Legales de hoy y de mañana

Reclamo de copyright

Agosto de 2017.
Uno pensaría que la legislación (en general) debería empezar a preocuparse por cuestiones como definir de quién es la propiedad intelectual de una obra literaria escrita por una Inteligencia Artificial, o a quién dar la razón si dentro de quince años un niño demanda a sus padres por todas las fotos que subieron a Internet sin su consentimiento cuando él era un menor de edad.

Sin embargo, la legislación pasa la mayor parte de su tiempo enfrascada en, por ejemplo, dar de baja los vídeos de tal o cual partido de fútbol que un aficionado sube a una plataforma para compartir la alegría por el gol que su equipo acaba de anotar. Y temáticas similares.

Legislando para conservar el pasado. O, como se dice en España, poniéndole puertas al campo.

Un taller para diseñar futuros

smart Creative Lab

smart Creative Lab es una experiencia educativa para las industrias creativas, un ejercicio de experimentación para repensar el futuro de la ciudad.

Como parte de las actividades, una serie de 16 cursos y talleres repartidos en cuatro ejes temáticos, estaré impartiendo (del viernes 28 de Julio al martes 1 de Agosto, en las instalaciones de CENTRO) un taller sobre “Diseño de Futuros”, una de las disciplinas “creativo/estratégicas” más apasionantes que podrás encontrar hoy en día, y que en contra de lo que el nombre pudiera sugerir (o alguien pensar) no tiene como objetivo predecir el futuro, sino intentar llevarnos hacia el que nos parezca más deseable.

En ese tenor, escribí la siguiente descripción para el taller:

La construcción del futuro es una misión de todos y conlleva además una responsabilidad ética.
Adéntrate en los principios del análisis prospectivo, imagina escenarios y diseña mapas que te permitan anticiparte a las tendencias y a la solución de problemas futuros.

Si estás interesado en cursar el taller, aún me quedan algunos códigos de descuento. Escríbeme un correo a dani.granatta@gmail.com para enviarte uno.

· Más información sobre smart Creative Lab
· Información sobre mi taller (temario, objetivos, fechas, precio)

Niños y tecnología

La representación en el imaginario colectivo de la expresión “niños y tecnología” es la de alguien menor de diez años usando un teléfono o una tablet. Es una imagen limitada, que carece de matices mucho más interesantes como la relación con el dispositivo (por qué usar un ratón o un teclado, si puedes usar tu voz) o la relación de esos niños con conceptos aparentemente abstractos para ellos (por ejemplo, el dinero).

Por motivos quizá más que obvios, uno de los temas que más me interesa en la actualidad es el acercamiento de los niños a la tecnología, sobre todo porque creo equivocado nuestro enfoque de adultos que piensan constantemente en la misma como una fuente de posibles peligros. Quizá sea porque la explosión tecnológica sucedió ante nuestros ojos y, al desconocerla y no poder dimensionar sus consecuencias, no podemos percibirla de la forma natural e inocente en que lo hacen los más pequeños.

Pero tras leer un par de libros sobre el tema el pasado fin de semana pareciera que la solución como padres a los problemas que la tecnología ocasiona sea privar a los niños de ella, en vez de considerarla como lo que creo es, una de las más poderosas herramientas de expresión y desarrollo personal que jamás hayan existido. Negársela a los niños por los peligros que pueda conllevar (para qué salir a la calle, si te puede atropellar un camión) en vez de guiarlos para que hallen su propio camino es cerrarles las puertas del futuro.

Y para hablar de esa y otras cosas me vi un día en la televisión:

Y también en el vídeoblog de Ana Paola, mejor conocida en las redes como “Mamá Gallina”:

De viaje con Moshi: confesiones de un conferencista

Artículos de Moshi

El año pasado impartí tantas conferencias que en algún punto empecé a hacer notar en mis redes sociales que parecía ser un artista popular, tocando en cuanto escenario (grande o pequeño, cerca o lejos) estuviera disponible. O una versión low-budget, claro.

Tweets de Moshi Latam

Un día, Moshi me escribió para preguntarme si alguno de sus productos me ayudaría a que mi vida de conferencia-allá-donde-me-llamen fuera más fácil. Dije que sí, ellos me los enviaron, y yo escribí este texto (y tomando fotos por el camino) para contarles a ustedes, lectores, el porqué.

