Problemas formativos de la publicidad

Accesible o Accionable

Problemas formativos de la industria publicitaria (y de muchas otras):

Lo accesible (conferencias) no es accionable:
Los ciclos de conferencias suelen ser accesibles en costo y tiempo, pero no suelen dar información que posteriormente puedas convertir en algo accionable en tu experiencia personal. Suelen ser más una recolección de experiencias de los ponentes. Algo que se podría considerar como “inspirador”, pero poco más.

Lo accionable (cursos) no es accesible:
Los cursos sí enseñan un montón de contenidos y procesos que posteriormente puedes aplicar en tu día a día. Pero también requieren más horas, y no siempre los usuarios quieren pagar lo que el que organiza el curso dice que cuesta ese curso.

Cada cual es dueño de su dinero, y por el motivo que sea (no se entrega una certificación oficial al terminar, no se pueden cumplir los horarios, etc.) podríamos decir que los cursos no son (tan) accesibles.


Sería ideal que existiera un contenido formativo accesible y accionable (en la intersección del diagrama).

Las marcas como interfaz

Dedo e interfaz

Los más asiduos de este blog recordarán este antiguo post donde una imagen pedía a los usuarios que dieran cabezazos al teclado.
Durante mucho tiempo usé ese ejemplo en mis conferencias, porque más allá de lo (aparentemente) estúpido de la petición, lo interesante era que la imagen no era un contenido que compartir, sino una “herramienta” que pedía a los usuarios hacer algo. Y de entre todas las interacciones (dejar comentarios) de los mismos se generaba una divertida dinámica donde todos esos usuarios estaban creando una historia a medida que los cabezazos al teclado se sucedían, comentando unos las interacciones de los otros.

Sirve como ejemplo para, seis años después, explicar por dónde pudiera transitar el futuro publicitario de muchas marcas. Durante años escuchamos una y otra vez “el contenido es el rey”, pero los hechos parecieran demostrar lo contrario.

Las marcas siguen gastando ingentes cantidades de dinero en crear contenidos con los que poblar todas sus posesiones en redes sociales, pero de alguna manera todas ellas siguen rehenes de quien sirve a los usuarios todos esos contenidos: empresas de tecnología.

Porque hoy, las empresas a las que mejor les va en aquello de la publicidad son empresas de tecnología, especialmente Google, Facebook y (quizá) Snapchat. Y lo consiguen proporcionando a los usuarios, no un contenido, sino una interfaz en la que a veces consumir, pero sobre todo en la que poder interactuar con la interfaz y con otros usuarios para poder crear sus propias historias.

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Probabilidades

* post publicado originalmente en Medium *

Reflejo

A veces, hay que creer que no tienen toda la razón.

Que a pesar de su incuestionable argumento, es mejor ir en busca de la singularidad. Lo imposible. El moonshot.

Saber discernir cuándo escucharlas y cuándo no es un arte.

Y gran parte de ella tiene raíz en la intuición.

Esa que podemos tener con una persona y su piel, con un guión o una estrategia, o incluso frente a la decisión de pedirse o no esa otra porción en Guerrín.

Viene de panza esa arte.

Arte necesaria para enfrentarse cuando es menester a las incuestionables probabilidades, tan tiranas y crueles a veces.

Intuición vs Probabilidad.

Un moonshot quizás.

Una #RandomRef más.

Las mujeres y la agencia del futuro

Your balls

Una de las disquisiciones en las que anda metido el mundo de la publicidad es preguntarse, una y otra vez, “¿Cómo es la agencia de publicidad del futuro?”
Y cuando surge esa pregunta, la respuesta suele transitar por derroteros muy trascendentales (big data, integración de disciplinas, tecnología, blablabla).

La semana pasada desayunamos con unas declaraciones increíbles del CEO global de una agencia de publicidad que decían algo así como que “si no se promueve a más mujeres en las agencias es porque las mujeres no quieren ser promovidas”. Hala, con dos cojones.

Pero igual resulta que todo es mucho más simple, y que la agencia de publicidad del futuro es una donde (por ejemplo) en cada dupla creativa hay al menos una mujer, con el mismo sueldo que su compañero hombre.
“Ja, ja, qué cosas tienes, Daniel”, dirá alguno, “¿dónde vamos a encontrar a tantas directoras creativas?”

Y es entonces donde entra en juego la segunda parte de mi plan: que los festivales de publicidad EXIJAN que haya al menos una mujer como responsable de la creatividad en la ficha de cada trabajo que se envíe a ese festival. Para que los que preguntaban dónde encontrar tantas directoras creativas se dejen de estupideces y se pongan a ello.

