Homo Publicitarius

Mad Men

Como he dedicado parte de mi trayectoria a trabajar en publicidad, a veces me preguntan que cuál opino que es el futuro de la publicidad.

Una pregunta de respuestas muy diversas, que me parece pertinente acotar como hace Jorge, que siempre suele matizar que a la pregunta le ayudaría el especificar si quien la hace se refiere a la publicidad en general o si por el contrario se refiere a esta versión que conocemos de la publicidad (la de las agencias multinacionales, los pitches, los festivales, etcétera). Sea como sea, no lo sé; me declaro incompetente para hablar sobre el tema porque desconozco las variables en juego.

Me explico. Cuando uno piensa en la industria automotriz, por ejemplo, puede pensar en variables (como electricidad en vez de combustibles, o coches autónomos en vez de coches con piloto) que ayudan a imaginar y manipular diversos escenarios en un canvas del futuro, por así decirlo.

Pero en este punto desconozco cuáles son esas variables en el mundo de la publicidad. Uno pensaría que los insumos son el talento que llega a la industria (la gente, no las ideas) pero también se pone a pensar en cuál es el output que se espera hoy de la publicidad. ¿Algo que se recuerde mucho? ¿Que tenga muchos likes? ¿Que venda?

Aparte de ello está el hecho de que la publicidad no es una industria vertical, sino una industria que da servicios transversalmente (de comunicación, la mayoría de los casos) a todas esas industrias verticales (productos de consumo, coches, contenidos, etc.) que están pasando por un momento de redefinición muy importante, así que quizá la “crisis” de la publicidad no se produjo porque hubiera alternativas más eficientes o convenientes para hacer lo mismo (piensen en Uber contra los taxis o las compañías de reparto), sino por los problemas de saturación que ahora padecen todas las marcas que viven en esas verticales. Factores externos en vez de internos.

Evolución del hombre

Fue entonces cuando, sensibles como estamos en este contexto de duda, resonó como bomba de neutrones una anécdota que le escuché la semana pasada a Santiago (gracias por tantos insights y sabiduría). Contaba Santiago que hace poco había asistido a una charla donde el expositor hablaba del contexto acelerado por la tecnología que vivimos hoy en día, y lo contraponía a esa “estabilidad” y certidumbre con la que recordamos al siglo XX, pensando que los paradigmas que existían entonces durarían para siempre.

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HBO y el plan B

Fallo de "Game of Thrones"

Fue tan alta la expectativa por el inicio de la séptima temporada de “Game of Thrones” que los servidores de HBO no dieron abasto para poder servir el contenido a la gran cantidad de usuarios que (parece ser) nos conectamos simultáneamente. Una tragedia, porque en esta época de Netflix and chill y binge-watch de series, el ver una serie capítulo a capítulo a una hora determinada se vuelve, como dice Salles, un evento en tiempo real como, por ejemplo, la final de una Copa del Mundo de fútbol.

Lo cual le hace a uno pensar en varias cosas:
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Viviendo en una simulación

Shrike - Hyperion

Una de mis obras de ciencia-ficción favoritas (ya que ayer hablábamos de eso) es “Hyperion”. O mejor dicho, los cuatro libros de que se compone, que yo conocí porque Antonio Montero estuvo durante casi un año insistiendo en que tenía que leerlos.

La historia, que trata del viaje al planeta que da nombre a la obra de seis peregrinos de personalidades y orígenes muy dispares, me vino como anillo al dedo porque comencé mi lectura justo en la época en que supe por vez primera de Singularity University, un momento en la vida en que una cantidad gigantesca de información te atropella y te deja ligeramente malparado si no sabes cómo aterrizarla y dónde colocarla, tanto desde el punto de vista de utilidad como desde el punto de vista de tus esquemas morales.

En un universo hiperpoblado y tecnológicamente hiperdesarrollado (portales de teletransportación para personas que funcionan como enlaces de nuestra WWW, una capa física de datos llamada datasfera que pareciera la evolución de lo que nosotros llamamos “cloud”, cyborgs réplicas de humanos que prefieren ser seres de carne y hueso y han de elegir qué información de la datasfera quieren almacenar en sus discos duros internos -porque su capacidad es limitada como la del cerebro humano-, etc.), Hyperion es un planeta donde toda esa tecnología es aparentemente inservible.
Tras una serie de acontecimientos muy particulares, los seis peregrinos protagonistas (entre otros un sacerdote, una detective, un artista…) se dirigen hacia allí, confrontando por el camino lo que son con ese universo en el que les ha tocado vivir.

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El día en que desaparecieron los idiomas

Torre de Babel

La implicación principal del crecimiento exponencial de la tecnología es la de que, por un precio cada vez más asequible, nuestros ordenadores tienen cada vez más capacidad para realizar cálculos por segundo.

