Desparramado e interactivo, capítulo 25

En la columna de este mes para Interactiva Digital algunas reflexiones resultantes del cruce entre el inicio del año y el famoso spot de Campofrío para las Navidades de 2013.

Portada Interactiva Enero 2014

Andamos armados
Comenzaré diciendo que a mí no me gustó el spot de Campofrío de este año pero que ya estoy muy sosegado. Dejen les cuento.

Porque es que, con el tiempo que llevo fuera de España, que me dijeran que “podía irme, pero no hacerme”, me dejó una cara de Buster Keaton que pa’ qué, así que, presto e indignado como tertuliano radiofónico, redacté un primer borrador en mi blog de lo que era vivir fuera y que por qué Campofrío esto y por qué Campofrío lo otro y blablabla.

Más tarde ese mismo día fui al cine, y durante la tanda de anuncios previa a la película vi otro spot que tampoco me gustó (sera que me levanté con el pie izquierdo o algo similar), y justo antes de comentarle esto a mi acompañante, ella sólo prorrumpió en un sonoro “¡qué bonito!”. Ahí fue donde me dije que ah, caray, a ver si es que estoy viendo todo lo que se me cruza por delante como publicista, al punto de terminar siendo incapaz de disfrutar ningún sabor porque todo lo filtro a través de esta extraña deformación profesional.

Fue entonces cuando pensé que quizá, también, mi opinión sobre el spot citado al inicio estaba filtrada de la misma forma, y que quizá mi borrador y todos esos posts y opiniones regadas por la Internet publicitaria de España habían empleado demasiado tiempo en polemizar sobre un tema que, por lo que parece, no nos gustaba, como si ello fuera a cambiar la percepción que la gente de la calle fuera a tener sobre el mismo.

Vaya, como si cualquier ciudadano fuera a buscar alguna de nuestras opiniones sobre un spot de la misma forma en que busca una reseña sobre la cámara fotográfica que quiere comprarse en Amazon: “ví el anuncio de Campofrío, pero no estoy del todo seguro de sí me gustó, mejor voy a buscar la opinion de ese Daniel que escribe en Interactiva a ver qué opina él”… no, ¿verdad? Pues eso, pensé. Que gastamos demasiado tiempo en cosas en las que no debiéramos gastar tanto tiempo, porque el tiempo es limitado. Y que además, para qué gastar tiempo propio en hablar de algo que nos es desagradable cuando, si lo que queremos es debatir, podríamos hacerlo en positivo sobre otro montón de cosas que sí nos gusten, que seguro las hay y muchas.

Fuera de esta profesión, nadie recuerda las malas campañas, y de las buenas, nadie recuerda quién las hizo, sólo que gustaron. Los publicistas, en cambio, somos retorcidos y sufrimos demasiado. Andamos armados. Pero como ya llegó un año nuevo quizá sea momento de que declaremos un armisticio publicitario. Y que empleemos el tiempo en cosas que nos hagan un poco mejores de lo que éramos antes de comenzar a hacerlas. Y make love y not war y todo eso.

¡Feliz y próspero 2014!

Published by

Daniel Granatta

Waiting for the robot takeover. I rewire people.

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