Industrias descalabradas de rebote

La última milla

Aunque los más puristas no compartirán mi opinión, creo que hay palabras que fonéticamente son más poderosas en inglés que en castellano. Por ejemplo, “represalia” no suena tan temible como su traducción en inglés, “retaliation”. O “rebotar”, que en inglés puedes traducir por “ricochet” y que suele utilizarse, por ejemplo, para hablar de lo que sucede cuando una bala no alcanza su objetivo y rebota contra alguna superficie, tomando un rumbo peligroso e impredecible.

Y así, podríamos calificar como una especie de “efecto Ricochet” al que está alcanzando a algunas industrias en plena yugular, cuando en principio no había en ninguna de ellas un actor que jugara el rol que jugó Netflix con Blockbuster o Instagram con Kodak.

Por ejemplo, esas empresas de transportes que eran “dueñas” de lo que se denomina “la última milla”, ese término que describe el movimiento de personas y bienes desde un almacén hasta un domicilio para satisfacer un pedido. Y que los usuarios también utilizábamos para hacer llegar un documento de un punto a otro de una ciudad a unos costes, pensándolo bien, algo prohibitivos.

Todas ellas despreocupadas (o ligeramente preocupadas por noticias como las de Amazon entregando pedidos con drones), y que de repente hoy se ven descolocadas porque ahora es mucho más fácil pedir un Uber para que sean sus conductores los que completen el servicio.

O piensen también en todas esas compañías cuya expectativa de los usuarios para con ellas pueda haber cambiado, ahora que esos usuarios se han acostumbrado a un servicio como el que Uber ofrece a la hora de proporcionar movilidad, como bien escribía René Lankenau en este post que pude leer la semana pasada.

Balas perdidas e industrias “ricocheteadas”, descalabradas de rebote.

Imágenes del futuro, comportamientos del futuro

Rating en Uber de Daniel

“Minority Report” es un gran ejemplo de cómo se distorsiona la comprensión de las imágenes del futuro. Lo que en realidad es una fábula distópica sobre el peligro de que un estado “hiper-vigile” a sus ciudadanos fue entendido por muchas marcas y compañías de tecnología como una hoja de ruta para poder confeccionar anuncios cada vez más personalizados a unos usuarios que, por lo general, están más que saturados ya de publicidad (en la calle, en sus teléfonos, en sus navegadores, etc.):

Me sirve el ejemplo porque hace treinta años las imágenes del futuro eran más positivas, más idealistas. Por cada “Blade Runner” teníamos un “Back to the Future” que alimenta hoy la creación (más o menos, casi casi) de zapatillas de deporte que se atan solas o monopatines que se desplazan flotando en vez de apoyándose sobre cuatro ruedas.

Pero como les decía en este post, escribir sobre ciencia-ficción es cada vez más complicado. La realidad ha “disrrumpido” a la ciencia-ficción y los textos del género han evolucionado de la invención de máquinas o visitas a otros planetas a una especie de reflexión sobre la ética en el uso de toda esa tecnología que hemos creado sin saber muy bien para qué.

Quizá sea ese el matiz: durante años, la humanidad inventó en base a la necesidad que tenía de descubrir, de lograr. Pero hoy día, nuestra capacidad de invención ha rebasado la necesidad que tenemos de ella, de modo que, pasada una primera etapa con un cometido concreto (los drones militares, por ejemplo), nos encontramos con que la tecnología es accesible para un gran público que no sabe exactamente para qué utilizarla (¿para qué sirve realmente un drone?).

Me vino todo esto a la mente porque, ahora que “Black Mirror” se ha popularizado entre los usuarios de Netflix, descubro en mis timelines de social media mensajes aterrados al respecto de qué mal vamos encaminados como raza humana, en vista de las historias terribles que la tecnología provoca en cada episodio de la serie.

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Bitcoins de Oaxaca

Nuestra visión del futuro es muy ochentera. Es de luces de neón, esquinas relucientes y grandes pantallas con hologramas. Pero como les dije un día, el futuro se parece más a “District 9”. Si no me creen, vean la fotografía bajo estas líneas (click para agrandar) que tomó Cristian el pasado fin de semana en Oaxaca (México):

Dentista + Bitcoin

El consultorio de un dentista que se precia de ganar Bitcoins todos los días. Con dicho consultorio situado justo enfrente de un cementerio.

Mind. Blown.
Mind blown

Quotes desorientados

De entre todos los quotes pseudo-filosófico-motivadores que pululan por los confines de Internet, creo que ninguno me parece tan burdo y desorientador como ese que dice:

“Si no trabajas por tus sueños, alguien te contratará para que trabajes por los suyos.”

La cita original corresponde a Tony Gaskins, pero en esta época de información apócrifa mucha gente se la atribuye a Steve Jobs. Y como pensamos que si lo dijo Steve Jobs ha de ser una revelación profunda, dicho quote termina por aparecer en los slides de muchísimas presentaciones de muchísimos conferenciantes.

