Lo digital, la electricidad y los nuevos pioneros

Gold Rush - California

Puede que haya llegado la hora de dejar ir. Del desapego liberador.

De darse cuenta de que es complicado ser pionero o relevante en una industria que ha sido ya más saqueada que las pepitas de oro en California en la era en la que todos iban buscando su propio Dorado.

Vean la foto que abre el post. Reemplacen “Cada uno de nosotros busca oro” por “Cada uno de nosotros es dueño de una agencia de publicidad digital”, por ejemplo. En un lugar donde cada vez había menos pepitas, que recuerda a este lugar de publicidad donde cada vez hay menos oportunidades de hacer trabajos ilusionantes porque vivimos en un mundo donde la mayoría de marcas viven esclavas de lo que yo denomino “la tiranía* de las pequeñas cosas”: el próximo trimestre de ventas, la promoción para el próximo fin de semana, los resultados de un testeo cualitativo y cuantitativo antes de lanzar su próximo spot de TV de 30 segundos, etc.

*“La tiranía de las pequeñas cosas” es la antítesis de lo que yo contaba en este post acerca de preguntarle a las marcas qué quieren ser de mayores.

Esas marcas (y sus agencias) que siguen hablando hoy de cómo incorporar la palabra “digital” o “social media” a su comunicación o a sus procesos me hacen pensar en que probablemente en 1910 habría conversaciones en algunas compañías de la época que transcurrirían así:
“Jefe, ¿nos pasamos ya a la luz eléctrica o compramos más velas para alumbrar a los trabajadores?

Así que como hoy TODO es digital y TODO es social (llámenme para una conferencia si necesitan que se lo desglose más detenidamente), quizá debiéramos buscar nuevas palabras que nos enviaran a descubrir nuevos horizontes. Por ponerles un ejemplo, la Realidad Virtual.
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Bootcamp de Social Media en Miami Ad School México

Siguiendo con los cursos para los que dejan la inscripción a última hora, hoy les cuento de uno que vamos a estar impartiendo Diana (de Twitter), Aldo (de Only If) y yo en las instalaciones de la Miami Ad School Mexico City a partir del próximo lunes 10 de Octubre: Bootcamp de Social Media

Flyer - Bootcamp Social Media

En la imagen superior (click para agrandar) viene toda la información que necesitan, pero si necesitan datos adicionales pueden consultar este enlace o escribir a info@miamiadschool.mx.
¡Los esperamos!

Las marcas Medici

Familia Medici

Cuando uno habla de la oportunidad de las marcas de mejorar el mundo o construir el futuro (di una charla en un TEDx hace ya seis años sobre ese tema) probablemente se nos olvidó especificar que todo empezaba por que las marcas hicieran mejores productos para el mundo, no por poner a sus agencias a hacer múltiples campañas de marketing diciendo que en tal o cual marca hay ahora una intención de responsabilidad social: sólo con la intención no basta (este artículo lo explica muy bien, el futuro del branding puede ser el debranding).

Cada año, los festivales de publicidad se llenan de esos vídeos caso-de-estudio de dos minutos donde multitud de marcas dicen que hicieron tal o cual cosa para el mundo, aparte de vender. O eso dicen esos vídeos caso-de-estudio. El problema es que muchas veces las marcas (y sus agencias) piensan que el futuro se construye creando “productos” para los usuarios, aunque luego se les olvida lo más básico: alimentar esos productos para que sean productos de verdad y no lo que son en realidad: una suerte de PR con esteroides. Porque la clave nunca está en el app o producto, sino sobre las relaciones que se generan entre los usuarios gracias a él.

Sin embargo, sí hay una forma en que las marcas están ayudando a construir el futuro: pagándole ingentes cantidades de dinero en publicidad a las compañías dueñas del interfaz (Google, Facebook, Twitter o Snapchat, por ejemplo) para intentar tener algo de visibilidad en un mundo donde las personas cada vez tienen más y más opciones a la hora de elegir qué ver a continuación.

Y con esos ingresos por publicidad, estas compañías están construyendo gran parte del futuro en el que vamos a vivir en los próximos años, desde lo que sucede en tu navegador de Internet hasta cómo te vas a relacionar con la Inteligencia Artificial en el dispositivo correspondiente o en tu tienda favorita.

