Jugar videojuegos y ver videojuegos

Liga Call of Duty

Gracias a Nacho me entero de que Activision quiere mezclar su Gaming League con broadcasting para “crear” el próximo ESPN, y entonces me queda claro que no entender que los videojuegos no sólo se juegan, sino que también se ven, es una de las más grandes brechas generacionales con las que podemos toparnos hoy en día.

A mí todavía me pasa en ocasiones. Me encuentro con AL viendo un vídeo en su iPad, y dicho vídeo es la captura de la partida de videojuego de alguien que va progresando y superando los distintos niveles, así que yo, con mi mente de niño de los 80s se me ocurre preguntar que qué hay de interesante en ver cómo es otro el juega. “Ay Daniel, es que no entiendes, es como ver una película”, me responde ella con toda la sabiduría de sus cuatro años.

Recuerdo cuando vivía en Saltillo y acudías a uno de esos bares deportivos donde hay multitud de pantallas por las que se va a emitir el clásico de turno (de fútbol, NFL, baloncesto, etc.). Pero como eso sólo dura un par de horas, lo que hacían los responsables de algunos de esos bares era calentar un poco el ambiente mostrando en esas pantallas partidos de videojuegos como FIFA, NBA 2K, etc. en los que se enfrentaban los equipos cuyas versiones reales iban a competir en un rato. Real Madrid-Barcelona, Steelers-49ers, Lakers-Celtics, you name it, así que la gente endulzaba su espera mirando esos partidos “virtuales”, coreando los goles y touchdowns o gritándole a las incidencias que sucedían en esos partidos que sabíamos virtuales pero también entretenidos.

Ahora imagínate en el cine. Imagínate que cada espectador pudiera ver una versión distinta de la película que se proyecta en la sala en vez de ver todos la misma. Imagina que cada versión tiene un director distinto, un “gamer” que va progresando por aquí o por allá en ese videojuego específico. Y tú, como espectador, asistes al desarrollo de esa trama igual que si estuvieras viendo una película como siempre haces.

Por eso es tan importante el mundo de los videojuegos. Porque hoy en día, el lanzamiento de “No Man’s Sky” no es el lanzamiento de un videojuego, sino de un producto de entretenimiento que puede generar tantos flujos de ingreso como pudiera hacerlo una película hace treinta años. Un producto que se puede jugar, pero también ver.

No entender esto, no entender que puedes disfrutar enormemente el jugar a baloncesto, pero también disfrutar ver un partido de baloncesto por televisión, es algo que supone que, a veces, el mundo de Internet te enmiende la plana, como le pasó a Jimmy Kimmel:

En una de esas están leyendo estas líneas y pensando “qué estupidez, ver cómo otro juega un videojuego”. Pero es 2016 y el acceso de los usuarios a tecnología para usarla como quieran hace que las cosas no son lo que a nosotros nos parezcan, sino lo que son. Y en este 2016, no entender que los videojuegos no sólo se juegan, sino que también se ven, es una de las más grandes brechas generacionales con las que podemos toparnos hoy en día.

El Índice de Fricción

Fricción con metal

Quiero pensar que la fricción entre “lo viejo” y “lo nuevo” depende, entre otras cosas, de la demografía del país del que hablemos (al menos mientras siga existiendo el concepto de “país”).

Supongo que la fricción ha de ser mayor en un lugar joven (por ejemplo, México, donde un 46% de la población tiene menos de 25 años) que en otro donde la población está cada vez más envejecida (por ejemplo, España, con sólo un 33% de la población por debajo de los 29 años). Me gusta pensar que otros factores como la diversidad de razas o género (seguro hay alguno más) pudieran ayudar también a incrementar esa fricción.

Me pregunto si podríamos crear (si es que no existe ya) una especie de “Índice de Fricción”, un indicador que nos permita saber lo cerca (o no, depende del valor del índice) que un lugar está de que todas sus estructuras convencionales se vayan al carajo.

