Hay que aprender a aburrirse

Niño aburrido

Es lo que me decía Diego en una comida la semana pasada. Diego, que es una persona que sabe mucho y para quien he tenido la oportunidad de trabajar tanto cuando se encargaba de la comunicación de Nike Fútbol como ahora que es responsable de la arquitectura de conexión de muchas de las marcas de Coca-Cola (ambas en México), me comentaba que algo que intenta evitar que le ocurra a su hija es que no sepa cómo aburrirse.

Y es que es verdad, joder, los niños ya no saben aburrirse; si nos pasa a nosotros, que estamos fascinados con la pantalla del teléfono vomitando información, cómo no les va a pasar a los niños, que piensan que todo fue siempre así, pantallas, consolas, internet, etc.

Luego pensé que a lo mejor lo que nos pasa es que pensamos que no nos aburrimos, pero que en realidad sí lo hacemos y no lo sabemos porque estamos todo el rato conectados buscando nuevas cosas para consumir para dejar de estar aburridos. Parece un trabalenguas, pero esta imagen lo resume mejor:

Do the evolution - Pearl Jam

Y luego pensé que en realidad hemos cambiado el aburrimiento por el FOMO, ya saben, esa patología que nos hace estar pensando constantemente que cualquier cosa que esté sucediendo en otro lugar es más interesante que lo que estamos viviendo en ese momento, algo que deriva en otros problemas, como ese que recientemente se ha dado en llamar Phubbing.

Me explico, estar en la fila de un banco es aburridísimo, pero lo cansado de la espera se palía con el teléfono. Y ya saben que, en teoría, uno no puede usar el teléfono mientras está en la fila del banco, pero muchas veces esa normativa es bastante laxa, así que o navegas por Internet, escuchas música o juegas unas partidas de Candy Crush o Angry Birds.

Cuando llega la paranoia es en el momento en que, por ejemplo, te quedas sin conexión 3G. O peor aún, cuando el teléfono se queda sin batería. Y ahí llega, no el aburrimiento, sino el pánico porque no tienes otra cosa más que hacer que aburrirte, lo cual es terrible porque ya no sabemos cómo digerirlo.

Hay que aburrirse, coño.
Hagamos algo aburrido para poder hacer algo divertido luego, ¿no?

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Daniel Granatta

Waiting for the robot takeover. I rewire people. I run a VR company.

One thought on “Hay que aprender a aburrirse”

  1. Yo creo que nadie busca aburrirse sino más bien poder gestionar el aburrimiento que, hoy en día, no es más que ese período no programado para una actividad. Las que nos satisfacen se defienden en sí mismas. Las que no lo hacen cumplen su cometido y no generan el vértigo que a muchos les provoca el aburrimiento.
    Por tanto estaríamos hablando de la capacidad para gestionar el vacío, el gap entre momentos ocupados. Y ahí es donde viene la dificultad, pues la gestión sólo se puede hacer con la premisa de aportar y vivimos en un momento en el que la base de la mayoría de nuestras acciones cotidianas es la de recibir. Sean generosos, aporten algo y no se aburran.

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