Banners y penes

Foto de Dick no solicitada

Género masculino, imagínate que mientras navegas en Internet te sale tanta publicidad indeseada que acabas por instalar un adblocker. Nadie podría reprocharte nada, pues el 99,9% de esa publicidad te llega sin que tú hayas dado expreso consentimiento para que tus datos sean usados para que te anuncien alfombras, pastillas o camisetas. El consentimiento no sólo es importante, sino esencial. Sagrado.

Ahora imagina que en cada banner en vez de publicidad te saliera un pene no solicitado. Para esos penes no hay adblockers. Eso es parte de lo que pasan las mujeres diariamente.

¿Es realmente tan complicado de entender el tema de los límites y el consentimiento?

La tecnología, el bypass y el tren digno para Extremadura

Aftermath Huracán María - Puerto Rico

El rol de la tecnología, en mi opinión, no es crear aplicaciones y proyectos que sirvan para que “crowdsourcees” lo que antes te hacía tu mamá (por ejemplo, lavar la ropa, o cualquiera de esas otras “ideas” donde alguien en Silicon Valley descubre algo que ya existía con otro nombre desde hace décadas). No. Uno de los roles principales de la tecnología es servir para que aquellos (sean personas, compañías, países, etc.) que están rezagados por el motivo que sea (estructural, desastres, etc.) puedan compensar esa carencia y equipararse en capacidades y oportunidades con otros que han corrido mejor suerte.

Por ejemplo, imagina que estás en un lugar perdido de una sierra de algún país, en un punto denominado A, y tienes que llevar alimentos y medicinas a otro punto denominado B.

Para cumplir con esta tarea, tienes varias opciones:
a) Esperar a que el gobierno de turno desarrolle las infraestructuras (carreteras) para poder llevarlas en coche de un lugar al otro. Buena suerte con la espera.
b) Reconocer que no hay buenas carreteras, sino apenas un camino por el que no puede circular un coche normal, pero sí quizá uno equipado para ese tipo de terrenos: un Land Rover, un Hummer, etc. Ok, puede funcionar, pero igual te encuentras con algún bandido que atraque el vehículo a mitad de camino.
c) Utilizar uno o varios drones para llevar los víveres del punto A al punto B. Una buena oportunidad de olvidarse de las carencias de desarrollo que tenga ese lugar concreto, para centrarse en cómo hacer la entrega de la forma más eficiente posible. Bingo.

Como puede parecer lógico, la opción a) es la más descabellada de todas, pero es lamentablemente la que sería más socorrida. Cada país intenta reproducir los haceres de aquellos más desarrollados que él, sin tener en cuenta que ese desarrollo concreto se produjo en otros lugares en tiempos muy lejanos y específicos (por ejemplo, después de alguna guerra civil o alguna de las dos guerras mundiales). Intentar seguir la senda de alguien más desarrollado es la mejor garantía para seguir rezagado una (larga) temporada más.

Imagínate que hoy fueras elegido gobernante de un nuevo país recién creado. No sólo tendrías que preocuparte de cómo es tu bandera o con quién votas en la ONU, sino también de si la electricidad está a cargo de una compañía pública o privada, de si usa o no recursos naturales, o si, por ejemplo, tu divisa debiera ser una respaldada por un banco federal o si (por el contrario) pudiera una de esas nuevas criptomonedas que ven la luz cada día.

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México y las economías de escala

Colores de piel

Muchas compañías abren su sede en México pensando en que el país es una unidad de más de 100 millones de personas. Como además prácticamente todas ellas tienen un teléfono móvil (aunque la penetración móvil en México sea de las más bajas de Latinoamérica), la ecuación parece simple, y el negocio, redondo: “Si mi país tiene 10 millones de personas y facturo X, en un país con más de 100 millones voy a facturar 100X.”

Posteriormente descubren que México es, en realidad, muchos Méxicos más pequeños, diferenciados por una “Pantonera” de colores de piel y con escasa movilidad social. Y entonces tienen que volver a la casilla 1, porque en México no parecen funcionar las economías de escala.

Public Service Announcement 🙂

El banco del futuro

Banco del futuro

Cuando le preguntas al Oráculo de Delfos de esta época (Google Images) por el banco del futuro (en general por el “lo que sea” del futuro) obtienes una imagen como la que abre este post, que concuerda, curiosamente, con la imagen de banco del futuro que muchos de los bancos que nos rodean tienen de sí mismos. Hologramas, tablets, pantallas gigantes, luces de neón, etc.

Yo pensaría, en cambio, que el banco del futuro no es uno con hologramas ni luces de neón por todas partes, sino uno al que no tienes que ir.

Porque además, recuerden, cuando el futuro se vuelve presente se parece mucho a District 9.

