Cuando el futuro llega del pasado

Douglas Adams y el número 42

Esta cita de Douglas Adams es cada vez más pertinente cada vez que tenemos que hablar de tecnología:

“He descrito una serie de reglas que explican nuestra reacción a la tecnología:
1. Cualquier cosa que existe en el mundo cuando naces es normal y cotidiana, y es simplemente parte de cómo funciona el mundo.
2. Cualquier cosa que se inventa cuando tienes entre quince y treinta y cinco años es nueva, emocionante y revolucionaria, y probablemente puedes desarrollar tu carrera en ello.
3. Cualquier cosa que se inventa después de tus treinta y cinco años va contra el orden natural de las cosas.”

* cita original en inglés *

Lo cual explicaría, por ejemplo, por qué a los que somos de la generación que vio nacer Internet nos parece alienígena la forma en que los adolescentes usan (¿usaban?) Snapchat.

Ahora bien, resulta que desde hace ya unos años (piensen en este par de antiguos posts en este mismo blog sobre una máquina de escribir o un diskette de 3’5″) es cada vez más frecuente toparnos con anécdotas y noticias que hablan de jóvenes descubriendo objetos que para nosotros son anodinos, cotidianos y hasta caducos, desde la anécdota de adolescentes sorprendidos porque existen speakers que pueden conectar a su teléfono para no escuchar la música directamente desde el mismo, hasta esta noticia, publicada y replicada en varios medios hace un par de semanas, que narra el cómo algunos jóvenes descubren que pueden ver programación de televisión utilizando un “novedoso” dispositivo llamado antena.

Es un dispositivo maravilloso, pues te permite ver canales de televisión sin que haya peligro de desloguearte o estar supeditado al ancho de banda que tengas disponible, motivos por los cuales las ventas de antenas han resurgido en los Estados Unidos (un crecimiento del 7% en este año 2017).

Y aunque sigue estando presente el hecho de que el futuro no es digital, sino analógico facilitado digitalmente, parece que también es cierto que los objetos que habitan ese futuro no son únicamente los que aún estar por inventarse, sino también aquellos que vienen del pasado y que han de resignificarse para una generación que los está conociendo entre los quince y treinta y cinco años.

O sea, el futuro llega del futuro… y también llega del pasado.

Los coches autónomos y Latinoamérica

Esto es lo que ve un Tesla mientras traslada a sus pasajeros de un punto A a un punto B:

Todo bien, excepto por el detalle de la armonía y ortodoxia de los objetos que el coche se cruza y ha de reconocer. Lo cual nos lleva a pensar en lo que vería ese mismo coche sumergido en el día a día aleatorio y caótico de las grandes urbes latinoamericanas, como en esta imagen de ejemplo que publicó Jorge sobre lo que podría verse en algunas calles de la Ciudad de México:

Coche autónomo en CDMX

Me imagino las preguntas que el ordenador de a bordo en el coche se puede llegar a hacer, entre otras:
“¿Por qué pretende detenerme esa patrulla si no infringí ninguna norma?”
“¿Por qué la gente cruza la calle si no hay un paso peatonal para ello?”
“Esto que tengo justo delante, ¿es un peatón que circula por la misma vía que los coches o es un vehículo distinto a cualquier otro que haya visto porque lleva a su pasajero a pie por la parte de afuera?”
“¿Por qué hay cuatro filas de coches si la calle sólo tiene dos carriles para el tránsito?”
“¿Eso es un bache o una alcantarilla sin su tapadera?”

No puedo negar la impaciencia que tengo por ver cómo funciona un coche autónomo en las calles de cualquiera de las ciudades de este lado del mundo, estos lugares donde la ficción y la realidad se funden en un solo plano.
Todo un reto para cualquier algoritmo.

Coches autónomos VS Ciudad de México… 3, 2, 1… FIGHT!

Futuros de la memoria

Borrado binario

Tool es una de mis bandas favoritas. Y el disco duro donde tengo todos sus discos, junto con otros 250 GB de música, ya no funciona. Una tragedia personal.

Pero nada comparado con la noticia hace un mes de que Soundcloud podría cerrar en los próximos 80 días. ¿Dónde iría a parar toda la música y material sonoro que artistas de todo el planeta decidieron compartir directamente con los usuarios sin pasar por una discográfica? (haz click para leer un par de buenos enlaces al respecto)

Al borde del desastre, de similar calado al de la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, una milagrosa intervención en forma de ronda de inversión salvó el futuro de Soundcloud, al menos por unos años más.