Imagina, por ejemplo, la cantidad de variables a tener en cuenta y operaciones que ha de realizar un coche autopilotado en un instante determinado. Hace muchos años era imposible realizar tantos cálculos simultáneamente, y hace algunos menos años ya era posible, pero muy caro. Ahora, ambas dos se cumplen, y por ello es muy probable que un día, mucho antes de lo que te esperas mientras lees estas líneas, te veas dentro de un coche que circula de forma autónoma.

Siendo emigrante en un país cuyo idioma es distinto al del lugar en que nací, esa forma de crecimiento (del que puedes saber más leyendo estos textos que publiqué hace casi tres años) es tremendamente relevante cuando una máquina, vía la cantidad de cálculos por segundo que ya puede realizar, es capaz de traducir prácticamente en tiempo real lo que está diciendo tu interlocutor en una conversación:

Más aún si ese “traductor” lo puedes llevar encima:

Piénsalo así: estas traducciones serán más y más “en tiempo real” cuanto más tiempo pase, incluyendo además más y más idiomas. Hasta que lleguemos al punto en el que la palabra “idioma” desaparezca porque esté carente de significado alguno.
Se puede uno imaginar entonces a los traductores del mundo levantándose en armas contra las máquinas, igual que los taxistas se levantan y revolucionan contra Uber.

Adiós a la Torre de Babel.

Superhéroes contra el spam

Solomon spam

Hace ya algunos años que escribí este post al respecto del spam, molesto pero escrito con extrema amabilidad para intentar engatusar a quien lo recibe.

Es lo primero en que pensé cuando vi esta charla en TED de James Veitch, en la que relata cómo “trollea” a uno de los remitentes de ese tipo de correos:

El resultado es el equivalente a Alicia cayendo por la madriguera del conejo, una especie de caja de Pandora de consecuencias desconocidas… que sólo pueden descubrirse si sigues contestando correos. Su conclusión final, tras haberse dedicado a contestar correos de spam durante más de tres años, es que todo el tiempo que emplean los spammers en responder sus correos es tiempo que no emplean en estafar a otras personas.

Un superhéroe sin capa.

Gustavo Prado y Trendo, tu videoblog de tendencias

Gustavo Prado

Gustavo quiere ser transhumano, y aunque no nos conocemos personalmente, lo tengo en mucha estima porque, involuntariamente, es el responsable de que Singularity University se cruzara en el camino de muchos de nosotros.

Pero no estoy escribiendo sobre él por eso, sino porque desde hace unos meses tiene en marcha un proyecto de investigación de tendencias en formato de videoblog al que llamó Trendo.mx, donde publica joyas como ésta:

Danza, tecnología, moda y muchas otras disciplinas, tratadas de forma lo suficientemente clara como para entender fácilmente qué y por qué sucede en cada una de ellas. Ese nivel de observación provenga probablemente del hecho de que eso de las tendencias y la investigación de mercados no siempre le ha salido del todo bien, para muestra una charla suya en Fuck-up Nights:


Ya saben, un nuevo bookmark en sus navegadores:
Canal de Trendo.mx en Youtube

Perdiendo el tiempo por no pensar en grande

Mapa Latinoamérica

Alguna vez teníamos en JWT México un “Departamento de Inventos”. Y llegó una mañana Jorge Camacho con una idea que me pareció genial: un pañal con un sensor que detectara cuando estaba excesivamente mojado, para que llegara una notificación al teléfono de los padres (y cambiarlo en mitad de la noche, por ejemplo).

Así que, como teníamos un par de marcas de pañales en la agencia, armamos corriendo una presentación para explicar la idea, y ni siquiera nos preocupamos de especificar si queríamos hacer una tirada gigantesca o practicar el “scarcity” del que hablaba ayer. Una vez terminamos el último slide, lo que escuchamos fue que la idea era muy interesante pero que en ese momento no tenían ni tiempo ni dinero en México para desarrollarla.

Lo que un par de años más tarde me llevó a entender una de las falencias de aquel departamento para el que habíamos creado tan florido nombre: si trabajas en una compañía multinacional, que está cargo de numerosas marcas en múltiples países, ¿por qué crear un Departamento de Innovación que trabaje únicamente para las marcas que lleva la oficina de México, en vez de crearlo para dar servicio a todas esas marcas a nivel regional -Latinoamérica, por ejemplo-?

Pensé muy en pequeño. Eso me pasa por novato.
Pero no me vuelve a suceder. Sorry, Jorge!