Leer texto completo: Confesiones de un conferencista

Cosas lindas que le pasan a mi curso en línea

Una semana al aire con mi curso sobre Creatividad Publicitaria y algunas fotografías lindas que me han llegado por correo y redes sociales:

Una app de control remoto de Alberto recomendándole comenzar el curso cuanto antes:

Curso en vídeo - Daniel Granatta / Domestika

O la pantalla de Rafael, ya metido en harina:

Curso en vídeo - Daniel Granatta / Domestika

También hay agencias que deciden que el curso es una buena manera de formar a sus integrantes, como sucede en la de Adry y Gonzalo:

Curso en vídeo - Daniel Granatta / Domestika

O en la de Vick:

Curso en vídeo - Daniel Granatta / Domestika

Y también hay personas que están ahorrando religiosamente para comprarlo, como Elsi y Daniel:

Curso en vídeo - Daniel Granatta / Domestika

Estoy emocionado.
Como comentaba en este post, este curso es mi versión 2017 de los libros que escribí hace muchos años.
Gracias a todos/as.


“Creatividad Publicitaria para todos los públicos”
Un curso de Domestika y Daniel Granatta
http://domestika.org/es/courses/160-creatividad-publicitaria-para-todos-los-publicos/granatta

La hora Swatch y el meridiano de Netflix

Husos horarios

A finales del siglo pasado, en la creencia de que en un mundo hiperconectado 24/7 no tiene sentido separar a las personas por husos horarios, surgió una iniciativa llamada la Hora Swatch (también llamada Hora Internet), en la cual cada día se dividía en 1000 fragmentos y la hora se marcaba igual para todos los habitantes del planeta, donde quiera que estuviesen.

No recuerdo que tuviera mucho éxito, como pasa con muchas de las cosas que surgen veinte años adelantadas a su tiempo, pero lo cierto es que, siendo 2016, yo apenas noto la diferencia horaria con la gente con la que trabajo o me relaciono y que vive en otros lados del planeta.

España está seis husos horarios por delante de Miami y siete de México, pero nunca siento que tenga que esperar seis o siete horas por alguien de allí si es que necesito algo. Mucha gente que vive en aquel lado del charco suele estar despierta (y conectada) a altas horas de la noche (no sabemos si son insomnes o madrugadores), cuando para mí aún es por la tarde. Y a su vez, tengo por costumbre levantarme temprano, cuando por aquellas latitudes aún no es ni la hora de comer.

Y en ese contexto hay horas que son comunes para todo el planeta. Cuando HBO Now lanza el nuevo episodio de “Game of Thrones. O cuando Netflix lanza la nueva temporada de la serie de Netflix que más les guste. No importa dónde estés o la hora que sea. A esa hora es la hora a la que un nuevo episodio (o una temporada completa) se libera y todos acudimos raudos y veloces a verlo.

A mí me pasó hace poco con “Stranger Things”. La vi de un tirón el fin de semana que salió. Y ahora veo como muchas personas de mi timeline la van descubriendo poco a poco, aunque para mí y para los amigos con quienes la comenté hace tres semanas es algo que pertenece, no al pasado, pero sí a un huso horario distinto. Y no estaremos todos en el mismo huso horario hasta que todos hayamos alcanzado un episodio determinado.

Lo mismo me sucede cuando soy yo el que llega tarde al descubrir algo que muchos de mis amigos ya hayan visto, como me ocurrió recientemente con “Sense 8”. Son ellos los que van varios husos horarios por delante mío.

Piénsenlo. La Hora Swatch sigue vigente con distinta forma.
Quizá haya que renombrar el Meridiano de Greenwich como el Meridiano de Netflix.

Adoptando tecnología

Este era mi teléfono en 2003, la primera vez que viajé a Estados Unidos, un Nokia 7650:

Siempre recordaré, al pasar por uno de los controles de seguridad, mi conversación con un agente muy malencarado que intentaba abrir el teléfono como si fuera uno de esos antiguos Motorola StarTAC:

Agente: ¿Qué es esto, señor?
Yo: Un teléfono
Agente: No parece un teléfono
Yo: Se abre así, tiene una cámara
Agente: ¿Una cámara de fotos en el teléfono? ¿Para qué?

Catorce años después nadie se pregunta por qué tener una cámara de fotos en el teléfono, todos lo aceptamos como algo normal y ni siquiera recordamos cómo eran los teléfonos antes de la aceptación masiva de la fotografía digital.

Realidad aumentada

Vivimos estos días la explosión de popularidad de Pokémon Go y, por ende, de la tecnología que la soporta (Realidad Aumentada). Pero la Realidad Aumentada no es nada nuevo. Ya la usábamos en publicidad hace ocho o nueve años, con la única diferencia de que usábamos la webcam de tu ordenador en vez de la cámara de un teléfono. Pero es ahora cuando los usuarios la comienzan a utilizar sin poner en cuestión la capa de tecnología que la soporta.

Siguiendo la estela, muchas otras tecnologías están aún a, al menos, diez años de que sean masivamente aceptadas y/o entendidas: nanotecnología, criptomonedas, inteligencia artificial, etc. Y es ahora y en la intersección de muchas de ellas donde hay grandes oportunidades.