Pero el olor a pólvora y la certeza de que ni siquiera los bits son para siempre (porque dependen del hardware que los almacena) trae buenas preguntas. Por ejemplo, ¿cuántas veces guardan nuestros datos aquellos que guardan nuestros datos? ¿Qué pasará cuando lo que se guarden sean recuerdos en vez de canciones y podcasts? ¿Existirá el Alzheimer de datos en 2045?

Legales de hoy y de mañana

Reclamo de copyright

Agosto de 2017.
Uno pensaría que la legislación (en general) debería empezar a preocuparse por cuestiones como definir de quién es la propiedad intelectual de una obra literaria escrita por una Inteligencia Artificial, o a quién dar la razón si dentro de quince años un niño demanda a sus padres por todas las fotos que subieron a Internet sin su consentimiento cuando él era un menor de edad.

Sin embargo, la legislación pasa la mayor parte de su tiempo enfrascada en, por ejemplo, dar de baja los vídeos de tal o cual partido de fútbol que un aficionado sube a una plataforma para compartir la alegría por el gol que su equipo acaba de anotar. Y temáticas similares.

Legislando para conservar el pasado. O, como se dice en España, poniéndole puertas al campo.

HBO y el plan B

Fallo de "Game of Thrones"

Fue tan alta la expectativa por el inicio de la séptima temporada de “Game of Thrones” que los servidores de HBO no dieron abasto para poder servir el contenido a la gran cantidad de usuarios que (parece ser) nos conectamos simultáneamente. Una tragedia, porque en esta época de Netflix and chill y binge-watch de series, el ver una serie capítulo a capítulo a una hora determinada se vuelve, como dice Salles, un evento en tiempo real como, por ejemplo, la final de una Copa del Mundo de fútbol.

Lo cual le hace a uno pensar en varias cosas:
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Niños y tecnología

La representación en el imaginario colectivo de la expresión “niños y tecnología” es la de alguien menor de diez años usando un teléfono o una tablet. Es una imagen limitada, que carece de matices mucho más interesantes como la relación con el dispositivo (por qué usar un ratón o un teclado, si puedes usar tu voz) o la relación de esos niños con conceptos aparentemente abstractos para ellos (por ejemplo, el dinero).

Por motivos quizá más que obvios, uno de los temas que más me interesa en la actualidad es el acercamiento de los niños a la tecnología, sobre todo porque creo equivocado nuestro enfoque de adultos que piensan constantemente en la misma como una fuente de posibles peligros. Quizá sea porque la explosión tecnológica sucedió ante nuestros ojos y, al desconocerla y no poder dimensionar sus consecuencias, no podemos percibirla de la forma natural e inocente en que lo hacen los más pequeños.

Pero tras leer un par de libros sobre el tema el pasado fin de semana pareciera que la solución como padres a los problemas que la tecnología ocasiona sea privar a los niños de ella, en vez de considerarla como lo que creo es, una de las más poderosas herramientas de expresión y desarrollo personal que jamás hayan existido. Negársela a los niños por los peligros que pueda conllevar (para qué salir a la calle, si te puede atropellar un camión) en vez de guiarlos para que hallen su propio camino es cerrarles las puertas del futuro.

Y para hablar de esa y otras cosas me vi un día en la televisión:

Y también en el vídeoblog de Ana Paola, mejor conocida en las redes como “Mamá Gallina”:

Charla en Platzi Conf 2017 (vídeo + presentación)

En mi charla de Platzi Conf 2017

La ilusión por algo es completamente subjetiva.

Hace casi 7 años di una charla en un evento TEDx en la Ciudad de México. Más allá de lo bueno o malo o correcto o incorrecto de lo que relaté en aquella charla, sí la recuerdo como un momento a partir del cual sucedieron cambios increíbles en mi vida. Y aunque he impartido muchas charlas desde entonces, nunca había vuelto a sentir una sensación similar hasta hace un par de semanas, cuando tuve la oportunidad de participar como expositor en la edición de 2017 de Platzi Conf.

No soy imparcial porque conozco y admiro a Christian y Freddy (los fundadores de Platzi y, por ende, del evento) desde hace años, pero en muy pocas ocasiones he podido sentir el calor y unidad de una comunidad como la que Platzi está gestando. Un ambiente increíble, un foro sensacional y todas las facilidades del mundo para contar por qué quien construye tecnología es hoy para los niños lo que para mí era la ciencia ficción que me llegaba por cine y televisión cuando tenía 5 años. De “Star Wars” a Platzi, pasando por “Logan’s Run”, i really enjoyed this one.

