Hacer is the new Decir: Hola, Flock

Pues sí, nos vamos a Flock.

“¿¿Cómo??
¿¿A Flock??
¿¿Pero no decían que se iban de la publicidad??
Pero si Flock es una agencia, lo único que han hecho es cambiarse de bando.
Me han decepcionado.
Se han vendido, esperábamos más de ustedes, tenían que haber montado su propia empresa.”

Ese es el mensaje más recurrente que he leído y escuchado en las últimas horas desde que salió la noticia de a dónde vamos a ir a parar. Joder, cómo están de crispados los ánimos.
Pues sí, nos vamos a Flock. O no. Pero sí.

Bueno, les explico. Porque mi percepción sobre Flock era la misma que probablemente tengan los de la frase terrible de arriba: una compañía pequeña que hacía Social Media para marcas, y que nadie sabe muy bien cómo iba ganando terreno en el radar de la publicidad digital mexicana. Y eso pensaba yo hasta que mi paisana Carmen Ruiz (Chief Marketing Officer de Flock) me presentó a su CEO, Sebastián Tonda.

La impresora 3D de Sebastián
Una anécdota ilustra nuestra primera conversación. Quedamos para comer, y en algún punto de la comida yo hablaba sobre la necesidad de que las marcas empezaran a utilizar impresoras 3D para imprimir objetos que quisieras conservar, en vez de repartir flyers que estás loco por tirar a la basura. La respuesta de Sebastián fue: “¿Has pensado que con una impresora 3D puedes imprimir hasta el 80% de otra impresora 3D? Eso significa que si quieres otra no tienes que comprarla completa, sino sólo conseguir el 20% restante.”

Aún no me recupero de la impresión que me produjo el comentario, y me pareció (a mí, que habitualmente soy bastante hablador) que era necesario callarse y seguir escuchando.

De ahí en adelante, Sebastián construyó un escenario mucho más grande que aquel con el que yo había llegado (“¿por qué no podría haber una agencia de la naturaleza de R/GA o AKQA en México?”) a aquella comida. Me contó su historia como emprendedor en solitario y como responsable en diversas marcas, la historia de Flock, qué hacía Flock, por qué lo hacía y cómo lo cobraba. Me contó que era una compañía dividida en varias secciones, cada una de ellas con su propio P&L (cuenta de resultados) y producto creativo: una división creativa, una de Social Media, una de medios, una de métricas, una productora de contenidos (dirigida por el Business Manager de la última gira de Soda Stereo), una división de publicaciones (donde trabaja la famosa Nadia Molina), una de investigación de mercados, una de tecnología pura y dura (lo que en JWT fundamos como “Departamento de Inventos”) y otra de Big Data, que recolecta datos, datos y más datos, para convertir datos duros en conocimiento e insights (lo que tendría que ser el Planning en 2012, en vez de una serie de frases comunes como “los adolescentes ven más horas de YouTube que de televisión”).

Tras explicarme todo con todo lujo de detalles, incluyendo el hecho de que la empresa consta de más de cien personas y que las células de trabajo no eran “Creativo + Planner + Cuentas” sino “Negocio + Tecnología + Marketing” , terminó su disertación diciendo que había llegado a esa comida para decirme que eso ya no servía para nada y que aquello por lo que Flock había llegado hasta ese punto tenía que morir, y que yo podía ser la persona idónea para encargarme de esa tarea. “Pero bueno, pero qué le pasa a este tío”, pensaba yo. Pero decidí seguir callado otra vez, y los que me conozcan sabrán que yo cuando me callo sufro mucho y se me escapan las palabras por las orejas. Pero bueno, me callé porque realmente lo que estaba escuchando era mucho más interesante de lo que hubiera imaginado.

Ideas vs. Empresas
En algún punto del año pasado me pareció interesante y relevante esta diferencia a la hora de afrontar un proyecto de naturaleza empresarial: Ideas vs. Empresas.

