Mi nuevo curso sobre creatividad en Domestika

Cover segundo curso en Domestika

TL; DR:
Hay más de 500 métodos registrados para crear ideas, y puedes escoger utilizar cualquiera de ellos. El que te cuento en este curso no es uno de esos 500, pero también funciona perfectamente, tanto si eres publicista, emprendedor o simplemente curioso.

Lo puedes adquirir aquí:
Creatividad: generando ideas a través de la tecnología y el storytelling
https://www.domestika.org/es/courses/234-creatividad-generando-ideas-a-traves-de-la-tecnologia-y-el-storytelling/granatta

Daniel Granatta - Curso Domestika

Empecé a impartir este curso involuntariamente. Estaba dando clase en una universidad de Monterrey (NL, México) a principios del pasado año y uno de los días acabé mi temario antes de tiempo. Para llenar las dos horas que me quedaban le propuse a mis alumnos (mayoritariamente de Diseño de Modas) un ejercicio que involucraba dos de mis intereses favoritos: las historias y la tecnología.

Al cabo de las dos horas me sorprendió tanto la calidad de las ideas que habían alcanzado, que decidí volver lo improvisado algo más organizado, para posteriormente pasar gran parte de 2017 yendo aquí y allá, poniendo en práctica este método en forma de taller.

Como en una especie de efecto Benjamin Button, el taller (y el sencillo método que involucra) se fue volviendo cada vez un poco mejor, un poco más sofisticado dentro de su simpleza, eliminando lo que sobraba y dándole más tiempo a lo que era necesario.

A mitad de año surgió la posibilidad de crear otro curso con Domestika, así que la decisión fue rápida, convertir aquellos talleres presenciales en una oportunidad virtual para cualquier persona que quiera aprender cómo la inspiración no es algo que llega, sino algo que se persigue. Con rigor, esfuerzo y disciplina.

Creatividad: generando ideas a través de la tecnología y el storytelling from Domestika on Vimeo.

Esa es básicamente la propuesta de este curso: crear grandes ideas requiere mucho tiempo y esfuerzo, pero ambos pueden eficientarse trabajando de la forma adecuada, en vez de quemarte las pestañas noche tras noche. Hay gente que todavía piensa que tener grandes ideas es sinónimo de desvelarse semanas y semanas. No. Tener grandes ideas (con frecuencia) es sinónimo de trabajar bien.

Como en todo curso de Domestika, comprarlo (su precio es unos $35 USD) te garantiza el acceso siempre que quieras, ya sea para tomar las lecciones, escribir en el foro acerca de las tareas que se nombran en cada una de aquellas para que practiques lo explicado, revisar de nuevo un vídeo que ya habías visto, etc.

Los contenidos son los siguientes:
Continue reading Mi nuevo curso sobre creatividad en Domestika

Recordatorios aumentados

Realidad Aumentada de cámara trasera

La imagen que abre este post, una fotografía de la pantalla de una camioneta con la marcha atrás activada (indicando la ruta que seguirá la camioneta en función del giro de las ruedas) fue un amable recordatorio de una de mis citas favoritas:

“La tecnología es todo aquello que todavía no funciona.”- Danny Hillis

En el entendido de que denominamos “tecnología” a objetos o funcionalidades que existen y funcionan, aunque no al 100% o el 100% de las veces. Y cuando lo hacen, entonces le adjudicamos un nombre específico, por ejemplo, “Internet”, “Bluetooth”, “Silla”.
Una vez funcionan, ya no son tecnologías sino cosas concretas.

La imagen de la cámara me recordó una vez más cómo comenzamos a tener muchos ejemplos que usan la tecnología de realidad aumentada con un propósito definido: “Cámara trasera”, “Filtro de Snapchat”, “Pokemon Go”.

Todo lo contrario a otras tecnologías como la de la Realidad Virtual, a la que seguimos llamando, en Enero de 2018, “Tecnología”. A falta de buenos ejemplos por los que nombrar su uso y no lo que la posibilita, cabe deducir entonces que todavía no funciona “correctamente”.