La presentación:

El vídeo de la charla:

Adicionalmente, un par de textos sobre la charla escritos por asistentes al evento:
· Pensar el futuro de América Latina a través de la ficción
· La importancia de construir la visión de futuro

Charla en Social Media Week CDMX 2017 (vídeo + presentación)

En mi charla de Social Media Week CDMX 2017

Tras la charla del año pasado, tuve la oportunidad de regresar de nuevo a Social Media Week CDMX para hablar de cómo la tecnología se está volviendo invisible, de por qué ha de ayudar a las ideas y no a la inversa, y también de todo eso que sucede cuando esa tecnología se usa de forma irresponsable en marketing y publicidad (y cómo solucionarlo).

La presentación:

Y el vídeo (aquí el enlace original en Livestream):

Los Inventores Gollum

Gollum - Lord of the Rings

Mi último post trataba de las similitudes entre industrias que nacen hoy e industrias que nacieron hace veinte años. Similitudes que animan a emprender cualquier tipo de aventura, pues pareciera que uno no va tan a la deriva sino con una cierta “brújula” que alivia la incertidumbre.

Pero por el camino también se encuentra uno algunas diferencias sustanciales. Hace veinte años no estábamos tan hiperconectados como ahora. Hace veinte años encontrabas por casualidad a alguien que hacía algo remotamente parecido o relacionado con lo que hacías tú y le escribías con el espíritu de quien envía un mensaje en una botella; resulta que los destinatarios vivían también con ese espíritu, y a partir de ahí empezaron a nacer comunidades deslocalizadas geográficamente pero tremendamente enfocadas en descubrir y compartir.

Hoy apenas hay misterio, todos sabemos en segundos lo que pasa en la otra punta del globo, y los protagonistas de cada noticia no buscan (en general) tanto el compartir como el capitalizar los pasos que hayan dado. Muy bien lo decía Alejandro Berman hace unos meses: “En la Ciudad de México todo el mundo quiere ser el próximo Mark Zuckerberg o el inventor de la próxima gran cerveza artesanal.”

Si algo nos enseñó el concepto de open-source y todo lo que vino después es que nadie es tan bueno en solitario como la suma de todos nosotros juntos. Nos falta volver a asombrarnos. Y compartir, y dejar de pensar que el progreso es un sistema de vasos comunicantes, donde si a uno le va bien al resto le va mal. Sucede justo todo lo contrario.

En mi último post hablaba de la necesidad que tenemos de ser inventores de lo que necesitamos para que aquello a lo que nos dedicamos progrese. Pero pareciera que somos una especie de “inventores-Gollum”: lo que creamos vive bajo el esquema “my precious, my precious”. Todo para mí, nada para los demás.

El “inventor-Gollum” es más cínico que entusiasta, especialmente en lo que se refiere al trabajo de otros. Y como siempre les digo, si pueden ser entusiastas, no malgasten su energía siendo cínicos.

“Inventores-Gollum”. Don’t.

Por qué no, Val del Omar

Tormenta - Mad Max

De entre las múltiples cosas en las que ando trabajando en esta época, una de las más divertidas es la de abrir la operación en México de una compañía de Realidad Virtual creada por personas a las que admiro mucho.

Mucha gente está comparando el auge de la Realidad Virtual (con mucho o poco hype, según con quien hables) con el de la multimedia en Internet (las primeras versiones exportadas de Macromedia Director, el surgimiento de Macromedia Flash y todo lo que vino después), pero yo creo que aún no pasamos del estadío previo, aquel en el que para tener un sitio web había que saber programar páginas en HTML que había que alojar en un servidor configurado por uno mismo en alguna universidad. O sea, no es 1999, sino 1995 a lo sumo.

Eso nos lleva a un lugar interesante, ese en el que uno tiene que deshacerse de la costumbre de que todo lo que va a utilizar probablemente ya fue creado en algún punto del planeta, para pasar a plantearse si las ideas (de experiencias o de hardware) que uno tiene para intentar hacer “bypass” a un problema concreto son técnicamente posibles, y que, si lo son, uno ha de librarse del prejuicio y los complejos e intentar hacerlas realidad. Como Val-del-Omares del siglo XXI.

Todo (literalmente) está por inventar. En ese contexto no hay preguntas estúpidas. O igual todas lo son. Como ir de frente contra una tormenta de area, esperando (deseando) que haya un lugar en que vivir una vez llegues al otro lado.

Es una época emocionante.