Supongo que es para incentivar a sus públicos a que no sean pasivos, a que sean emprendedores, etc., pero yo, aunque estoy totalmente por la labor de que cada cual se construya el futuro que le parezca para él y para los suyos, creo que no hay nada de malo en que tus sueños y los de otra persona coincidan, y que te sumes al proyecto de dicha persona si eso sucede. Se llama misión o causa, y es lo que hace que en esta vida haya ideas y haya empresas.

Iba a dedicarles un Facepalm si son de los que se dedican a propagar quotes como estos, pero encontré esta otra versión, que me pareció mucho más ad hoc:

Facepalm de Godzilla

El Índice de Fricción

Fricción con metal

Quiero pensar que la fricción entre “lo viejo” y “lo nuevo” depende, entre otras cosas, de la demografía del país del que hablemos (al menos mientras siga existiendo el concepto de “país”).

Supongo que la fricción ha de ser mayor en un lugar joven (por ejemplo, México, donde un 46% de la población tiene menos de 25 años) que en otro donde la población está cada vez más envejecida (por ejemplo, España, con sólo un 33% de la población por debajo de los 29 años). Me gusta pensar que otros factores como la diversidad de razas o género (seguro hay alguno más) pudieran ayudar también a incrementar esa fricción.

Me pregunto si podríamos crear (si es que no existe ya) una especie de “Índice de Fricción”, un indicador que nos permita saber lo cerca (o no, depende del valor del índice) que un lugar está de que todas sus estructuras convencionales se vayan al carajo.

Como una especie de Escala de Richter a largo plazo, este Índice de Fricción sería una métrica interesante para saber lo adecuado o no de un lugar para vivir en él. Si eres un emprendedor inquieto y vives en un sitio con poca fricción, quizá debieras mudarte a otro lugar con mayor Índice. O buscar incrementar la fricción del lugar en el que vives.

Lo que sea con tal de residir en un lugar que pudieras denominar “playground de innovación”.

Tres snippets de publicidad de las Américas

Desculpe o transtorno

Tres acontecimientos aparentemente inconexos (o RandomRefs):

En Brasil, se estrena la película “Desculpe o transtorno” con Gregorio Dudivier y su ex, Clarice Falcao. Durante su columna semanal en la Folha de SP, Gregorio hace una carta linda, hablando justamente de su relación bien conocida con la actriz. Un lindo testimonio/fotografía de una relación que se viraliza y al mismo tiempo es acusada de branded content. ¿Lo es? Sí, posiblemente. Deja de ser interesante por ello? Creo que no.

En USA, un candidato a senador demócrata es acusado por su contraparte republicana de estar en contra de la Segunda Enmienda -que concede derecho a portar armas a los vecinos del norte-. Jason Kander, había sido voluntario en Afganistán y por ello hace este comercial, que IMHO, es el mic drop de la semana:

En Bolivia, Corimexo una fábrica de muebles de cuero, postea este video (NSFW) bajo el concepto “100% cuero”, demostrando que el “payment gap” es el menor de los problemas de las mujeres en ese país. Las evidentes peticiones vienen y van, pero los dueños contentos: se está hablando de su marca.

¿Qué aprendimos esta semana?

Que las buenas ideas trascienden la publicidad.
Que a veces hay que tomar el toro por las astas.
Que por cada paso que uno da adelante, hay otros que están dando mil para atrás.
Que no nos tire atrás a nosotros en todo caso.

Los idiomas de Latinoamérica

Latinoamérica

Hace algún tiempo (2004), la editorial para la que escribíamos Kali y yo editaba anualmente varios libros en castellano de unas 600-700 páginas con todo lo que tenías que saber sobre determinados programas de creación gráfica o multimedia. Ya saben, Adobe Photoshop, Macromedia Flash, etc.

Como la forma en que la editorial generaba el contenido para estos libros era mediante la traducción a castellano de textos en inglés publicados por otras editoriales (con las que la nuestra tenía acuerdos), Kali y yo le propusimos a Eugenio, nuestro editor, que el texto sobre la versión en curso de Macromedia Flash de aquel entonces no fuera una traducción, sino un libro cuyos contenidos fueran escritos por autores latinoamericanos.

REPRESENT.

Eugenio, que ya se la veía venir, nos advirtió que aquello iba a ser un soberano desmadre, pero en última instancia nos dejó la decisión a nosotros, y nosotros decidimos tirar millas y sacar aquel proyecto adelante. Buscamos a los autores, les contamos de la idea, les asignamos un tema y esperamos pacientemente a que todos enviaran sus colaboraciones para reunirlas en una primera versión del texto.

Y, ay, aquella primera versión era una Torre de Babel hispanohablante. Teniendo autores de Colombia, Costa Rica, Argentina, Chile, España o Perú (por recordar algunos), la primera edición del texto daba cabida a TODAS las variantes del castellano habidas y por haber desde que el mundo es mundo.
“Mueva el mouse”.
“Prenda la compu”.
“Jale el objeto al escenario”.

Ese tipo de variaciones.

Y aunque era evidente que aquella primera versión era un desastre, Eugenio (cubano de nacimiento y madrileño de adopción) sólo nos hizo un primer comentario, muy socarrón:
“¿Podrían al menos pasarle el corrector de Word al texto para que todo esté en la misma versión de castellano?”