Lección para creativos: nadando entre datos

(vía Unscriptd)

Shane vs Kobe

Si Shane Battier hubiera sido creativo publicitario, probablemente habría esperado a que su departamento de Planning le hubiera proporcionado datos relevantes sobre el ataque de Los Angeles Lakers. Probablemente, la información recibida sería algo similar a “Kobe Bryant es una pieza fundamental del juego ofensivo de los Lakers”, lo cual ya es por todos conocido. Así que Shane Battier decidió sumergirse en los datos existentes para averiguar cómo y por qué Kobe Bryant era semejante pieza:

Para eso para lo que sirve la inmensa cantidad de información que generan día a día billones de dispositivos conectados a Internet, para que alguien se zambulla en ella y encuentre una observación, un dato o un número, a partir del cual se pueda crear una gran idea (o defender mejor, si se puede, a Kobe Bryant).

Si tu departamento de Planning te dice algo que ya sabes, como que Real Madrid o Barcelona tienen muchos seguidores, o que los adolescentes ven mucho YouTube, intenta sumergirte en datos para descubrir, por ejemplo, cuantos aficionados del Real Madrid tienen hijos aficionados al Barcelona, o viceversa. Algo interesante, algo que no sepa ya todo el mundo.

Limpia

Mr. Wolf

Como con cada inicio de año, Efraín volvió a escribir un post con sus propósitos para el nuevo año, conminándonos a varios amigos a hacer lo mismo. Hace mucho que no escribo nada semejante, pero me pareció interesante compartir algo que llevo haciendo durante el último par de meses para intentar mejorar lo que encuentro en mis feeds de redes sociales.

Alguna vez publiqué un texto acerca de cómo usaba (y uso) Twitter, que básicamente tiene que ver con seguir a un montón de gente, en mi teoría de que cuanta más gente sigo, más probabilidades tengo de encontrarme con algo interesante, divertido, peculiar, etc.

Pero de un tiempo a esta parte, hay demasiado ruido. Demasiados contactos publicando contenidos falsos tomados por verdaderos, vídeos que realmente no me interesan o que, directamente, me resultan estúpidos u ofensivos. Así que tomé una determinación, un tanto radical tal vez, pero necesaria para mí:

– Si alguien publica algo que me resulta ofensivo o estúpido, lo elimino de mi timeline sin ningún tipo de remordimiento. Para no leerlo ni que me lean, bloqueado, fin, bye. No es nada personal, la verdad, pero no tengo tiempo para lidiar con ese tipo de contenidos.
– Si la persona que publica ese contenido es alguien que me interesa que me lea, simplemente dejo de seguirla, pero permito que me siga leyendo a mí.
– Toda noticia de páginas que me provoquen el mismo sentimiento las reporto como spam o faltas de interés.

Y así, poco a poco, mis feeds están volviendo a serme útiles como lo eran hace unos años, antes de esta semejante cantidad de ruido.

Prueben. Limpien. Todo se ve mejor 🙂

El futuro se parece a District 9

District 9 - fotografía

Nos habíamos acostumbrado a pensar en el futuro como un lugar reluciente, como las naves espaciales de “2001”. Y en el caso de pensar en que algo se torciera, teníamos como referencia la noche iluminada de neón de “Blade Runner”.

Y pensábamos en la tecnología como un elemento habilitador para llegar a esos lugares. Claro, que lo que no habíamos previsto era que una impresora 3D no es lo mismo en una incubadora de startups que en alguno de los barrios con más delicuencia de *elijan la ciudad de su preferencia*. Resulta que el futuro real es mucho más chungo que el que nos habíamos escenificado.

Porque, sin darnos cuenta, resulta que la tecnología atravesó transversalmente nuestro presente, dejándonos ya en el futuro, que se parece muy poco a “2001” y bastante más a “District 9”. Un futuro en el que las distintas sociedades no avanzan todas, a distinto ritmo, hacia esos lugares brillantes y aseados, sino que siguen envueltas en sus problemas, pero ahora hiperconectadas. Malformaciones sociales con voz global. Una cosa deforme e incompleta, como la vida en “District 9”, como Jeff Goldblum en “La mosca”.

Y es curioso, digo, porque de ese futuro que se está forjando se está generando una interesante nueva estética. Una especie de post-punk-apocalipsis, por ponerlo en palabras de alguna manera. Porque díganme si no aprecian una cierta similaridad en las visiones de tres tipos de artista tan diferentes como Calle 13, M.I.A. o Grey Filastine:

Y es que ahora que tanto se habla del concepto de “New Normal”, y de cómo diseñamos, producimos o comunicamos para ello, estaría bien tener en cuenta que ese “New Normal” no se queda en la realidad que nos gustaría vivir, sino que llega hasta a los lugares más imprevistos del globo.