Los traductores de Facebook

Aunque ya me había ocurrido varias veces el que Facebook me traduzca los status de algunos de mis contactos (cuando están escritos en idiomas distintos al castellano o al inglés), hoy me percaté (en este post de Luis) de que, adicionalmente, puedes calificar la precisión de esa traducción:

El traductor de Facebook

Es un detalle con el que los usuarios pueden retribuir a la plataforma a cambio de recibir la traducción de un status en un idioma que no comprenden. El detalle parece pequeño, pero como decíamos en este post (“Átomos y Bits”), cuando lanzas un pequeño detalle para una población de más de 1600 millones de personas, las consecuencias son gigantescas.

En este caso, que somos los propios usuarios los que perfeccionamos (en tiempo real) la precisión de las traducciones que ofrece Facebook. No sus ingenieros, sino su comunidad.

Bits 1 – Átomos 0.

El acento de los hijos de la Gran Bretaña

Si tuviera acento inglés...

Pasa en países latinos, pero pasa también en Estados Unidos. Estás en una reunión donde varias personas presentan sus ideas (en inglés), cuando de repente una de ellas habla con acento británico, del de Inglaterra y alrededores.

“Mierda”, pensamos todos los demás, “con ese acento este hombre vende lo que quiera, aunque sea una reverenda estupidez.”

De hecho alguna vez me imaginé cómo deben ser las conversaciones de los creativos ingleses que trabajan en Estados Unidos, cuando se van a casa por Navidad:

– ¿Qué tal, cómo te está yendo en el nuevo trabajo?
– ¡Muy bien! Sólo abro la boca y me compran todas mis ideas.
– ¡Ja, ja, ja!*
– ¡Sí, ja, ja, ja!

* Los “ja, ja, ja” son de mi invención, lo otro (probablemente) no

Tan pulcros, tan sonoros y con tan buenos modales, quizá fue por ello por lo que me llamó la atención este vídeo (vía Boing Boing) de conductores británicos soltando improperios por la boca, en un día cualquiera de tráfico:

O pueden verse este otro vídeo para aprender cómo pronunciar cada palabra “a la british accent”:

No tengo ningún dato que lo demuestre, pero tengo la impresión de que, fuera de su país de origen, seguro venden más ideas teniendo ese acento que si no lo tuvieran.

Tener un blog

Pluma estilográfica

Como estoy cambiando el template de este blog, me dio por hacer algunas reflexiones.

Siempre cuento, cuando tengo ocasión de dar alguna charla, que empecé a escribir en este blog porque en aquel entonces (2008-09) no encontraba nada que me gustara leer en castellano sobre la publicidad y lo que yo pensaba que podía ser su “evolución”. O “involución”, claro.
He tenido épocas más inspiradas y otras (como ésta) en que lo estoy un poco menos, pero sea como sea nunca dejé de escribir. Y, eventualmente, encontré lectores y colaboradores por el camino. Algunos siguen, otros llegan de pasada y se vuelven a marchar, y otros llegan no al blog, sino a algunos textos que encuentran útiles aunque se escribieran hace cuatro o cinco años.

Nunca dediqué a este blog más tiempo que el de escribir sus posts. Nunca me he preocupado por generar más tráfico, optimizar su SEO o incluir banners o cualquier otra vía de remuneración económica. Y así, la audiencia que llega a leer aquí lo es porque encuentran algo que les puede interesar leer tanto como a mí me interesa escribirlo, nada más. Y nada menos.

Supongo entonces que sueno muy tonto cuando me preguntan alguna vez que qué es lo que hago para que la gente que lee este blog lea este blog, porque respondo que lo único que hago es escribir. Y creo que, independientemente de otras zarandajas, así es como funciona esto: uno escribe o dedica tiempo a compartir lo que sabe o lo que opina de un tema concreto y, tarde o temprano, por raro o minoritario que parezca eso de lo que se publica, acabarás encontrando gente a la que también le resulte de interés (aunque sea para llevarte la contraria).

Empezar y tirar millas sin mirar atrás, porque al final (aunque tarde un poco) encontrarás tus lectores, ese es el mejor consejo que le puedo dar a alguien.

