La etiqueta del precio por hora

Reunión y email

No hace tanto me vi en uno de esos relatos surrealistas de la vida real de la publicidad.

El responsable de una marca contactó a la agencia donde trabajaba, para comunicar que tenía como objetivo relanzar una de sus marcas (¡yey!) y que quería hacerlo usando exclusivamente canales digitales (¡yey!). Fue entonces cuando alguien hizo la fatídica pregunta acerca de cuánto dinero quería gastar en el relanzamiento, a lo que el cliente contestó, lacónico, que tenía pensado invertir unos 10 mil dólares (de los de Estados Unidos).

Plop.

Sobre todo, porque calculando (exagero un poco, pero no tanto) la suma de los precios/hora de las personas de la agencia que estaban presentes (ya saben, la división resultante entre el sueldo mensual y el número de horas a trabajar en ese mes) en la reunión, probablemente ya estábamos cerca de habernos gastado todo el presupuesto que tenía asignado para su “relanzamiento” (permítanseme las dobles comillas).

Visualización de un Google Calendar

Recordando eso, y teniendo en cuenta la cantidad de reuniones en el día a día de una agencia de publicidad que se podrían haber resuelto con un correo electrónico, me pareció brillante esta idea, crear una etiqueta para cada evento de Google Calendar en la que se puede visualizar la suma de todos los precio/hora de los participantes invitados en esa reunión.

Para que cuando el número sea alto, haya de quedar claro (al enviar la invitación) que esa reunión es tan importante que requiere del tiempo (expresado en lo que le cuesta a la agencia o al cliente) de todos aquellos que están invitados. Y probablemente así habría menos reuniones, más importantes.

La “disrrupción” de la ciencia-ficción

Desde hace algún tiempo (eso incluye este antiguo post acerca de cómo se veían los 90s en los 60s) soy aficionado a recopilar imágenes “vintage” que tienen que ver con cómo se imaginaba el futuro en el pasado.

Por ejemplo, imágenes que tienen que ver con el acceso a la información y la superinteligencia humana:

Mindfulness

Superinteligencia humana

La creación de artefactos que pudieran recordar a exoesqueletos:
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Las marcas y sus dos varas de medir

Pacquiao + VW

Estamos en 2016, aunque no lo pareciera cuando llega Manny Pacquiao a hacer unas declaraciones propias de la Edad Media al respecto de las relaciones homosexuales.
Al día siguiente, Nike cancela todos sus contratos de endorsement con él.

Pacquiao pide disculpas horas después, pero ya es demasiado tarde.

Mientras tanto, Volkswagen confiesa haber hecho trampas a la hora de controlar las emisiones contaminantes de sus coches en Estados Unidos. No es cosa baladí ni un error de comunicación o una campaña que le sale mal a la marca, sino un comportamiento doloso continuado que tiene injerencia directa en la salud de todos los que viven en este planeta. Tanto, que Volkswagen es ya una compañía con una reputación similar a la de Shell, Monsanto o cualquier tabacalera.

Un par meses después, la compañía lanza una nueva campaña para intentar recobrar (con comunicación) la confianza perdida (por un producto notoria y voluntariamente defectuoso). “Fix the product first”, que dirían los amigos Montero y Rafael Jiménez.

Pero llama la atención también el rol de una agencia que haya de trabajar para la marca (nadie rescinde contrato alguno aquí), metida en un atolladero casi tan complicado como el de ser el abogado de O.J. Simpson.

Una mente tan preclara como la de Faris Yakob lo escribió muy bien en este texto de título Volkswagen: Liar of the Year, al respecto del mensaje que las agencias de publicidad lanzan al mundo si todos hacemos como que no pasa nada y miramos para otro lado, mientras se siguen inscribiendo piezas de Volkswagen (de sus coches diesel o de sus campañas de green-technologies) a todos los festivales de publicidad habidos y por haber.

Esas dos varas de medir de las marcas (para con ellas y para con los demás) transforma la decisión de las agencias de trabajar con ellas no en una decisión laboral, sino (casi) moral. Y apretujadas por su modelo de negocio, ya sabemos la vía que éstas últimas se ven obligadas a tomar. Con razón es complicado reclutar talento últimamente…

Desparramado e interactivo, capítulo 26

En la columna de este mes para Interactiva Digital escribo sobre maldiciones. Sí, sobre maldiciones.

Portada Interactiva Mayo 2014

¡Maldición!
Necesitamos maldiciones. Me explico.

