Desparramado e interactivo, capítulo 19

Mi columna de Marzo para Interactiva Digital rescata un antiguo post de este blog, acerca de cómo la tecnología nos lleva, en ocasiones, a un camino de realidad simulada digna de Jean Baudrillard.

Portada Interactiva Digital Marzo 2011

De cuando las fotos reemplazan a los recuerdos
Miguel (mi jefe) siempre dice que él no toma fotos en sus viajes, que prefiere quedarse con los recuerdos generados en los mismos porque probablemente esos recuerdos lo son de los momentos por los que el viaje mereció la pena. Algo así. Yo, en cambio, tomo muchas fotos, quizá porque nunca salgo en ellas, y luego suelo subirlas a Flickr, y ahí se quedan como una especie de bibliografía de los kilómetros (aunque cada vez soy más perezoso, lo reconozco).

Recuerdo algunas fotos personales, eso sí, como alguna en la que una compañera de trabajo me pisa en un desafortunado día en que yo llevaba sandalias. Y la foto retrata justo el momento de mi grito. Y me gusta esa foto, por espontánea y casual, y porque de alguna manera retrata un momento que recuerdo haciendo coincidentes la realidad sucedida y la realidad retratada.

Asistan ahora, en cambio, a una fiesta, preferentemente en la que haya sobrepoblación de gente rondando la veintena. Comprobarán, como me ocurrió hace unos días, que ya nadie vive la fiesta como tal porque todo lo que esté ocurriendo se interrumpe si aparece una cámara de por medio. En ese momento todo se convierte en una pose, que por lo general es exagerada y climática (tómese como ejemplo la lengua de fuera y la mano haciendo cuernos) y que nada tiene que ver con, por ejemplo, la charla apacible y distendida que esas dos personas mantenían cinco segundos antes.

En ese contraste, que reside entre lo que está ocurriendo y lo que querríamos que estuviera ocurriendo, los recuerdos vividos dejan de ser los recuerdos oficiales, que pasan a ser los recuerdos “artificiales” generados por esas fotos que alguien tomó, subió y taggeó en un álbum de Facebook. Por resumirlo, si esto fuera la Matrix ya no tendría que existir un ejército de máquinas que nos sometiera para implantarnos recuerdos o sensaciones, sino que somos nosotros mismos los que nos entregaríamos a construir ese mundo de fantasía donde todos somos mejores, nadie se ve mal en las fotos y cada fiesta es una orgía de emoción e intensidad de aproximadamente diez horas de duración, aun cuando en realidad puede que los picos de emoción fueran, simplemente, tres, que son los que, recordados, harían valiosa la velada. Sin embargo, elegimos “reconstruir” lo vivido haciendo de cada foto un recuerdo especial, aun a costa de que desaparezca lo especial de cualquiera de ellos porque en realidad ninguno lo es.

Tiempo después, revisando las fotos, ya nadie recordará la fiesta como tal sino las fotos en estado de pose y clímax, los recuerdos ya no son los recuerdos vividos sino esas fotografías que retratan esos recuerdos “posados”. Renny Gleeson, que trabaja como Director Global de Estrategias Digitales de W+K, disecciona maravillosamente este asunto en una gran charla que pueden encontrar, bajo el nombre de “Renny Gleeson on antisocial phone tricks”, en el sitio de TED.com.

A mí, este fenómeno, que podríamos hasta calificar como una variedad interesante de esa hiperrealidad investigada por el filósofo francés Jean Baudrillard, me parece interesante no sólo por el hecho de la realidad que se genera a partir de fotos o recuerdos, sino también por el cómo se modifica nuestro comportamiento en pos de hacer crecer nuestro “yo” virtual.

Como si, de alguna manera, nuestra capacidad de generar recuerdos para la vida real fuera aniquilada por la necesidad creciente de crear contenidos para nuestra vida virtual, lo cual tiene sentido en vista de la importancia que ésta ha cobrado en los últimos tiempos, como puede comprobarse por noticias como la de que el artista mexicano Aleks Syntek se retira de Twitter ante las críticas de los usuarios al tema que compuso para el Bicentenario de la Independencia mexicana, campañas donde los famosos “mueren” en su vida digital hasta que no se recaude una determinada cantidad de dinero para una causa, o incluso, y en un ámbito más personal, por anécdotas como la de mi amiga Vic Fabrice, que tras una velada en Buenos Aires con Manu, Diego y un servidor, exclamó: “Mañana les agregaré en Twitter, y espero que sean tan divertidos allá como lo son en la vida real”.

Qué bueno entonces que haya personas que siguen considerando más divertido juntarse con tres amigos a jugar con una consola en vez de jugar en línea contra un millón de desconocidos, publicistas que, aun viviendo en un sitio tan tecnológico como Japón, tengan como objetivo sacar una lágrima de la emoción a quienes vean sus piezas, o algo que me pasa últimamente cada vez que uso Foursquare al llegar a algún sitio.

Y es que como aún no lo usa tanta gente en México, cada vez que hago check-in en los distintos lugares, si veo que no soy el único que ha realizado su entrada “digital”, despego instintivamente mi mirada del teléfono y doy una ojeada al lugar, buscando a aquellos otros que también están allí de forma presencial. Por una vez, el viaje va de lo virtual a lo real, y es un alivio, para no olvidarnos, como decía Daft Punk, que “we are human after all”, y que lo que nos falta es costumbre en lidiar con todos estos temas.

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Daniel Granatta

Buscador de luz. Waiting for the robot takeover. I rewire people.

5 thoughts on “Desparramado e interactivo, capítulo 19”

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