Hoy me recuerdo en aquel entonces cuando, delante de la hoja en blanco, ya no sé si escribir computadora u ordenador, laptop o portátil, mouse o ratón.

Las fronteras, tan claras, se vuelven borrosas cuando comienzas a viajar. También las palabras. Un léxico global que a veces termina por no funcionar en ningún lado porque es de todos y de ninguno.

Al menos mientras sigan existiendo los idiomas.

Ideas open-source: el Uno y Uno

Uno y uno

En las ciudades de México que no son las tres grandes capitales (a saber, Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey) existe una idea open-source fantástica que todo el mundo entiende y utiliza para hacerse la vida más fácil: el Uno y Uno.

El Uno y Uno consiste en que, en cada cruce de dos calles, cada coche que llega a la intersección cede el paso al coche que viene en el otro sentido, para luego avanzar haciendo uso de su turno, mientras el coche en el otro sentido le cede el paso a él, y así sucesivamente.

Es una idea ya adoptada que sirve para engrasar el tráfico y funciona como cultura general. Pasa de padres a hijos y de locales a forasteros. A nadie se le ocurre saltarse un Uno y Uno porque te puedes llevar insultos hasta para el último miembro de tu familia, o (peor aún) causar un accidente.

A mí me encanta el Uno y Uno porque es una idea open-source, una idea que depende de que la gente la adopte y la utilice. Es un patrón de idea de la que en publicidad también se pueden ver ejemplos, como la maravillosa “The Empty Project”:

Este tipo de ideas open-source son probablemente a las que se refería Nicko cuando se preguntaba, en sus criterios para juzgar una idea, si la misma “podría ser una idea de todos”.

Una idea open-source también funciona como un interfaz: no le cuenta una historia a la gente, sino que la habilita para que la historia la desarrollen ellos.


Aun así, en esta época de plataformas sociales, las marcas siguen hablando mucho y dejando poco espacio a los demás. Asfixian. ¡Comparte! ¡Twittea! ¡Danos Like! ¡Sube tu vídeo!

Es más, cuando piensan en sus usuarios, las marcas aún piensan en función de lo que los usuarios pueden hacer por ellas, como esas dinámicas de User-Generated-Content que lanzan de cuando en cuando: “Danos tu tiempo y contenido para ganar esta promoción.”
Meh.

Pero no tendrían por qué ser así. Aún quedan muchas ideas por descubrir que dejen espacio a sus usuarios para respirar. Es más, que se nutran de la respiración de todos los que las usan. Como el Uno y Uno.

Latinoamérica y el “growth hacking” de Uber

El pasado viernes Roberto me compartió esta imagen, donde un usuario de Twitter se muestra sorprendido por cómo los conductores de Uber se ponen de acuerdo para “engañar” a la plataforma y su algoritmo, y así poder “activar” el modo de tarifas dinámicas, en el cual los precios suben porque no hay suficientes coches para atender la demanda generada por los usuarios:

Uber hacking

A mí (y seguro a cualquiera que viva en un país latinoamericano) no me pilló de sorpresa, porque eso es algo que ya llevan tiempo haciendo los conductores de Uber en la Ciudad de México, especialmente desde que se activó la opción de UberPOOL (donde compartes viaje y ruta con otros pasajeros). Puesto que en este tipo de viajes los conductores obtienen mucha menos ganancia que en un viaje individual, parece ser que se las ingenian de todas las formas posibles para compensar. Son tantas las historias al respecto, que uno ya no sabe si estos “métodos-hackeo” son realidad o leyenda urbana, como por ejemplo envolver el teléfono en papel aluminio para desconectarse.

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No se escribe para tener razón

Hoja en blanco

Últimamente ando muy prolífico en las publicaciones en este blog. La (desafortunada) época en la que apenas pasé por aquí porque no tenía nada que contar parece haber quedado felizmente atrás.

Tanta prolificidad ha traído en consecuencia un fenómeno curioso. Por cada post, siempre surgen (uno o varios) comentarios (en este mismo lugar o en algunas de las redes sociales donde promuevo cada uno de los posteos) donde el comentarista habla de un caso muy concreto y específico por el cual el texto que escribí es fallido.

A veces tienen razón. Otras, honestamente, no entendieron nada de lo que dije.

Por eso, en este punto, me parece importante realizar una puntualización: Lo que en este blog se escribe no es un compendio de teorías pulidas e irrechazables. Son justo todo lo contrario, una invitación a opinar, a compartir, a explorar, para descubrir si la teoría (si es que podemos denominarla así) merece la pena o si es un simple pensamiento que ha de ser desechado.

Así, cada post de este blog es una suerte de canvas en blanco que inicia una charla sobre aquello de lo que en ese momento se escriba: las marcas interfaz, la ciudadanía como servicio, las mujeres y la agencia del futuro, etc.

Señalar para desechar es fácil, cualquiera puede hacerlo.
Lo malo es que entonces todo sigue exactamente igual.

Y es por eso por lo que uno escribe.
Uno no escribe para tener razón.
Uno escribe para salir del lugar en el que está.