O sea, que las marcas sí están financiando la construcción del futuro, pero el crédito se lo están llevando otros. Marcas Medici que no quieren serlo. Ah, la ironía.

El orden de los factores altera el resultado

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Síntesis visual para resignificar lo que significa hacer marketing/publicidad.

Agencias que compran agencias digitales

Hace unas semanas escribí un post en Facebook al respecto de las agencias de publicidad que compran agencias de publicidad digital. Nótese que estoy usando muchas palabras para describir a cada compañía, pero hoy en día el panorama es tan confuso y enrevesado que sólo las palabras (a veces ni eso) pueden ayudarnos a no caer en malos entendidos.

Sea como sea, quería darle contexto a dicho posteo. Y por ello esta publicación.

Ceros y Unos

Empecemos por el principio
Desde que regresé de Miami he aprovechado para reencontrarme con mucha gente a la que hace tiempo que no veía. En uno de esos encuentros, desayuno de por medio, el amigo al que vi ese día me inquirió:
“¿Sabes que la nombre_de_agencia_1 va a comprar a nombre_de_agencia_2 para que sea su agencia digital?”

Imaginen que se congela la imagen.
Imaginen que se escucha el sonido de un disco rayado.
Imaginen una voz en off que dice: “Quizá se preguntarán cómo he llegado hasta aquí.”

El antecedente
No mucha gente lo sabe, pero el motivo de que yo llegara a vivir a México fue una llamada telefónica de Miguel Calderón, una noche de Mayo de 2005. En nuestra conversación, Miguel me contó que una agencia multinacional de publicidad iba a comprar Grupo W (de la que Miguel era co-fundador), para que operara como “el brazo digital” (whatever that means) de la agencia compradora. Y que si quería unirme a ellos en la aventura.

Dicha adquisición, por motivos que no vienen al caso, nunca se produjo. Pero no importó. En 2006 desembarqué en Saltillo (Coahuila) para descubrir en México una segunda patria para mí.

Mayo de 2005, les digo.
No puede ser cierto que en 2016 haya compañías que pretendan subirse al “futuro” de la misma forma a como se intentaba hacer hace once años.
¿O sí?

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La narrativa del problema

Laberinto

Me pasó recientemente.
Los técnicos de la compañía responsable de instalar el servicio de Internet en mi casa llegaron y anduvieron trasteando un rato con el módem y los cables, antes de marcharse sin terminar la instalación por no-sé-qué problema con el abastecimiento del servicio en el edificio donde vivo. Regresaron al día siguiente con la (probable) solución, pero no funcionó. Se volvieron a marchar. Y a partir de entonces entré en una especie de bucle donde yo tenía que llamar al Servicio a Cliente de la compañía, contarles el status de mi instalación y agendar una nueva cita para que los técnicos volvieran a visitarme.

Esta rutina, digna de Día de la Marmota se repitió durante ocho días (laborales) consecutivos. “Hoy sí… ah, no, perdón”. Y cada uno de los días me daban una explicación distinta del motivo concreto por el que mi conexión a Internet tampoco quedaría instalada en ese momento.

Pasa al instalar un servicio de Internet en un domicilio. Pero también pasa cuando un banco te desaparece dinero que tienes en tu cuenta o te causa problemas con tus tarjetas de crédito sin tener aparentemente un motivo. O cuando una aerolínea retrasa un vuelo o te pierde las maletas.

En esos momentos, en que como usuario te sientes a la deriva sin saber muy bien qué hacer, todas estas compañías entran en un modo que podríamos denominar (props a Gonzalo Alonso) “la narrativa del problema”.

“La narrativa del problema” es ese bucle que se genera en el espacio-tiempo en el que, ante un problema con un servicio o producto de una marca, ésta dedica todo el tiempo a explicarte por qué se produjo el problema, en vez de informarte debidamente de los pasos a seguir para solucionarlo.

Esta “narrativa” se agrava, además, porque cada vez que contactas con alguien de la marca para saber el estado de tu reclamación te toca hablar con un nuevo interlocutor, que en muchos casos desconoce los detalles del problema que ya le contaste al interlocutor anterior. Así que re-narras lo sucedido para que ese nuevo interlocutor se entere, lo cual te hace revivir el problema y volver a enfadarte por lo sucedido, por tercera, cuarta o décima vez. Cuánta bilis.

