Desparramado e interactivo, capítulo 26

En la columna de este mes para Interactiva Digital escribo sobre maldiciones. Sí, sobre maldiciones.

Portada Interactiva Mayo 2014

¡Maldición!
Necesitamos maldiciones. Me explico.

Maldiciones hay muchas. Por ejemplo, te puedes topar con una musical como la de José Alfredo Jiménez, “Ojalá que te vaya bonito”. O una como las de los padres, “Ojalá un día tengas un hijo como tú”. O alguna de las de los gitanos, “Juicios tengas y los ganes”. O una árabe, “Ojalá te enamores”. También hay otras que incluyen fenómenos atmosféricos, “Que mal rayo te parta”, o incluso se te ponen guajiraguantanameras, “Que se te cumpla ese deseo”.

Como ven, unas más dramaticas que otras, pero cuya efectividad pudiera depender del estado de ánimo de quien la recibe, que a veces convierte una una maldición en una oportunidad. Por ejemplo, la famosa maldición china, “Ojalá vivas tiempos interesantes”.

Eso sí, hay maldiciones que no admiten ni un solo matiz y son maldiciones con toda la mala leche y todas las de la ley, como una que un día me dedicó un antiguo jefe ante una de mis interminables peroratas acerca de lo mal que estaba tal o cual cosa (ya no me acuerdo cuál era, no debía ser tan importante). Tras esperar pacientemente el final de mi disertación, sólo alcanzó a decir: “Ojalá un día seas jefe”.
Que básicamente (descubrí) era la forma educada de decirme “deja de quejarte y busca una solución”.

Años después, a muchos kilómetros de donde la conversación original tuvo lugar, viaja uno y se topa con escritos y conferencias de publicistas aquí y allá hablando de la desorientación que les producen los vertiginosos cambios que vive nuestra industria.

Algunos, además, relatan cuáles son esos cambios que los desorientan, aprovechando para hablar de la muerte y caducidad del Viejo modelo (y sus protagonistas) y esperando poder protagonizar las aventuras del Nuevo, abran paso que tenemos prisa. Y entre queja y duda, y nostalgia por el pasado que ya pasó y anhelo por el futuro que todavía no llega, uno se queda pensando en si no necesitaremos todos a alguien que nos maldiga multitudinariamente para intentar poner la casa en orden en el presente, en vez de seguir quejándonos del estado en el que se encuentra, como hemos venido haciéndolo desde… ¿2005?

Vaya, como si no hubiéramos entendido que cuando uno invita a una fiesta tiene que preocuparse de organizarla, en vez de esperar que todo esté en funcionamiento como por arte de biribirloque cuando uno llegue.

Así que por eso inicié así este texto.
Necesitamos maldiciones. ¿Me explico?

Published by

Daniel Granatta

Waiting for the robot takeover. I rewire people.

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