Cuando tienes una idea, la gente que se une a ella lo hace para que todos juntos alcancen la idea.
Cuando tienes una empresa, la gente se une a ella para ganar dinero, generalmente en un sueldo a final de mes.
Cuando tienes una idea, la gente pone horas y horas de su vida para alcanzar la meta que esa idea propone.
Cuando tienes una empresa, la gente cuenta las horas que les faltan para llegar al viernes.
Cuando tienes una idea, lo primero es conseguir llegar a la idea y luego llega el dinero.
Cuando tienes una empresa, lo primero es el dinero.

La idea es, en suma, el alma de una compañía, el ADN fundacional. El dinero, no. Y entonces, la diferencia entre tener una idea o tener una empresa es abismal por las dinámicas que de ello se generan. Por ejemplo, Grupo W es una idea, la idea de Miguel y Ulises de que cualquier proyecto llegado de un sitio perdido en el desierto como Saltillo podía competir de tú a tú con los mejores proyectos nacidos en New York o Tokyo. El cómo convencieron a tanta gente de ir allí a luchar por esa idea es algo que sólo ellos saben, pero cuando tienes una idea puede llegar a ocurrir que alguien monte una agencia digital en Saltillo y sea exitosa. En cambio, y también por ejemplo, JWT México es una empresa. Y desde el inicio, lo que a mí me pareció es que la empresa necesitaba una idea, llámese la de que “una de las agencias de publicidad más tradicionales de México podía hacer algunos de los trabajos más sofisticados de Latinoamérica”. Que eso es lo que yo contaba cada vez que tenía que intentar convencer al talento para que fichara por JWT y no por otra agencia donde a lo mejor ganaría más dinero.

Hay algo adicional. Cuando uno tiene una idea siempre busca a gente que se una a ella para hacerla realidad. Porque uno solo no puede lograrlo. Y eso pasa mucho a veces, que la gente confunde “emprendedor” con un tipo que deja todo de lado por lanzarse a la aventura personal de ver su idea realizada. Y el de al lado hace lo mismo, con una idea parecida. Y el de al lado, también, y así sucesivamente. Y al final todos están detrás de algo parecido pero nunca se juntan para conseguir algo más grande, y los tres terminan, generalmente, por fracasar. Pero yo creo que no. Creo que emprendedor también es el que se suma a la idea de otro y la asume como propia para hacerla más grande. Cuando tienes una idea, es más generoso hacer partícipes a todos de ella en vez de querer guardártela sólo para ti.

La idea de Flock
Carmen y Sebastián me contaron entonces lo que querían de Flock. Que se convirtiera en una compañía donde, aunque cada una de sus divisiones tuviera sus propios objetivos y entregables, hubiera un ADN creativo que las articulara transversalmente, llegando incluso al punto en que varias funcionaran juntas para construir ideas que detonaran los tres factores buscados con los equipos de trabajo (Negocio + Tecnología + Marketing). Y eso pasaba por dejar de hacer lo que estaban haciendo y empezar a pensar en un output creativo más grande que conversaciones en redes sociales, sitios web y aplicaciones de Facebook. Por empezar, por ejemplo, a pensar que cada vez son más los puntos de contacto con los usuarios que están digitalizados. Y que cuando eso sucede tú puedes tomar cada vez más información de todos ellos y cruzarlos para ofrecer al mismo usuario distintas experiencias dependiendo del punto de contacto, en vez de los ocho o nueve Danieles que ahora existen para algunas marcas (uno en la tienda en línea, otro delante de la televisión, otro en la terminal del aeropuerto, etc.).

Y que para ello también podíamos hacer uso de otra peculiar característica de Sebastián, la de ser el Embajador en México de Singularity University. Si no conocen la Teoría de la Singularidad Tecnológica y la labor de su Universidad dense un paseo por este par de enlaces. La pregunta de Sebastián era entonces: “¿Cómo podemos usar esa tecnología que proviene directamente de emprendedores apoyados por la Universidad para que sea una caja negra que revistamos de comunicación por alguna marca para hacer algo relevante? ¿Podría haber un robot que entregara pizzas, por ejemplo?”. Y a mí, que siempre me pareció fascinante la idea de que la Cruz Roja tuviera robots-hucha-alcancía que pidieran dinero por las calles para que la gente se enamorara de ellos, se me cerraron muchos círculos que llevaban mucho tiempo abiertos.