Un usuario (pasada la rabia y confusión del momento) puede llegar a entender que estas cosas pasan. Porque shit happens, porque todos cometemos errores, etc. Pero también espera que, una vez “reportado” uno de estos problemas, todos los implicados entren en “modo solución” en vez de en “modo excusa”.

A veces pareciera que “la narrativa del problema” es una actitud voluntaria de las marcas para intentar cansar a sus usuarios, hasta que se den por vencidos y dejen de reclamar. Hay que ser muy tenaz y fuerte de voluntad y espíritu para llegar hasta el fondo del problema en que te metió esa marca, y encontrar así la solución al mismo.

Yo, sin embargo, creo que la gran mayoría de las marcas no activan su “narrativa del problema” por mala fe, sino simplemente por incapacidad, estupidez y falta de empatía. Factores meramente humanos, porque ya saben que las marcas piensan desde la oferta en vez de desde la demanda.

Sea como sea, esta “narrativa” es una gran contradicción para esas marcas que luego se preocupan por conseguir Likes en sus redes sociales o buscan maximizar sus métricas al lanzar una nueva campaña. No hay presupuesto de publicidad o marketing que pueda contrarrestar los devastadores efectos que causa “la narrativa del problema”.

Problemas formativos de la publicidad

Accesible o Accionable

Problemas formativos de la industria publicitaria (y de muchas otras):

Lo accesible (conferencias) no es accionable:
Los ciclos de conferencias suelen ser accesibles en costo y tiempo, pero no suelen dar información que posteriormente puedas convertir en algo accionable en tu experiencia personal. Suelen ser más una recolección de experiencias de los ponentes. Algo que se podría considerar como “inspirador”, pero poco más.

Lo accionable (cursos) no es accesible:
Los cursos sí enseñan un montón de contenidos y procesos que posteriormente puedes aplicar en tu día a día. Pero también requieren más horas, y no siempre los usuarios quieren pagar lo que el que organiza el curso dice que cuesta ese curso.

Cada cual es dueño de su dinero, y por el motivo que sea (no se entrega una certificación oficial al terminar, no se pueden cumplir los horarios, etc.) podríamos decir que los cursos no son (tan) accesibles.


Sería ideal que existiera un contenido formativo accesible y accionable (en la intersección del diagrama).

Las marcas como interfaz

Dedo e interfaz

Los más asiduos de este blog recordarán este antiguo post donde una imagen pedía a los usuarios que dieran cabezazos al teclado.
Durante mucho tiempo usé ese ejemplo en mis conferencias, porque más allá de lo (aparentemente) estúpido de la petición, lo interesante era que la imagen no era un contenido que compartir, sino una “herramienta” que pedía a los usuarios hacer algo. Y de entre todas las interacciones (dejar comentarios) de los mismos se generaba una divertida dinámica donde todos esos usuarios estaban creando una historia a medida que los cabezazos al teclado se sucedían, comentando unos las interacciones de los otros.

Sirve como ejemplo para, seis años después, explicar por dónde pudiera transitar el futuro publicitario de muchas marcas. Durante años escuchamos una y otra vez “el contenido es el rey”, pero los hechos parecieran demostrar lo contrario.

Las marcas siguen gastando ingentes cantidades de dinero en crear contenidos con los que poblar todas sus posesiones en redes sociales, pero de alguna manera todas ellas siguen rehenes de quien sirve a los usuarios todos esos contenidos: empresas de tecnología.

Porque hoy, las empresas a las que mejor les va en aquello de la publicidad son empresas de tecnología, especialmente Google, Facebook y (quizá) Snapchat. Y lo consiguen proporcionando a los usuarios, no un contenido, sino una interfaz en la que a veces consumir, pero sobre todo en la que poder interactuar con la interfaz y con otros usuarios para poder crear sus propias historias.

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La publicidad, las abuelas y el talento

Gran Hotel - Marquesa de Vergara

Hay un prototipo de abuela (o abuelo) que muchos hemos vivido (por vía directa o por vía de un amigo), el de esa persona entrañable que por la alegría de vernos unas pocas veces al año disculpaba nuestras niñerías, atendía nuestros caprichos, nos daba de comer lo que le pedíamos o nos daba dinero a escondidas de nuestros padres.