Me gusta pensar en este lugar como el espacio donde puedo venir a verter lo que tengo en la cabeza. Y me preocupo cuando tengo pocas cosas que verter aquí porque significa que la cabeza no está suficientemente estimulada. También me gusta pensar que lo que aquí escribo tiene al final un reflejo (positivo o negativo) en mi trabajo. Y me preocupo cuando lo que hago nada tiene que ver con lo que escribo.

En suma, escribir en un blog es más una terapia o un trabajo en sí mismo que el simple hobby que pudiera parecer a simple vista. Y por eso es un compromiso, con uno y con los demás, y hay que tomárselo muy en serio.

Steve Jobs y “Think Different”

Logo de Think Different

A menudo, la publicidad de una marca tiene mucho más que ver con los responsables de esa marca que con la agencia que trabaja para ellos. Este vídeo de Steve Jobs hablando de la campaña “Think Different” es una radiografía maravillosa de alguien que tiene clarísimo qué es su marca y cuál es su propósito:

Todos somos cyborgs

Neil Harbisson

Neil Harbisson es un cyborg. No porque esté pirado (bueno, un poco sí), sino porque lo necesita para poder distinguir los colores:

Este tipo de “implantes” serán tan comunes (si es que no lo son ya) como los de aquella persona que lleva una ayuda auditiva o una prótesis en una rodilla porque tiene los meniscos desgastados, por ejemplo.

Y de entre toda la información, un matiz muy interesante: hemos pasado de decir “mi teléfono móvil se está quedando sin batería” a decir “me estoy quedando sin batería”. O sea, que todos somos un poco cyborg, aunque no tengamos aún implantada la parte electrónica de cada uno de nosotros.

Bichos bioelectrónicos, que diría Ángel Arias.

El Señor de las moscas y los robots

Amigos de los robots

Alimentados por cada nuevo vídeo que lanzaba Boston Dynamics, cuando estábamos en Flock teníamos un chiste que rezaba algo así como que en 15-20 años ya no le diríamos a nuestros hijos que dejaran de molestar al perro de la casa (si es que tienes hijo o perros), sino que habríamos de decirles que dejaran de darle patadas al robot doméstico.

Y seguía siendo chiste hasta que vi este fascinante experimento que Jorge me envió hace unos días, en el que se puede observar lo que sucede cuando dejas a varios niños a solas… con un robot:

Lo interesante no es sólo lo que sucede con los niños, sino cómo el robot aprende de cada situación para reaccionar, por ejemplo, yendo en dirección a los padres de alguno de esos niños para que éste abandone semejantes comportamientos. Una belleza.

The robots. Are coming. ¿Quién dijo ciencia-ficción?

El arte de visualizar

Revista TIME - Answers issue

Entre mis compras de impulso en la caja del supermercado me llevé un ejemplar del último número de la revista TIME, dedicado a las respuestas. Lo escribo entrecomillado porque se refiere a esas respuestas que no sabemos que ya tenemos porque, cual partida de Jeopardy, desconocemos las preguntas a las que responden.

Algunos ejemplos de estas preguntas pueden ser “¿por qué tenemos cicatrices?”, “¿por qué los Cheerios son redondos?” o “¿cómo respira un feto?”, y habla el artículo de cómo, mediante el arte de la visualización, podemos paliar ese nuevo problema que tenemos en esta época: tan nocivo es no disponer de información como disponer de un exceso de la misma. Cuanta más información, más complicado es extraer su significado.

Una vez más, tendremos que echar mano de la obra de Tufte para aprender a navegar datos que nos permitan responder:
· Descubre si vives en un estado “bitch” o “fuck”
· En qué lugar del mundo se pronuncia por última vez la palabra “Fuck”

Desde el lado más poético, uno no puede dejar de pensar en lo bien que suenan las frases que nos trae esta época:
“Ya tenemos la capacidad de hacernos preguntas que no sabíamos que ya podíamos hacernos.”

Porque suena a profecía.
Pero por lo que se ve, hasta las profecías traen implícitos sus propios problemas.

