Los traductores de Facebook

Aunque ya me había ocurrido varias veces el que Facebook me traduzca los status de algunos de mis contactos (cuando están escritos en idiomas distintos al castellano o al inglés), hoy me percaté (en este post de Luis) de que, adicionalmente, puedes calificar la precisión de esa traducción:

El traductor de Facebook

Es un detalle con el que los usuarios pueden retribuir a la plataforma a cambio de recibir la traducción de un status en un idioma que no comprenden. El detalle parece pequeño, pero como decíamos en este post (“Átomos y Bits”), cuando lanzas un pequeño detalle para una población de más de 1600 millones de personas, las consecuencias son gigantescas.

En este caso, que somos los propios usuarios los que perfeccionamos (en tiempo real) la precisión de las traducciones que ofrece Facebook. No sus ingenieros, sino su comunidad.

Bits 1 – Átomos 0.

Marcas que se aburren

Esperando en el aeropuerto

No hay mucho que hacer cuando tu viaje te obliga a realizar una escala en un aeropuerto. Puedes comer algo, comprar souvenirs, mirar vídeos en tu teléfono si tienes un buen plan de datos, leer un rato o, si tienes un poco de autocontrol para no perder tu siguiente vuelo, permitirte el dormir unos minutos (generalmente en una postura poco recomendable).
Sí, hacer una escala es aburrido, y a veces he pensado si ese tiempo de espera que pasamos no será un tiempo que nos otorgan (y que no aprovechamos) la vida o la Divina Providencia, para poder realizar todo aquello para lo cual no tenemos tiempo en nuestra vida diaria. Ya saben, terminar de escribir un libro, retomar el contacto con la familia o viejos amigos, ponernos en forma, etc.

Pero bueno, retomando, hacer una escala es aburrido, y ya saben que la necesidad agudiza el ingenio. Como el de las chicas de este equipo de natación que, aburridas por su espera, decidieron utilizar las cintas para transportar pasajeros del aeropuerto (¿alguien sabe cómo se llaman esas cintas?) para grabar este vídeo:

When a swimming team is bored at an airport……wait for the bike!CREDIT: Kelsi Worrell/Facebook

Posted by Hope 103.2 on Friday, November 20, 2015

A veces es necesario aburrirse para luego poder crear algo interesante.

Y me pregunto entonces, como ejercicio, si las marcas se dan tiempo o no a aburrirse. A mí me parece que no, que viviendo en ese continuo frenesí del -por ejemplo- “chicos, salió una nueva plataforma”, “¿cómo van mis likes?” o “¿cuánto venderemos en este próximo Q?” las marcas acaban tan sobreestimuladas como un niño de 3 años al que le prestas un iPad. Y esa necesidad de “hacer engage” a toda costa TODOS los días las vuelve muy, muy aburridas.

Y como no es lo mismo ser aburrido que aburrirse, quizá necesitaríamos que las marcas se permitieran aburrirse un poco, para así poder crear cosas interesantes en las que entonces nosotros, usuarios, sí podríamos estar interesados. Como hicieron las chicas de ese equipo de natación en el aeropuerto.

Más marcas que se aburren para no ser tan aburridas.
Eso nos vendría bien.

Viaje fallido a la granja

Iba por el pasillo de un Whole Foods cuando me topé con esta bolsa de avena en los estantes donde están los cereales:

QR en avena

Cuando leí el texto, que prometía teletransportarme a la granja de donde salió esta avena, me acordé de lo que sucede en la primera escena del primer episodio de la serie “Portlandia”:

Animado, escaneé el código, sólo para terminar en este landing page tan terrible:

Landing page de la avena

Mi gozo en un pozo, no tengo ni idea de dónde se quedó el teletransportarme a la granja. Adiós avena, ahí te quedas.

Las pruebas del Festival Ultra

Ultra Music Festival 2016 - Escenario principal

De noche, la luz entra por las ventanas haciéndonos creer que vivimos dentro de uno de los billboards de la película “Blade Runner”. Y es que ya me lo advirtieron/anunciaron cuando me mudé al apartamento en el que ahora vivo:

En Marzo se celebra el Festival Ultra, en el parque que está justo enfrente del edificio.