Como una especie de Escala de Richter a largo plazo, este Índice de Fricción sería una métrica interesante para saber lo adecuado o no de un lugar para vivir en él. Si eres un emprendedor inquieto y vives en un sitio con poca fricción, quizá debieras mudarte a otro lugar con mayor Índice. O buscar incrementar la fricción del lugar en el que vives.

Lo que sea con tal de residir en un lugar que pudieras denominar “playground de innovación”.

Agencias de antes y de ahora

Watson computer

1966: Sterling, Cooper, Draper & Pryce.
2017: Sterling, Cooper, Draper, Pryce & Watson.

IBM’s Watson Helped Pick Kia’s Super Bowl ‘Influencers’
http://www.wsj.com/articles/ibms-watson-helped-pick-kias-super-bowl-influencers-1454432402

Condé Nast Has Started Using IBM’s Watson to Find Influencers for Brands
http://www.adweek.com/news/technology/cond-nast-has-started-using-ibms-watson-find-influencers-brands-173243

Oh.

Agencias que compran agencias digitales

Hace unas semanas escribí un post en Facebook al respecto de las agencias de publicidad que compran agencias de publicidad digital. Nótese que estoy usando muchas palabras para describir a cada compañía, pero hoy en día el panorama es tan confuso y enrevesado que sólo las palabras (a veces ni eso) pueden ayudarnos a no caer en malos entendidos.

Sea como sea, quería darle contexto a dicho posteo. Y por ello esta publicación.

Ceros y Unos

Empecemos por el principio
Desde que regresé de Miami he aprovechado para reencontrarme con mucha gente a la que hace tiempo que no veía. En uno de esos encuentros, desayuno de por medio, el amigo al que vi ese día me inquirió:
“¿Sabes que la nombre_de_agencia_1 va a comprar a nombre_de_agencia_2 para que sea su agencia digital?”

Imaginen que se congela la imagen.
Imaginen que se escucha el sonido de un disco rayado.
Imaginen una voz en off que dice: “Quizá se preguntarán cómo he llegado hasta aquí.”

El antecedente
No mucha gente lo sabe, pero el motivo de que yo llegara a vivir a México fue una llamada telefónica de Miguel Calderón, una noche de Mayo de 2005. En nuestra conversación, Miguel me contó que una agencia multinacional de publicidad iba a comprar Grupo W (de la que Miguel era co-fundador), para que operara como “el brazo digital” (whatever that means) de la agencia compradora. Y que si quería unirme a ellos en la aventura.

Dicha adquisición, por motivos que no vienen al caso, nunca se produjo. Pero no importó. En 2006 desembarqué en Saltillo (Coahuila) para descubrir en México una segunda patria para mí.

Mayo de 2005, les digo.
No puede ser cierto que en 2016 haya compañías que pretendan subirse al “futuro” de la misma forma a como se intentaba hacer hace once años.
¿O sí?

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Latinoamérica y el “growth hacking” de Uber

El pasado viernes Roberto me compartió esta imagen, donde un usuario de Twitter se muestra sorprendido por cómo los conductores de Uber se ponen de acuerdo para “engañar” a la plataforma y su algoritmo, y así poder “activar” el modo de tarifas dinámicas, en el cual los precios suben porque no hay suficientes coches para atender la demanda generada por los usuarios:

Uber hacking

A mí (y seguro a cualquiera que viva en un país latinoamericano) no me pilló de sorpresa, porque eso es algo que ya llevan tiempo haciendo los conductores de Uber en la Ciudad de México, especialmente desde que se activó la opción de UberPOOL (donde compartes viaje y ruta con otros pasajeros). Puesto que en este tipo de viajes los conductores obtienen mucha menos ganancia que en un viaje individual, parece ser que se las ingenian de todas las formas posibles para compensar. Son tantas las historias al respecto, que uno ya no sabe si estos “métodos-hackeo” son realidad o leyenda urbana, como por ejemplo envolver el teléfono en papel aluminio para desconectarse.