Los Haters son…

hatersfollowers

Desactivar el modo pasivo-agresivo

Mafalda Presidente

En lo que se refiere a la inteligencia artificial, aún vemos el sarcasmo o el descaro de un bot de la misma forma en que vemos a un niño saliéndose por la tangente respondiéndole a sus mayores:

A ver durante cuánto tiempo nos dura la tolerancia, porque cuando acabe, probablemente, el modo pasivo-agresivo sea una opción que puedes activar/desactivar en la configuración de (en este caso) tu teléfono.

La escasez como autodefensa para las agencias

Tapa de Nescafé

El “scarcity” (que se podría traducir como “escasez”) es esa disciplina del marketing con la que te topas, por ejemplo, cuando encuentras una oferta para un vuelo de avión de la que sólo quedan tres unidades o diez minutos para que deje de ser válida. Entonces, ante la perspectiva de perderte semejante bicoca, decides realizar tu compra, cuando en una situación normal seguirías buscando para ver si encuentras una oferta mejor.

El “scarcity” no siempre es tan sibilino como el ejemplo que acabo de contar, sino que a veces es utilizado por las compañías para entender bien de qué se trata alguno de sus productos, antes de lanzarlo masivamente al mercado con una versión más madura. Tal es el caso de la Nike Fuelband, que inicialmente sólo se vendía en Estados Unidos e Inglaterra. Cuando pregunté alguna vez por qué no se vendía en México o España, recibí como respuesta la de que aún estaban intentando comprender exactamente cómo y por qué la gente usaba las escasas que había en el mercado (o como escribía yo hace unos días, porque “no es la app, estúpido”).

Me acordé entonces de cuando alguna vez charlé con Héctor sobre la labor artesanal que hubieron de realizar para lanzar uno de los proyectos más bonitos que vi el pasado año, la tapa despertador que en Publicis México hicieron para Nescafé:

Me contaba Héctor que las doscientas tapas que se lanzaron hubieron de ser producidas y armadas a mano y una por una. Y me pareció un proceso tierno y a la vez necesario, porque si en algo me equivoqué esencialmente cuando yo proponía estas cosas en JWT México, fue el no entender que, al pensar las marcas en la innovación de producto como algo encapsulado y no en una sucesión de iteraciones, proponer una fabricación en serie de diez mil o veinte mil piezas en China es prácticamente inviable en tiempos y costos. Yo quería que marcas que hacen, por ejemplo, chocolate o bebidas energéticas, se dedicaran a fabricar productos como ratones o balones de fútbol, en vez de pensar en esos productos como herramientas de comunicación que pudieran contar una gran historia y realizar una gran labor de relaciones públicas. No digo que sea lo ideal, pero si enfocas así este tema tienes más visos de llegar a productos terminados, en vez de quedarte en tu escritorio con un montón de ideas increíbles… en una presentación de Powerpoint.

Doscientas tapas de Nescafé son muy pocas, pero a mí me gustaría tener una porque me parece una muy bonita forma de contar una historia relacionada con la marca, y porque no puedo conseguir una fácilmente. No sé, en cambio, si compraría una si hubiera miles y estuvieran a la venta.

O sea que para hacer innovación de producto para las marcas para las que trabajamos quizá haya primero que hacer una pequeña tirada y ver cómo funciona, cuánto la quieren y qué reacciones despierta a un pequeño costo, el tan famoso producto mínimo viable. Pero no para venderle la idea al cliente (como yo pensaba), sino para ponerla directamente en el mercado, esperando que el público y la cobertura en blogs y medios aprecien lo que uno quería al presentar la idea.

Y entonces, si todo sale bien, se habrán ganado el derecho a una segunda ronda.

Concluyendo, pocas veces las marcas van a producir productos aparte de los que son su negocio principal. Pero quizá combinando una buena idea con un poco de “scarcity” marketing puede que se lo piensen. Quizá el “scarcity” pueda ser una buena forma de autodefensa para las agencias de publicidad que piensan que pueden hacer algo más que campañas para sus clientes.

P.S.: Curiosamente, y mientras escribo esto, me topo con esta nota del diario The Times acerca de por qué compartirle al mundo que tienes una buena idea: para ver cómo reacciona :)