Nunca había transitado mucho por esa zona de Miami, así que la noticia no me pareció ni buena ni mala, simplemente no la registré. Hasta que hace unas semanas cerraron dicho parque para comenzar los preparativos del Festival e instalar los siete escenarios por los que, dentro de un par de horas, van a empezar a pasar muchos de los grandes nombres del mundo de la música electrónica.

Y más allá de las complicaciones logísticas por el tráfico que se va a originar en una zona transitada por más de noventa mil personas, me llamó la atención (desde mi ventana) el proceso de montaje de cada uno de los escenarios. Porque, aunque el festival empieza hoy (18 de Marzo), el escenario principal está listo desde el pasado domingo 13. Todo lo que han hecho desde entonces (aparte de pulir detalles, imagino) ha sido probar el audio y las luces que lo acompañan. Todo el día, todos los días, sin interrupción:


Continue reading Las pruebas del Festival Ultra

Átomos y Bits

Nuevas reacciones de Facebok

En Noviembre de 2015, el número de usuarios activos en Facebook era de unos 1600 millones. 1600 millones de personas para las que la plataforma lanzó el mes pasado un nuevo feature que consiste en que ahora puedes calificar todo lo posteado con emociones adicionales a la que ya teníamos hasta ahora (“Like”). Una pura y dura cuestión de empatía, como decíamos aquí hace unos días.

Ahora imagina las implicaciones logísticas para que tu marca favorita de bebidas cambiase (por ejemplo) su sabor o el diseño de 1600 millones de sus botellas o latas, o que tu marca favorita de comida rápida repartiese (por ejemplo) 1600 millones de cupones.

En la vida de los bits, el proceso se llamaría (y se llama) Upgrade. En la de los átomos se llamaría (y se llama) Panic Attack -y probablemente nunca llegara a suceder-.

Las marcas y sus dos varas de medir

Pacquiao + VW

Estamos en 2016, aunque no lo pareciera cuando llega Manny Pacquiao a hacer unas declaraciones propias de la Edad Media al respecto de las relaciones homosexuales.
Al día siguiente, Nike cancela todos sus contratos de endorsement con él.

Pacquiao pide disculpas horas después, pero ya es demasiado tarde.

Mientras tanto, Volkswagen confiesa haber hecho trampas a la hora de controlar las emisiones contaminantes de sus coches en Estados Unidos. No es cosa baladí ni un error de comunicación o una campaña que le sale mal a la marca, sino un comportamiento doloso continuado que tiene injerencia directa en la salud de todos los que viven en este planeta. Tanto, que Volkswagen es ya una compañía con una reputación similar a la de Shell, Monsanto o cualquier tabacalera.

Un par meses después, la compañía lanza una nueva campaña para intentar recobrar (con comunicación) la confianza perdida (por un producto notoria y voluntariamente defectuoso). “Fix the product first”, que dirían los amigos Montero y Rafael Jiménez.

Pero llama la atención también el rol de una agencia que haya de trabajar para la marca (nadie rescinde contrato alguno aquí), metida en un atolladero casi tan complicado como el de ser el abogado de O.J. Simpson.

Una mente tan preclara como la de Faris Yakob lo escribió muy bien en este texto de título Volkswagen: Liar of the Year, al respecto del mensaje que las agencias de publicidad lanzan al mundo si todos hacemos como que no pasa nada y miramos para otro lado, mientras se siguen inscribiendo piezas de Volkswagen (de sus coches diesel o de sus campañas de green-technologies) a todos los festivales de publicidad habidos y por haber.

Esas dos varas de medir de las marcas (para con ellas y para con los demás) transforma la decisión de las agencias de trabajar con ellas no en una decisión laboral, sino (casi) moral. Y apretujadas por su modelo de negocio, ya sabemos la vía que éstas últimas se ven obligadas a tomar. Con razón es complicado reclutar talento últimamente…

Plataformas con anticuerpos

El virus de la publicidad

“Un anticuerpo son las sustancias que crea nuestro cuerpo, para combatir cuerpos extraños (es decir bacterias y virus). Si no tuviéramos anticuerpos las bacterias y virus acabarían con nosotros. Cada virus y bacteria necesita un anticuerpo distinto, y algunos anticuerpos son más difíciles de producirse.”

Encontré la definición aquí, porque me parecía que necesitaba una definición simple para intentar explicar, frente a todas esas voces que claman por la muerte de la publicidad, que en realidad la publicidad no es otra cosa que un virus que busca introducirse en cuantos sistemas se lo permitan. Y que no puede morir porque siempre va mutando, como un Ébola o la gripe, y que es muy distinto que desaparezca a que consigamos erradicarlo o, al menos, mantenerlo bajo control.