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La inmersión en otros mundos

Hay abuelas disfrutando el hacer un recorrido en rollercoaster en un headset de VR:

Y hay otras abuelas que pasan un mal rato al visitar “Jurassic Park” en un headset de VR:

De ambas dos me llama la atención que, incluso en el momento más álgido de la experiencia, ninguna decide librarse de lo que las tiene al borde del colapso quitándose el headset de la cabeza. Ambas siguen inmersas en el mundo virtual.
Boom.

Me hace preguntarme qué pasaría si la experiencia fuera placentera en vez de estresante; no sé si alguien querría regresar al mundo real. Porque recuerden, no todas las experiencias de VR tienen por qué ser del tipo “adrenalínico”.

Punto para mi autocorrector

Autocorrector now

Si me siguen en redes sociales (sobre todo en Twitter), ya se habrán percatado de que el autocorrector de mi teléfono suele jugarme malas pasadas, así que decidí hacer un compendio de todos esos disparates (o no) en este documento de Google Docs (estoy cansado de abrir blogs en Tumblr):
https://docs.google.com/document/d/1RWQmisJuPcaj9GsQpOij4UKcB-kuu4J8gaSiCs1kD2E/edit?usp=sharing

No sé si mi teléfono es más inteligente que yo, pero desde luego es mucho más divertido.

Entrevistado Pokémon, capítulo 30

De Pokémon Go podemos aprender muchas cosas, como, por ejemplo, que necesitas WiFi en tu negocio para que la gente quiera entrar. También, que es un buen termómetro para saber en qué estado se encuentra nuestra tolerancia. De algo por el estilo escribí un post en mi cuenta de Facebook y la gente lo compartió tanto que (no sé muy bien cómo) terminé entrevistado por Marialí Bofill en La Segunda, un periódico de Chile (click sobre la imagen para agrandar)

Entrevista Daniel en La Segunda (Chile)

Aquí la versión online del mismo texto.

Sinestesia digital y los siete sentidos

Cuando quiero entrar a Facebook desde un ordenador de escritorio, abro una pestaña de navegador y tecleo “Fa”. En el intervalo que transcurre desde que pulso la tecla “A” hasta que pulso la tecla “Intro”, el navegador “autocompleta” el “Fa” con “cebook.com”, y de ahí me dirige a la página de mi feed en Facebook.

Sin embargo, hay veces en que, por el motivo que sea (no hay Internet, tengo trescientas pestañas de navegador abiertas, etc.), al navegador no le da tiempo a autocompletar lo que yo he escrito con lo que él supone que yo estoy buscando, así que mi pulsación de la tecla “Intro” significa que estoy buscando en Google la sílaba “Fa”.

Entonces mi mente me lleva a recordar a la chica de Fa, cuya historia narra muy bien Sergio Rodríguez en su blog sobre la historia de la publicidad.

Poster de colonia FA

En unos spots que hoy serían imposibles de transmitir en ninguna cadena de televisión, toda una generación de niños que rondábamos los cuatro o cinco años (hablo de 1981) asistíamos atónitos a la contemplación de una mujer que corría en topless por una playa. No era morbo, era simplemente la imposibilidad de registrar en nuestros cerebros lo que estábamos viendo. Pechos, tetas, boobs, como quieran llamarlo.

Más de treinta años después, la chica de Fa y su claim (de nefasto doble sentido: “los limones frescos/salvajes del Caribe”) forman parte del imaginario colectivo de millones de personas que crecimos en los años 80. Y yo vengo a recordarlo porque mi navegador no pudo “autocompletar” la dirección del sitio que yo quería ver.

