Cuidado con los regalos de ideas ajenas

El miércoles tuve la conversación de la imagen que abre este post. Probablemente mi interlocutor debió pensar de mí que soy un sabihondo y no sé cuántas cosas más, ninguna buena, pero la verdad es que aunque esté totalmente carcomido por la curiosidad de saber qué idea tenía para contar, no podemos (desde una agencia) aceptar ideas de esta forma.

Este tipo de situaciones, que ocurren más frecuentemente de lo que pudiera parecer (según me cuentan maestros como Mike Brito), ha derivado en más de una ocasión en que la idea ya estaba hecha, o propuesta y rechazada por el cliente, o no era tan buena o era imposible ejecutarla en los términos en que su autor la pensó, y todo queda ahí. Pero si tiempo después, resulta que la marca decide hacer algo que tiene (según el autor de aquella idea) un remoto parecido con la original, todo se reabre con el autor de aquella idea denunciando por “plagio” a marca y/o agencia. Y resulta que hay profesionales de todo este tipo de actividades en muchos lugares, incluido México.

Y aunque muchas iniciativas son de buena fe y no tienen tras ellas este tipo de pensamiento tan perverso, uno no puede arriesgar a una marca para la que trabaja a este tipo de situaciones, y por eso la única forma de plantear esas ideas es entrando a trabajar a una de las agencias con las que trabaje la marca y desde ahí proponerlas. O proponérselas directamente a la marca y ver qué pasa.

Y eso que me muero de ganas de saber cuál era esa idea que tenían para contarnos, pero no así, sorry 🙂

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Daniel Granatta

Waiting for the robot takeover. I rewire people.

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