Los traductores de Facebook

Aunque ya me había ocurrido varias veces el que Facebook me traduzca los status de algunos de mis contactos (cuando están escritos en idiomas distintos al castellano o al inglés), hoy me percaté (en este post de Luis) de que, adicionalmente, puedes calificar la precisión de esa traducción:

El traductor de Facebook

Es un detalle con el que los usuarios pueden retribuir a la plataforma a cambio de recibir la traducción de un status en un idioma que no comprenden. El detalle parece pequeño, pero como decíamos en este post (“Átomos y Bits”), cuando lanzas un pequeño detalle para una población de más de 1600 millones de personas, las consecuencias son gigantescas.

En este caso, que somos los propios usuarios los que perfeccionamos (en tiempo real) la precisión de las traducciones que ofrece Facebook. No sus ingenieros, sino su comunidad.

Bits 1 – Átomos 0.

El acento de los hijos de la Gran Bretaña

Si tuviera acento inglés...

Pasa en países latinos, pero pasa también en Estados Unidos. Estás en una reunión donde varias personas presentan sus ideas (en inglés), cuando de repente una de ellas habla con acento británico, del de Inglaterra y alrededores.

“Mierda”, pensamos todos los demás, “con ese acento este hombre vende lo que quiera, aunque sea una reverenda estupidez.”

De hecho alguna vez me imaginé cómo deben ser las conversaciones de los creativos ingleses que trabajan en Estados Unidos, cuando se van a casa por Navidad:

– ¿Qué tal, cómo te está yendo en el nuevo trabajo?
– ¡Muy bien! Sólo abro la boca y me compran todas mis ideas.
– ¡Ja, ja, ja!*
– ¡Sí, ja, ja, ja!

* Los “ja, ja, ja” son de mi invención, lo otro (probablemente) no

Tan pulcros, tan sonoros y con tan buenos modales, quizá fue por ello por lo que me llamó la atención este vídeo (vía Boing Boing) de conductores británicos soltando improperios por la boca, en un día cualquiera de tráfico:

O pueden verse este otro vídeo para aprender cómo pronunciar cada palabra “a la british accent”:

No tengo ningún dato que lo demuestre, pero tengo la impresión de que, fuera de su país de origen, seguro venden más ideas teniendo ese acento que si no lo tuvieran.

Tener un blog

Pluma estilográfica

Como estoy cambiando el template de este blog, me dio por hacer algunas reflexiones.

Siempre cuento, cuando tengo ocasión de dar alguna charla, que empecé a escribir en este blog porque en aquel entonces (2008-09) no encontraba nada que me gustara leer en castellano sobre la publicidad y lo que yo pensaba que podía ser su “evolución”. O “involución”, claro.
He tenido épocas más inspiradas y otras (como ésta) en que lo estoy un poco menos, pero sea como sea nunca dejé de escribir. Y, eventualmente, encontré lectores y colaboradores por el camino. Algunos siguen, otros llegan de pasada y se vuelven a marchar, y otros llegan no al blog, sino a algunos textos que encuentran útiles aunque se escribieran hace cuatro o cinco años.

Nunca dediqué a este blog más tiempo que el de escribir sus posts. Nunca me he preocupado por generar más tráfico, optimizar su SEO o incluir banners o cualquier otra vía de remuneración económica. Y así, la audiencia que llega a leer aquí lo es porque encuentran algo que les puede interesar leer tanto como a mí me interesa escribirlo, nada más. Y nada menos.

Supongo entonces que sueno muy tonto cuando me preguntan alguna vez que qué es lo que hago para que la gente que lee este blog lea este blog, porque respondo que lo único que hago es escribir. Y creo que, independientemente de otras zarandajas, así es como funciona esto: uno escribe o dedica tiempo a compartir lo que sabe o lo que opina de un tema concreto y, tarde o temprano, por raro o minoritario que parezca eso de lo que se publica, acabarás encontrando gente a la que también le resulte de interés (aunque sea para llevarte la contraria).

Empezar y tirar millas sin mirar atrás, porque al final (aunque tarde un poco) encontrarás tus lectores, ese es el mejor consejo que le puedo dar a alguien.

Me gusta pensar en este lugar como el espacio donde puedo venir a verter lo que tengo en la cabeza. Y me preocupo cuando tengo pocas cosas que verter aquí porque significa que la cabeza no está suficientemente estimulada. También me gusta pensar que lo que aquí escribo tiene al final un reflejo (positivo o negativo) en mi trabajo. Y me preocupo cuando lo que hago nada tiene que ver con lo que escribo.

En suma, escribir en un blog es más una terapia o un trabajo en sí mismo que el simple hobby que pudiera parecer a simple vista. Y por eso es un compromiso, con uno y con los demás, y hay que tomárselo muy en serio.