La explicación de los objetivos concluyó con la noticia de que la agencia iba a abrir oficinas en diversos puntos de Latinoamérica y que iban a abrir una nueva división: Start-ups, que diseñen productos o servicios que puedan generar un modelo de ingreso para sus fundadores pero también para Flock, que los apoya.

En ese punto, y ya con la comida fría en el plato, a todos nos pareció que todos estábamos hablando de lo mismo, lo que incluía no haber hablado de premios de publicidad durante tres horas y media. Que conste, y ya lo saben, que no tengo nada en contra de los premios publicitarios, pero pensar que eso pueda ser el logro más alto de mi carrera me parece pequeñito, pequeñito, así que cuando quedan fuera de la charla como uno de los objetivos a cumplir uno siente que está hablando con emprendedores más que con publicistas. Con gente que hace que las marcas hagan más que con gente que hace que las marcas digan.

En resumen, la idea a la que Carmen y Sebastián me pedían sumarme era a la de matar a Flock para reinventar Flock de la forma creativa que yo considerase más conveniente como líder creativo de todas sus oficinas, juntando todas sus divisiones en un único producto creativo. O sea, la de sumarme no al Flock que es, sino al Flock que podría ser. Y a mí eso me sonó muy bien.

Los piratas
Que me sonara bien, encaminó todo el asunto.
Que le sonara igual de bien a Nicko y a Salles cuando les conté todos los pormenores de la comida, nos hizo pensar que esta ola era buena.
Que tras conocer a Nicko y Salles, Flock nos hiciera una gran oferta a los tres cuando en principio sólo había buscado a uno nos hizo ver que realmente iban en serio.

Y entonces Nicko, Salles y yo tuvimos la sensación de que esta era la oportunidad para la que uno pasa preparándose toda la vida, el lugar donde todos los puntos de la historia de tres personas distintas se juntan. Y pensamos que si no aceptábamos nos íbamos a arrepentir durante mucho tiempo. Así que Nicko tuvo la ocurrencia de que quizá lo interesante sería usar alguna metáfora para esta idea, que consistía en ponerle una bandera pirata al barco de Flock, y ya se sabe lo que hacen los barcos piratas, porque “hacer is the new decir”.

El resto ya se lo saben, porque lo escribimos en ese post que publicamos el pasado viernes y que tanto les gustó. Por eso es raro que ahora nos pregunten que por qué nos vamos a Flock (“que es una agencia y blablabla”), cuando para nosotros es el lugar donde pensamos que vamos a poder hacer todo aquello de lo que hablábamos en ese escrito de despedida. No en el Flock que es, sino en el que será y que no conoce nadie aún. Y eso debería merecer al menos el beneficio de la duda, creo.

Conclusión
Como decíamos, no sabemos si lograremos lo que nos proponemos, pero Flock tiene una idea. Y a nosotros en sus filas, sumándose a gente que habla de imprimir impresoras 3D para no tener que comprar impresoras 3D. Y una oficina que está a diez minutos (a pie) de mi casa, lo que no es poco en una ciudad de 30 millones de habitantes. Mi nuevo puesto es Chief Creative Officer, y los de Nicko y Salles son Executive Creative Director (ya se sabe que en inglés todo suena más fancy).

Así que, como la cosa se va a poner realmente muy bien, rescato estos tres posts para decirles que buscamos talento, que pueden hacer llegar a mi correo personal (dani.granatta AT gmail.com) si es que quieren trabajar con nosotros en esta idea a la que nos sumamos a partir del 16 de Octubre y que les acabo de contar de forma tan pormenorizada :)

About Daniel Granatta

Español emigrante de inventiva interactiva delirante. And i'm just like Math.