El día en que desaparecieron los idiomas

Torre de Babel

La implicación principal del crecimiento exponencial de la tecnología es la de que, por un precio cada vez más asequible, nuestros ordenadores tienen cada vez más capacidad para realizar cálculos por segundo.

Imagina, por ejemplo, la cantidad de variables a tener en cuenta y operaciones que ha de realizar un coche autopilotado en un instante determinado. Hace muchos años era imposible realizar tantos cálculos simultáneamente, y hace algunos menos años ya era posible, pero muy caro. Ahora, ambas dos se cumplen, y por ello es muy probable que un día, mucho antes de lo que te esperas mientras lees estas líneas, te veas dentro de un coche que circula de forma autónoma.

Siendo emigrante en un país cuyo idioma es distinto al del lugar en que nací, esa forma de crecimiento (del que puedes saber más leyendo estos textos que publiqué hace casi tres años) es tremendamente relevante cuando una máquina, vía la cantidad de cálculos por segundo que ya puede realizar, es capaz de traducir prácticamente en tiempo real lo que está diciendo tu interlocutor en una conversación:

Más aún si ese “traductor” lo puedes llevar encima:

Piénsalo así: estas traducciones serán más y más “en tiempo real” cuanto más tiempo pase, incluyendo además más y más idiomas. Hasta que lleguemos al punto en el que la palabra “idioma” desaparezca porque esté carente de significado alguno.
Se puede uno imaginar entonces a los traductores del mundo levantándose en armas contra las máquinas, igual que los taxistas se levantan y revolucionan contra Uber.

Adiós a la Torre de Babel.

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Daniel Granatta

Buscador de luz. Waiting for the robot takeover. I rewire people.

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