La tecnología, el bypass y el tren digno para Extremadura

Aftermath Huracán María - Puerto Rico

El rol de la tecnología, en mi opinión, no es crear aplicaciones y proyectos que sirvan para que “crowdsourcees” lo que antes te hacía tu mamá (por ejemplo, lavar la ropa, o cualquiera de esas otras “ideas” donde alguien en Silicon Valley descubre algo que ya existía con otro nombre desde hace décadas). No. Uno de los roles principales de la tecnología es servir para que aquellos (sean personas, compañías, países, etc.) que están rezagados por el motivo que sea (estructural, desastres, etc.) puedan compensar esa carencia y equipararse en capacidades y oportunidades con otros que han corrido mejor suerte.

Por ejemplo, imagina que estás en un lugar perdido de una sierra de algún país, en un punto denominado A, y tienes que llevar alimentos y medicinas a otro punto denominado B.

Para cumplir con esta tarea, tienes varias opciones:
a) Esperar a que el gobierno de turno desarrolle las infraestructuras (carreteras) para poder llevarlas en coche de un lugar al otro. Buena suerte con la espera.
b) Reconocer que no hay buenas carreteras, sino apenas un camino por el que no puede circular un coche normal, pero sí quizá uno equipado para ese tipo de terrenos: un Land Rover, un Hummer, etc. Ok, puede funcionar, pero igual te encuentras con algún bandido que atraque el vehículo a mitad de camino.
c) Utilizar uno o varios drones para llevar los víveres del punto A al punto B. Una buena oportunidad de olvidarse de las carencias de desarrollo que tenga ese lugar concreto, para centrarse en cómo hacer la entrega de la forma más eficiente posible. Bingo.

Como puede parecer lógico, la opción a) es la más descabellada de todas, pero es lamentablemente la que sería más socorrida. Cada país intenta reproducir los haceres de aquellos más desarrollados que él, sin tener en cuenta que ese desarrollo concreto se produjo en otros lugares en tiempos muy lejanos y específicos (por ejemplo, después de alguna guerra civil o alguna de las dos guerras mundiales). Intentar seguir la senda de alguien más desarrollado es la mejor garantía para seguir rezagado una (larga) temporada más.

Imagínate que hoy fueras elegido gobernante de un nuevo país recién creado. No sólo tendrías que preocuparte de cómo es tu bandera o con quién votas en la ONU, sino también de si la electricidad está a cargo de una compañía pública o privada, de si usa o no recursos naturales, o si, por ejemplo, tu divisa debiera ser una respaldada por un banco federal o si (por el contrario) pudiera una de esas nuevas criptomonedas que ven la luz cada día.

Continue reading La tecnología, el bypass y el tren digno para Extremadura

Privacidad, teatro con Wi-Fi

Privacidad México - programa de mano

Apagar tu teléfono (o silenciarlo al menos) es uno de los requisitos básicos de buenas maneras cada vez que uno acude al teatro. Ese día, en cambio, una voz solemne nos pedía que nos conectáramos a una de las redes inalámbricas disponibles durante la representación de la función.

Nadie dudó ni un segundo en hacerlo. Ya saben que hoy en día no importa si estamos al lado de un millón de dólares, del último Bitcoin disponible o de la aparición bíblica de algún Arcángel. Si hay un Wi-Fi al que conectarse elegimos conectarnos al Wi-Fi antes que hacer o prestarle atención a cualquier otra cosa.

Ese fue el primer detalle que me llamó la atención cuando hace un par de meses asistí a una de las representaciones de “Privacidad”, en el Teatro de los Insurgentes de la Ciudad de México.

La obra, que se estrenó primero en Londres, es una adaptación de varios textos escritos por Edward Snowden, allá por 2014, al respecto de cómo los gobiernos y grandes corporaciones vigilan y comercian con los datos que diariamente generamos mediante nuestros dispositivos conectados a Internet.

Privacidad México - público con selfie

Entretenida, algo densa en ocasiones, “Privacidad” es un magnífico vehículo para la reflexión al respecto de dónde van a parar y las consecuencias de cada una de las (aparentemente) inocentes interacciones que realizamos a diario: la selfie, un filtro de Snapchat, una búsqueda en Google, un correo a nuestro banco, etc.