Curso “Ideas innovadoras con Tecnología y Storytelling”

Flyer - Curso MAS PRO Daniel Granatta

Como parte de un calendario de cursos y conferencias que este año ha resultado ciertamente intenso, decidí retomar, junto a Miami Ad School Mexico City, el formato MAS PRO de curso intensivo que utilicé hace casi tres años en otro que podríamos considerar la antesala de éste que hoy lanzamos.

El nuevo curso, que dura 8 horas y lleva por título “Ideas innovadoras con Tecnología y Storytelling”, tiene por objetivo que los estudiantes que lo cursen aprendan a usar la tecnología como un facilitador de soluciones para los usuarios, en vez de como un recurso pirotécnico que no tiene en cuenta las necesidades de estos últimos ni otros factores como la diversidad o la ética.

Curso MAS PRO - Daniel Granatta - 2017

Curso MAS PRO - Daniel Granatta - 2017

¿QUÉ APRENDERÁS?
Introducir métodos de innovación y tendencias tecnológicas dentro del proceso creativo.
Aprende a contar historias que involucren el uso de tecnología de forma sensata y relevante.

PARA QUE PUEDAS:
Encontrar un proceso efectivo de generación de ideas innovadoras que se distingan del promedio, logrando una ventaja competitiva con respecto a otros creativos y emprendedores.
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Cuando el futuro llega del pasado

Douglas Adams y el número 42

Esta cita de Douglas Adams es cada vez más pertinente cada vez que tenemos que hablar de tecnología:

“He descrito una serie de reglas que explican nuestra reacción a la tecnología:
1. Cualquier cosa que existe en el mundo cuando naces es normal y cotidiana, y es simplemente parte de cómo funciona el mundo.
2. Cualquier cosa que se inventa cuando tienes entre quince y treinta y cinco años es nueva, emocionante y revolucionaria, y probablemente puedes desarrollar tu carrera en ello.
3. Cualquier cosa que se inventa después de tus treinta y cinco años va contra el orden natural de las cosas.”

* cita original en inglés *

Lo cual explicaría, por ejemplo, por qué a los que somos de la generación que vio nacer Internet nos parece alienígena la forma en que los adolescentes usan (¿usaban?) Snapchat.

Ahora bien, resulta que desde hace ya unos años (piensen en este par de antiguos posts en este mismo blog sobre una máquina de escribir o un diskette de 3’5″) es cada vez más frecuente toparnos con anécdotas y noticias que hablan de jóvenes descubriendo objetos que para nosotros son anodinos, cotidianos y hasta caducos, desde la anécdota de adolescentes sorprendidos porque existen speakers que pueden conectar a su teléfono para no escuchar la música directamente desde el mismo, hasta esta noticia, publicada y replicada en varios medios hace un par de semanas, que narra el cómo algunos jóvenes descubren que pueden ver programación de televisión utilizando un “novedoso” dispositivo llamado antena.

Es un dispositivo maravilloso, pues te permite ver canales de televisión sin que haya peligro de desloguearte o estar supeditado al ancho de banda que tengas disponible, motivos por los cuales las ventas de antenas han resurgido en los Estados Unidos (un crecimiento del 7% en este año 2017).

Y aunque sigue estando presente el hecho de que el futuro no es digital, sino analógico facilitado digitalmente, parece que también es cierto que los objetos que habitan ese futuro no son únicamente los que aún estar por inventarse, sino también aquellos que vienen del pasado y que han de resignificarse para una generación que los está conociendo entre los quince y treinta y cinco años.

O sea, el futuro llega del futuro… y también llega del pasado.

Los coches autónomos y Latinoamérica

Esto es lo que ve un Tesla mientras traslada a sus pasajeros de un punto A a un punto B:

Todo bien, excepto por el detalle de la armonía y ortodoxia de los objetos que el coche se cruza y ha de reconocer. Lo cual nos lleva a pensar en lo que vería ese mismo coche sumergido en el día a día aleatorio y caótico de las grandes urbes latinoamericanas, como en esta imagen de ejemplo que publicó Jorge sobre lo que podría verse en algunas calles de la Ciudad de México:

Coche autónomo en CDMX

Me imagino las preguntas que el ordenador de a bordo en el coche se puede llegar a hacer, entre otras:
“¿Por qué pretende detenerme esa patrulla si no infringí ninguna norma?”
“¿Por qué la gente cruza la calle si no hay un paso peatonal para ello?”
“Esto que tengo justo delante, ¿es un peatón que circula por la misma vía que los coches o es un vehículo distinto a cualquier otro que haya visto porque lleva a su pasajero a pie por la parte de afuera?”
“¿Por qué hay cuatro filas de coches si la calle sólo tiene dos carriles para el tránsito?”
“¿Eso es un bache o una alcantarilla sin su tapadera?”

