Desparramado e interactivo, capítulo 24

En la columna de este mes para Interactiva Digital me dio por pensar en todas esas marcas que sólo le hablan a gente que “quiere vivir la vida al máximo”…

Portada Interactiva Diciembre 2013

La gente que quería vivir la vida al mínimo
Estaba viendo el maravilloso documental “Searching for Sugar Man”, esa historia mágica y sorprendente sobre un talentoso cantautor llamado Sixto Rodríguez, caído en el olvido en el deprimido Estados Unidos surgido tras la guerra de Vietman, y me dio por pensar en que por qué habrá muchísimas más historias y canciones tristes que otras que evoquen situaciones más alegres.

Me respondí a mí mismo que, probablemente, esto ha de tener que ver con que la atención y la empatía de cada cual se dirigen hacia los que cuentan (o cantan) historias similares a las que le ocurren a uno, y como en la vida siempre suele haber más gente a la que no le va tan bien que gente a la que sí, al final las historias de amores perdidos o imposibles siempre serán más que las de amores con final feliz, por poner un ejemplo.

Rápidamente se me traspapelaron las ideas, y me dio entonces por pensar en todos esos briefs de marcas que se acumulan en los escritorios de quienes nos dedicamos a publicidad, con ese monótono y repetido párrafo que reza: “Target: Jóvenes de 18-25 años, de nivel socioeconómico B/B+/C, los cuales quieren vivir la vida al máximo”.

La frase, más allá de lo obvio del cliché, plantea un problema, alimentado de esa literalidad que atormenta a las marcas, y que provoca que, como tal o cual producto es para gente que quiere vivir la vida “al máximo”, al final suele haber un spot de televisión donde se muestra a mucha gente viviendo su vida “al máximo”, por lo general gracias al efecto de mágico elixir que plantea el producto cuyo logo cierra el anuncio. Para que los que lo vemos y queremos vivir nuestra vida “al máximo” nos sintamos inspirados. O envidiosos o motivados. Ya saben, pura “aspiracionalidad”.

Fue entonces cuando, recordando la historia de Rodríguez y todas esas canciones que tanto nos gustan porque nos evocan amores perdidos, proyectos fracasados o tropiezos inoportunos, me pregunté si realmente las marcas no están desaprovechando una oportunidad única de hablarle a todas esas personas que, a lo mejor, no sólo no quieran vivir su vida “al máximo”, sino que, incluso, puede que quisieran vivirla “al mínimo”.

Gente que no empatice con los triunfadores de cada spot y campaña, sino con gente a la que le pase algo jodido porque a lo mejor en ese momento ellos también lo están. O que empaticen con las campañas porque sus protagonistas quieren ser aburridos o, simplemente, busquen hacer otra cosa porque en la que realmente amaban no consiguieron llegar muy lejos. No más bungee jumping, brillantina, sonrisas o fiestas hasta el amanecer.

Imaginen. Publicidad para gente que no quiere vivir su vida al máximo, sino simplemente vivir su vida. Como Rodríguez.

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Daniel Granatta

Waiting for the robot takeover. I rewire people.

One thought on “Desparramado e interactivo, capítulo 24”

  1. Ah, este post da para muchísimas reflexiones y para volverlo a leer al rato y pensar en otras distintas.

    Por un lado creo que la fijación con el amor, el fracaso y la tristeza es tan cliché como eso de ‘vivir la vida al máximo’. Quizá si hubiera menos canciones tristes y más de cualquier otro tipo, no cantaríamos canciones tristes.

    Y entrando en tema… ¿qué tiene de malo vivir la vida detrás de una cámara fotográfica o con un té y un buen libro en la mano o quizá tirado en el pasto viendo pasar las nubes? Como si la única manera de vivir la vida fuera enganchados a la adrenalina todos los días.

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