Es ahí donde se activa una segunda capa de entretenimiento muy significativa: son tan relevantes las palabras recitadas sobre el escenario como la observación de las reacciones del público durante el transcurso de las mismas. Aunque somos conscientes desde el inicio de que estamos asistiendo a la representación de un texto relacionado con nuestros datos y su privacidad, nadie tiene ningún reparo en, por ejemplo, tomarse una selfie y enviarla a una dirección de correo que aparece en varias pantallas cuando el personaje de turno lo solicita. Porque… ¿qué hay de malo en tomarse una selfie cuando además tenemos un buen teléfono y sabemos tomarla y compartirla?
Continue reading Privacidad, teatro con Wi-Fi

La vida eterna… o no

Who wants to live forever - Queen / Highlander

Con el crecimiento exponencial de la capacidad de cómputo de los dispositivos que nos rodean, los retos que antes presentaban problemas de factibilidad ahora se volvieron más bien de tipo ético. Por ejemplo, y con las debidas salvaguardas, podemos pensar en que ya no hay mayor problema en que un coche autónomo te pueda llevar de un punto A a un punto B (factibilidad), pero que sigue sin resolverse el tema de cuál es el menor de los males en caso de un accidente que no se pueda evitar (el famoso “trolley problem”).

Así que, siguiendo por esa senda, uno pudiera pensar que otras muchas cuestiones que ahora ni siquiera somos capaces de concebir pudieran pasar a un plano ético en los años venideros, como por ejemplo ¿te gustaría vivir para siempre?

Hoy es una pregunta referida a la factibilidad (“¿crees que algún día podremos vivir para siempre?”), pero que, al igual que con los coches, dentro de unos años quizá pudiera ser de tipo ético (“¿te gustaría vivir para siempre?”).

Es una cuestión que muchas veces hago a mis alumnos, con respuestas variadas y de todo tipo, porque las distintas capas culturales que cada uno lleva consigo pesan (y mucho) a la hora de responder. Porque si podemos vivir para siempre, ¿qué será de nosotros si nuestros seres amados no quieren hacerlo? ¿o en dónde entran las religiones cuando desaparece la promesa de la “reencarnación” o la “vida eterna” más allá de aquí donde vivimos? También podríamos, si quieren, entrar en otras muchas disquisiciones de tipo legal o filosófico, por ejemplo: ¿Podrá hacerlo cualquiera? ¿Sólo los ricos? ¿Cómo se redefiniría el concepto de sobrepoblación? ¿Y el de uso de los recursos? ¿Seguirían naciendo niños? ¿Necesitamos colonias en otros planetas porque aquí ya no cabríamos?

Continue reading La vida eterna… o no

Cuando el futuro llega del pasado

Douglas Adams y el número 42

Esta cita de Douglas Adams es cada vez más pertinente cada vez que tenemos que hablar de tecnología:

“He descrito una serie de reglas que explican nuestra reacción a la tecnología:
1. Cualquier cosa que existe en el mundo cuando naces es normal y cotidiana, y es simplemente parte de cómo funciona el mundo.
2. Cualquier cosa que se inventa cuando tienes entre quince y treinta y cinco años es nueva, emocionante y revolucionaria, y probablemente puedes desarrollar tu carrera en ello.
3. Cualquier cosa que se inventa después de tus treinta y cinco años va contra el orden natural de las cosas.”

* cita original en inglés *

Lo cual explicaría, por ejemplo, por qué a los que somos de la generación que vio nacer Internet nos parece alienígena la forma en que los adolescentes usan (¿usaban?) Snapchat.

Ahora bien, resulta que desde hace ya unos años (piensen en este par de antiguos posts en este mismo blog sobre una máquina de escribir o un diskette de 3’5″) es cada vez más frecuente toparnos con anécdotas y noticias que hablan de jóvenes descubriendo objetos que para nosotros son anodinos, cotidianos y hasta caducos, desde la anécdota de adolescentes sorprendidos porque existen speakers que pueden conectar a su teléfono para no escuchar la música directamente desde el mismo, hasta esta noticia, publicada y replicada en varios medios hace un par de semanas, que narra el cómo algunos jóvenes descubren que pueden ver programación de televisión utilizando un “novedoso” dispositivo llamado antena.

