Portada Interactiva Digital Marzo 2010

Desparramado e interactivo, capítulo 10

Con uno de mis viajes a Tijuana aún en el recuerdo, escribí esta columna (“Mestizos de toda la vida”) para la edición de Marzo de Interactiva Digital, preguntándome si adoptar ese mestizaje que está por todas partes como parte de nuestro contexto diario en el trabajo nos haría crear mejores (o al menos más originales) proyectos.

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Mestizos de toda la vida
Una de las cosas que más recuerdo de mi adolescencia es la serie de televisión que Victoria Prego realizó sobre la transición a la democracia en España. Tan fascinante historia dejaba algunos momentos grabados, y uno de los que se me grabó a mí se produce en medio de las protestas internacionales contra las últimas ejecuciones de la dictadura, donde un señor, parece que bastante afín al régimen, afirma que no entiende cómo puede haber españoles que estén más de acuerdo con el clamor proveniente de Europa que con los que mandaban en el país en ese momento. Su intervención se cerraba con un escalofriante “arriba España, muera Europa” que lo dejaba a uno temblando.

Aproximadamente por esas fechas ya llevaba mi madre (originaria de Zamora) un par de años viviendo y trabajando en Cáceres, en un viaje de vida que devino, 35 años después y por esas cosas de la vida, en convertirse en la primera alcaldesa de la historia de la ciudad. Semejante cantidad de tiempo, más del que llevo yo en este planeta, parece no ser suficiente a la hora de curar males como los del señor descrito en el primer párrafo, tanto es así que el lema de campaña de los adversarios políticos de mi señora madre reza, literalmente, “De Cáceres, de toda la vida”, para recalcar el hecho de que ella no nació en esa ciudad en la que ya lleva casi 40 años, trabajo, matrimonio y descendencia incluidos.

No sé si alguna vez pasaron por Cáceres, pero siendo parte de la Ruta de la Plata, y al igual que el resto de España, es un sitio que ha sido invadido casi por todo pueblo viviente: musulmanes, judíos, romanos y algunos otros más que pasaron y dejaron su legado. Y así, desde la distancia que da vivir en México y con todo un océano de por medio, no puede uno por menos que pensar que hay que ser terriblemente corto de miras para ser racista en España o pedir que se muera Europa o exclamar que se es de un sitio “de toda la vida”, en vez de estar felices, alegres y orgullosos de la diversidad que nuestra identidad representa.

En Diciembre pasado tuve ocasión de dar una conferencia en Tijuana, en la punta más occidental (geográficamente hablando) de México, una ciudad pegada a Estados Unidos por San Diego y separada por una línea fronteriza retratada en películas como “Babel” o “Traffic”. Y yo, cuya máxima experiencia fronteriza consistía en pasar de la España rica de las pesetas a la Portugal pobre de los escudos, de repente me vi en el lado maltratado: honesto, orgulloso y, sobre todo terriblemente canalla y mestizo, donde la gente es bilingüe e indistintamente pagan en dólares o pesos o escuchan emisoras de radio en inglés igual que escuchan corridos, y donde toda la escena cultural bebe directamente de mezclar y fundir ambos mundos. San Diego es un coñazo, pero Tijuana es un cóctel inolvidable.

Entonces me pareció que el mestizaje mejora todo lo que toca, o al menos lo dota de una lente distinta con la que mirar lo de siempre, por si acaso surge algo nuevo que sea digno de ser contado. No perdamos el original, pero no nos cerremos a explorarlo por otras vías. Y así, si Camarón hizo “La leyenda del tiempo”, Raimundo Amador y Pata Negra hicieron un disco llamado “Blues de la Frontera” y Enrique Morente se juntó con Lagartija Nick para hacer otro llamado “Omega”, si el género musical más español de todos (el flamenco) se permite a veces explorarse para descubrirse a sí mismo de nuevo, me pregunté si nosotros, que nos decimos “creativos” y decimos que hacemos (se supone) contenidos que se distribuyen por Internet bajo la forma de historias contadas en sitios y campañas, nos permitimos a nosotros mismos explorar la forma y fondo de esas historias para dar cabida a ese mestizaje que nos desborda por todas partes.

Cuando llego a España, descubro con cierto espanto las mismas cadenas de hamburguesas y cafés en vaso de cartón con los que uno convive a diario en México, así que desarrollé, para huir, una cierta fascinación por los bazares chinos, en los que puedo llegar a pasar horas buscando, mirando y encontrando cosas a las que probablemente hace tres años no hubiera prestado la más mínima atención. Y me pregunto entonces, siendo tan común encontrar estos bazares en cualquier lugar, si lo que en ellos hay no pertenece ya, de alguna forma, a nuestra cultura de España, por adopción.

¿En qué momento algo deja de ser exclusivo de un lugar para volverse un poco parte de otro con el que el primero se mezcla? ¿Hemos de esperar a que esa mezcla se produzca para poder usar esas referencias como herramientas para crear nuevas historias? ¿O podríamos comenzar a explorarlas desde ya mismo en esta época de humor chanante que nos invade por todas partes?

Igual nos hacen falta unos cuántos antropólogos en cada agencia, para contarnos que si las historias que creamos proceden directas del contexto en el que van a vivir, entonces este contexto nuestro con inmigración de 2010 debería ser una bendición. Y así, quizá, bautizar esta oportunidad con otro lema, por qué no: “Mestizos, de toda la vida”.

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Daniel Granatta

Buscador de luz. Waiting for the robot takeover. I rewire people.

4 thoughts on “Desparramado e interactivo, capítulo 10”

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