Maldiciones hay muchas. Por ejemplo, te puedes topar con una musical como la de José Alfredo Jiménez, “Ojalá que te vaya bonito”. O una como las de los padres, “Ojalá un día tengas un hijo como tú”. O alguna de las de los gitanos, “Juicios tengas y los ganes”. O una árabe, “Ojalá te enamores”. También hay otras que incluyen fenómenos atmosféricos, “Que mal rayo te parta”, o incluso se te ponen guajiraguantanameras, “Que se te cumpla ese deseo”.

Como ven, unas más dramaticas que otras, pero cuya efectividad pudiera depender del estado de ánimo de quien la recibe, que a veces convierte una una maldición en una oportunidad. Por ejemplo, la famosa maldición china, “Ojalá vivas tiempos interesantes”.

Eso sí, hay maldiciones que no admiten ni un solo matiz y son maldiciones con toda la mala leche y todas las de la ley, como una que un día me dedicó un antiguo jefe ante una de mis interminables peroratas acerca de lo mal que estaba tal o cual cosa (ya no me acuerdo cuál era, no debía ser tan importante). Tras esperar pacientemente el final de mi disertación, sólo alcanzó a decir: “Ojalá un día seas jefe”.
Que básicamente (descubrí) era la forma educada de decirme “deja de quejarte y busca una solución”.

Años después, a muchos kilómetros de donde la conversación original tuvo lugar, viaja uno y se topa con escritos y conferencias de publicistas aquí y allá hablando de la desorientación que les producen los vertiginosos cambios que vive nuestra industria.

Algunos, además, relatan cuáles son esos cambios que los desorientan, aprovechando para hablar de la muerte y caducidad del Viejo modelo (y sus protagonistas) y esperando poder protagonizar las aventuras del Nuevo, abran paso que tenemos prisa. Y entre queja y duda, y nostalgia por el pasado que ya pasó y anhelo por el futuro que todavía no llega, uno se queda pensando en si no necesitaremos todos a alguien que nos maldiga multitudinariamente para intentar poner la casa en orden en el presente, en vez de seguir quejándonos del estado en el que se encuentra, como hemos venido haciéndolo desde… ¿2005?

Vaya, como si no hubiéramos entendido que cuando uno invita a una fiesta tiene que preocuparse de organizarla, en vez de esperar que todo esté en funcionamiento como por arte de biribirloque cuando uno llegue.

Así que por eso inicié así este texto.
Necesitamos maldiciones. ¿Me explico?

Llamando a los hackers, hipsters y hustlers

Hacker Hustler Hipster
– Si crees que tu perfil se ajusta al de alguno de estos tres personajes, escríbenos a: makers AT wannaflock DOT com

Algunos de los que colaboramos en este blog llevamos ya más de dos años en una especie de peregrinaje tanto en sentido literal—pues nos llevó primero a trabajar en JWT México y después en Flock—como en sentido metafórico. Éste último se refiere a una búsqueda por hacer nuestro trabajo, y la industria donde trabajamos, un poco más interesante para nosotros, pero también para las marcas que son nuestros clientes y, lo que es más importante, para la gente que recibe nuestro trabajo como usuarios y espectadores.

Ese peregrinaje ha coincidido con dos transformaciones de la industria publicitaria en las que hemos participado con muy buen timing.

En primer lugar, hace ya un par de años iniciamos en JWT Mexico un Departamento de Inventos con el que pretendíamos insertar en la agencia un poco del ímpetu creativo y los recursos técnicos de la cultura maker. Desde luego, no éramos los únicos. Durante ese período, varias agencias alrededor del mundo contrataron creative technologists y establecieron labs de R&D, algunos festivales empezaron a premiar la innovación tecnológica e, incluso, se comenzaron a reorganizar equipos creativos alrededor de tripletas arte + copy + código. Este giro lo tenemos bien asimilado dentro de Flock, donde la mayoría de nuestros creativos son ya, de facto, creativos tecnológicos y hemos establecido un equipo—al que de cariño le decimos Makers Tank—encargado de potenciar o empoderar las ideas a través de la tecnología. Si eres un hacker, un maker, o un inventor, siempre estamos abiertos a conocerte y platicar contigo.

Pero ahora, desde ese Makers Tank, queremos participar activamente en una segunda transformación de la industria. La idea es ésta:

Estamos en un período de democratización radical en la creación de nuevos productos y servicios. Hoy en día, casi cualquiera puede tener una idea, desarrollarla y lanzarla al mundo a través de alguna plataforma de fondeo social, un hackathon o Startup Weekend, o una incubadora. Nosotros creemos que nuestra industria ha mantenido a la creatividad atada por mucho tiempo a formatos publicitarios. Como dice Sebastián, algunas buenas ideas que terminaron siendo campañas publicitarias podrían haber sido grandes productos. Y como no queremos que nos pase esto hemos empezado ya a trabajar en esa dirección.

