De cuando lo critican a uno

Hay dos ocasiones en las que uno puede recibir críticas. La primera se produce cuando uno hace algo (o deja de hacerlo) y todo termina de muy mala manera. Uno no sólo se siente mal por lo que salió mal, sino que sabe que las críticas venideras son algo inevitable y hasta, quizá, recomendable. La segunda de las ocasiones se produce cuando uno hace algo (o deja de hacerlo), pero realmente no hay un desenlace ni consecuencias buenas ni malas de tales acciones (o inacciones) para nadie. En este caso, los motivos de la crítica pertenecen única y exclusivamente a quien la ejerce, para desconcierto (en muchos casos) del criticado.

Terminé mi primer libro a finales de 2002, con toda la ilusión de ver algo que yo había escrito en las estanterías de una librería, e intrigado acerca de temas como cuánto es mucho (en cuanto a ventas) o cuál sería la acogida de los lectores para el material que el libro contenía.

Mi sorpresa llegó cuando el libro por fin estuvo a la venta. Un par personas, de los mismos foros de discusión que yo frecuentaba en aquellos tiempos sobre el programa Adobe Flash, se dedicaban a visitar los lugares en los que el libro se vendía online para dejar mensajes donde no sólo criticaban la calidad del libro (que probablemente no habían leído), sino que también hacían referencia a la “maldad” de mi persona. De dónde salía aquella “maldad” de la que hablaban era algo que sólo conocían ellos, pero aún así yo no podía de dejar de sentirme deprimido ante el hecho de recibir críticas por algo como publicar un libro, del que lo único que me preocupaba es que fuera bueno, antes incluso que otros temas como el de si generaba dinero o no.

Inocentemente, acudí a uno de esos lugares para dejar un mensaje fingido de usuario satisfecho que contrarrestara un poco aquellos otros mensajes fingidos de usuarios insatisfechos, con el libro en particular y, en términos generales, con mi misma existencia. Me topé entonces con que para dejar un mensaje en aquel lugar había que rellenar un formulario de aproximadamente quince campos, con la particularidad de que sólo podía haber una crítica de usuario por libro. Esto significaba que para dejar sus cinco mensajes, mis indignados críticos habían tenido que registrarse cinco veces en el sistema con cinco cuentas de correo distintas (que imagino habrían tenido que crear para la ocasión).

Y ahí me di cuenta de cómo tenía que manejar la situación: más que deprimido pasé a sentirme halagado del tiempo que un par de personas invertía en buscar dónde se vendía el libro, para una vez allí registrarse y escribir sobre mí, y esa es la filosofía que desde entonces me acompaña cada vez que escucho o leo algo que tiene que ver conmigo de forma negativa sin saber yo los motivos de tales comentarios.

Así que si quieren un consejo para cuando les pasen este tipo de cosas, disfruten la situación, es hasta tierno ver lo mucho que se puede llegar a esforzar alguien para intentar molestar, pero basta con darle a cada imprecador la importancia que se merece, que debería ser mucho menor que la que (por lo que se ve) ustedes tendrán para ellos 🙂

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Daniel Granatta

Waiting for the robot takeover. I rewire people.

7 thoughts on “De cuando lo critican a uno”

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  5. La crítica es sólo una oportunidad. Buena o mala, es una simple oportunidad. Lejos de cualquier impacto es emocionante descifrar las “críticas”.

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