Esta semana pasada nos encontramos con textos y declaraciones de responsables globales de agencias de publicidad bastante sorprendentes al respecto de la inclusión femenina en las agencias o llamando a que los publicistas sean más “valientes” y “humanos” frente al auge de la tecnología (especialmente la Inteligencia Artificial y los bots) en el mundo publicitario.

Sorprendente, digo, porque uno esperaría que alguien que está a cargo mire hacia adelante para marcarle el camino a los que vienen detrás.

No me quiero poner dadaísta ni parecer ingrato. La publicidad me da de comer y me ha dado también muchas alegrías, pero hay que reconocer que, para ser una industria que se autodenomina “creativa” e “innovadora”, es una industria que se comporta de forma bastante cobarde cada vez que está en presencia de cada cosa nueva que llega a ella.

De la palabra “digital” (hace 20 años) a la expresión “Inteligencia Artificial” (dentro de 2), pasando por “diversidad” o “igualdad de género” (hoy), pareciera que muchas agencias de publicidad de hoy en día están más preocupadas porque no cambie nada de lo que alguna vez fue, en vez de aceptar la llegada de lo nuevo para crecer y avanzar a nuevos horizontes.

A mí me recuerdan a esa abuela de teleserie (como “Gran Hotel”, por ejemplo), que un día fue noble, rica y poderosa y que hoy, ya despojada de sus títulos y riquezas, ya sólo cuenta como posesión con esa mansión gigante y avejentada en la que un día tantas personas trabajaron formando parte de su servidumbre.

Cuando la industria de la publicidad se pregunta dónde está o por qué se marcha el talento, debiera hacer un ejercicio que es necesario en todos los órdenes de la vida: sólo avanzas cuando aceptas que aún tienes cosas que aprender; sólo puedes dar en la medida de lo que estás dispuesto a recibir.

Y parece que, últimamente, la publicidad está más preocupada por no perder lo poco que le queda (la mansión de la abuela) que por construir y aprender cosas nuevas que poder ofrecer a los que llegan a ella.

Pero (siguiendo con mi metáfora) no nos pongamos trágicos; quiero pensar que a esa abuela, pese a sus delirios de grandeza, le quedan unos buenos veinte o treinta años de vida. Pero hay que ayudarla a salir de su mansión y mandarla a otras latitudes. Un apartamento en Boca Ratón (Florida), por ejemplo.
Nuevas vistas, nuevos, amigos, nuevos hábitos, nuevas costumbres.
Para que aprenda cosas nuevas, y así tenga cosas nuevas que ofrecer.

Y quizá, entonces, a su familia (en la metáfora, ese talento que ahora esquiva la publicidad) le apetezca de nuevo acudir a visitarla.

Hay un Pokémon en tu tienda

Como ya sabrán, el fenómeno de las últimas semanas es Pokémon Go: todo el mundo, por todas partes, capturando Pokémon con su teléfono.

Así que no fue extraño que el domingo pasado, cuando andábamos de paseo por las instalaciones del Dolphin Mall (un gigantesco centro comercial de Miami) nos topáramos con esto:

Pokémon Go sin WiFi

Entré para preguntar cuánta gente había llegado buscando Pokémon y pedido el descuento del 10% y me dijeron… que… nadie.

Porque en ese mall hay tanta gente que el WiFi gratuito de que dispone se satura, así que si abres la aplicación cuando pasas cerca de la tienda nunca consigues que el juego se cargue completamente, porque la señal que llega a tu teléfono apenas alcanza para usar algún app de mensajería.

Alguien podrá decirme que los usuarios podrían usar su propio plan de datos en vez de el WiFi del mall, pero entonces yo contestaría que eso es dejar a la suerte uno de los elementos principales para que la gente juegue Pokémon Go: una conexión a Internet estable.

Imagino que no es éste un problema que tengan los dueños del restaurante cuya pizarra encontré en un tuit esta mañana:

Pokémon Go con WiFi

Moraleja:
Táctica de descuentos usando Pokémon Go, sí.
Y WiFi propio para que los usuarios puedan usarlo, también.

O sea, que el mayor número de variables para que la gente participe dependan de ti y no de los demás.