El iPad del Caballo Negro

Descripción del Caballo Negro

Aunque su fecha de nacimiento es Enero de 2005, no supe de la existencia del Caballo Negro hasta Octubre de 2006. En la agencia estábamos en pleno desarrollo de nuestro primer proyecto para Rexona, “The Stuntman”, y las desveladas estaban a la orden del día. Recuerdo que me quedaba a dormir en el sofá de la sala de estar de la casa de Ulises, lugar al que durante tres semanas nunca llegamos antes de las 4 de la mañana.

Aprendimos mucho durante el proceso, no sólo acerca de cómo llevarlo a cabo, sino también acerca de cómo convivir entre nosotros y con nosotros mismos, cómo sobrellevar ese delirio que siempre te ataca a ciertas horas de la noche mientras trabajas, ese que hace que cualquier nimiedad te ocasione incontrolables ataques de risa sin motivo aparente. Con cuatro horas de sueño diarias durante casi un mes el estado físico y emocional del aquí presente se acercaba peligrosamente a la locura, así que creo que descubrí al Caballo Negro porque (yo) necesitaba algo que canalizara durante quince o veinte minutos toda mi estupidez antes de poder volverme a enfocar en el trabajo durante cualquiera de esas noches.

Probablemente fue vía Chiara… o Lucía… no lo recuerdo bien, y realmente ya no importa demasiado, pero el caso es que no sé cómo llegué a toparme con este (hoy, para mí) adorable personaje y sus inenarrables y oníricas aventuras con Isabel, su novia ninfómana, Poe, un cuervo siempre de mal humor o Macoy, un indescriptible y amorfo ser de confusa sexualidad, entre otros.

Tira número 7 - Caballo Negro

Cuando descubrí al Caballo Negro (¿o fue él quien me descubrió a mí?) comencé a leer las tiras que había publicadas hasta entonces, y no durante quince o veinte minutos, sino todas de un tirón, antes de compartir todo ese material con quienes me rodeaban, que inicialmente me miraban con cara de “estás enfermo” para minutos después caer por el mismo agujero de gusano por el que yo había caído minutos antes. Terminando la lectura seguíamos siendo los mismos pero también un poco diferentes, ya que, aparte de no poder dejar de pensar en sexo durante las dos siguientes semanas, sentíamos que habíamos encontrado un congénere que podría alentarnos durante esas largas desveladas. Así es como el Caballo Negro se convirtió en un personaje recurrente en la imaginería de muchas personas aquí en la agencia, y la anécdota de cómo lo conocí que abre este post la cuento en todas las conferencias que imparto desde hace más de tres años.

Recordarán que hace un par de semanas ofrecimos regalar un iPad, un PS3 y un turntable al que nos hiciera el mejor favor por cualquiera de los tres objetos. Lo cierto es que tras el primer texto, que iba más por el lado de la reflexión sobre el consumo, la mecánica pareció no quedar muy clara, así que Pit decidió publicar un segundo post, que arrojara un poco de luz al hecho concreto del intercambio.

Y nos llegaron propuestas, muchas, algunas muy interesantes (durante esta semana publicaremos las que más nos gustaron), la mayoría de ellas yendo por el camino de “yo quiero ese objeto -> yo te ofrezco este favor que puedo hacerte o este otro objeto que poseo”, y descartando hacer propuestas más complejas porque sentían que estaban fuera de su alcance. Pero no tenía por qué ser así, hubiera sido un buen recurso el acudir a la famosa teoría de los 6 grados de separación. Con esta teoría sobre la mesa, quizá la mecánica ya no consistía en saber qué podrían hacer por nosotros, sino conocer a la persona que sí podría hacerlo. El intercambio consistiría entonces en pensar más allá de uno y llevarnos de la mano por esa escalera de seis peldaños o bien acercar el favor deseado a través de esos mismos seis escalones, o bajar tres escalones y pedirnos a nosotros que subiéramos los otros tres.

Propuesta de Jorge Cavazos

Así es como cierto día, Jorge Cavazos, padre del “Caballo Negro”, del que me separaban tres grados de separación (Nancy -> Jorge -> Caballo Negro), apareció con una interesante propuesta de intercambio, el aparecer en un par de episodios (tiras) del cómic a cambio del iPad (ahí están los dos escalones que él se acercó), tras lo que yo le pedí el convertirme en un personaje durante una temporada (aproximadamente 100 tiras cada una) a cambio del mismo objeto (ahí está el escalón restante que nos separaba).

Nunca pude definir exactamente durante estas dos semanas qué era ese famoso “click” que estábamos buscando, pero sí que al escuchar y pensar en esta propuesta el “click” se produjo instantáneamente, no sólo para mí sino también para todos los amigos a los que les contaba de la propuesta, sabiendo de mi afición por el cómic. Y es que, aunque a muchos les parezca incomprensible, aparecer como personaje junto al Caballo Negro tiene para mí el mismo valor que aparecer en “The Simpsons”. Pelear con zombies mientras hablo con expresiones españolas en un cómic mexicano es una historia demasiado buena como para dejarla pasar de lado. Creo que ese era el “click”, el cierre de la historia que tres tipos comenzaron regalando algunos objetos que ya no usaban.

Obviamente, eso no quiere decir que las otras propuestas fueran peores o malas, pero ésta (justo o no) es la que más me ha gustado y la que se lleva mi iPad de todo corazón. Para mí ha sido una experiencia muy emocionante, casi mágica, de la que aprendí mucho y que supongo tendré que digerir para poder contarla un poco mejor. Aún quedan un PS3 y un turntable para los que gusten seguir intentando si Poncho y Pit aún quieren seguir con su dinámica.

Por mi parte, ha sido todo, muchísimas gracias y nos vemos en la próxima temporada de Caballo Negro 🙂

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Daniel Granatta

Buscador de luz. Waiting for the robot takeover. I rewire people.

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