Facebook no es una isla, es una orilla

Gente en la orilla

A veces me encuentro con la pregunta de cómo hago para leer todo lo que escriben las casi seis mil personas a las que sigo desde mi cuenta de Twitter. No puedo, nadie puede, y lo que yo hago es esto. Otra opción es hacer listas, temáticas, y agrupar ahí a las personas que consideres que pueden aportarte algo sobre cada tema concreto. Y ya, el resto (creo) es demasiada información como para que una sola persona pueda procesarla.

En Facebook es distinto, porque la información tiene más recorrido, no posee tanto factor de “tiempo-real” como la de Twitter, así que uno puede pasarse un rato haciendo scroll al feed de noticias generadas por los amigos, para ver si hay algo rescatable y de valor. Pero igualmente surge otra pregunta relativa al “número de amigos”, la de ¿cuánto es mucho?

Dejando de lado (además) el ponernos exquisitos con el “¿son realmente amigos tus contactos de Facebook?”, la pregunta que surge siempre es la de ¿es posible tener casi tres mil “amigos” (es mi caso ahora) en Facebook con los que mantener contacto diario?

Y creo que es obvio que no, no hay minutos en el día. Pero eso si miras tu cuenta como un lugar concreto, como una isla donde están tus tres mil “amigos”. Porque hay otra opción, la de ver tu cuenta como la orilla de un río por el que uno circula en una balsa. Y en la orilla están los tres mil “amigos”, colocados en el orden temporal en el que los agregaste como contactos. Eso me pasa a menudo cada vez que agrego nuevas personas a mi cuenta; tiempo después sigo en contacto con algunos de ellos (corren por la orilla a la par que mi balsa, o tienen su propia balsa, incluidos los que aparecen y desaparecen cada cierto tiempo) y con otros no tengo ya más contacto en absoluto (los veo al pasar y ellos a mí, como un fan del ciclismo ve pasar a los corredores en el Tour de Francia). Así que, como mucho, interactúo con cuarenta o cincuenta diariamente, que es lo máximo que la velocidad de mi balsa me permite.

Y eso me parece interesante, porque si yo fuera una marca puede que tuviera tres mil fans, pero pretender actividad simultánea de todos ellos es complicado. Y un problema si llegara a pasar, por Dios, porque si los departamentos de marketing de las marcas entran en pánico con simplemente un comentario negativo de uno de sus usuarios, imaginen la de psicólogos que habrían de contratar si los tres mil fans expresaran su opinión honesta simultáneamente. Y a lo mejor las marcas tendrían que preocuparse de, por ejemplo, sus más recientes fans, o los más antiguos, o los que se hicieron fans en primavera, o en invierno, y pensar en grupos de ellos y no en el total, pensar en deslizarse por el agua sobre una balsa saludando a la gente en la orilla, y que corran a tu lado los que quieran, en vez de pretender gritarles a los tres mil recluidos en una isla, pensando que porque están en ella quieren escuchar todo lo que digas.

Pareja bailando en la orilla

Y quizá así las marcas dejarían de preocuparse por cosas como “tener cinco mil fans o followers”, y se centrarían en hablar con aquellos usuarios que fueran realmente activos (sin importar el número), y les darían a estos razones suficientes para contagiar a otros usuarios, que podrían ya ser fans o no. Así las marcas podrían celebrar que dos usuarios bailaran en la orilla mientras la balsa pasaba por allí, y que aunque sólo fueran dos se les recompensara porque generaron un momento hermoso que vale más que cincuenta personas sentadas sin decir nada al pasar esa balsa.

Y podrían entonces las marcas no deprimirse porque alguien dejara de ser fan y el número 3000 bajara a 2999, porque puede que ese número perdido se lo encontraran de nuevo, más adelante, en la misma orilla. O en otra. Porque al ser una orilla que se deja a un lado mientras uno avanza se sugiere un viaje, que podría llevar la balsa y a la gente de la orilla a otros lugares, a otras orillas, aunque fueran de la misma marca pero en distinto momento, y así ningún responsable de una marca sufriría como pez fuera del agua cada vez que Facebook cambia los “grupos” por “fan pages” o los “fans” por “likes”.

Y quizá así las marcas no debieran preocuparse por cómo de grande es el número de personas en la isla, sino por cómo de larga es la orilla del río por el que flota la balsa, para que más gente pueda sumarse a contemplar el paso y el viaje.

Quizá, no sé. Lo que sí sé es que plantear la idea de que el éxito consiste en reunir “fans” en un lugar, en una isla, es demasiado pedir cuando te puedes salir de ella mediante un solo click. Y si la paranoia numérica de las marcas está a un solo click de distancia (y en las manos de otro, además), quizá pudieran darse cuenta de que probablemente no sea ese el mejor ecosistema que debieran construir para vivir.

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Daniel Granatta

Waiting for the robot takeover. I rewire people.

7 thoughts on “Facebook no es una isla, es una orilla”

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