Marcas que se aburren

Esperando en el aeropuerto

No hay mucho que hacer cuando tu viaje te obliga a realizar una escala en un aeropuerto. Puedes comer algo, comprar souvenirs, mirar vídeos en tu teléfono si tienes un buen plan de datos, leer un rato o, si tienes un poco de autocontrol para no perder tu siguiente vuelo, permitirte el dormir unos minutos (generalmente en una postura poco recomendable).
Sí, hacer una escala es aburrido, y a veces he pensado si ese tiempo de espera que pasamos no será un tiempo que nos otorgan (y que no aprovechamos) la vida o la Divina Providencia, para poder realizar todo aquello para lo cual no tenemos tiempo en nuestra vida diaria. Ya saben, terminar de escribir un libro, retomar el contacto con la familia o viejos amigos, ponernos en forma, etc.

Pero bueno, retomando, hacer una escala es aburrido, y ya saben que la necesidad agudiza el ingenio. Como el de las chicas de este equipo de natación que, aburridas por su espera, decidieron utilizar las cintas para transportar pasajeros del aeropuerto (¿alguien sabe cómo se llaman esas cintas?) para grabar este vídeo:

When a swimming team is bored at an airport……wait for the bike!CREDIT: Kelsi Worrell/Facebook

Posted by Hope 103.2 on Friday, November 20, 2015

A veces es necesario aburrirse para luego poder crear algo interesante.

Y me pregunto entonces, como ejercicio, si las marcas se dan tiempo o no a aburrirse. A mí me parece que no, que viviendo en ese continuo frenesí del -por ejemplo- “chicos, salió una nueva plataforma”, “¿cómo van mis likes?” o “¿cuánto venderemos en este próximo Q?” las marcas acaban tan sobreestimuladas como un niño de 3 años al que le prestas un iPad. Y esa necesidad de “hacer engage” a toda costa TODOS los días las vuelve muy, muy aburridas.

Y como no es lo mismo ser aburrido que aburrirse, quizá necesitaríamos que las marcas se permitieran aburrirse un poco, para así poder crear cosas interesantes en las que entonces nosotros, usuarios, sí podríamos estar interesados. Como hicieron las chicas de ese equipo de natación en el aeropuerto.

Más marcas que se aburren para no ser tan aburridas.
Eso nos vendría bien.

El acento de los hijos de la Gran Bretaña

Si tuviera acento inglés...

Pasa en países latinos, pero pasa también en Estados Unidos. Estás en una reunión donde varias personas presentan sus ideas (en inglés), cuando de repente una de ellas habla con acento británico, del de Inglaterra y alrededores.

“Mierda”, pensamos todos los demás, “con ese acento este hombre vende lo que quiera, aunque sea una reverenda estupidez.”

De hecho alguna vez me imaginé cómo deben ser las conversaciones de los creativos ingleses que trabajan en Estados Unidos, cuando se van a casa por Navidad:

– ¿Qué tal, cómo te está yendo en el nuevo trabajo?
– ¡Muy bien! Sólo abro la boca y me compran todas mis ideas.
– ¡Ja, ja, ja!*
– ¡Sí, ja, ja, ja!

* Los “ja, ja, ja” son de mi invención, lo otro (probablemente) no

Tan pulcros, tan sonoros y con tan buenos modales, quizá fue por ello por lo que me llamó la atención este vídeo (vía Boing Boing) de conductores británicos soltando improperios por la boca, en un día cualquiera de tráfico:

O pueden verse este otro vídeo para aprender cómo pronunciar cada palabra “a la british accent”:

No tengo ningún dato que lo demuestre, pero tengo la impresión de que, fuera de su país de origen, seguro venden más ideas teniendo ese acento que si no lo tuvieran.

Las marcas y sus dos varas de medir

Pacquiao + VW

Estamos en 2016, aunque no lo pareciera cuando llega Manny Pacquiao a hacer unas declaraciones propias de la Edad Media al respecto de las relaciones homosexuales.
Al día siguiente, Nike cancela todos sus contratos de endorsement con él.

Pacquiao pide disculpas horas después, pero ya es demasiado tarde.

Mientras tanto, Volkswagen confiesa haber hecho trampas a la hora de controlar las emisiones contaminantes de sus coches en Estados Unidos. No es cosa baladí ni un error de comunicación o una campaña que le sale mal a la marca, sino un comportamiento doloso continuado que tiene injerencia directa en la salud de todos los que viven en este planeta. Tanto, que Volkswagen es ya una compañía con una reputación similar a la de Shell, Monsanto o cualquier tabacalera.

Un par meses después, la compañía lanza una nueva campaña para intentar recobrar (con comunicación) la confianza perdida (por un producto notoria y voluntariamente defectuoso). “Fix the product first”, que dirían los amigos Montero y Rafael Jiménez.

Pero llama la atención también el rol de una agencia que haya de trabajar para la marca (nadie rescinde contrato alguno aquí), metida en un atolladero casi tan complicado como el de ser el abogado de O.J. Simpson.

Una mente tan preclara como la de Faris Yakob lo escribió muy bien en este texto de título Volkswagen: Liar of the Year, al respecto del mensaje que las agencias de publicidad lanzan al mundo si todos hacemos como que no pasa nada y miramos para otro lado, mientras se siguen inscribiendo piezas de Volkswagen (de sus coches diesel o de sus campañas de green-technologies) a todos los festivales de publicidad habidos y por haber.