El problema es que, como Daniel explicaba ya muy bien en ese antiguo post, a veces el día a día de la agencia nos consume el tiempo que deberíamos dedicar a pensar y desarrollar este tipo de ideas. Por eso queremos ampliar nuestro Makers Tank con un equipo de tres becarios.

El esquema laboral es el ya conocido: tres meses con una compensación modesta, muchos aprendizajes asegurados, y la posibilidad de integrarse de forma permanente al equipo de Flock.

Girls HHH

Lo interesante es el tipo de equipo que queremos formar. Siguiendo a algunos como Rei Inamoto y Dave McClure creemos que el “mínimo equipo viable” para poder desarrollar el tipo de proyectos que nos interesan está conformado por tres tipos de personas:

  • El hipster, es decir, el creativo, diseñador o, mejor aún, el design thinker: en suma, aquel que logrará que las cosas que pensemos sean deseables para la gente.
  • El hacker (o maker, o tinkerer, o inventor): el que se asegurará de que los productos que imaginemos sean factibles.
  • El hustler (o, tal vez, el shark): es decir, alguien con mucho colmillo para el business y que, por lo tanto, será responsable de convertir nuestras ideas en modelos de negocio viables o redituables.

No es necesario que lo seas todo a la vez, de hecho es preferible que cumplas claramente las características de alguno de los tres (aunque te sientas cómodo con algunas características de los dos perfiles restantes).

Así que ya sabes, si eres (o te puedes convertir) en uno de ellos, escríbenos (contándonos sobre ti y algunos de tus trabajos, proyectos o experimentos) a makers AT wannaflock DOT com.

Cobrar por marcharte

Amazon Pay-to-quit

Uno de los mayores problemas que tienen las grandes (hablo de tamaño) agencias de publicidad es que cargan con muchísimo lastre. Con muchas personas que son completamente inútiles para el puesto que ocupan o que, sencillamente, ya no quieren estar allí, pero que no renuncian porque cuando renuncias no sueles tener derecho a una indemnización (que sólo se da si te despiden).

Y como las grandes (hablo de tamaño) agencias de publicidad no suelen disponer de mucho dinero en efectivo para gastos (más allá de nóminas, servicios, etc.), se produce un efecto perverso: no puedes despedir a nadie porque no tienes dinero para pagarles la liquidación por los servicios prestados (que se llama “Severance”).

Conclusión, el empleado no quiere renunciar porque no le pagan, y la empresa no puede despedirlo (por mal rendimiento o porque encontró a alguien mejor para el puesto) porque no tiene dinero para pagar ese despido, así que como se imaginarán el entorno que se crea dentro de muchas agencias suele ser como respirar aire viciado. Tener que dirigir a gente que no sirve o que ya no quiere estar en un lugar es una de las cosas más frustrantes que existen.

Y como he tenido que vivirlo de primera mano es por lo que me sonó tan interesante “Pay to quit”, un plan que instauró, primeramente, Zappos, y posteriormente Amazon, que consiste en que, una vez al año, la empresa te ofrece la oportunidad de renunciar a cambio de una cantidad económica que se incrementa anualmente, para que cada vez que te llega la pregunta de “¿quieres trabajar aquí o marcharte (y te pagamos)?” sepas exactamente si has de seguir en ese lugar o si, por el contrario, necesitas horizontes nuevos sin la mancha en tu expediente que se produciría si te despidieran.

Desde el punto de vista de que las organizaciones exitosas son aquellas compuestas por gente que está agusto en esos lugares (algo parecido al ideas vs. empresas del que hablo últimamente por aquí) la pregunta te remite directamente a si trabajas en el lugar correcto o si trabajas sólo por el cheque que te llega a final de mes.

Un poco de literatura sobre el tema:
Why Amazon Is Copying Zappos and Paying Employees to Quit
Amazon implements Pay to Quit policy
Amazon Offers Employees $5k To Quit

La programación, según el Gobierno de España

Horas de sana diversión gracias al Ministerio de Educación de España, que promueve los cursos ofrecidos por los estudios de Formación Profesional en pequeños vídeos en los que podemos encontrar a personas como el protagonista de éste que les traigo: un chico que, siendo programador…

Vídeo Curso FP

… estudió para ser Técnico Superior en Desarrollo de Aplicaciones Web (¿cómo?)

Vídeo Curso FP

Ok. Bueno. El problema comienza cuando el vídeo muestra la pantalla en la que está (según él) programando, porque lo que vemos es esto:

Vídeo Curso FP

Vídeo Curso FP

¿Eeeeeeehh…?