Si la “sinestesia” se define como esa capacidad de percibir sensaciones con un sentido que, originalmente, no está destinado para ello (“oír colores”, “oler sonidos”, etc.) me dio por pensar que esto de teclear algo en un navegador y acordarme de un spot que veía en televisión en los años 80 también es una especie de sinestesia. Una sinestesia digital.

Piensa en nuestros cinco sentidos: la vista, el olfato, el oído, el tacto y el gusto.
Piensa en lo que a veces denominamos sexto sentido: la intuición.
Y piensa en que pudiera haber un séptimo sentido, ese que nos causa tanta ansia cuando se nos es negado o que confunde nuestra percepción cuando no actúa como esperamos: internet.

Esa pudiera ser una de las consecuencias de que ahora todos seamos cyborgs.

Las interfaces de Analucy

Teléfono a la escucha

La forma en que Analucy ve dibujos animados en su iPad es pidiéndoselo a Siri. Ella pulsa el botón de HOME con uno de sus deditos, Siri le pregunta en qué puede ayudarla y Analucy le dice, por ejemplo, “My Little Pony Youtube”.

Siri le contesta “Ok, esto es lo que he encontrado” junto con una lista de enlaces, de los que Analucy elige uno y espera tranquilamente a que la conexión a Internet haga su trabajo y la lleve hasta el vídeo que ella acaba de seleccionar.

Hasta que hace unos días, aún sin Internet en casa por la reciente mudanza, le enseñé una lista de juegos en la pantalla de mi laptop. Ella escogió uno y yo le dije que ese “era el juego número 53”. Entonces, Analucy se inclinó para acercar su cara a la pantalla de mi laptop y le dijo, muy firmemente: “CINCO, TRES”

Obviamente, no pasó nada, y Analucy me miró entre confundida y enfadada, porque qué clase de iPad extraño era esa laptop que estaba sobre la mesa del comedor. Entonces yo intenté explicarle que tenía que usar el ratón o el teclado para pulsar sobre el número de juego que quería. Y fue entonces cuando al agarrar ella el ratón me di cuenta de que, para Analucy, el ratón de una computadora era una especie de objeto alienígena, que tenía tanto sentido en su vida como pueda tenerlo para mí un teléfono de disco o un walkman. Era como ver a Indiana Jones agarrando un objeto precioso… y antiguo.

Pensamos que lo “antiguo” es una radio o un reproductor de vídeo VHS, pero en realidad es una palabra que se extiende de forma cada vez más rápida a más y más objetos en una especie de metástasis implacable. A un ratón o a un teclado de ordenador, por ejemplo. Me pregunté entonces si Analucy tendrá necesidad de usar un ratón alguna vez en su vida, cuando puede directamente hablar con las máquinas o usar sus dedos (o un lápiz stylus) para dibujar lo que crea conveniente.

Tarjeta perforada

La certeza de lo que acabo de narrar en el párrafo anterior me pilló por sorpresa, pero le dio sentido a otra de las cruentas batallas de “Las Guerras del Interfaz” de las que hablaba hace unos días: el próximo Santo Grial en dichas guerras es el reconocimiento de voz. Es por eso por lo que compañías gastan millones de dólares en perfeccionar esta tecnología, porque niños y niñas como Analucy ven el ratón y el teclado como nosotros vemos ahora aquellos enormes ordenadores que funcionaban con tarjetas perforadas.

Días después le contaba esta anécdota a Dany Saadia, el cual me refirió a una (parece ser) célebre escena de “Star Trek”, donde Scott (que acaba de viajar en el tiempo, del futuro hasta el pasado, para salvar unas ballenas), vive algo similar a lo que le sucedió a Analucy:

Así que cuando apenas vamos terminando de pensar en cómo se ve el sitio web de nuestra compañía en un dispositivo móvil, resulta que hay que empezar a preocuparse de cómo se va a navegar… con la voz. Y eso para empezar, porque la calificación de “antiguo” avanza rápido, rápido, rápido.

O como decía una maldición china: “Ojalá vivas tiempos interesantes.”