Esas dos varas de medir de las marcas (para con ellas y para con los demás) transforma la decisión de las agencias de trabajar con ellas no en una decisión laboral, sino (casi) moral. Y apretujadas por su modelo de negocio, ya sabemos la vía que éstas últimas se ven obligadas a tomar. Con razón es complicado reclutar talento últimamente…

Steve Jobs y “Think Different”

Logo de Think Different

A menudo, la publicidad de una marca tiene mucho más que ver con los responsables de esa marca que con la agencia que trabaja para ellos. Este vídeo de Steve Jobs hablando de la campaña “Think Different” es una radiografía maravillosa de alguien que tiene clarísimo qué es su marca y cuál es su propósito:

El sexto sentido de los banners

Who look at banner ads

Las mayoría de las últimas veces que he dado click a un banner ha sido por accidente. Es una sensación muy rara porque, al ser los clicks involuntarios, todo comienza a “flotar” en una especie de pausa extraña, en la que mi navegador se queda pensando mientras abre la página a la que dirige el banner, y yo me quedo pensando en que no entiendo lo que está pasando, porque quería hacer otra cosa y de repente estoy esperando a que se abra una página que se abre porque hice click en un banner.

Me pregunto si alguien que no sea publicista sigue dando click a los banners. Que las agencias creativas siguen haciendo, por cierto. Y las de medios pautándolos, válgame Dios (haz click en la imagen para que veas qué cosas se me aparecen estos días):

Banner de Oprah

Aún así, hay personas que dice que los banners no están muertos, y a mí me parece muy bien, porque está muy bien que cada uno crea en lo que le dé la gana. Pero si es verdad que los banners no están muertos pese a que la gente la gente no les hace caso, imagino entonces la vida de un banner como la de la Bruce Willis en “El sexto sentido”, después de descubrir que lleva muerto toda la película. Qué tragedia, qué vacío existencial.

A ver si va a resultar que los únicos que hacen click en los banners son los psicólogos, para mantener a los banners con vida y así poder cobrarles por hora.

Historias de horror cómico de la publicidad

El horror

Así como muchas otras, la profesión de publicista también cuenta con sus propias historias de horror. Lo bueno es que el paso de los años (por lo general) convierte dichos relatos de horror en relatos absolutamente hilarantes.

Si no me creen, dejen de lado lo que están haciendo y lean estas dos historias:
la de la clienta japonesa de Luis Elizalde (VP Creativo de Saatchi&Saatchi México) que tenía una petición
la de cuando Mateo Montes de Oca (Director de Cuentas en JWT México) se convirtió en un meme

Otro día les cuento una mía.

Nike y la noche del 4 de Julio

Nike US Women Soccer

A las 11 de la noche del 4 de Julio, que es el día en que Estados Unidos celebra el aniversario de su Declaración de Independencia, me topé en Nueva York con una tienda Niketown completamente cerrada (claro, por la hora, por la fecha), excepto una de sus secciones en la que había un montón de personas haciendo fila.

¿El motivo? Que pudieras comprar tu camiseta (y ponerle el número y nombre de tu elección) de la selección femenina de fútbol, que al día siguiente jugaba la final del Mundial contra la selección de Japón.

Y me pareció muy inteligente aprovechar el momento (pese a la hora, pese a la fecha) porque, ¿qué mejor momento para vender la camiseta de la selección nacional para tan magno evento que el mayor momento de exaltación patriótica del año?

Gol.

La moneda y el León

Cambio monetario

Una de las cosas que más te impacta cuando vas a Chile o Colombia por primera vez es el cambio de la moneda (1 USD = 600 pesos chilenos ó 2500 pesos colombianos). Tal es así que cuando vas a liquidar la cuenta de tu hotel acabas sintiéndote Tony Montana, por la cantidad de 0s que hay a la derecha en el número que indica la cifra final que has de pagar.

Algo así me recuerda el Festival de Cannes cuando premia ideas maravillosas con 30 ó 35 Leones. Todos entendemos el panorama acrisolado e interconectado en que vivimos, y seguro esas ideas merecen algo más que “sólo” uno. Pero premiar 30 ó 35 veces la misma idea, haciendo que algún creativo (en una sola edición de festival) tenga la mitad de Leones que Washington Olivetto en toda su carrera, pareciera demeritarlas en vez de convertir los premios en una celebración de su brillantez.

Pareciera que sí, que como una moneda más, los Leones también pudieran haberse depreciado.

“Hackear, Hacer, Enseñar, Robar” en Amazon Kindle

Hacker Maker Teacher Thief - Screenshot

“Hackear, Hacer, Enseñar, Robar”, el libro de Creative Social del que ya hemos hablado anteriormente en este blog (y en el que colaboré con un capítulo en su edición en castellano), ya está disponible para que lo descargues en tu Kindle.

Enlace: http://www.amazon.com/Hackear-Hacer-Enseñar-Robar-Publicidad-ebook/dp/B00V8SJ324

El nuevo

Cursor de mano

No sólo se me juntó ser “el tipo nuevo” en el trabajo y en el edificio donde vivo, sino que también dejé atrás diez años en México, así que ha de ser por eso por lo que no tengo demasiado sobre lo que escribir estos días. Alforjas vacías, esperando a ser llenadas de nuevo por lo que tengo aún por aprender.

Pero algo divertido que me está pasando es darme cuenta de lo que realmente significa “one-click-away”, eso de poder conseguir en el mismo día lo que antes requería dos o tres días de transporte marítimo o aéreo cada vez que lo pides por Amazon. Eso, y que nadie usa dinero en efectivo en Miami. Aquí usas tu tarjeta de crédito o el teléfono.

Igual les escribo sobre eso, sobre la (in)adaptación cultural de un tipo de Cáceres en la península de la Florida :)