Lugares

Mapa Latinoamérica

Perdiendo el tiempo por no pensar en grande

Alguna vez teníamos en JWT México un “Departamento de Inventos”. Y llegó una mañana Jorge Camacho con una idea que me pareció genial: un pañal con un sensor que detectara cuando estaba excesivamente mojado, para que llegara una notificación al … Read More

"Game of Thrones" en España

Españoles hablando inglés… o no

Este es el tipo de situaciones que me dejan cara de Buster Keaton. Como bien sabrán (si no viven en una cueva) el pasado domingo se estrenó mundialmente la cuarta temporada de la serie “Game of Thrones”. De forma obvia, … Read More

No tienes internet, pero tienes un T-rex, así que todo estará bien.

Oportunidad en los “dead ends” digitales

Alguna vez participé en un proyecto en el que se pretendía hacer uso de esos “sitios spam” que aparecen cuando tecleamos mal un dominio, o cuando buscamos un sitio que ya fue eliminado; en fin, todos esos destinos a donde … Read More

Gato con interés

Cosas de viajes

Ya saben que cuando viajo, quizá por aquello del trabajo, termino fijándome en cosas como el hecho de si transportamos o no muchos cables, si de repente aparecen cosas en los aviones que antes no estaban, o en si tanta … Read More

Espada del Augurio

Big Data y la Espada del Augurio

Se ha hablado mucho de Big Data en publicidad, pero la realidad es que casi todos los ejemplos que existen de su aplicación tienen que ver con la optimización de medios (Display y Search, básicamente). Lo que no hay son … Read More

Curva de aprendizaje

La curva de aprendizaje de los parquímetros

Un fenómeno pintoresco que uno puede observar últimamente en las calles de la Ciudad de México es la cara de asombro de aquellos que intentan usar por vez primera uno de los (relativamente) nuevos parquímetros instalados para conseguir el ticket … Read More

Fobia a los sensores

Igual soy yo en algún tipo de capítulo de “problemas de primer mundo”, pero ¿no les ha pasado en alguna ocasión el llegar a un cuarto de baño (en un restaurante o demás sitios públicos) y que no tengan que tocar nada porque todo está habilitado para funcionar con sensores de proximidad?

Cuarto de baño con sensores

Sensores para que salga agua del grifo, sensores para que salga jabón, sensores para que salga una toalla de papel (o se active un secador, en su defecto). Sensores, sensores, sensores por todos lados… ¡qué agobio, déjenme tocar algo, por favor!

Así que, de repente, resulta refrescante (en el más amplio sentido de la palabra) encontrarte un lugar donde tienes que abrir un grifo para que salga agua, presionar un botón para que salga jabón o tengas que tirar de una palanquita (aunque también haya la opción del sensor) para que salga papel con el que secarse las manos:

Cuarto de baño sin sensores

No creo que esté tipificada una fobia que tenga que ver con los sensores pero, al menos en mi caso, me declaro “sensorfóbico”.

El flashmob más bonito del mundo

Los flashmobs, ya saben, esa cosa tan de 2005 que cuando se implementa por alguna marca (que para variar, van cincuenta pasos por detrás del resto del mundo) suele generar situaciones que nos dan vergüenza ajena a todos los demás. Hay que ser cínico y sarcástico con los flashmobs, pero también hay que ser todo lo contrario cuando la imagen que genera, casi siempre gracias al esfuerzo de organización e implementación de la gente, es hermosa. Y ésta que me encontré gracias al Facebook de Chihuahua Noticias es muy hermosa, Chihuahua contra el Cáncer de Mama de esta forma tan linda:

Aplausos.

De casa a la oficina y de la oficina a casa

Lo que solía hacer para llegar a mi anterior trabajo era levantarme a las 5 de la mañana, estar en el gimnasio a las 6 y después de hacer algo de ejercicio y ducharme, estar en la oficina a las 7:30am. Y cuando no iba al gimnasio me levantaba a las 6 para estar en la agencia a las 7, porque era mejor estar una hora solo en la oficina que pasar una hora atascado en el tráfico (porque en la Ciudad de México salir veinte minutos antes o después puede implicar pasar una hora más o menos en el coche).

Así que pueden imaginar lo desubicado que me encontré el pasado martes, mi primer día de trabajo en Flock (cuya hora de entrada son las 9 de la mañana), cuando mi despertador sonó a las 8 porque vivo a diez minutos (caminando) de la oficina. Y es que todavía no me recupero de la impresión de poder ir todos los días a comer a casa, e incluso, si me apetece, dormir una siesta. Punto a favor.