Igual se llevan una sorpresa, amigos.
La vida está llena de sorpresas, si se dejan sorprender.
Porque, ante una oportunidad, las mujeres nunca decepcionan.

La publicidad, las abuelas y el talento

Gran Hotel - Marquesa de Vergara

Hay un prototipo de abuela (o abuelo) que muchos hemos vivido (por vía directa o por vía de un amigo), el de esa persona entrañable que por la alegría de vernos unas pocas veces al año disculpaba nuestras niñerías, atendía nuestros caprichos, nos daba de comer lo que le pedíamos o nos daba dinero a escondidas de nuestros padres.

Esta semana pasada nos encontramos con textos y declaraciones de responsables globales de agencias de publicidad bastante sorprendentes al respecto de la inclusión femenina en las agencias o llamando a que los publicistas sean más “valientes” y “humanos” frente al auge de la tecnología (especialmente la Inteligencia Artificial y los bots) en el mundo publicitario.

Sorprendente, digo, porque uno esperaría que alguien que está a cargo mire hacia adelante para marcarle el camino a los que vienen detrás.

No me quiero poner dadaísta ni parecer ingrato. La publicidad me da de comer y me ha dado también muchas alegrías, pero hay que reconocer que, para ser una industria que se autodenomina “creativa” e “innovadora”, es una industria que se comporta de forma bastante cobarde cada vez que está en presencia de cada cosa nueva que llega a ella.

De la palabra “digital” (hace 20 años) a la expresión “Inteligencia Artificial” (dentro de 2), pasando por “diversidad” o “igualdad de género” (hoy), pareciera que muchas agencias de publicidad de hoy en día están más preocupadas porque no cambie nada de lo que alguna vez fue, en vez de aceptar la llegada de lo nuevo para crecer y avanzar a nuevos horizontes.

A mí me recuerdan a esa abuela de teleserie (como “Gran Hotel”, por ejemplo), que un día fue noble, rica y poderosa y que hoy, ya despojada de sus títulos y riquezas, ya sólo cuenta como posesión con esa mansión gigante y avejentada en la que un día tantas personas trabajaron formando parte de su servidumbre.

Cuando la industria de la publicidad se pregunta dónde está o por qué se marcha el talento, debiera hacer un ejercicio que es necesario en todos los órdenes de la vida: sólo avanzas cuando aceptas que aún tienes cosas que aprender; sólo puedes dar en la medida de lo que estás dispuesto a recibir.

Y parece que, últimamente, la publicidad está más preocupada por no perder lo poco que le queda (la mansión de la abuela) que por construir y aprender cosas nuevas que poder ofrecer a los que llegan a ella.

Pero (siguiendo con mi metáfora) no nos pongamos trágicos; quiero pensar que a esa abuela, pese a sus delirios de grandeza, le quedan unos buenos veinte o treinta años de vida. Pero hay que ayudarla a salir de su mansión y mandarla a otras latitudes. Un apartamento en Boca Ratón (Florida), por ejemplo.
Nuevas vistas, nuevos, amigos, nuevos hábitos, nuevas costumbres.
Para que aprenda cosas nuevas, y así tenga cosas nuevas que ofrecer.

Y quizá, entonces, a su familia (en la metáfora, ese talento que ahora esquiva la publicidad) le apetezca de nuevo acudir a visitarla.

Charla en Social Media Week CDMX (vídeo + presentación)

Charla de Daniel Granatta - Social Media Week CDMX 2016

Como les conté antaño, este año di una charla en Social Media Week CDMX titulada “Las fuerzas invisibles de la tecnología y los hijos que le dejamos al planeta”.
Aparte de ser una de las mejores cosas que me han ocurrido en la vida, convivir con una niña de tres años también “reseteó” la forma en que veo y aprendo sobre tecnología

La presentación:

Figo, Luis Enrique y las marcas referencia

Figo y Luis Enrique

Uno se acostumbra a que las cosas sean de determinada manera. Por ejemplo, si eres aficionado al fútbol (seas del equipo que seas) sabes que Messi juega en el F. C. Barcelona y Cristiano Ronaldo en el Real Madrid. Los aficionados de ambos equipos aceptan las virtudes y defectos de cada uno de ellos porque los reconocen como los “suyos”, pensando que la pasión de los ídolos por los colores del club que representan es tanta como la de ellos.

A veces es así. Pero a veces, no. Y entonces resulta que un día te encuentras a un jugador del que era tu equipo vistiendo la camiseta del equipo rival (me vienen a la mente Figo o Laudrup jugando en el Real Madrid o Luis Enrique en el Barça), y eso tu cerebro de aficionado no lo puede procesar. Tantos años cultivando un afecto, para que de buenas a primeras el objeto de tanto afecto termine en el lugar por el que menos afecto puedes llegar a sentir. Uno siempre necesita un punto de partida a partir del cual expresar o construir su identidad. Y si te lo quitan zozobras. O enloqueces.