Quizá lo que ocurre hoy, entonces, no es que la publicidad esté muerta ni patas arriba ni nada que se le parezca, sino que cada nueva plataforma que nace, hija (de alguna forma) de alguna que la precedió, contiene anticuerpos que impiden que nuestro virus favorito se manifieste en ella de alguna manera. Si no me siguen, piensen en cuántas campañas publicitarias han visto en sus televisiones o en sus timelines de Twitter o Facebook y cuál (si es que han visto alguna) recuerdan haber visto mientras usaban Snapchat o Kik.

Pero recuerden que también a veces necesitamos de los virus, para que nuestros cuerpos generen los anticuerpos que necesitan para defenderse de ellos. O sea, hablamos de algunas de esas plataformas que, por no tener muy claro cómo poder ofrecer espacios para que las marcas hagan publicidad acaban por perderse de una buena cantidad de dinero, que quizá les permitiera mejorar dicha plataforma y mantenerse por delante de otras que puedan estar ofreciendo un servicio similar a los que la utilizan. No tiene por qué ser en forma de anuncio. Puede ser con contenido, compartiendo con otros usuarios o incluso con cupones… ¿ven? Maldita publicidad, otra vez mutando para hacerse un hueco.

Nuestro virus favorito.

Los nuevos medios y 2015

Como las tarifas de Uber están hoy por las nubes, decido pedir un ride en Lyft para poder llegar a la oficina. Y me sale esto:

Bieber y Lyft

Si me compro el disco acabo recibiendo dinero para otros viajes que pueda hacer con el mismo servicio. Porque estamos en 2015, claro. Mientras tanto, muchas de sus marcas favoritas aún suelen preguntarse qué van a hacer en Twitter y Facebook en la semana entrante para conseguir likes y followers.

Metáforas en Bogotá

Carteles de Bogotá

Hace un par de semanas fui y regresé a Bogotá para impartir una conferencia. De regreso al hotel, ya en la noche de lo que había sido otro lluvioso día, me topé con la imagen que abre este post. Me quedé atónito, sobre todo porque unas horas antes había pasado por el mismo lugar y aún estaban pegando los nuevos carteles de un nuevo programa de MTV, y tomé una fotografía pensando en lo fugaz de la vida de uno de estos anuncios sobre los que rápidamente se pegan otros nuevos todos los días.

De vuelta a la imagen, al principio pensé en algún tipo de vándalo que odiaba la publicidad, al punto de derribar todos los posters de una pared. Pero rápidamente me desmintieron:

“- Es la lluvia. Hay tantos posters pegados que cuando llueve como llovió hoy, toda la pared se derrumba.”

Y me pareció una muy bonita metáfora del ruido de todas las marcas gritando al que estamos expuestos diariamente. Y la ciudad defendiéndose (y defendiéndonos) contra ello.

El sexto sentido de los banners

Who look at banner ads

Las mayoría de las últimas veces que he dado click a un banner ha sido por accidente. Es una sensación muy rara porque, al ser los clicks involuntarios, todo comienza a “flotar” en una especie de pausa extraña, en la que mi navegador se queda pensando mientras abre la página a la que dirige el banner, y yo me quedo pensando en que no entiendo lo que está pasando, porque quería hacer otra cosa y de repente estoy esperando a que se abra una página que se abre porque hice click en un banner.

Me pregunto si alguien que no sea publicista sigue dando click a los banners. Que las agencias creativas siguen haciendo, por cierto. Y las de medios pautándolos, válgame Dios (haz click en la imagen para que veas qué cosas se me aparecen estos días):

Banner de Oprah

Aún así, hay personas que dice que los banners no están muertos, y a mí me parece muy bien, porque está muy bien que cada uno crea en lo que le dé la gana. Pero si es verdad que los banners no están muertos pese a que la gente la gente no les hace caso, imagino entonces la vida de un banner como la de la Bruce Willis en “El sexto sentido”, después de descubrir que lleva muerto toda la película. Qué tragedia, qué vacío existencial.

A ver si va a resultar que los únicos que hacen click en los banners son los psicólogos, para mantener a los banners con vida y así poder cobrarles por hora.