Side eyeing Chloe

Si no me creen, les dejo el vídeo completo:

Digo, está bien enseñar a la gente esos cursos de nombre tan rimbombante, pero me quedé con la duda de cuál es exactamente ese lenguaje de programación. ¿Estarán aprendiendo a programar en la lengua de Cthulhu? ¿O en la de Mordor? ¿O en Klingon, Jedi o Aserejé? Quién sabe.

Sea como sea, el vídeo es una bonita metáfora de cómo entiende la educación el actual Gobierno de España, un galimatías ininteligible. Cómo no vamos a estar en crisis.

(vía Reyner Sibaja)

Escuelas de publicidad… ¿necesita la publicidad más publicistas?

Nota previa: Como éste es el típico texto por el cual muchos se dan por aludidos aunque no se esté hablando de ellos (hay antecedentes), aclaro de antemano que no va dirigido a ninguna persona ni empresa en particular, sino a lo que creo un problema general de la industria publicitaria. Si aún así, al leerlo, sientes que tú o tu empresa están siendo atacados, por favor lee el post de nuevo porque no habrás entendido nada.

Aula vacía de escuela

Cada vez hay más y más escuelas para estudiar “creatividad” publicitaria, pero una pregunta me saltó a la mente hace unos días: entendiendo que son publicistas lo que cualquiera de estas escuelas gradúa… ¿necesita la publicidad más publicistas?


LA PUBLICIDAD NECESITA TALENTO
Me explico, porque en realidad creo que mi argumento es bastante simple. En mi opinión, tal como está ahora, la publicidad es una industria que se dirige a avanzada velocidad a un precipicio, así que necesita urgentemente un cambio de rumbo. Y para cambiarle el rumbo creo que se necesita mucho talento, pero no tengo tan claro que sea talento “publicitario”, sino quizá, de otro tipo: más programadores, más ingenieros, más matemáticos, o más antropólogos, entre otros.


¿Y POR QUÉ NO MÁS PUBLICISTAS?
Por varios motivos, pero principalmente:

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Ideas y Empresas

Ángel y Demonio

Creo que hay ideas y hay empresas.
Me explico.

EMPRESAS:
Por lo general, y en mi opinión, la gente que trabaja en una empresa busca sobre todo la compensación personal: poder salir temprano, el sueldo a final de mes o quincena, o ascender en la jerarquía laboral por méritos o por tiempo trabajado en la estructura.

Y a su vez, el objetivo de una empresa suele tener que ver consigo misma. Por ejemplo, generar más dinero cada año para que suba el valor de las acciones de los propietarios.

Así las cosas, cuando le preguntas a alguien por qué trabaja en una empresa puede que no sepa ni por qué lo hace, más allá de sus objetivos personales. Por eso, cuando tienen que hacer horas extras se quejan, porque eso descabalga alguno de esos objetivos (por ejemplo, salir temprano). Y por eso podrían trabajar en una empresa como podrían trabajar en otra, porque el vínculo que los une es puramente material.

IDEAS:
En las ideas (y me refiero a las ideas como una “misión” “o visión”, no como una idea “creativa”) las cosas funcionan de forma un tanto distinta. Por lo general, y en mi opinión, la gente que trabaja en una idea también tiene unos objetivos personales, pero se diferencian de los que trabajan en una empresa porque importa tanto lo personal como conseguir llegar a la visión (que puede ser de muchos tipos) por la que esa idea existe, la cual es compartida por todas esas personas.

Y a su vez, el objetivo de una idea suele tener que ver con el entorno, no sólo consigo misma. Por ejemplo, transformar una industria o, simplemente, el estado de cómo estaban las cosas hasta ese instante en una industria concreta.

Así las cosas, cuando le preguntas a alguien por qué trabaja en una idea probablemente tenga claro que está persiguiendo el mismo objetivo que todas las demás personas que le acompañan en dicha tarea. Por eso, muchas veces, las horas-extras no se ven como tales, sino como horas adicionales que invertir en llegar a la consecución de dicha idea colectiva. Y por eso es complicado que se vayan a trabajar a otro lugar simplemente porque sí (porque haya más dinero o se trabajen menos horas), porque ese otro lugar requerirá, al menos, una idea tan fuerte como aquella que hace que ese trabajador emplee sus horas en la idea actual. Porque el vínculo que le une a ella no es solamente material, sino que tiene que ver con un propósito de vida.

Trabajar en una u otra es totalmente legítimo, pero la elección entre ellas no es baladí, pues define seriamente el tipo de futuro laboral que cada uno quiere para sí.

Y tú, ¿trabajas en una idea o en una empresa?