Yo siento que eso mismo pasa a veces en publicidad. Que uno construye una suerte de posturas u opiniones de cómo deben ser las cosas en base a una serie de circunstancias que uno considera “icónicas”, y de repente, por designios divinos (o no tan divinos), todo ese escenario zozobra y se derrumba, dejándonos descolocados.

Me venía esto a la mente al leer este texto sobre Fernando Machado, uno de los nuevos responsables de la comunicación global de Burger King.

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La etiqueta del precio por hora

Reunión y email

No hace tanto me vi en uno de esos relatos surrealistas de la vida real de la publicidad.

El responsable de una marca contactó a la agencia donde trabajaba, para comunicar que tenía como objetivo relanzar una de sus marcas (¡yey!) y que quería hacerlo usando exclusivamente canales digitales (¡yey!). Fue entonces cuando alguien hizo la fatídica pregunta acerca de cuánto dinero quería gastar en el relanzamiento, a lo que el cliente contestó, lacónico, que tenía pensado invertir unos 10 mil dólares (de los de Estados Unidos).

Plop.

Sobre todo, porque calculando (exagero un poco, pero no tanto) la suma de los precios/hora de las personas de la agencia que estaban presentes (ya saben, la división resultante entre el sueldo mensual y el número de horas a trabajar en ese mes) en la reunión, probablemente ya estábamos cerca de habernos gastado todo el presupuesto que tenía asignado para su “relanzamiento” (permítanseme las dobles comillas).

Visualización de un Google Calendar

Recordando eso, y teniendo en cuenta la cantidad de reuniones en el día a día de una agencia de publicidad que se podrían haber resuelto con un correo electrónico, me pareció brillante esta idea, crear una etiqueta para cada evento de Google Calendar en la que se puede visualizar la suma de todos los precio/hora de los participantes invitados en esa reunión.

Para que cuando el número sea alto, haya de quedar claro (al enviar la invitación) que esa reunión es tan importante que requiere del tiempo (expresado en lo que le cuesta a la agencia o al cliente) de todos aquellos que están invitados. Y probablemente así habría menos reuniones, más importantes.

La “disrrupción” de la ciencia-ficción

Desde hace algún tiempo (eso incluye este antiguo post acerca de cómo se veían los 90s en los 60s) soy aficionado a recopilar imágenes “vintage” que tienen que ver con cómo se imaginaba el futuro en el pasado.

Por ejemplo, imágenes que tienen que ver con el acceso a la información y la superinteligencia humana:

Mindfulness

Superinteligencia humana

La creación de artefactos que pudieran recordar a exoesqueletos:
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Calvin y Hobbes y Tay

Como les contaba en este post sobre lo que yo llamo “la agonía de las máquinas”, cada vez que algo que tiene que ver con un robot o una Inteligencia Artificial sale mal no podemos dejar de sentir un cierto dejo de lástima, porque los consideramos hijos nuestros. Somos los Doctor Frankenstein de esta generación.

Chatbot Tay

Imagino que ya lo habrán leído, pero si no aquí hago un breve recuento. Hace algo más de una semana, Microsoft lanzó un chatbot llamado Tay en Twitter. Su objetivo era aprender a comportarse y relacionarse nutriéndose de sus interacciones con el resto de usuarios en Twitter. Como pueden imaginar, la cosa terminó fatal, porque en menos de 24 horas Tay se había vuelto un bot racista y neonazi que acosaba a otros usuarios, situación que condujo a su “desactivación”.

Días después fue “reactivado”, sólo para comenzar a publicar mensajes de spam y otros que parecían desesperados gritos de socorro –“you are too fast, please take a rest”-, de modo que fue “desactivado” por segunda vez.

Mientras decidimos si lo ocurrido es cómico o trágico, esta tira de Calvin y Hobbes da justo en el clavo:

Calvin y Hobbes - Psychotic computer

– Leí que unos científicos están intentando crear computadoras que piensen. ¿No es extraño? Si las computadoras piensan, ¿en qué seremos los humanos mejores que ellas?
– Comportamiento irracional.
– Quizá inventarán una computadora psicótica.

Por cierto, no se rían de Microsoft. Su approach de agregar AI a sus apps (desde Skype hasta Excel) es de lo más emocionante que se ha escuchado desde que Apple lanzó su primer iPhone. Como dice Mau Ruiz, Microsoft vuelve a ser cool.