos y, al desconocerla y no poder dimensionar sus consecuencias, no podemos percibirla de la forma natural e inocente en que lo hacen los más pequeños.

Pero tras leer un par de libros sobre el tema el pasado fin de semana pareciera que la solución como padres a los problemas que la tecnología ocasiona sea privar a los niños de ella, en vez de considerarla como lo que creo es, una de las más poderosas herramientas de expresión y desarrollo personal que jamás hayan existido. Negársela a los niños por los peligros que pueda conllevar (para qué salir a la calle, si te puede atropellar un camión) en vez de guiarlos para que hallen su propio camino es cerrarles las puertas del futuro.

Y para hablar de esa y otras cosas me vi un día en la televisión:

Y también en el vídeoblog de Ana Paola, mejor conocida en las redes como “Mamá Gallina”:

Los Inventores Gollum

Gollum - Lord of the Rings

Mi último post trataba de las similitudes entre industrias que nacen hoy e industrias que nacieron hace veinte años. Similitudes que animan a emprender cualquier tipo de aventura, pues pareciera que uno no va tan a la deriva sino con una cierta “brújula” que alivia la incertidumbre.

Pero por el camino también se encuentra uno algunas diferencias sustanciales. Hace veinte años no estábamos tan hiperconectados como ahora. Hace veinte años encontrabas por casualidad a alguien que hacía algo remotamente parecido o relacionado con lo que hacías tú y le escribías con el espíritu de quien envía un mensaje en una botella; resulta que los destinatarios vivían también con ese espíritu, y a partir de ahí empezaron a nacer comunidades deslocalizadas geográficamente pero tremendamente enfocadas en descubrir y compartir.

Hoy apenas hay misterio, todos sabemos en segundos lo que pasa en la otra punta del globo, y los protagonistas de cada noticia no buscan (en general) tanto el compartir como el capitalizar los pasos que hayan dado. Muy bien lo decía Alejandro Berman hace unos meses: “En la Ciudad de México todo el mundo quiere ser el próximo Mark Zuckerberg o el inventor de la próxima gran cerveza artesanal.”

Si algo nos enseñó el concepto de open-source y todo lo que vino después es que nadie es tan bueno en solitario como la suma de todos nosotros juntos. Nos falta volver a asombrarnos. Y compartir, y dejar de pensar que el progreso es un sistema de vasos comunicantes, donde si a uno le va bien al resto le va mal. Sucede justo todo lo contrario.

En mi último post hablaba de la necesidad que tenemos de ser inventores de lo que necesitamos para que aquello a lo que nos dedicamos progrese. Pero pareciera que somos una especie de “inventores-Gollum”: lo que creamos vive bajo el esquema “my precious, my precious”. Todo para mí, nada para los demás.

El “inventor-Gollum” es más cínico que entusiasta, especialmente en lo que se refiere al trabajo de otros. Y como siempre les digo, si pueden ser entusiastas, no malgasten su energía siendo cínicos.

“Inventores-Gollum”. Don’t.

Viendo el mundo a un metro de altura

Llamada por Facetime

Analucy me llama por FaceTime. Y después de charlar brevemente, decide hacerme un tour de nuestro apartamento, el cual veo no desde mi punto de vista, sino desde el que le ofrece su estatura de poco más de un metro. Visto así, mi apartamento es un lugar completamente distinto.

Me acordé entonces de aquel proyecto tan lindo del que hablamos hace unos años, “Cáceres desde abajo”.

¿Redes sociales? ilimitadas

Estas Navidades vino tanta gente de visita a la Ciudad de México que apenas pasé un minuto en mi casa. Consecuencia: entre pedir Ubers y subir fotos a Instagram me terminé antes de tiempo los datos mensuales que tengo contratados con mi proveedor de telefonía móvil.

O no, porque Facebook, Twitter y Whatsapp aún funcionaban.

Intrigado (y también para pagar mi reconexión) fui a una de las tiendas de la compañía y les pregunté:

Yo: Creo que tengo los datos cortados, pero funcionan Whatsapp, Twitter y Facebook.
Empleado: Claro, señor, es que su plan contempla redes sociales ilimitadas.
Yo: ¿Redes sociales?
Empleado: Sí, lo que son (sic) Whatsapp, Twitter y Facebook.
Yo: Pero Snapchat o Instagram…
Empleado: Las redes sociales son Whatsapp, Twitter y Facebook, señor.
Yo: Ehm…

Salí de la tienda cabizbajo y con cara de Buster Keaton (porque aparte de no entender nada de lo que me dijo, el empleado de la tienda me llamó “Señor” dos veces), pensando en que una vez más las marcas operan desde lo que creen que la gente quiere (oferta) en vez de actuar de hecho en base a lo que la gente quiere (demanda). Pero sobre todo recordé este antológico post de hace unos años de Jorge Camacho sobre los ciclos del hype de cada tecnología, y como lo que a unos les parece que ya está de salida para otros es una auténtica novedad. Con la conversación en la tienda descubrí además que hay otros que ni siquiera aparecen aún en la curva.

Qué dolorosísimo el hueco que existe entre el lugar donde uno cree vivir y el lugar en el que vive la mayoría de las marcas de consumo que pueblan nuestra cultura. Y más doloroso aún para los que se dedican a trabajar para esas marcas.

Microorganismos del siglo XXI

Organismos Unicelulares

Los primeros microorganismos que poblaron la Tierra no debían ser muy inteligentes ni talentosos, al menos en la forma de usar los términos con la que calificamos a un ser humano.

Es una buena metáfora para explicar el estadío de la Inteligencia Artificial a día de hoy: nos imaginamos a Skynet, pero apenas estamos conociendo a los primeros pobladores.

Dicho lo cual, pasamos al humor:
Neural Karaoke, un algoritmo entrenado para componer un villancico después de escuchar más de cien horas de temas de este género. Creepy as hell:

Para que no se queden con este extraño sabor de boca les dejo otro experimento, donde se intenta que una inteligencia artificial componga una canción al estilo (sic) de The Beatles:

Microorganismos, les digo. Y evolución.

La vida con joroba

Teléfono y columna vertebral

De todas las cosas que uno observa (y aprende) durante ese gran experimento antropológico al que llamamos Navidad (dónde compra la gente, qué compra, qué programas ponen en televisión, a dónde se viaja para celebrar el cambio de año, etc) una me llamó especialmente la atención mientras veía pasar desde una cafetería a innumerables grupos de padres e hijos:
Mamás erguidas, hijas con joroba.

Según he leído en algunos textos como éste o este otro, el problema se llama “text-neck” y se puede minimizar así.

La vida con teléfono móvil a finales de 2016.