No puedo negar la impaciencia que tengo por ver cómo funciona un coche autónomo en las calles de cualquiera de las ciudades de este lado del mundo, estos lugares donde la ficción y la realidad se funden en un solo plano.
Todo un reto para cualquier algoritmo.

Coches autónomos VS Ciudad de México… 3, 2, 1… FIGHT!

Futuros de la memoria

Borrado binario

Tool es una de mis bandas favoritas. Y el disco duro donde tengo todos sus discos, junto con otros 250 GB de música, ya no funciona. Una tragedia personal.

Pero nada comparado con la noticia hace un mes de que Soundcloud podría cerrar en los próximos 80 días. ¿Dónde iría a parar toda la música y material sonoro que artistas de todo el planeta decidieron compartir directamente con los usuarios sin pasar por una discográfica? (haz click para leer un par de buenos enlaces al respecto)

Al borde del desastre, de similar calado al de la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, una milagrosa intervención en forma de ronda de inversión salvó el futuro de Soundcloud, al menos por unos años más.

Pero el olor a pólvora y la certeza de que ni siquiera los bits son para siempre (porque dependen del hardware que los almacena) trae buenas preguntas. Por ejemplo, ¿cuántas veces guardan nuestros datos aquellos que guardan nuestros datos? ¿Qué pasará cuando lo que se guarden sean recuerdos en vez de canciones y podcasts? ¿Existirá el Alzheimer de datos en 2045?

Legales de hoy y de mañana

Reclamo de copyright

Agosto de 2017.
Uno pensaría que la legislación (en general) debería empezar a preocuparse por cuestiones como definir de quién es la propiedad intelectual de una obra literaria escrita por una Inteligencia Artificial, o a quién dar la razón si dentro de quince años un niño demanda a sus padres por todas las fotos que subieron a Internet sin su consentimiento cuando él era un menor de edad.

Sin embargo, la legislación pasa la mayor parte de su tiempo enfrascada en, por ejemplo, dar de baja los vídeos de tal o cual partido de fútbol que un aficionado sube a una plataforma para compartir la alegría por el gol que su equipo acaba de anotar. Y temáticas similares.

Legislando para conservar el pasado. O, como se dice en España, poniéndole puertas al campo.

Homo Publicitarius

Mad Men

Como he dedicado parte de mi trayectoria a trabajar en publicidad, a veces me preguntan que cuál opino que es el futuro de la publicidad.

Una pregunta de respuestas muy diversas, que me parece pertinente acotar como hace Jorge, que siempre suele matizar que a la pregunta le ayudaría el especificar si quien la hace se refiere a la publicidad en general o si por el contrario se refiere a esta versión que conocemos de la publicidad (la de las agencias multinacionales, los pitches, los festivales, etcétera). Sea como sea, no lo sé; me declaro incompetente para hablar sobre el tema porque desconozco las variables en juego.

Me explico. Cuando uno piensa en la industria automotriz, por ejemplo, puede pensar en variables (como electricidad en vez de combustibles, o coches autónomos en vez de coches con piloto) que ayudan a imaginar y manipular diversos escenarios en un canvas del futuro, por así decirlo.

Pero en este punto desconozco cuáles son esas variables en el mundo de la publicidad. Uno pensaría que los insumos son el talento que llega a la industria (la gente, no las ideas) pero también se pone a pensar en cuál es el output que se espera hoy de la publicidad. ¿Algo que se recuerde mucho? ¿Que tenga muchos likes? ¿Que venda?

Aparte de ello está el hecho de que la publicidad no es una industria vertical, sino una industria que da servicios transversalmente (de comunicación, la mayoría de los casos) a todas esas industrias verticales (productos de consumo, coches, contenidos, etc.) que están pasando por un momento de redefinición muy importante, así que quizá la “crisis” de la publicidad no se produjo porque hubiera alternativas más eficientes o convenientes para hacer lo mismo (piensen en Uber contra los taxis o las compañías de reparto), sino por los problemas de saturación que ahora padecen todas las marcas que viven en esas verticales. Factores externos en vez de internos.

Evolución del hombre

Fue entonces cuando, sensibles como estamos en este contexto de duda, resonó como bomba de neutrones una anécdota que le escuché la semana pasada a Santiago (gracias por tantos insights y sabiduría). Contaba Santiago que hace poco había asistido a una charla donde el expositor hablaba del contexto acelerado por la tecnología que vivimos hoy en día, y lo contraponía a esa “estabilidad” y certidumbre con la que recordamos al siglo XX, pensando que los paradigmas que existían entonces durarían para siempre.

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