Es un dispositivo maravilloso, pues te permite ver canales de televisión sin que haya peligro de desloguearte o estar supeditado al ancho de banda que tengas disponible, motivos por los cuales las ventas de antenas han resurgido en los Estados Unidos (un crecimiento del 7% en este año 2017).

Y aunque sigue estando presente el hecho de que el futuro no es digital, sino analógico facilitado digitalmente, parece que también es cierto que los objetos que habitan ese futuro no son únicamente los que aún estar por inventarse, sino también aquellos que vienen del pasado y que han de resignificarse para una generación que los está conociendo entre los quince y treinta y cinco años.

O sea, el futuro llega del futuro… y también llega del pasado.

Los coches autónomos y Latinoamérica

Esto es lo que ve un Tesla mientras traslada a sus pasajeros de un punto A a un punto B:

Todo bien, excepto por el detalle de la armonía y ortodoxia de los objetos que el coche se cruza y ha de reconocer. Lo cual nos lleva a pensar en lo que vería ese mismo coche sumergido en el día a día aleatorio y caótico de las grandes urbes latinoamericanas, como en esta imagen de ejemplo que publicó Jorge sobre lo que podría verse en algunas calles de la Ciudad de México:

Coche autónomo en CDMX

Me imagino las preguntas que el ordenador de a bordo en el coche se puede llegar a hacer, entre otras:
“¿Por qué pretende detenerme esa patrulla si no infringí ninguna norma?”
“¿Por qué la gente cruza la calle si no hay un paso peatonal para ello?”
“Esto que tengo justo delante, ¿es un peatón que circula por la misma vía que los coches o es un vehículo distinto a cualquier otro que haya visto porque lleva a su pasajero a pie por la parte de afuera?”
“¿Por qué hay cuatro filas de coches si la calle sólo tiene dos carriles para el tránsito?”
“¿Eso es un bache o una alcantarilla sin su tapadera?”

No puedo negar la impaciencia que tengo por ver cómo funciona un coche autónomo en las calles de cualquiera de las ciudades de este lado del mundo, estos lugares donde la ficción y la realidad se funden en un solo plano.
Todo un reto para cualquier algoritmo.

Coches autónomos VS Ciudad de México… 3, 2, 1… FIGHT!

Futuros de la memoria

Borrado binario

Tool es una de mis bandas favoritas. Y el disco duro donde tengo todos sus discos, junto con otros 250 GB de música, ya no funciona. Una tragedia personal.

Pero nada comparado con la noticia hace un mes de que Soundcloud podría cerrar en los próximos 80 días. ¿Dónde iría a parar toda la música y material sonoro que artistas de todo el planeta decidieron compartir directamente con los usuarios sin pasar por una discográfica? (haz click para leer un par de buenos enlaces al respecto)

Al borde del desastre, de similar calado al de la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, una milagrosa intervención en forma de ronda de inversión salvó el futuro de Soundcloud, al menos por unos años más.

Pero el olor a pólvora y la certeza de que ni siquiera los bits son para siempre (porque dependen del hardware que los almacena) trae buenas preguntas. Por ejemplo, ¿cuántas veces guardan nuestros datos aquellos que guardan nuestros datos? ¿Qué pasará cuando lo que se guarden sean recuerdos en vez de canciones y podcasts? ¿Existirá el Alzheimer de datos en 2045?

Legales de hoy y de mañana

Reclamo de copyright

Agosto de 2017.
Uno pensaría que la legislación (en general) debería empezar a preocuparse por cuestiones como definir de quién es la propiedad intelectual de una obra literaria escrita por una Inteligencia Artificial, o a quién dar la razón si dentro de quince años un niño demanda a sus padres por todas las fotos que subieron a Internet sin su consentimiento cuando él era un menor de edad.

Sin embargo, la legislación pasa la mayor parte de su tiempo enfrascada en, por ejemplo, dar de baja los vídeos de tal o cual partido de fútbol que un aficionado sube a una plataforma para compartir la alegría por el gol que su equipo acaba de anotar. Y temáticas similares.

Legislando para conservar el pasado. O, como se dice en España, poniéndole puertas al campo.