Cosas que leer: el blog de Aaron Benítez

Foto de Aaron Benítez

Yo no sabía de la existencia de Aaron Benítez hasta el día en que me topé con este (magnífico) post suyo titulado “Siete demonios del emprendimiento en México”. Igual lo descubrí muy tarde, pero como suele decirse en estos casos (aunque suene a excusa barata) más vale tarde que nunca.

Aaron hace muchas cosas, entre ellas escribir un blog. Alguien podrá decirme que escribir un blog es muy 2004 y muy poco 2014, pero lo cierto es que cuando alguien escribe de forma tan entretenida y didáctica sobre temas complejos, como hace él, las discusiones sobre si el formato está o no de moda quedan a un lado. Como, por ejemplo, en este texto titulado “¿Cómo caerle mal a mucha gente?”:

“¿Cómo caerle mal a mucha gente?”

Yo le caigo mal a muchas personas.

Está bien. No pasa nada. No lo tomo personal.

Probablemente mi cara, mi redacción, mis valores, mi visión, mis proyectos, mis ideas, mi pasado, mi formación o mi sola existencia física en este planeta les provocan esa reacción.

La gente a la que le caigo mal me hace un gran favor: se filtra a sí misma. Ellos no me van a buscar, no me van a llamar por teléfono, no me van a felicitar, no me van a enviar un mensaje, no me van a caer de sorpresa en mi departamento ni me van a hacer plática por WhatsApp. Se están filtrando gratuitamente para mí. Al admitir abiertamente que les caigo mal me están diciendo que no estamos en la misma sintonía y que no podemos asociarnos, trabajar juntos, platicar o hacer cosas. Genial.

Las personas a las que no les caigo bien son honestas.

¿Quieres un tip valioso y trascendental? Esa necesidad de querer caerle bien a todo el mundo sólo nos retrasa de lo que deberían ser nuestros objetivos más elevados.

Toma dos personas al azar – las que quieras, donde quieras – y pregúntales cómo les cae el Papa, Obama, Peña Nieto, Bill Gates, Brad Pitt, Lola La Trailera y tú. Para todos van a tener una opinión. En algunos casos más informada que en otros, pero en todos subjetiva.

La gente que nos cae mal usualmente representa algo de nosotros que no queremos ver. La gente que nos cae mal revela algo de nosotros que nos da miedo exponer. La gente que nos cae mal tiene cosas que no tenemos. La gente que nos cae mal hace cosas que a nosotros nos dan pena o miedo. Son – en una palabra – espejos.

La meta nunca debe ser caerle bien a la gente.

Por querer caer bien, por querer generar en todos una impresión positiva, terminamos limitándonos constantemente.

Hace unos días platicaba con uno de mis amigos más cercanos. Me preguntó si no sentía una responsabilidad grande al escribir en contra de la escuela dado que podía haber personas con un criterio débil que tomasen literalmente mis palabras. Le dije que yo veo mi trabajo como divulgación de ideas, divulgación de las cosas que voy descubriendo. Verás, yo no veo que todos los pinches compositores dramáticos que escriben sus melodías de dolor, ruptura, nostalgia y demás anden preocupados por cómo el público va a tomar la vida después de escuchar su obra.

Sus fans van a aplaudir y cantarlas a todo pulmón.

Sus detractores vamos a decir que es puro pinche ruido y drama el que están agregando al mundo.

Pero el compositor siente una necesidad de crear y compartir. Esa es su función. Es la nuestra procesar – si queremos – su arte y asignarle un valor emocional y económico.

Lo mismo pasa con mis artículos. Mi función – mi necesidad personal innata – es crear y compartir. Algunas cosas las vas a cantar y otras no. O tal vez vas a odiar todo. O tal vez lo contrario. Pero el punto es que cada quien cumple un paso en este proceso llamado vida. Unos crean. Otros consumen. Unos critican. Otros aplauden. Si – en el caso hipotético que mi amigo expuso – yo escribo que la escuela es esto y aquello y un chico sin mucho criterio decide adoptar mis palabras para ser flojo y desobligado, no lo veré como mi culpa.

Alguien permitió que ese chico llegase a ser así.

Ese no fui yo.

Y por otro lado, yo no estoy en contra de aprender. No estoy en contra de la experiencia universitaria. No estoy en contra de exponernos a nuevos conceptos, a maravillarnos con ideas. Estoy en contra de limitar nuestra mente. Tengo docenas de artículos donde hablo de lo que pienso y comparto autores y libros para ampliar la visión al respecto. Si el chico decide basar su nueva – y tonta – filosofía de vida en dos líneas que escribí en lugar de tomarse la molestia de acceder holísticamente al asunto, caray, es como el que se suicida después de pasar dos horas escuchando a Franco De Vita, Alejandra Guzmán y José José: lo hace porque quiere. La música de Franco, Alejandra y José es una mera excusa.

Si por no querer irritar la filosofía de vida personal de alguno de mis lectores yo atenuase mis artículos, terminaría escribiendo de la forma promedio en que todo el mundo se expresa: con cuidado para no causar olas, con miedo para no ofender a nadie.

No. No busco hacer olas. Pero tampoco busco la tranquilidad mental de cada una de las personas que se exponen a mis líneas. Simplemente busco ser lo más honesto posible conmigo mismo.

No. No busco ofender a nadie. Pero tampoco busco estar en buenos términos todo el tiempo con todo el mundo.

¿Cómo caerle mal a mucha gente? Haciendo todo el tiempo lo que sabes que tienes que hacer sin preocuparte por nada más.

Eso es lo que hago.

No sé. Me gusta. No creo que sea algo malo. Te invito a que lo intentes.

Que estés aquí, acompañándome con buena vibra mientras hago lo que tengo que hacer, me alegra, me da gusto.

Hace que me caigas muy bien, Daniel.

Hoy un abrazo especial. Acaba de nacer Leo, mi nuevo sobrino y ando muy contento.

Aaron Benitez
autor@aaronbenitez.com

El encanto del blog de Aaron radica en que todo aquello que lees desearías haberlo escrito tú, lo cual, aunque es meramente subjetivo, es una cualidad más bien escasa en estos días, y por ello, muy valiosa.

Published by

Daniel Granatta

Waiting for the robot takeover. I rewire people.

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