Desparramado e interactivo, capítulo 18

Mi columna del mes de Diciembre de Interactiva Digital trata sobre algunas reflexiones que se me vienen a la cabeza acerca del exceso de congresos relacionados con publicidad digital que se celebran por todas partes, después de tanto viajar en este año 2010 que ya termina.

Portada Interactiva Digital Diciembre 2010

La verdad es que no tengo ni idea
Me ha tocado viajar mucho últimamente, por trabajo o conferencias. A Perú, a Chile, a Argentina, y un poco más por México. Y recompensa, aunque sea tan cansado. Pero, cada vez más, viajar por trabajo lo acaban exponiendo tanto a uno (y a sus opiniones) que al final, por la vía del pudor, se te terminan nublando un poco la vista y el criterio y empiezas a poner en solfa si realmente todo es tan así como uno dice o si lo que uno dice podría ser un poco menos así para ser un poco más asá. O eso me pasa a mí.

Y es que estaba yo como ponente en una de esas mesas redondas donde los participantes se (nos) sientan (sentamos) a dialogar, conversar y hasta, en ocasiones, filosofar sobre las bondades de los medios digitales, la integración de elementos digitales en las agencias tradicionales y etc. etc. (elija su tema favorito), y por aquello de la emoción ya saben que en estas mesas redondas a veces se cuenta con la participación del público presente. Fue así como alguien (en adelante, el interpelador) me disparó a bocajarro la pregunta sin respuesta: “¿Cuál es a su juicio el futuro de la publicidad?”. Traté de capear la cuestión contestando que no sabía cuál era ese futuro pero que si le parecía bien podía contarle el cómo a mí me gustaría que fuera. El interpelador dijo que sí y yo se lo conté, mientras él anotaba en su cuaderno como si estuviera recibiendo el mensaje de algún arcano. Al terminar, me dio cortésmente las gracias y ya no supe más de él.

Recordé entonces una columna de hace unos años de Daniel Solana, en un diario de tirada nacional donde existía un blog llamado “Creativlog”, con motivo de su (entonces) próxima participación como jurado en los Ciberleones de Cannes, y la retahíla de preguntas-entrevista que le llegaban a su buzón de correo, al respecto de las piezas que probablemente le tocara juzgar semanas más tarde. Que qué países iban a ser más destacados o qué piezas las más memorables… y decía Daniel que a todo contestaba con respeto y diplomacia, pero que lo que realmente tenía ganas de contestar era un sonoro “Yo qué sé”.

Y algo así me pasa a mí, que de repente siento que mientras uno anda predicando sobre algo (en un punto del planeta), ya hay alguien haciendo otra cosa (en otro punto) para desmentir aquello de lo que uno habla. Y desde ese “Yo qué sé” me pareció desmedida la cantidad de congresos, diplomados, conferencias y seminarios que tienen como tema el “digital marketing”, “community management” o “social media world in the rainbows”, o como quieran llamarlo, eventos donde cientos y cientos de personas asisten a escuchar a los que allí disertan (disertamos), y a tomar apuntes, en vez de estar todos (disertantes y asistentes) haciendo proyectos y equivocándonos sobre la marcha en el campo de batalla, en la realidad, en vez de en la teoría apuntada en las notas de una libreta regalada en un seminario.

Algo así como lo que le pasa a Ralph Macchio en la película “Crossroads”, con la que me reencontré ahora que vivo en México en versión DVD. La historia, deliciosa, y aderezada por la guitarra de un Ry Cooder en todo su esplendor tras su banda sonora para “París, Texas”, relata las aventuras de Eugene, un joven neoyorquino que en su deseo de convertirse en un bluesman (igual que los ídolos a los que emula con su guitarra) libera a un anciano recluido en una residencia de mayores, en la creencia de que es la única persona con vida que pueda conocer una antigua canción que quedó sin grabar casi cincuenta años atrás. Al final, tras muchas peripecias, caminos transitados y corazones rotos, el anciano le revela a Eugene la cruda verdad, que no queda ninguna canción perdida y que si quiere resaltar y conseguir su objetivo tiene que hacérselo todo él solo, sin la ayuda de nadie.

Y creo que es así como deberíamos afrontar el caminar por esta publicidad de hoy, menos buscando la guía o palabras de un ponente y mucho más probando y equivocándonos (en solitario o con los nuestros) hasta poder crear un camino propio en vez de seguir el transitado por otros. Porque, no me malentiendan, yo estoy encantado de viajar y conocer y compartir de lo poco o mucho que sepa sobre un tema, pero últimamente tengo la sensación de que me llevo más del lugar visitado que lo que dejé allí. Igual es porque el lugar varía y en cambio mis pensamientos siempre me acompañan, pero en general, como Daniel en su artículo, lo que siento es una imperiosa necesidad de decir “La verdad es que no tengo ni idea”, como elemento liberador y, quizá, como call-to-action y única gota de sabiduría, para que cada cual encuentre también la suya.

Qué bien que llegaron hasta aquí, aunque no sé por qué, porque la verdad es que no tengo ni idea.

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Daniel Granatta

Buscador de luz. Waiting for the robot takeover. I rewire people.

6 thoughts on “Desparramado e interactivo, capítulo 18”

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  4. Me gratifica compartir contigo esa embriagadora sensación de dudar absolutamente de todo, hasta acabar dudando de uno mismo. Eso me parece que a uno le ocurre cuando piensa demasiado. Si dedicas demasiado tiempo a pensar- tú lo haces, eres un enfermo de darle vueltas a las cosas, lo dejas claro en tu blog-, se te acrecienta la inquietante sensación de sentirte inmensamente ignorante. Estamos tan inmersos en rescatar un poco de luz en tanta tiniebla que al final nos deslumbran las chiribitas.
    Las preguntas de los periodistas, sin embargo, son mucho más simples -es la chiribita-. Nos creemos que nos preguntan sobre el origen del universo y eso despierta en nosotros tal cantidad de reflexiones contradictorias, que nos paraliza. Y sin embargo ellos simplemente quieren saber si la agencia del futuro será más o menos como ahora, o no. No es nada trascendental; nosotros la hacemos trascendental porque tenemos demasiada mierda en la cabeza. Cuando das una charla sobre redes sociales y al final un tipo de la penúltima fila levanta la mano y pregunta algo, no lo hace porque uno sea un sabio, creo que dejamos muy patente que todos los que damos charlas somos unos ilustres ignorantes. Lo que le sucede es que el tipo tiene un negocio y quiere saber si ha de estar en facebook, o si no pasa nada si no está, y sobre todo le que le interesa saber es qué cuesta.
    Creo que una de las cosas que me ha costado más aprender en esta vida es que uno no es lo que es, sino lo que representa. Y el destino a veces, yo diría que casi siempre, te lleva a representar papeles que no tienen nada que ver con lo que realmente eres.

  5. Claro, pero creo que lo “trascendental” (que lo hacemos) se pasa en cuanto ponemos en práctica alguna de nuestras teorías “trascendentales”. Por decirlo de otra manera, yo veo este blog como la libreta de apuntes en un laboratorio, cuyos posts aún no pudieron convertirse en en experimentos “terrenales” para ver si funcionaban o no. Y totalmente de acuerdo con lo de lo que uno es y lo que representa. Y a ver si nos vemos pronto, jaja, abrazo 🙂

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